Algunas consideraciones sobre la historia oral

Alejandro M. Schneider*

 

Hace más de veinticinco años que la historia oral me acompaña en mis investigaciones, en mis clases y en mi vinculación con la sociedad. Desde mis últimos trabajos monográficos en la carrera de Historia en la Universidad de Buenos Aires hasta la fecha, la aproximación a mis objetos de estudio (en realidad, más que objetos, lo correcto sería decir, seres humanos en permanente conflicto social) se dio a través de esta valiosa herramienta en mi proceso de formación como historiador.

 

La historia oral se ha convertido en uno de los principales instrumentos a tener en cuenta, en particular para aquellos que nos dedicamos a la historia del tiempo presente. Se intenta registrar un momento singular de lo humano y lo social en el que se explique toda su dimensión y complejidad. Las reflexiones que realizo en este breve ensayo refieren a dos momentos en mi vida como historiador: la primera como estudioso de la clase obrera latinoamericana, y la segunda como colaborador en una investigación sobre el genocidio armenio perpetrado por Turquía a principios del siglo pasado.

 

Una mirada más enriquecedora de la historia de la clase obrera

 

Una de las preocupaciones que siempre he tenido en mis investigaciones es la de tratar de examinar y analizar la actividad de los trabajadores en tanto clase fundamental del sistema capitalista. De ahí que la mayoría de mis estudios (tanto en el grado como en el posgrado) hayan girado sobre estos tópicos; en particular, sobre temas que refieren a sus luchas, sus formas de organización, su cultura y su vida social. Sin embargo, esto no lo hago sólo por un interés personal; creo que la historia oral colabora enormemente para que los propios trabajadores diseminen sus proyecciones del pasado y del momento en el que se hacen (se construyen) las entrevistas. De esa manera, nos posibilita una mirada sumamente enriquecedora que nos permite observar su experiencia tamizada por el paso del tiempo y por la clasificación de su memoria individual y la del colectivo que lo acompaña.

 

El análisis sobre el comportamiento cultural y gremial de la clase obrera no debe ser comprendido como el mero resultado de una conducta economicista. Lejos de esa estrecha mirada se entiende que la actividad de los trabajadores no se encuentra orientada sólo por factores económicos sino que también intervienen ideas y valores formados a partir de la experiencia hecha como sujeto colectivo. Si bien la cultura obrera nace de las relaciones antagónicas del mundo del trabajo, ésta se reproduce en otros ámbitos territoriales; en particular, en los lugares de vivienda. En esos intersticios espaciales se intercambian tradiciones, experiencias y memorias; a su vez, estos saberes son transmitidos en forma generacional a sus descendientes.

 

El empleo de entrevistas a diferentes trabajadores implica la posibilidad de acercarnos a toda una serie de cuestiones subjetivas a las que nos sería imposible acceder por otros instrumentos. El uso de la historia oral se constituye en un mecanismo imprescindible a la hora de reconstruir un cruce de diferentes dimensiones que intervienen en los procesos sociales. Esto no significa considerar el empleo de otras fuentes complementarias a la hora de la investigación. Aprehender los distintos aspectos que conforman la cotidianeidad de los entrevistados nos aproxima y aclara rasgos que son parte de la condición y de la cultura obrera.

 

El empleo de la oralidad constituye una herramienta que nos proporciona conocer valores, tradiciones, costumbres y formas de organización de estos sujetos sociales. No menos importante, posibilita observar los cambios y las permanencias de la identidad obrera a través del tiempo.

 

Las personas entrevistadas nos remiten a pensar no sólo sobre la vida del sujeto indagado, que también nos conduce a discernir cuestiones y problemas referentes a los gremios, al contexto político, al espacio urbano y a la sociedad en su conjunto. Esta modalidad sirve tanto para instalar sus voces y reflexiones en la esfera pública como para conocer sus experiencias, sus valores y su cultura; por lo pronto, denota traspasar la transcripción de los relatos para tratar de considerar sus significados. El testimonio, además conduce a un enriquecimiento de la investigación ya que nos lleva al replanteo de nuevas hipótesis e interrogantes.

 

Una problemática que merece también su atención es la previa preparación de la entrevista. La persona entrevistada es consciente de que sus pensamientos y su voz queda registrada en una obra pública. Además sabe que el sujeto que lo interroga proviene de un ámbito distinto al de él. El diálogo entre entrevistado e interrogador se cimienta en la relación marcada por la experiencia de vida de ambos sujetos; de acuerdo con esto, la entrevista es consecuencia de una relación dialéctica entre dos seres con diferentes subjetividades y objetivos. Insisto, todo esto en un contexto previamente establecido donde el entrevistado sabe que sus palabras entran, a partir de ese momento, a la esfera pública. En otras palabras, los sujetos entrevistados organizan sus pensamientos antes de la cita. De este modo, el entorno intencional que cubre el relato conversacional no se encuentra ausente; se habla para el entrevistador, para sus compañeros de trabajo, sus vecinos, sus familias y para un posible futuro escrito.[1]

 

Se examina, entonces, un proceso de reconstrucción ideológica del pasado condicionado por la percepción y la reflexión que el entrevistado tiene en el presente. A su vez, ésta ha sido marcada por su historia personal y social en tanto individuo y en tanto miembro de una clase determinada. Es, en última instancia, una reelaboración modificada del pasado que se transmite para conformar una cosmovisión interesada. Sin duda, en esta mirada también actúan las preguntas del interlocutor; de este modo, la entrevista es fruto de un diálogo entre el protagonista y el historiador.

 

Ahora bien, a lo largo de estos años, el empleo de la historia oral no sólo me ha permitido tener una mayor aproximación y conocimiento sobre las luchas, tradiciones, valores y cultura de la clase trabajadora, sino que también ha sido válida para la memoria de los propios testimoniantes, como muchas veces lo han manifestado al final de una entrevista o al leerse en una publicación. Asimismo, una de las cuestiones más sorprendentes es que, en los últimos tiempos, algunas de las entrevistas recogidas están siendo consideradas como pruebas testimoniales en el ámbito judicial; en particular, en lo que respecta a juicios contra miembros de las fuerzas de seguridad y empresarios implicados en secuestros y desapariciones de obreros en sus lugares de empleo durante la última dictadura militar.

 

El testimonio de los sobrevivientes del genocidio armenio

 

Las entrevistas que realicé a hombres y mujeres sobrevivientes del genocidio armenio también me han impactado, porque las mismas sirvieron como prueba jurídica (junto con otros documentos) en un juicio realizado contra el Estado turco por parte de los descendientes de las víctimas de esta matanza.

 

Contextualicemos esos hechos. A fines de la década de los años noventa, en diversos tribunales internacionales se estuvieron llevando a cabo los denominados Juicios por la Verdad, nacidos como una especie de reacción frente a la política de olvido por parte de algunos gobiernos de la región.[2] En esa coyuntura, en Argentina, el escribano Gregorio Hairabedian, patrocinado por su hija Luisa, deciden realizar una demanda judicial contra la república de Turquía con el fin de saber el lugar donde yacían los restos de sus familiares asesinados a principios del siglo XX. Como parte de esa instancia contenciosa se requirió mi colaboración con el objetivo de entrevistar a personas que habían sobrevivido y que quisieran dar testimonio de esas atrocidades.

 

En ese marco, tras interiorizarme con diversas lecturas sobre el tema,  efectúo, junto con un grupo de colegas, más de una docena de entrevistas a testigos del genocidio. El método empleado fue el de realizar historias de vida sobre la base de entrevistas no rígidas, con preguntas semiabiertas donde el sobreviviente narraba acerca de su infancia, los oficios de sus padres, sus lugares de residencia, cómo era la convivencia con los turcos antes de las persecuciones y matanzas, etc. Cada uno de ellos refirió su experiencia en armenio, turco, francés y español, reflejando en cierta forma el itinerario forzoso de sus vidas.

 

Pero más allá de ello, los sobrevivientes sintieron una responsabilidad moral y un sentido de necesidad de contar su historia como una verdad que ha sido negada de manera sistemática. El relato que nos transmitieron los testigos fue realmente liberador. Ellos sentían que debían recordar lo que pasó, sobre todo, para que haya justicia y para que las nuevas generaciones supiesen que esto no debía volver a suceder.

 

La elaboración emprendida en una pesquisa no es una tarea pasiva; por el contrario, la realización de las entrevistas, la selección de los testimonios, la formulación de preguntas, tuvieron una expresa intencionalidad. Desde su inicio, en la búsqueda de sobrevivientes, se manifestó el alcance de la investigación. Como se ha mencionado en diversas oportunidades, el resultado del diálogo con las personas entrevistadas es producto del intercambio de saberes, miradas, expresiones, opiniones y experiencias entre el narrador y el investigador.

 

Asimismo, es correcto presuponer que el individuo entrevistado no habla por sí solo, sino que su relato es producto de un entramado de relaciones sociales que se ha erigido en el tiempo. Es válido recordar que los testimonios expresan un proceso previamente construido que ha sido alimentado en forma individual y social. El recuerdo y las reflexiones se hacen (de manera intencional o no) con un expreso conocimiento que ese saber escapa del ámbito de lo privado para entrar al de la esfera pública.

 

También nuestro interés fue el de preservar la memoria. Es la memoria de un pueblo que se empalma con la lucha de otros pueblos de la humanidad a lo largo de la historia. Es la memoria como parte de la identidad de un pueblo. Es una memoria del recuerdo que no olvida lo terrible que fue el genocidio, es un gesto político de profunda significación porque la impunidad es hija de la mala memoria.

 

Sobre la base de estos testimonios, junto con otros que fueron tomados por descendientes de las víctimas y una serie de documentos oficiales solicitados a Alemania, Francia y el Vaticano, un juez federal declaró el 1 de abril de 2011 que “el Estado turco ha cometido el delito de genocidio contra el pueblo armenio, en el periodo comprendido entre los años 1915 y 1923”. Así, este dictamen judicial se convirtió en una sentencia innovadora en materia de derecho internacional.

 

Como se puede observar, las contribuciones de la historia oral no se limitan al plano metodológico, sino que también contribuyen a la adquisición de conciencia, alimenta el surgimiento de nuevos puntos de vista, nuevos debates, y por ende, enriquecen el conocimiento histórico. Sirve para repensar la historia, más aún, es útil para combatir las injusticias del pasado. No es sólo una cuestión historiográfica, es también un compromiso político.

 


* Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación-Universidad Nacional de La Plata. Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

[1] Entre otras lecturas, es sugerente lo expresado sobre estos temas en Graciela de Garay, “La entrevista de historia oral: ¿monólogo o conversación?”, Revista Electrónica de Investigación Educativa, vol. 1, núm.1, 1999, disponible en http://redie.uabc.mx/redie.

[2] Uno de los casos más famosos de los Juicios por la Verdad fue el llevado a cabo por el juez español Baltazar Garzón cuando dictó una orden de arresto contra el ex dictador chileno Augusto Pinochet.

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Alejandro Schneider

 

Resumen

En este ensayo se hacen una serie de consideraciones a partir del empleo de la historia oral en mi labor como historiador. En particular, como investigador de la clase obrera latinoamericana y como colaborador en una pesquisa sobre el genocidio armenio perpetrado a principios del siglo XX. Asimismo, se efectúan unas reflexiones sobre los íntimos vínculos que se entrelazan entre la historia, la memoria y la justicia.

Palabras claves: historia oral, experiencia, justicia.

 

Abstract

In this essay a series of considerations are done from the employment of the Oral History in my labor as historian. In particular, as a researcher at the Latin American working class and as a collaborator in an inquiry on the Armenian genocide perpetrated at the beginning of twentieth century. Likewise, a few reflections are effected on the intimate links that are interwoven between the History, the Memory and the Justice.

Key words: Oral history, experience, justice

 

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