Memoria y territorialidad campesina a través de la oralidad

José Luis Sánchez Pantoja* y Rosa Helena Rodríguez Timaná **

 

Este trabajo reflexiona sobre la oralidad como elemento articulador de la memoria en los hombres y mujeres campesinas, y como proceso social permite transmitir los conocimientos de una generación a otra, la construcción de identidad que determina su relación e interpretación sobre el territorio, conduciendo a la construcción de territorialidad como una expresión simbólica de resistencia, recuerdos y olvidos.

 

La oralidad como proceso social que mantiene la identidad campesina

 

La oralidad ha sido parte importante en el desarrollo de la humanidad como forma de conservar la memoria de los pueblos y comunidades campesinas; la narración oral ha transmitido los mitos y leyendas, costumbres y tradiciones de hombres y mujeres campesinas que expresan su forma de interpretar y relacionarse con los demás y con su entorno, al igual que los cambios sociales en un tiempo histórico, esto se puede identificar en la entrevista realizada a Mary, habitante de la vereda Alaska en el municipio de Buga, Colombia:

 

[…] la vereda de Alaska fue un gran productor de artesanías en la época de los años 60 cuando empezó la abonanza cafetera y entonces aquí se fabricaban los mejores canastos recolectores de café la calidad era inigualable por los materiales que se conseguían acá en las montañas entonces varias familias vivieron de la producción de hacer canastos recolector de café y la canasta que se utilizaba para mercar en las plazas de las diferentes ciudades venían del eje cafetero venían de Pereira de armenia de muchas partes de la zona cafetera a comprar aquí por cantidades el canasto recolector de café y los  canastos grandes para lavar el café esa fue  una de las economías de la región luego se fue perdiendo a través de la llegada del plástico entonces empezaron  llegar el balde plástico recolector de café y se empezó a mermar la producción del canasto a tal manera que en este momento solo existe de esas familias una sola familia que produce el canasto.[1]

 

Si bien los investigadores conciben que la memoria contenga fallos por los silencios y olvidos, ha sido interesante indagar ¿por qué la gente olvida? ¿Qué tipo de sucesos silencian de sus vidas para no ser recordados? sin dejar de lado que el mismo Herodoto y Voltaire hicieron uso de los testimonios orales, en sus obras escritas. Para el caso de Mary y la vereda de Alaska en Buga, los asesinatos a campesinos, por parte de paramilitares el 10 de octubre de 2001, se olvida y recuerda,

 

Nosotros vivimos un año que para mí ni las hojas de los árboles se movían, yo me limitaba simplemente a respirar y a mirar la soledad y la tristeza de mi comunidad. La gente miraba o subía con temor,  pero fueron pasando los años y nosotros empezamos a reunirnos acá, las personas pensábamos en qué hacer, nosotros empezamos a reunirnos en la caseta, un día cualquiera empezamos a reunirnos con gente que sabía hacer canastas, que sabía hacer artesanías, empezamos a reunirnos en la caseta en el año 2007.[2]

 

De igual manera don Efrén, habitante de Alaska recuerda, el dolor colectivo de la comunidad, “[…] eso fue muy grave porque todos lo sentimos, todos, todo quedó muerto, nadie trabajaba, yo quería hasta irme, pero vi que la gente, amigos echaron a trabajar,  entonces ya me dieron ánimo a mí de trabajar y seguimos viviendo, pero nos tocó dejar de comer.”[3]

 

A pesar de las críticas a las fuentes orales y a la historia oral como menciona Mauricio Archila Neira: “se les critica desde las viejas y las nuevas academias […] por la fragilidad de la memoria; la subjetividad de las fuentes orales, el énfasis en lo particular […] y la reconstrucción e interpretación del pasado desde el presente”.[4]

 

Los hombres y mujeres del campo también tienen historia, son móviles, se transforman y resignifican. Del mismo modo la identidad de los pueblos y comunidades campesinas es cambiante, y la historia oral permite dar cuenta de la diversidad de culturas y vidas cotidianas. Sin embargo, como menciona Ronald Fraser en su artículo, “Historia oral, historia social”:

 

no puede decirse que no seamos conscientes del problema, ni de las "trampas" de la memoria: condensación, represión, transposición, que nos afectan a todos. Más especialmente cuando surgen fallos colectivos de la memoria, estamos alerta a que exista un fenómeno histórico-cultural importante: ¿por qué ha sido necesario?, al parecer de común acuerdo, crear una memoria distinta del pasado a lo que se puede averiguar fácilmente por otras fuentes, y tan importantes como los fallos son los cambios colectivos de la memoria en función de ciertas necesidades del presente.[5]

 

La memoria colectiva como propone Halbwachs remite a la identidad comunitaria, a los recuerdos e ideales conservados por un grupo.[6] Como el caso comentado por Mary: “somos una comunidad de paz una comunidad donde el vecino se saluda todos los días con el vecino aquí nadie es desconocido aquí todo mundo somos hermanos eso es lo que caracteriza la sencillez y la humildad de los pobladores Alaska es una vereda que nació  raíz de la colonización de gente paisa de gente que llegó del Tolima en los años 1920 1930”.[7]

 

La historia oral en relación con la memoria permite contrastar y triangular a partir de la diversidad de fuentes. Las fuentes orales desde la metodología de la historia oral se convierten en una herramienta social que da sentido y resignificación a las vidas cotidianas en diferentes procesos históricos, como el del campesinado. Así la historia como disciplina, establece hechos  y trabaja con ellos, en un tiempo y espacio determinado.

 

La historia, en sí, se edifica, como menciona Lefebvre, “sin exclusión, con todo lo que el ingenio de los hombres pueda inventar y combinar para suplir el silencio de los textos, los estragos del olvido”.[8] Sin embargo, la historia también tiene diferentes metodologías de investigación que permiten reconstruir o interpretar un proceso socio histórico,

 

La ciencia social es multiparadigmática, es decir que existen múltiples formas de conceptualizar, contemplar y acceder a la realidad social, afectando las posiciones ontológicas, metateóricas y epistemológicas, como menciona Bericat,  preguntarnos por el (qué es; cómo puede comprenderse: bajo qué condiciones podemos conocer la realidad social) o a los enunciados científicos, sean teóricos o aplicados (cómo funciona: cómo podemos modificar la realidad social) sino también a las técnicas empíricas (cómo extraemos y cómo analizamos la información de la realidad social).[9]

 

El método es la lógica de investigación. Para Bericat legitima y estructura las decisiones y actividades planificadas para realizar enunciados sobre la realidad social y en la determinación del método, se establecen las preguntas clave o problemas a investigar, las orientaciones teóricas, técnicas de extracción y análisis de datos, con el fin de integrar los tres niveles de una investigación social del quehacer sociológico, el metateórico, el teórico y el empírico, cumpliendo con un sistema de acción coherente, es decir un cuerpo integrado que permita obtener los resultados.

 

La historia oral permite junto al trabajo etnográfico, indagar desde un presente por un pasado: desde preguntas, objetos, mapas, cartografías del presente se puede dar cuenta de los cambios y continuidades durante un proceso socio histórico.

 

Oralidad y territorialidad campesinas: expresión simbólica de la resistencia

 

El campesinado colombiano ha sido allanado históricamente por procesos de usurpación de la tierra, la pérdida continua de su cultura y por la negación del reconocimiento por parte del Estado como sujeto de derechos. La usurpación de sus territorios hace que hoy en día Colombia se configure en unos de los países con mayor concentración de propiedad sobre la tierra.

 

En los procesos internos de colonización que se generaron a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX en el territorio colombiano, han sido interpretados por la academia como vectores de aculturación que permitieron que se diversifiquen las expresiones cultuales en algunas regiones y que se homogenicen en otras, lo que ha determinado que en los contextos rurales, las campesinas y campesinos se hayan construido en términos de ausencia de procesos identitarios.

 

Así, el campesinado en Colombia aflora una vasta diversidad cultural, en tanto que la relación hombre-territorio (tan diverso para el caso colombiano), define características culturales particulares relacionados con las formas de habitar y producir su sustento, sus usos, expresiones, conocimientos, técnicas, así como las tradiciones y expresiones orales, artes, espectáculos, usos sociales, rituales y actos festivos que son transmitidos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y la historia, que infunde una expresión de identidad y continuidad.[10]

 

Colombia es un país cuyo pasado reciente es rural como el resto del continente latinoamericano. Todos y todas han tenido relación con el campo, pero a pesar de ello, el auge y profundización del neoliberalismo y sus políticas “recomendadas” a través del Consenso de Washington ahondan en la imposición del capitalismo como única opción, que no sólo incluye un interés económico corporativo de la clase en el poder, sino también, impone su proyecto cultural y político hegemónico, que interpreta al territorio como un factor de producción, desconociendo así la construcción histórica de la territorialidad en tanto visión del campesinado sobre sus territorios como fuente de la vida misma.

 

En el caso particular de Colombia, como señala la Academia Colombiana de Antropología, los estudios sobre la ruralidad han estado influidos por la perspectiva de análisis histórico-sociales y economicistas, que han circunscrito el análisis a temas agrarios y agraristas. Tales perspectivas han presentado al campesinado como un sector productivo, con una organización social en términos de “clase” y con una transformación de sus modos y medios de producción en un contexto de dominación y explotación que señala las relaciones de poder entre el Estado, los terratenientes y los inversionistas extranjeros.

 

Este tipo de estudios ha negado la posibilidad de comprender las dinámicas históricas que han dado vida a este sector tan importante de la población, de sus profundas necesidades, y de sus luchas por la tierra de donde se desprende el conflicto interno del país. A inicios del siglo XX se dieron conflictos por la tierra entre colonos y terratenientes, estos conflictos se consolidaron entre los años de 1930 y 1946 por la disputa entre liberales y conservadores y continuaron en una segunda fase entre 1946 y 1953. A partir de los años 60 se agudiza el conflicto social y armado, con el surgimiento de las guerrillas (FARC, ELN, M-19 y EPL). De ahí que algunas de las insurgencias retomen elementos históricos, como la concentración de la tierra, para argumentar la toma de las armas desde inicios del siglo XX. Posteriormente a partir de la década de los 80´s el campesinado se vio afectado por la violencia paramilitar,

 

Ellos fueron de casa en casa y sacaron a todos los que estaban ahí, a los niños a las mujeres, a todos. ¿Cuántos paramilitares eran? Eran entre 30 y 40 hombres. Yo tengo la mirada fija del niño que mataron, porque ellos tenían  esa mirada de terror, de angustia, yo tengo todas esas imágenes acá (mientras señala su corazón). Aprendí a manejar la situación, no me da miedo ir a donde sea, hablar y saber cómo es que nos van a reparar y qué derechos tenemos nosotros.[11]

 

Estas dinámicas sociales e históricas han afectado la territorialidad del campo colombiano; la memoria de campesinos ha sido silenciada por los estragos de la usurpación y la violencia por parte de los grandes terratenientes vinculados al poder político regional y al paramilitarismo, por lo cual los territorios deben ser resignificados.

 

En este sentido, hacer historia oral en las comunidades campesinas permite la incursión de sectores no contemplados por la historia tradicional, aquellos grupos marginales quienes tradicionalmente generan una resistencia.

 

La historia oral permite abordar las “otras historias”. Como menciona Ronald Fraser, “la fuente oral no es sólo una representación sino una autorrepresentación” que permite acercarnos a las formas cotidianas de la tradición oral como expresión de resistencia a percepciones dominantes sobre el territorio; resistencias ocultas pues no parecen constituir un desafío abierto al poder dominante, pero representan el sentir, la organización silenciosa y el potencial que aún no es claramente visible en ciertos discursos que pueden adquirir en un proyecto político.

 


*Administrador de empresas. Estudiante de Maestría de Investigación-Desarrollo Territorial Rural, FLACSO-Quito. Integrante del equipo técnico Asociación de Trabajadores Campesinos del Valle del Cauca

**Licenciada en Historia. Estudiante de Maestría en Investigación en Historia, Universidad Andina Simón Bolívar–Quito.

[1] Mary entrevista realizada por Rosa Helena Rodríguez T., 22 de julio de 2014.

[2] José Sánchez P. y Rosa Helena Rodríguez T., “Como nace el agua, nace la esperanza”, 10 de octubre de 2001 Alaska-Buga, en Asociación de Trabajadores Campesinos Valle del Cauca, 2001, p. 4.

[3] Ibidem, p. 9

[4] N.M. Archila, Fuentes orales e historia obrera. Los usos de la historia de vida en las ciencias sociales, Barcelona, Anthropos, 1998, p. 288.

[5] Ronald Fraser, “Historia oral, historia social”, Historia Social, vol. 17, pp. 131-139, disponible en http://www.jstor.org/stable/40340350, consultada 31 mayo de 2011.

[6] José Carlos Sebe, “Definiendo la historia oral”, Historias, núm. 30, 1993, p. 10.

[7] Mary entrevista realizada por Rosa Helena Rodríguez T, el 22 de julio de 2014.

[8] Lucen Lefevre, Combates por la historia (trad. de Francisco J. Fernández Buey y Enrique Argullo), Barcelona, Ariel, 1970, p. 30.

[9] Eduardo Bericat, “La doble pirámide de la investigación”, en La integración de los métodos cuantitativo y cualitativo en la investigación social, Barcelona, Ariel, 1998, p. 19.

[10] Ministerio de Cultura, Entre memorias haceres y saberes: intercambios y conversaciones sobre el patrimonio cultural inmaterial campesino en Colombia, Bogotá, Torreblanca Agencia Grafica, 2014, p. 9. 

[11]José Sánchez P. y  Rosa Helena Rodríguez T., ibidem, p. 6.

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Este trabajo reflexiona sobre la oralidad como elemento articulador de la memoria en los hombres y mujeres campesinas, que como proceso social, permite transmitir los conocimientos de una generación a otra, la construcción de identidad que determina su relación e interpretación sobre el territorio, lo cual conduce a la construcción de territorialidad como una expresión simbólica de resistencia.

Palabras clave: memoria,  oralidad,  campesinos,  territorio, Colombia.

 

Abstract

This essay examines orality as an element that articulates rural memories. As a social process, it allows knowledge transmission between generations. Also constructs identities which are determined by its relationship and interpretation of their territory. Territoriality is a principle that is constituted on a symbolic resistance expression.

Key words: memory, orality, peasants, territory, Colombia.

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