“Maru Fuentes”

Rubén Ruiz Guerra*

 

Conocí a María Eugenia una tarde en las instalaciones del Archivo Metodista. Llegó acompañada de una pequeña muy seria, quien saludó cortesmente y se sentó a la gran mesa de trabajo con la que contábamos; sacó su cuaderno de tareas y empezó a trabajar sin hacer mucho caso de lo que los adultos platicaban. Esta fue una escena que se repetiría en numerosas ocasiones. El interés de Maru era encontrar material acerca de los orígenes del metodismo en Tlaxcala. Le interesaba, en particular, la población de Zacatelco. Por aquella época, tal vez el año 1985 o 1986, un libro de Jean Pierre Bastián acerca del protestantismo en la Revolución mexicana llamaba la atención de los interesados en comprender el papel de ese movimiento religioso en México. Mostraba que algunos dirigentes metodistas habían sido mandos intermedios en el movimiento armado, y entre sus regiones de estudio incluyó, justamente, Tlaxcala. Allí había encontrado un importante foco revolucionario con el que se habían asociado pastores, laicos,  estudiantes y maestros que se habían formado en las filas de la misión metodista. Guiada, seguramente, por su conocimiento de la región, Maru hizo tema de su interés el pueblo de Zacatelco.

 

Con disciplina ejemplar, con paciencia, con rigurosidad y método, Maru estudio los materiales de archivo disponibles en ese momento, y en especial la colección de El Abogado Cristiano Ilustrado. Más allá del trabajo de búsqueda rigurosa, Maru siempre estuvo dispuesta a dialogar acerca de sus hallazgos, de la manera en que iba conformando su tema de estudio, y de lo que se proponía hacer con su investigación. Esto mismo la llevó a participar en un seminario de investigadores jóvenes que se organizó en el Archivo Metodista. La idea era reunir gente que iniciaba su carrera académica y que tenía interés por la historia del metodismo a fin de que se presentaran avances, se les cuestionara y se apoyara el desarrollo de los trabajos conducentes. Maru participó de manera entusiasta en esas reuniones. Allí tuvo la posibilidad de interactuar con los entonces aprendices de historiador como Daniel Escorza y Alejandro Zenteno. El trabajo allí desarrollado nos enriqueció enormemente, y, en el caso de Maru, se abrieron nuevas vetas de investigación. Por ejemplo, en ese momento Alejandro estaba interesado en recuperar la memoria del general Benigno Zenteno, pastor metodista que encabezó las tropas zapatistas en la toma de la ciudad de Tlaxcala —un tema que llamó la atención de Maru.

 

Para esa época, otro par de investigadoras de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia habían encontrado en el metodismo una temática que podía enriquecer sus trabajos. Me refiero a Beatriz Cano y Laura Espejel. La primera acercándose a la historia oral del metodismo, y la segunda como una visión complementaria del zapatismo. El diálogo sostenido entre ellas tres desembocó en la organización de un coloquio en el que se presentarían distintas visiones del metodismo desde los estudios académicos de la historia, actividad en la que Maru, Beatriz y Laura fueron motor incansable y eficiente. Los resultados de esa tarea quedaron plasmados en un libro publicado por el mismo instituto.

 

Gracias a la disciplina de Maru, y a su participación en ese tipo de actividades, ella logró culminar su trabajo con el tema del metodismo en Tlaxcala. Éste fue muy importante en varios sentidos, pero sobre todo por sus aportes al conocimiento de la historia del metodismo rural. Por ejemplo, como parte de su texto incluyó un mapa de Tlaxcala en el cual se identificaban las congregaciones metodistas en el estado. Gran sorpresa fue ver que se encontraban no a la vera de las rutas de ferrocarril, tal como las interpretaciones en boga sostenían, sino en una zona ubicada entre dos vías distintas.

 

Desde ese escrito Maru se fue acercando a otros temas de interés para el conocimiento del metodismo. Por una parte profundizó el trabajo acerca de los zapatistas-metodistas Benigno y Ángel Zenteno. Por otra parte, siempre pensando en esclarecer el papel metodista en la Revolución, estudió el momento crucial en que los estudiantes del Instituto Metodista Mexicano de Puebla, candidatos al pastorado o al magisterio, decidieron en conjunto incorporarse al movimiento armado revolucionario. Ambas rutas de estudio culminaron en sendas publicaciones.

 

El desarrollo de sus actividades tomó nuevos derroteros. Maru se acercó a otras facetas del quehacer de ese grupo religioso minoritario: el metodista, pero caracterizado por una acción educativa significativa, y alejándose de la Revolución mexicana. Importante para mí fueron sus aportes acerca del protestantismo  durante la década de 1920. Luego ella se inclinó por conocer alguna de las empresas culturales de los metodistas, y en particular a la prensa periódica destinada a la educación cristiana de los niños. El resultado fue un trabajo muy sugerente acerca de una publicación llamada Comino.

 

Al poco tiempo me enteré de los problemas de salud que enfrentaba. Lo hacía sobre todo con enorme valor. Luchó hasta que, con enorme entereza, decidió que ese era un esfuerzo sin futuro. Dejó tras de ella una hija profesionista exitosa, textos indispensables para entender un movimiento religioso minoritario en el contexto de una sociedad sumamente intolerante. Pero, sobre todo, nos dejó el grato recuerdo de su gesto amable, su sonrisa grata, su risa franca y  su generosidad en el trato.

 


* Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, UNAM.
Dercarga PDF

 

Compártelo
 

Conocí a María Eugenia una tarde en las instalaciones del Archivo Metodista. Llegó acompañada de una pequeña muy seria, quien saludó cortesmente y se sentó a la gran mesa de trabajo con la que contábamos; sacó su cuaderno de tareas y empezó a trabajar sin hacer mucho caso de lo que los adultos platicaban. Esta fue una escena que se repetiría en numerosas ocasiones. El interés de Maru era encontrar material acerca de los orígenes del metodismo en Tlaxcala. Le interesaba, en particular, la población de Zacatelco. Por aquella época, tal vez el año 1985 o 1986, un libro de Jean Pierre Bastián acerca del protestantismo en la Revolución mexicana llamaba la atención de los interesados en comprender el papel de ese movimiento religioso en México. Mostraba que algunos dirigentes metodistas habían sido mandos intermedios en el movimiento armado, y entre sus regiones de estudio incluyó, justamente, Tlaxcala. Allí había encontrado un importante foco revolucionario con el que se habían asociado pastores, laicos,  estudiantes y maestros que se habían formado en las filas de la misión metodista. Guiada, seguramente, por su conocimiento de la región, Maru hizo tema de su interés el pueblo de Zacatelco.

" data-share-imageurl="">