Las mujeres veracruzanas, actores sociales en la historia contemporánea

Adriana Gil Maroño y María Luisa González Maroño, Mujeres en la historia de la ciudad de Veracruz. Primera mitad del siglo XX, México, INAH / Conaculta, 2015.

 

Martha Eva Rocha Islas*

 

Los estudios académicos sobre la historia de las mujeres en México no rebasan más de medio siglo, iniciaron cuando la historiografía las consideró sujetos históricos con un peso fundamental en los acontecimientos sociales. Las investigaciones pasaron de la “invisibilidad” de las mujeres a buscar entender su presencia y participación en dichos procesos. Ahora tiene un peso fundamental reescribir una historia que explique no sólo a los hombres, mostrándolos como los hacedores del mundo, sino que descubra la dimensión y participación de las mujeres en los espacios de la política, la economía, el derecho y la vida social.

 

Las investigaciones sobre las mujeres en México, como parte de la historia social, empezaron a dar sus primeros frutos a partir de la segunda mitad del siglo XX, y fue en la década de 1990 que los trabajos pasaron del rescate de mujeres como protagonistas de procesos sociales a la propuesta de nuevas herramientas teórico-metodológicas para estudiarlas en su relación con los hombres. Surgió el género como la categoría analítica de la realidad social, cultural e histórica que nos permite conocer las relaciones de poder que se establecen entre hombres y mujeres, teniendo en cuenta que cuando hablamos de mujeres no se trata de personas homogéneas (como tampoco es el caso de los hombres), sino que ellas son diferentes y están divididas por clase social, raza, edad, religión, etcétera, y como tales hay que explicarlas.[1]

 

Más allá de las consideraciones teóricas que debemos tener en cuenta al emprender una investigación, es fundamental reconstruir el pasado de las mujeres para avanzar y enriquecer la producción historiográfica, y es en ese marco que se inscribe Mujeres en la historia de Veracruz, cuya edición es impecable y la conjugación de imágenes y texto atrapan al lector desde sus primeras páginas. Se trata de un libro académico, pero también es un libro de divulgación. Las autoras, Adriana y María Luisa Maroño, ofrecen una visión panorámica de la historia de las mujeres veracruzanas de la primera mitad del siglo XX. El texto está escrito con claridad y con rigor en cuanto al aparato crítico; al mismo tiempo, es también provocador en el sentido que sus autoras desarrollan un conjunto de 34 temas que pueden seguirse investigando y profundizando, de tal suerte que la historia de las mujeres desde lo regional continuaría enriqueciéndose, lo cual permitirá detectar las permanencias y/o transformaciones que impactaron a las mujeres veracruzanas más allá de los procesos y cronologías que marcan a la historia nacional.

 

Las fuentes en que se apoya la investigación son, en primera instancia, la bibliografía que se ha generado sobre asuntos muy puntuales y significativos ocurridos en Veracruz, así como la manera en que las mujeres se involucraron en ellos. Por ejemplo, revelan que durante la segunda cristiada en Veracruz (1931-1937), la persecución religiosa en el estado fue más violenta que en el periodo 1926-1929, donde incluso estalló una bomba en el Colegio Josefino de religiosas del Puerto de Veracruz la noche del 10 de septiembre de 1931. También explican la forma en la que la directora del colegio, Luz Nava, y las religiosas enfrentaron este amedrentamiento e hicieron funcionar los centros escolares de manera clandestina. Es significativo el papel desempeñado por la Unión de Damas Católicas, que alentaban a las mujeres a proseguir sus prácticas religiosas a pesar de los peligros. En dicho movimiento se involucraron, además de las religiosas, mujeres de clase media y alta de la sociedad veracruzana. Este grupo de mujeres tuvo otra participación destacada —aunque anterior en el tiempo— durante la intervención estadounidense de 1914, tema que ha generado una bibliografía importante; sin embargo, no se había trabajado el quehacer que llevaron a cabo las enfermeras integrantes de las organizaciones filantrópicas: Cruz Blanca Neutral y Cruz Roja Mexicana en la atención de los heridos de guerra. Nuevamente, Luz Nava y las religiosas josefinas tuvieron un papel relevante como enfermeras, auxiliando a los heridos, además de la participación voluntaria de mujeres de clase alta, que en ese momento se incorporaron a dichas organizaciones. Adriana y María Luisa lo desarrollan en el libro y ofrecen al lector información novedosa y estructurada.

 

Por otro lado, está el tema del movimiento inquilinario de 1922 y la función que desempeñaron las mujeres trabajadoras pertenecientes a los sectores más pobres de la sociedad porteña, quienes al protestar por los incrementos en las rentas de las vecindades que habitaban, en condiciones de higiene pésimas, se enfrentaron a las autoridades y padecieron el confinamiento de diez meses en prisión.

 

También forman parte de esta historia las veracruzanas de los sectores acomodados de la sociedad porteña, que desde los años veinte fueron atraídas por la modernidad y sus cambios al papel tradicional femenino que mantenía a las mujeres recluidas en el espacio doméstico. Las jóvenes empezaron a cambiar su atuendo y a vivir más libremente, la práctica de los deportes y los lugares de sociabilidad en el espacio público se incrementaron: los salones de baile, los balnearios, los cines, los teatros, su participación en la vida cultural, les habría otras posibilidades de desarrollo.

 

Otro resultado de la modernidad fue el involucramiento de las mujeres como propagandistas: desde los años revolucionarios, pero sobre todo a partir de 1915, empezaron una vez más a cuestionar su condición subordinada y a luchar por su emancipación. El traslado de Venustiano Carranza a Veracruz, luego de la escisión de los principales jefes revolucionarios, al finalizar el año de 1914, llevó a sus seguidores al puerto; por tanto, las mujeres que lo apoyaban se trasladaron también a Veracruz y presionaron a los caudillos para que, en paralelo con el programa carrancista, se continuara el debate —interrumpido en la etapa de lucha armada— sobre las desigualdades entre los géneros y la obtención de la ciudadanía política de las mujeres.

 

Hermila Galindo Acosta, duranguense de nacimiento y cercana colaboradora de Carranza entre 1915 y 1919, se transformó en la feminista más sobresaliente del constitucionalismo. Sobre Galindo se han generado distintas investigaciones, libros biográficos centrados en su persona, su activismo político revolucionario, su pensamiento y obra feminista. Uno de los temas que se abordan en este libro es precisamente: “Hermila Galindo y las primeras feministas en el puerto”. En este sentido hubiera deseado encontrar más información sobre las feministas veracruzanas, sobre las distintas sociedades que se formaron en el estado, sobre Salomé y María de Jesús Carranza, cercanas colaboradoras de Hermila, quienes formaron en Tlacotalpan la Sociedad Josefa Murillo, y ambas redactoras de Dulcinea. Seguramente, tratándose de una investigación que cubre un largo periodo es imposible que contenga todo. Además, como investigadoras, siempre nos enfrentamos al problema de la limitación de las fuentes, más aún cuando se trata de las mujeres.

 

En la posrevolución, las mujeres estudiaban carreras cortas que les permitieron insertarse en el mercado laboral como burócratas y en establecimientos privados, también incursionaron en el magisterio, así como en profesiones universitarias —en menor proporción—. Otro de los grandes aciertos del libro es que sus autoras no sólo se basaron en fuentes bibliográficas, sino indagaron en fuentes de primera mano: archivos, entrevistas de historia oral, así como en una revisión exhaustiva del periódico El Dictamen de Veracruz, que les permitió incluso contrastar información y enriquecerla. Cuando Gabriela Cano[2] sostiene que las facultades de Medicina, Jurisprudencia e Ingeniería eran espacios exclusivamente masculinos, las autoras mencionan para el caso de Veracruz no sólo que la Escuela de Medicina ofrecía carreras cortas de dos años para obtener títulos de enfermera y partera sin necesitar la preparatoria, sino además señalan varios ejemplos de mujeres profesionistas que ejercieron como doctoras, químicas farmacéuticas, cirujanas dentistas, aunque se trata de una minoría (pp. 142-144).

 

Me hubiera gustado que el conjunto de los textos hubiese mantenido un enfoque que partía de Veracruz y de ahí se conectaba con los sucesos de la historia nacional. Así se aborda en este libro los últimos temas correspondientes a las décadas de 1940 y 1950, marcadas por un retorno al modelo de la domesticidad y así los discursos e imágenes del “deber ser” contrastan con una mayor presencia de las mujeres en el espacio público, con un fuerte cambio en las modas, y con el incremento del consumo por la creciente publicidad. En estos años más mujeres accedieron a profesiones universitarias. También es importante destacar que las autoras mencionan la iniciativa de ley —presentada en marzo de 1922 por el diputado Carlos Palacios al Congreso del Estado en la ciudad de Jalapa— para que se otorgara el voto a las veracruzanas, iniciativa que aun cuando no prosperó, significó una medida más de presión para que se les tomara en cuenta. Las mujeres se transformaron en ciudadanas plenas hasta 1953, año en que se consiguió el voto a nivel nacional.

 

Para terminar, debo mencionar uno más de los aciertos del libro: la espléndida investigación iconográfica realizada por las autoras, Las imágenes hablan por sí solas y refuerzan los textos que nos cuentan la historia de las veracruzanas a lo largo de medio siglo. El libro ayudará e iluminará a investigadores interesados, pero también a un público amplio, que reconocerá y se reconocerá en el libro.

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] Joan W. Scott, Género e historia (trad. Consol Vilà I. Boadas), México, FCE / UACM, 2008.

[2] Autora de diversas obras sobre historia del género y la diversidad sexual en el siglo XX, mujeres e historia de México, coordinadora del Programa de Maestría en Estudios de Género en El Colegio de México. http://ces.colmex.mx/125

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Las mujeres veracruzanas, actores sociales en la historia contemporánea

Adriana Gil Maroño y María Luisa González Maroño, Mujeres en la historia de la ciudad de Veracruz. Primera mitad del siglo XX, México, INAH / Conaculta, 2015.

 

Martha Eva Rocha Islas

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