Testimonios de mujeres singulares, una contribución a la historia del feminismo

Elena Poniatowska, Las indómitas, México, Seix Barral, 2016.

 

Martha Eva Rocha*

Portada Las indómitas

 

En las postrimerías del siglo XX, las mujeres dejaron el anonimato y alzaron la voz en más y distintas trincheras para exigir ser escuchadas, plantearon demandas, participaron y se hicieron presentes en diversas formas. Elena Poniatowska, quien ha cultivado varios géneros: novela, ensayo, testimonio, crónica, entrevista y poesía, es una periodista, escritora y novelista por demás conocida, no sólo en los círculos literarios sino como militante comprometida con diversas causas sociales, con una larga trayectoria y obra publicada. Su pluma nos entrega Las indómitas, donde se expresa como una feminista comprometida con las causas de las mujeres que a lo largo de más de un siglo han padecido no sólo las injusticias y desigualdades de clase, sino también las de género.

 

Poniatowska reúne nueve ensayos. Siete de ellos son de carácter biográfico, dedicados a mujeres que la autora admira, con quienes estableció una relación de amistad y han sido fuente de inspiración; los otros dos se refieren a mujeres anónimas: las soldaderas de la Revolución y las trabajadoras domésticas. En la pluma de Elena —y a manera de denuncia—, estas historias muestran pasajes de sus vidas, hablan de maltratos, pobreza, y las pocas o nulas opciones que han tenido para revertir dicha condición. El conjunto de textos ya habían sido publicados en diferentes obras, excepto el último, dedicado a Marta Lamas, escrito para este volumen. Es un acierto la reunión de los ensayos y su publicación como libro, aunque también pueden leerse de manera independiente, el lector disfruta y conoce la singularidad de estas mujeres a través de una pluma con oficio, como es la de Elena, mujer de largo aliento. En los ensayos biográficos se ocupa de mujeres con formaciones diferentes, distinta condición social, pero todas comprometidas con su trabajo. Nos acercamos a la vida y obra de tres escritoras: Nellie Campobello, Josefina Vicens y Rosario Castellanos, mujeres a las que en su época se les escatimó reconocimiento porque el trabajo intelectual y la escritura eran oficio de hombres.

 

El libro inicia con el ensayo relativo a Josefina Bórquez, personaje central de la extraordinaria novela testimonio que publicó la autora en 1969, Hasta no verte Jesús mío. En este texto el personaje de Jesusa Palancares cobra vida y sentido a través de las distintas entrevistas que Poniatowska realizó a Josefina. En ella se refleja el grupo de mujeres campesinas y olvidadas, las soldaderas que se fueron a la Revolución para continuar realizando las tareas domésticas en los improvisados campamentos bélicos, y más aún, las tareas propias de la guerra, sorteando los peligros inherentes a dicha condición. Al final, la justicia social no llegó para la mayoría de ellas y eso se advierte en el relato de Josefina, y en el siguiente ensayo, “Las soldaderas”; la vida cambió para ellas, pero no su condición de pobreza.

 

Por otro lado, el siguiente ensayo trata sobre la vida y la obra de una excelente narradora, autora de las novelas Cartucho y Las manos de mamá, Nellie Campobello; se relata la guerra, desde su perspectiva de niña, testigo de la lucha revolucionaria en el norte. Ambas novelas fueron escritas en los años treinta, pero no fueron reconocidas y valoradas en su momento, con todo y que Campobello era muy amiga de Martín Luis Guzmán; ella desapareció de la escena literaria en la siguiente década y volcó sus capacidades intelectuales y creativas en la danza, destacándose como coreógrafa y directora de la Escuela Nacional de Danza. Tuvo un final de vida trágico, que se revela desde el título del ensayo: “Nellie Campobello, la que no tuvo sepultura”.

 

Josefina Vicens fue una mujer libre, autodidacta, inteligente y creativa, escribió —como Nellie y Juan Rulfo— sólo dos obras: El libro vacío y Los años falsos; la primera, publicada en 1958, la consagró como novelista y la hizo merecedora del premio Xavier Villaurrutia.

 

Elena, al referirse a la escritora Rosario Castellanos, señala que formó parte del grupo de intelectuales y académicos universitarios que, al final de los cuarenta y en la siguiente década, propusieron un discurso respecto de las mujeres —antes beligerante y radical— que las regresó al espacio privado del hogar, reconociéndolas en su papel de esposas y madres. Educada en la provincia chiapaneca, Rosario estaba convencida de que su prioridad era la familia; se casó con el filósofo Ricardo Guerra y tuvieron tres hijos, sólo sobrevivió Gabriel. Aun cuando fue una época muy difícil para afianzarse como escritora, su inteligencia, capacidades creativas y dotes literarias no pudieron retenerla sólo en el hogar y parte de su frustración se hizo presente en su obra: 23 libros publicados en 26 años, señala Elena. Sin el calificativo de feminista —que en los años cincuenta estaba en descrédito—, dos décadas después, en 1971, Castellanos se expresó partidaria de la causa de las mujeres al señalar el trato indigno entre los sexos, denunció las injusticias y la persistente inequidad de género. Como otras y otros escritores, la muerte siempre ronda su escritura. La parte humana de Rosario está presente en el texto biográfico de Elena, la rescata como una mujer alegre, que reía con facilidad, ingeniosa, encantadora, feliz; felicidad que se extendió a la época que vivió como embajadora de México en Israel. Ya divorciada, y con la compañía de su hijo Gabriel, por primera vez se sintió libre. Sin embargo, la alegría de Rosario fue truncada por su muerte accidental, ocurrida en 1974.

 

Alaíde Foppa y Rosario Ibarra de Piedra, son ambas luchadoras políticas en contra de las injusticias cometidas por sus gobiernos y defensoras de los derechos humanos. La primera fue guatemalteca, poeta y escritora; la segunda, ama de casa perteneciente a la sociedad regiomontana, inició su lucha para encontrar a su hijo Jesús, desaparecido desde 1973. A las trayectorias de ambas, por demás documentadas, Elena les devuelve su grandeza, su importancia como mujeres, esposas y madres, pero también como mujeres comprometidas que desde sus trincheras lucharon activamente en contra de las injusticias. A Alaíde le costó la vida: desaparecida en los años ochenta en Guatemala, se confirmó su muerte en enero de 1982, la dictadura acabó también con la vida de su esposo y dos de sus hijos.

 

El libro cierra con el ensayo dedicado a Marta Lamas, el subtítulo: “Icono del feminismo latinoamericano”, define el reconocimiento y admiración de Poniatowska hacia Marta, la feminista que desde mediados de los años setenta inició una lucha comprometida con las mujeres y en contra de las desigualdades en torno al cuerpo y la sexualidad mediante las múltiples batallas libradas para la despenalización del aborto y el reconocimiento a la diversidad sexual, entre otros problemas, todos ligados a la equidad de género; además, desde la academia polemizó en torno a las desigualdades. En este ensayo Elena, aparte de la amistad que las une, nos muestra a Marta en la intimidad de su mundo privado: su hijo Diego, sus múltiples amigas y amigos, del cariño especial hacia Carlos Monsiváis y, a manera de homenaje a lo largo del texto, en recuadros incorpora las opiniones de amigos y amigas que se desenvuelven en el mundo de la cultura y la academia, pero también de quienes la acompañan en el día a día.

 

El lector encontrará en esta compilación vivencias e historias de mujeres singulares que se atrevieron a denunciar y a luchar en contra de las injusticias sociales y de género. Rebeldes permanentes, indómitas, mujeres que no se amedrentaron pese a las múltiples amenazas, e hicieron de su vida un compromiso permanente con las mujeres.

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

 

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Elena Poniatowska, Las indómitas, México, Seix Barral, 2016.

 

Martha Eva Rocha*

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