Las pugnas por el agua: políticas, gestores y actores sociales

María Concepción Martínez Omaña y Lourdes Romero Navarrete (coords.), Agua e historia. Experiencias regionales, siglo XIX-XXI, Ciudad de México, Instituto Mora, 2015.

Rita García Arenas*

 

La obra propone observar los problemas del agua como resultado de procesos históricos a largo plazo y mediante diversas disciplinas aplicadas a estudios de caso. Con base en tal perspectiva el libro reúne doce colaboraciones agrupadas en tres secciones, la cuales responden a tres ejes: 1) el abasto urbano y las dinámicas rural-urbanas de usos de agua múltiples; 2) la organización de usuarios y problemáticas socioambientales asociadas con la agricultura de riego, y 3) la hidropolítica internacional en la frontera norte y sur de México. Dan cuenta del periodo comprendido entre finales del siglo XIX y primera década del siglo XXI, identificando las tendencias, los patrones y modelos de política hidráulica a escala nacional, a la vez que permite observar los alcances y los significados particulares en espacios de distinta escala: regiones, ciudades, comunidades y territorios. En ellas se abordan los procesos regionales ocurridos en la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Jalisco, La Laguna, en las zonas metropolitanas de León, Guadalajara, Puebla y el Valle de México, así como en las fronteras norte y sur del país.

 

Las problemáticas regionales –centradas en el abasto de agua urbana– implicaron un conjunto de arreglos, negociaciones y trámites en los que participaron una amplia gama de actores, como se puede observar en las colaboraciones de Isabel Estrada, Concepción Martínez, Antonio Padilla y Sergio Rosas, donde se puede identificar la presencia de actores sociales que desempeñaron un papel importante en el proceso de apropiación del recurso, en el contexto de urbanización. Estrada indaga cómo los habitantes del barrio de Tlatelolco intentaron resolver la falta de agua para satisfacer sus necesidades a finales del siglo XIX. Más adelante, los estudios de Concepción Martínez –para el caso de Iztacalco– y Antonio Padilla –para la municipalidad de Tlalpan– muestran estas nuevas formas de participación en la diversificación en el uso del agua a finales del siglo XIX y la segunda mitad del XX en la Ciudad de México, cuando el aprovechamiento se orientó a usos domésticos e industriales, y también para las parcelas ejidales, huertos familiares y comunales. Lo anterior demostraba que el avance paulatino sobre las áreas rurales estuvo acompañado de la emergencia de nuevos actores involucrados en las disputas por el acceso a ese recurso. Por su parte, Sergio Rosas Salas analiza las políticas federales en el corredor industrial del río Atoyac, Puebla, y coincide con el caso de Tlalpan en que los cambios fueron resultado de la urbanización, el crecimiento poblacional y la industrialización textil, gran demandante del recurso como fuerza motriz.

 

Mediante el impulso de la gran irrigación, en el ámbito rural los casos del Valle de Valsequillo, Puebla, estudiado por Sandra Jiménez; los Altos de Jalisco, analizado por Antonio Rodríguez, y la Comarca Lagunera en Coahuila y Durango –colaboración de Lourdes Romero–, muestran que la política de irrigación posrevolucionaria llevó a la recomposición de las relaciones sociales locales en torno al agua, donde el Estado se configuró como agente económico vinculado a la producción agrícola.

 

La gestión del agua en zonas fronterizas observa las influencias internacionales en el diseño de las políticas hídricas nacionales, identifican los cambios que han mostrado la gestión binacional y las implicaciones de estos hechos en el futuro, los intereses corporativos y los instrumentos de acción pública, como se muestra en los textos de José Luis Castro, Alfonso Cortes y Vicente Sánchez, Edith Kauffer y Eric Mollard.

 

Los conflictos y la crisis por el agua en años recientes son analizados por Nohora Beatriz Guzmán para el caso de Yautepec, quien argumenta que los conflictos por el control del agua a nivel local están asociados a la diversidad sociocultural que prevalece en Morelos, mediante los comités de agua con un fuerte arraigo en las formas de organización basadas en usos y costumbres. Por su parte, Jaime Peña se enfoca en las zonas metropolitanas de León, Guadalajara, Monterrey, Ciudad de México y San Luis Potosí, para mostrar que el deterioro, la explotación y la escasez del agua constituyen un fenómeno artificial, pues en realidad las metrópolis no experimentan la falta de agua.

 

El presente libro sin duda constituye un buen acercamiento interdisciplinario a los estudios en torno al agua desde diferentes problemáticas regionales, donde se pueden observar los cambios y continuidades en la relación humana con el recurso hídrico, expresado en instituciones, relaciones sociales, usos, recursos tecnológicos y diferentes actores sociales que dan cuenta de los avances en dichos estudios como un problema histórico. Sin embargo, es importante mencionar que desde el análisis de la memoria[1] son poco abordadas las problemáticas del agua, además de que juega un papel muy importante en las luchas de los pueblos por hacer del uso del agua un derecho humano.

 


* Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH.

[1] Desde la perspectiva de la historia se considera a la memoria como una construcción social dinámica de los sujetos en la que, a partir del recuerdo, éstos estructuran y significan lo vivido, lo percibido, lo leído y lo trasmitido. Alessandro Portelli, “Historia y memoria: la muerte de Luigi Trastulli”, en Historia y Fuente Oral, 1, 1989.
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María Concepción Martínez Omaña y Lourdes Romero Navarrete (coords.), Agua e historia. Experiencias regionales, siglo XIX-XXI, Ciudad de México, Instituto Mora, 2015.

Rita García Arenas*

 

La obra propone observar los problemas del agua como resultado de procesos históricos a largo plazo y mediante diversas disciplinas aplicadas a estudios de caso." data-share-imageurl="">