"Reporteando el desastre"

Fotografías: José Raúl Pérez Alvarado
Curaduría: Rebeca Monroy

 

Rebeca Monroy Nasr*

 

Actualmente las diversas formas y medios de comunicación han crecido y se han incrementado de manera impensable hace unas décadas, lo cual ha permitido que imágenes que antes no circulaban, se censuraban, se escondían, o bien se manejaban dentro del círculo del poder, ahora sean púbicas y notorias en las llamadas redes sociales. Tal es el caso de los terribles acontecimientos de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014, con la desaparición de 43 estudiantes en el municipio de Iguala, Guerrero, y donde una de las más dolorosas fotografías fue la del estudiante Julio César Mondragón. Esta imagen circuló en los medios electrónicos, y en ella se mostraba el antes y después de su rostro: primero se le ve en una actitud cariñosa con su pareja e hija, y ante ello el contraste brutal de cómo fue cruelmente desollado y abandonado.[1] Un evento inconcebible en nuestro país hasta ahora.

 

Muchas imágenes viajaron así y siguen emergiendo en el día a día, esa memoria colectiva que se difunde en las redes sociales y que tal vez tengan un resguardo o lugar al cual los estudiosos de las imágenes el día de mañana podamos acudir, tal vez sean más efímeras que las fotografías de los diarios que pensábamos tendrían una vida media. Es factible que persistan y se conserven esas imágenes en los enormes servidores de almacenamiento de datos, creados por las industrias del ramo que existen en diversas partes del mundo. Ese big data resguarda esa memoria colectiva, y los especialistas consideran que puede ser imborrable en el futuro.[2] Imágenes que serán sustanciales para reconstruir nuestro pasado inmediato a partir de su uso como fuentes documentales, sociales, culturales y estéticas para la fotohistoria, la historia gráfica y la historia de la visualidad, entre otras.

 

Esas fotografías —captadas con celulares y cámaras digitales tanto por aficionados como por espectadores de esos eventos— esperemos se mantengan además en los acervos particulares y que un día se haga un registro virtual, una nube colectiva en la cual se pueda tener acceso de manera general a esos materiales que serán sustanciales para la reconstrucción de la identidad y del acontecer diario, pues se calcula que se suben diariamente alrededor de 300 millones de fotos, y por ello tendremos que acudir a nuevas metodologías de análisis para constatar su procedencia, su veracidad y la certeza de su origen para el análisis fotohistórico.[3]        

 

Otro rango de proceso fotográfico corresponde a los fotodocumentalistas, muchos de ellos fotógrafos formados, capacitados para el reportaje visual, para la nota gráfica y el fotoensayo, y aunque no tengan un medio al cual enviar sus materiales, son conscientes de la importancia del registro visual, de su conservación y difusión. En este caso mostramos algunas imágenes captadas por la lente de Raúl Pérez Alvarado, fotógrafo y estudioso de las imágenes que ha trabajado en diversos medios, entre ellos el archivo de la revista Proceso y en vías de formarse como historiador de la fotografía. En su interés por registrar las movilizaciones sociales, que generó el abuso del poder en Ayotzinapa, el descaro de las autoridades locales al decidir la suerte de 43 estudiantes guerrerenses, de 43 deseosos de ser normalistas, de convertirse en dignos profesores para una mejor calidad de vida en su estado natal. Cuarenta y tres jóvenes que procuraban una mejor vida, a la que los hicieron renunciar y a los que condenaron a la desaparición forzada, sin que hasta la fecha se hayan aclarado los hechos, se condene a los culpables y se haga justicia a los padres que no han tenido una clara explicación ni siquiera el trato digno que merecen un padre y una madre que han perdido su hijo de la manera más terrorífica, cuando un Estado ejerce su poder para vejar y no gobernar.

 

Todos seguimos perplejos ante el evento, incrédulos por la falta de capacidad del gobierno local y federal. De la poca claridad y solidaridad de un Estado que en el día a día nos sigue mostrando su faz cínica y errática. Es en ese marco donde Raúl Pérez Alvarado ha realizado las fotografías que corresponden a diferentes momentos de las manifestaciones urbanas, que buscan esclarecer los hechos y  obtener justicia.

 

En diferentes momentos, en diversos lugares captó escenas de suyo importantes.  Observamos a la ciudadanía mostrando su indignación, su desesperación, la angustia e impotencia ante la indiferencia de las autoridades. Notamos el interés solidario de los ciudadanos de a pie, la presencia de estudiantes, amas de casa, padres y madres de familia, obligados por la necesidad de resolver y encontrar respuestas ante el desconcierto generalizado. Rostros de angustia y enojo, manos y pies cansados, cuerpos adoloridos, carteles inmensos que claman “Justicia”. Todo ello, un intento por evocar respuestas que no llegan y probablemente nunca llegarán. Así hemos padecido en este país el desasosiego eterno, las respuestas nunca llegan a la certidumbre o a un mínimo de verdad, de una realidad más creíble. Esa es nuestra historia, una donde las imágenes develan mucho más y que los textos a veces no enuncian. Con este fotorreportaje inédito queremos evocar en el lector-espectador lo que otras fuentes no reportarán ni mencionarán. Aquí la solidaridad, la lealtad, la presencia y participación ciudadana, que esperamos crezca, florezca, muestra su verdadero rostro… no el descarnado, no el del agotamiento por las mentiras y los malos tratos, no el de la negación sistemática. Se denota sí el rostro digno que tenemos, que debemos mantener para seguir en la lucha cotidiana para que nuestro país y este mundo caótico e irreverente sea cada día mejor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] Proyecto Diez. Periodismo con memoria. “La historia de Julio César Mondragón, estudiante asesinado en Ayotzinapa”, 2 de octubre de 2014, http://www.proyectodiez.mx/2014/10/02/la-historia-de-julio-cesar-mondragon-estudiante-asesinado-de-ayotzinapa/44132 revisado el 14 enero de 2015.

[2] Agradezco a Enrique Vadillo la información al respecto de las redes sociales y las nubes que contienen la información (comunicación personal 14 enero 2015).

[3] Ulises Castellanos, “Fotoperiodismo entre la realidad y la ficción”, en Revista Zócalo, año XIV, núm. 176, octubre 2014, p. 9.

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Actualmente las diversas formas y medios de comunicación han crecido y se han incrementado de manera impensable hace unas décadas, lo cual ha permitido que imágenes que antes no circulaban, se censuraban, se escondían, o bien se manejaban dentro del círculo del poder, ahora sean púbicas y notorias en las llamadas redes sociales. Tal es el caso de los terribles acontecimientos de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014, con la desaparición de 43 estudiantes en el municipio de Iguala, Guerrero, y donde una de las más dolorosas fotografías fue la del estudiante Julio César Mondragón. Esta imagen circuló en los medios electrónicos, y en ella se mostraba el antes y después de su rostro: primero se le ve en una actitud cariñosa con su pareja e hija, y ante ello el contraste brutal de cómo fue cruelmente desollado y abandonado. Un evento inconcebible en nuestro país hasta ahora.

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