Sergio Ortega Noriega y el Seminario de Historia de las Mentalidades

Entrevista a Jorge René González Marmolejo

Mario Camarena Ocampo*

 

Mario Camarena Ocampo: El objetivo de esta entrevista es que tú, investigador de la Dirección de Estudios Históricos con más de cuarenta años de trayectoria, hagas una remembranza de Sergio Ortega Noriega como parte de tu formación y desarrollo como investigador, pues la revista CON-TEMPORÁNEA quiere hacer un sencillo, pero sentido homenaje a un personaje que, desde mi punto de vista, fue importante para esta Dirección, no sólo como investigador sino como formador de investigadores. ¿Cómo conociste a Sergio?

 

Jorge René González Marmolejo: Mm ¿Cómo conocí a Sergio? Bueno, en realidad, lo conocí de vista a principios de los años setenta; lo conocimos, José [Abel Ramos] y yo cuando estábamos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Veíamos a Sergio muy serio, transitando por lo que llamábamos “el Aeropuerto”; pensábamos que era alumno como nosotros, pero en un grado más avanzado.

 

Nosotros, José Abel y yo, habíamos ingresado como investigadores del Museo Nacional del Virreinato en 1973. Para 1978 Consuelo [Maquívar] y nosotros dos, ya teníamos una desavenencia bastante fuerte con el director del Museo, Manuel Carballo; como el asunto ya era irreconciliable, buscamos a dónde hacer nuestro cambio de adscripción. José Abel fue de avanzada para hablar con Enrique Florescano, quien era el director del entonces Departamento de Investigaciones Históricas; éste lo mandó con Sonia [Lombardo] y durante la entrevista que tuvieron, José Abel le planteó la posibilidad de que nos incorporáramos a Históricas.

 

MCO: ¿Por qué la Dirección? 

 

RGM: Porque desde entonces, te hablo de los setenta, la Dirección tenía la fama de ser un centro de investigación de avanzada, novedoso, era única ¿no? Era un lugar envidiable. En realidad, a mí me iban a enviar al Castillo de Chapultepec, es decir, al Museo Nacional de Historia, pues así lo había decidido el entonces secretario técnico del Instituto, e incluso tuve la oportunidad de hablar con el arquitecto Felipe Lacouture. Él me dijo que sí, que yo sería bienvenido al Castillo. Yo debo decir que en realidad no me interesaba estar en el Castillo, pues era mucho más educativa la Dirección. Optamos por la Dirección de Estudios Históricos y nos incorporamos al Seminario de Historia de las Mentalidades.

 

José y yo nos integramos al Seminario, donde ya estaban trabajando Sergio Ortega, Serge Gruzinski y Solange Alberro. Ellos ya habían formulado el proyecto del Seminario para el estudio de la comunidad doméstica colonial, que se desglosaba en tres aspectos: matrimonio, familia y sexualidad. Nos interesó mucho el proyecto, y en reiteradas conversaciones acordamos lo que teníamos que hacer. Evidentemente éramos un par de novatos, por lo que nos vino bien el Seminario de Difusión de Mentalidades, el cual funcionó con ese carácter durante un año. Para la fundación del Seminario se celebró un convenio entre la embajada de Francia en México y el Instituto. Sergio ya trabajaba en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, pero estaba de tiempo parcial en la DEH, y los dos profesores franceses trabajaban en la embajada. Ahí fue donde conocí de manera personal a Sergio.

 

MCO: ¿Cómo era el ambiente de trabajo con estos personajes?

 

RGM: Muy estrictos los tres y me dejaron una profunda huella; me convertí en una persona ordenada y meticulosa en lo que hago. Creo que esta influencia vino de Sergio y de Gruzinski, mucho menos de Solange Alberro. Ella se centró en dirigir, sobre todo a dos personas: María Elena Cortés y Dolores Enciso, pero José y yo trabajábamos con Gruzinki y con el mismo Sergio. Influyó que al regresar Gruzinski a Francia, allá trabajamos mucho tiempo con él.

 

MCO: Oye, güero ¿qué era lo que más te llamaba la atención de Sergio, de su propuesta metodológica?

 

JRGM: Yo recuerdo que Sergio nos decía, que nos teníamos que volver especialistas en lo que hacíamos, y al dedicarme a estudiar a clérigos que debieron comparecer ante la Inquisición me obligó a conocer parte de la estructura de la Iglesia católica, cómo funcionaba; y en ese sentido, pues Sergio, por su formación misma, era una persona capacitada para guiarme. Entonces, muchas veces yo recurrí a él para que me orientara; a mí en particular me ayudó a entender qué era la Iglesia católica.

 

MCO: ¿Cómo te planteaba el asunto de la Iglesia?

 

JRGM: Mira, cuando hice mi tesis de licenciatura, que fue sobre el delito de solicitación en Puebla; hice una temporada de aproximadamente dos años en el archivo (1979 y 1980), y para 1981 y 82 escribí la tesis. Todavía ignoraba muchas cosas de la Iglesia; por ejemplo, Sergio me decía: “bachiller es un grado académico, es una condición eclesiástica”; ese tipo de cosas que hoy son para mí de lo más normales, en eso él me ayudó mucho ¿no? También me decía tienes que entender que la geografía eclesial es una y la geografía religiosa es otra” o “tú tienes que entender qué es un obispado, qué es un arzobispado, qué es una provincia”. En ese sentido Sergio me estuvo orientando.

 

Entre 1980 y 1981 se incorporaron a trabajar Ana María Atondo, Dolores Enciso y María Elena Cortés, quienes abordaron, respectivamente, los temas de la prostitución, la bigamia y la familia de los negros. En 1982, llegaron Lulú Villafuerte y José Antonio Robles, la primera estudió la concertación de parejas para casarse y el segundo los bailes prohibidos por la Inquisición. Teníamos un buen ambiente de trabajo; si bien al principio de las sesiones podíamos bromear un poco, cuando comenzábamos el trabajo de discusión lo hacíamos con toda seriedad. La presencia de Sergio lograba un equilibrio entre un ambiente relajado y el trabajo serio y riguroso. A pesar de ser clérigo era un tipo de buen humor y muy serio en el trabajo.

 

MCO: ¿Cuando ustedes entraron al Seminario se reestructuró el proyecto original?

 

JRGM: El proyecto original se presentó ante la Junta Coordinadora de Seminarios, la cual lo aprobó; pero al mismo tiempo se tramitó el convenio entre el INAH y la embajada de Francia en México. El Seminario comenzó a funcionar oficialmente el 1 de enero de 1978. Ese primer año se dedicó a una intensa labor de difusión, donde se hablaba de las amplias posibilidades de desarrollo que la historia de las mentalidades tenía en México. Cada jueves Solange o Serge impartían una conferencia que tocaba asuntos metodológicos y temas concretos que tenían posibilidades de investigarse en México. Estas conferencias fueron grabadas y transcritas. Sergio Ortega las preparó para su publicación, y fueron publicadas en el famoso número 24 de la colección Cuadernos de Trabajo del entonces Departamento de Investigaciones Históricas con el título Introducción a la historia de las mentalidades.

 

MCO: ¿En qué temas se centraron ustedes, algún tema en particular?

 

JRGM: Los temas que ya estaban marcados en el proyecto del Seminario eran matrimonio, familia y sexualidad. En ese momento estaba en su apogeo la historia económica y se trabajaba mucho partiendo de ciertos modelos teóricos; en ese sentido, fue una novedad para nosotros que nos mandaran inmediatamente al archivo, porque eso no se usaba. Al mismo tiempo se leía y discutía la historiografía francesa, que era muy potente.

 

MCO: ¿Entonces este grupo tiene en común que la investigación parte de la fuente?

 

JRGM: Así es.

 

MCO: Este principio me parece importante. ¿Cuál sería la particularidad que tenía Sergio con respecto a Gruzinski y Alberro?

 

JRGM: No, yo creo que los tres estaban de acuerdo y en constante comunicación, lo cual me parece muy interesante e importante. Nosotros llegamos a un grupo bien integrado; los tres fundadores eran muy conocedores de las fuentes mexicanas, y en la época de la fundación del Seminario Solange y Serge ya estaban trabajando en sus tesis de doctorado y consultaban de manera muy activa las fuentes de archivo, sobre todo el Archivo General de la Nación; Alberro conocía muy bien el archivo inquisitorial y Gruzinski consultaba la documentación acerca de la aculturación de los indígenas en diversos fondos, incluyendo el indiferente general.

 

Al comenzar a trabajar la historia de las mentalidades no había antecedente alguno en México, absolutamente nada; así que como todos estaban trabajando el discurso de la Iglesia, nosotros comenzamos a trabajar con los edictos promulgados por la Inquisición, los leímos buscando los tres temas a ver qué encontrábamos. Lo que encontramos fue que se hablaba de transgresiones al sacramento del matrimonio, como es la bigamia, y un delito, que se podía calificar como sexual que es la solicitación. En el siglo XVIII encontramos muchísimos edictos que se referían a literatura prohibida, y los libros que se prohibían abordaban los tres temas; es decir, los tres temas más abundantes en los edictos eran bigamia, solicitación y libros prohibidos, de ahí salieron las tesis de licenciatura de Dolores Enciso, la mía y la de José Abel, en ese orden. Al enfrentarnos a los expedientes de un ramo tan grande como el de la Inquisición, ya sabíamos lo que estábamos buscando.

 

MCO: Al tener Sergio toda una formación en teología, seguramente tenía una forma de ver lo religioso, eso ¿qué tanto influyó en la investigación que estaban haciendo? ¿hacía juicios de valor o buscaba una explicación desde la historia?

 

JRGM: No, no, para nada, él siempre se fue por el lado del análisis histórico. Nunca se trató de imponer en ese sentido, era muy respetuoso. Te voy a decir algo muy importante: a pesar de ser novatos José y yo, siempre nos trató como colegas y no como alumnos; uno decidía lo que iba a hacer, cómo lo iba a hacer y qué iba a decir. A él nunca le molestó las críticas que hacíamos a la Iglesia. Lo que hizo es una gran virtud, nos orientó con sus consejos, con su conocimiento, pero no fue alguien que nos dijera: “Eso va en contra de la Iglesia, quítenlo”. Eso jamás.

 

MCO: ¿Qué es lo que más te ha impactado de Sergio?

 

JRGM: Su disciplina. Creo que su disciplina para hacer su trabajo y para coordinar el Seminario fue muy importante para el éxito que logró el grupo. En la elaboración del cuaderno 35, que se titula Seis Ensayos sobre el discurso colonial relativo a la comunidad doméstica, (tiene un título más largo, pero no me acuerdo) nos dijeron a José y a mí que teníamos que escribir un artículo para ese libro, y lo hicimos. Las sesiones de discusión fueron muy interesantes y el libro se acabó en tiempo y forma gracias a esa disciplina.

 

Me impresionó también el trabajo que Sergio hizo respecto del discurso teológico en general, el artículo del Nuevo Testamento, el de Santo Tomás de Aquino o el que se refiere a fray Alonso de la Vera Cruz, donde hizo un análisis histórico de obras teológicas que nos dio, a los miembros del seminario, una base firme para los trabajos que todos hacíamos, pues gracias a él teníamos claro el discurso de la Iglesia.

 

Todo este trabajo y la presencia de Sergio Ortega, aun cuando ya se había retirado del Seminario, fue muy importante para formar un seminario fuerte y con gran impacto historiográfico en el mundo de habla hispana.

 

Cafebrería El Péndulo, colonia Roma, 5 de octubre de 2015.

 


* Entrevista realizada en septiembre de 2015 para la revista Con-temporánea. Contextos por Lourdes Villafuerte García. Edición Mario Camarena y Lourdes Villafuerte García.

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Mario Camarena Ocampo: El objetivo de esta entrevista es que tú, investigador de la Dirección de Estudios Históricos con más de cuarenta años de trayectoria, hagas una remembranza de Sergio Ortega Noriega como parte de tu formación y desarrollo como investigador, pues la revista CON-TEMPORÁNEA quiere hacer un sencillo, pero sentido homenaje a un personaje que, desde mi punto de vista, fue importante para esta Dirección, no sólo como investigador sino como formador de investigadores. ¿Cómo conociste a Sergio?

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