Historia y prejuicio

José Luis Chong, Historia general de los chinos en México1575-1975, México, Turner,  2014.

Mónica Palma Mora*

 

Este libro contiene un relato general de la trayectoria histórica registrada por la inmigración china en México desde el siglo XVI a los años 70 del siglo XX. Su autor, hijo de un inmigrante nacido en Cantón, China,  se propone reivindicar –sin explicitarlo– las aportaciones de índole comercial y sociocultural de una minoría demográfica de origen no nacional, poco aceptada en el país, y a partir de su estudio, contribuir a una mayor comprensión de los problemas que la movilidad humana encara en la actualidad.  

 

La historia de esta inmigración es narrada en tres amplios capítulos, seguidos por tres distintos apéndices monográficos. El autor fundamenta su relato en una amplia bibliografía y en algunas fuentes hemerográficas y documentales.

 

Con el interés de rastrear las aportaciones de China a occidente, el autor detalla en el primer capítulo los contactos establecidos a través de la ruta de la seda entre ese país oriental y Europa, desde la antigüedad (siglos II y I a.C.) hasta el siglo XV. El siglo de los grandes viajes marítimos efectuados por navegantes europeos, en especial portugueses y españoles, en una férrea competencia por explorar nuevas rutas comerciales hacia el mercado asiático de las especies (las islas Molucas). Tal fue principal motivo de la colonización de las islas Filipinas emprendida desde la Nueva España en el siglo XVI por la corona española.[1] El autor subraya este proceso, ya que la presencia hispana en el archipiélago filipino repercutió en el aumento de inmigrantes chinos en la ciudad de Manila, los cuales fueron ocupados en la edificación de la ciudad y en diversos servicios demandados por los colonizadores. La presencia hispana en Filipinas atrajo además a numerosos comerciantes chinos, los cuales  abastecían  de productos básicos a la ciudad de Manila y de mercancías a los galeones españoles. Tal  fue el caso de la llamada nao de China encargada de transportar –entre 1575  y finales del siglo XVIII, desde el puerto de Cavite en Manila al puerto de Acapulco en la Nueva España– diversos productos (seda, porcelana, aceite de oliva, especies y otros productos manufacturados) que comerciantes hispanos adquirían de los chinos con la plata amonedada novohispana.

 

El autor describe en el segundo  capítulo que el importante intercambio comercial entre Manila y la Nueva España no sólo incluyó finas y exóticas mercancías del sureste asiático, abarcó también el tráfico de esclavos, en su inmensa mayoría nativos de las posesiones portuguesas en las costas del Océano Índico y el Mar de China, también llamadas en ese tiempo Estado da India. Estos esclavos fueron llamados por los españoles “indios chinos” por  llegar de Asia, pero según subraya el autor con fundamento en varios estudios especializados y en su propia investigación documental, que sólo un número insignificante fue de origen chino y no llegaron propiamente como esclavos, en su mayoría se trató de “chinos libres”. De los aproximadamente 7 200 asiáticos transportados por el galeón de Manila entre 1565 y 1700, cerca de 300 fueron marinos que se asentaron el puerto de Acapulco –se concentraron en la actual isla Roqueta– en donde se dedicaron a la reparación y mantenimiento de las embarcaciones y participaron en la construcción de obras portuarias y religiosas. El autor infiere que con el correr del siglo XVIII más “chinos libres” llegaron al puerto de Acapulco, dispersándose en varias poblaciones de la Nueva España, donde laboraron como trabajadores domésticos, barberos o comerciantes; algunos otros fueron artesanos.

 

Con fundamento en bibliografía especializada, el autor realiza, en el tercer capítulo, un recuento de la migración china a México durante los últimos años del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo pasado. Por tanto, expone los motivos que trajeron al país a estas nuevas oleadas de chinos, en su inmensa mayoría braceros, los cuales se incorporaron como jornaleros en la explotación de las minas, en la construcción de los ferrocarriles y en las haciendas agroexportadoras. Del mismo modo, resalta el álgido movimiento antichino que inspirado en rivalidades comerciales y en prejuicios raciales se desarrolló desde los años revolucionarios y hasta la década de 1930 en el país, sobre todo en la zona norte y con más virulencia en el estado de Sonora. A causa de este movimiento numerosos chinos fueron  expulsados a Estados Unidos; otros fueron deportados a China, junto con sus esposas e hijos mexicanos, y algunos más se vieron obligados a dispersarse en diversas poblaciones del país, incluyendo la ciudad de México. La animadversión que hacia ellos prevaleció durante varias décadas, en conjunto con los acontecimientos políticos que se desarrollaron en su país de origen en los años 40 –la llegada al poder de los comunistas en 1949–[2] mermó de modo considerable a esta población inmigrante. Aún más, por largos años los pocos que permanecieron en el país procuraron pasar inadvertidos ante el temor de ser rechazados. El autor concluye este capítulo con una breve descripción de las gestiones realizadas por los gobiernos mexicanos de los años 50 y 60  ante el gobierno de la República Popular China, con la finalidad de reanudar las relaciones diplomáticas suspendidas en 1951 a causa del respaldo que el gobierno mexicano otorgó al de Estados Unidos durante  la guerra de Corea.

 

Este libro cierra con tres anexos, el primero de ellos incluye información documental  sobre el oficio de los barberos chinos durante la época colonial. En los dos últimos, el autor narra de nueva cuenta, los estereotipos y prejuicios que mantuvieron hacia los chinos ciertos sectores de mexicanos durante las tres primeras décadas posrevolucionarias, en el marco de la ideología nacionalista y el “culto al mestizaje”.

 

Además, de compendiar la historia de la inmigración china en México durante más de cuatro siglos, y de denunciar las opiniones preconcebidas que se construyen en ciertos contextos históricos ante las personas que portan elementos culturales diferentes  a los de la sociedad mayoritaria, este libro revalora desde la perspectiva histórica las aportaciones económicas y socioculturales de los inmigrantes chinos al país.

 


*Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] De acuerdo con el autor, la colonización hispana se inició con la expedición comandada por Miguel López de Legazpi desde el puerto de Acapulco en noviembre de 1564, la cual ancló en  la isla de Cebú en abril de 1565,  donde fundó la villa de San Miguel. Pocos años después, en 1571, los españoles se mudaron a Manila ubicada en la isla Luzón.

[2] Los inmigrantes chinos se identificaban con el Partido Nacionalista de Chiang Kai Shek.

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José Luis Chong, Historia general de los chinos en México1575-1975, México, Turner,  2014.

Mónica Palma Mora*

 

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