Reconstruir historias demolidas: el peligro de ser sindicalizado en el Valle del Cauca y Colombia

Germán Feijoo Martínez*

 

En Colombia se está regresando permanentemente al proyecto de abolir el pasado lleno de luchas, protestas sociales y resistencias que han generado los inconformes[1] para oponerse al proyecto de opresión y dominación impuesto por los que han matado, encarcelado, desaparecido, desterrado y descompuesto la vida de quienes por ser rebeldes en amor, se negaron a seguir mandando para la eternidad el crimen, la tortura, la intimidación y la violencia ciega. Estos últimos, objetivos cruciales de los dueños de todos los medios para producir miedo en sociedad, siempre acompañados de los señores de la guerra: el ejército nacional, los paramilitares, los narcotraficantes, las guerrillas y la delincuencia común.

 

Todos ellos enriquecidos, llenos de privilegios y patrocinados por la oligarquía y el muy fuerte Estado colombiano que ha cedido desde su conformación el monopolio de las armas a los múltiples actores armados que han mantenido al país en guerra durante el siglo XX, a la vez que han edificado sobre el pilar de la corrupción los dos soportes que desterraron desde el siglo XIX, cualquier posibilidad de gobernar para las mayorías, para la gente que hace con su trabajo posible la vida, la cultura, la sociedad y la libertad: los sindicatos acaban con las empresas o las empresas acaban con los sindicatos.

 

La enunciación anterior es el escenario en el que sectores sociales como los trabajadores sindicalizados han visto derrumbarse la movilización social sindical y popular desde los finales de los años ochenta, debido a la fuerte satanización de la protesta social e invisibilización de su historia, o como precisan investigadores del Cinep, Archila y otros: “La violencia contra los trabajadores sindicalizados –independientemente de sus generadores y de sus móviles–, además de ser una constatación dramática de la crisis humanitaria que vive el país en los tres últimos decenios, termina produciendo el debilitamiento del sindicalismo”.[2]

 

En Colombia, desde la década de 1990 tanto el asesinato como diversas formas de muerte social de los trabajadores y de sus organizaciones sindicales han provocado un dramático decrecimiento general de la acción sindical. Según un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Colombia es uno de los países del mundo con peores índices de libertad sindical y de derechos laborales, con un registro de más de 2 800 homicidios de dirigentes y trabajadores sindicalizados entre 1984 y 2011. 

 

Al actualizar las cifras el dirigente Domingo Tovar, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), denunciaba el asesinato de trece sindicalistas entre 2011 y agosto de 2012.[3] Según  Renán Vega Cantor,[4] en los últimos 20 años han sido asesinados en Colombia 3000  dirigentes sindicales. El Ministerio de Defensa,  en una página web,  respondió a una pregunta expresa que el número de sindicatos y activistas sindicales beneficiados por el Programa de Protección asciende a 4 492 personas, desde su concepción en 2001.[5] Con los datos anteriores se ratifican las denuncias de los sindicalizados y sindicalizadas de que todos los sindicalizado están en peligro permanente de muerte en Colombia. En la misma página, a la pregunta ¿cuántos colombianos están sindicalizados?, se responde de la siguiente manera:

 

De una población económicamente activa de 19 950 000 trabajadores, Colombia cuenta con 856 099 miembros de sindicatos, lo que equivale a un 4.28%, según el último censo realizado por la Escuela Nacional de Sindicatos (ENS). Los empleados sindicalizados se agrupan en 2 357 sindicatos, de los cuales 380 son de empleados gubernamentales con privilegios de pactos colectivos, 73 de otro tipo de empleados gubernamentales, 53 de carácter mixto, y 1 845 de empleados del sector privado.[6]

 

Estos datos los confirma la Escuela Nacional Sindical (ENS). La tasa de sindicalización en Colombia es de 4.2% a diciembre de 2009. Hay 53 000 sindicalizados menos desde 2002.[7] En contradicción con las cifras de la ENS, en un reporte de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), en la revista virtual Portafolio.co, señalaba en marzo de 2013: “Entre 2002 y 2009 se ha registrado un aumento del 76% en el número de afiliados a los sindicatos,  pasando de 583 934 a 1 503 629, lo que representa un 8.2% de la población ocupada del país. A enero pasado, según el Dane, en Colombia había 18 276 000 personas con trabajo”.[8]

 

El sindicalismo ha consolidado en nuestro país espacios serios y consecuentes de lucha social, política y económica, que se han materializado en una multitud de acciones colectivas que han beneficiado a las organizaciones sociales en su lucha por obtener beneficios concretos. [9]

 

A pesar de la extrema persecución, el asesinato y el destierro, miles de hombres y mujeres se han emancipado mediante la acción sindical y la emergencia de formas culturales de identidad que se corresponden a la materializada en la acción colectiva. De ahí surgen un tipo de valores éticos y morales para enfrentar la subalternización que impone el capitalismo, ante el cual los sindicalizados han conquistado espacios de poder expresados en formas de cultura política que nutren numerosas organizaciones barriales autónomas de los proyectos políticos de los gobernantes.

 

El taller de historia oral sindical

De igual manera, es complicado hacer la historia de un grupo social específico como los trabajadores sindicalizados, cuando las fuentes se encuentran tan dispersas o en la mayoría de los casos han desaparecido por la brutal represión e estigmatización a la que los sometieron las elites en el poder. Aunque en Colombia se han realizado importantes trabajos sobre los obreros y sus realidades,[10] en la historiografía colombiana faltan trabajos específicos sobre el sindicalismo en las regiones, o en muchos casos no existe información suficiente sobre los sindicalizados y la protesta social.

 

Investigar sobre la historia del sindicalismo en el Valle del Cauca y en Colombia[11] es cada vez más difícil, debido a que se están perdiendo las fuentes básicas: la memoria, las fuentes escritas y los archivos sindicales. No existen archivos en los que se  resguarden las actas, cartas, informes, resoluciones y otros documentos. Sólo hasta ahora algunos sindicatos han comenzado a rescatar la documentación.[12] La memoria oral está desapareciendo, los hombres y mujeres que fueron activistas entre las décadas de 1960 y 1980 han muerto, están en muy difíciles condiciones de vida, o han visto desaparecer las empresas donde laboraban,[13] lo que entorpece el trabajo de rescatar sus memorias.

 

Para rescatar los testimonios de los trabajadores sindicalizados se ha acudido a la historia oral como método de investigación, al uso de fuentes primarias, orales y escritas, consideradas como elementos primordiales para establecer el reconocimiento de las prácticas culturales, y la memoria de quienes se sindicalizaron. Al hacerlo se ha conseguido entender los espacios de redes de significados y sentidos de manera directa, lo que hace mucho más perceptibles las narraciones sobre la actividad sindical. La interacción con los líderes sindicales, sus registros orales y escritos ha permitido la recuperación de la memoria,  la accesibilidad y visibilidad de procesos históricos que no se habían estudiado en torno al sindicalismo.

 

La pertinencia para realizar una historia sindical en el Valle del Cauca se ubica en la necesidad de reconocer formas de organización popular, de la cotidianidad y de los aportes generados a las diferentes formas de identidad transformadas por los trabajadores sindicalizados y los líderes populares, lo que les ha permitido mantenerse unas veces en resistencia u otras en congruencia con las formas de poder social, político o económico del Departamento del Valle del Cauca.

 

Al realizar la investigación nos encontramos que el proceso de invisibilización de la acción sindical, la brutal represión y la pauperización económica han provocado el descuido en las fuentes documentales. Con frecuencia los propios sindicalizados han desaparecido los documentos,  por seguridad de los miembros de los sindicatos, lo que ha dificultado la reconstrucción de la historia de la protesta social en el Valle del Cauca.[14] Por ello ha sido muy oportuno usar las entrevistas de historia oral para salvar los testimonios de los sindicalistas.  

 

El derrumbe del movimiento sindical y popular en Colombia, específicamente en el Valle del Cauca a finales de los años ochenta, ha provocado una fuerte estigmatización, que incluso ha hecho creer a las grandes mayorías que los problemas colombianos se han debido a los sindicatos y a la guerrilla. Los medios de comunicación y los sucesivos gobiernos han señalado a las organizaciones sindicales como culpables del cierre definitivo de muchas empresas. Lo paradójico es que gran parte de la población lo ha creído, cuando en realidad del total de sindicalizados, la mitad pertenecen al mayor sindicato del país, la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), organización de los maestros y maestras del sector público.

 

El Estado, los sectores empresariales y los diversos actores armados han mantenido desde los años ochenta una feroz represión que ha causado la muerte violenta de cientos de sindicalistas en Colombia.

 

Ha sido evidente que el proyecto de aniquilamiento del sindicalismo ha contado con un fuerte aliado en los medios de comunicación, cuyos propietarios han sido las elites empresariales y del sector financiero, quienes han procurado la muerte social y física de los líderes sindicales a través del despido y la represión. 

 

Resistir la embestida

Sin embargo, una de las respuestas ante el embate estatal y de los sectores dominantes ha sido pasar del asesoramiento de los pocos sindicatos que sobreviven y al intento de formar nuevos, que han debido enfrentar la oposición de los gobiernos y los empresarios. Otra de la respuestas ha sido realizar el tránsito de dirigentes sindicales a líderes populares; muchos de los miembros de los sindicatos perseguidos o desempleados han terminado por promover acciones colectivas impulsadas desde los barrios donde han forjado formas de organización que busca bienestar inmediato como respuesta a las demandas cotidianas de los habitantes.

 

El tránsito de dirigentes sindicales u obreros sindicalizados a líderes populares y barriales es  algo que nunca se pudo imaginar en el pasado, porque la represión oficial --aunada a una prohibición legal-- nunca lo permitió. El derrumbe del sindicalismo ha inducido el agotamiento de espacios laborales -puesto que a todos los dirigentes sindicales se les ha prohibido laborar en otras empresas luego de su despido- y ante la solicitud de los problemas de sus barrios a participar aportando su experiencia en las organizaciones barriales y comunales, a pesar de la continua persecución estatal y empresarial.

 

Algunos dirigentes sindicales se han vinculado a la esfera pública,  otros han asumido el liderazgo popular. Es el caso del ex gobernador del Departamento del Valle del Cauca, ex ministro del Trabajo y ex presidente de la República Angelino Garzón, y el ex alcalde de Bogotá y ministro Luis Eduardo Garzón. Al ser interrogado por su papel en el sindicalismo colombiano, el expresidente Angelino Garzón advirtió:

 

No somos candidatos surgidos por decisión de los sindicatos, pero somos candidatos con fuerte soporte de los trabajadores, pero yo quisiera que la historia del sindicalismo fuera un capítulo […] Mire, en Colombia hace muchos años no se daba que de los candidatos a la presidencia haya salido uno prácticamente de la presidencia de la Central Unida de trabajadores CUT a ser candidato. La historia mía es un poco diferente porque yo dejo la Secretaría (de la CUT) y me voy a la Constituyente con la Alianza Democrática Movimiento 19 de Abril AD-M19, antiguo grupo guerrillero que hizo un proceso de paz con el gobierno) y no tengo una vinculación orgánica con los sindicatos, pero sí una relación política muy tranquila, además muy independiente y esa relación se fortalece cuando soy Ministro, pero hay una historia ahí ligada. Entonces yo lo que quiero decir, y lo digo porque uno de los temas que a mí me preocupa enormemente en el Valle del Cauca, es un sindicalismo muy contestatario en la lucha reivindicativa y no un sindicalismo que se plantea escenarios de poder globalizándolo, creo y tiene importancia porque Alexander López –líder sindical y hoy senador de la república– de presidente de sindicato irrumpe como candidato a la Cámara y es elegido, pero uno no observa que eso tenga continuidad.[15]

 

El fenómeno de la llegada de los dirigentes sindicales a las esferas del poder gubernamental se sigue presentando, aunque no tienen gran apoyo en los sindicatos  debido a que muchos de ellos, como es el caso del entrevistado, han terminado apoyando proyectos de la extrema derecha.

 

Desde el proyecto de la derecha se ha corrompido tanto la imagen de los sindicalizados y de los líderes populares que hoy, en 2014, el Ministerio del Trabajo ha lanzado una campaña publicitaria impulsando la creación de sindicatos y mencionando algunos  logros laborales del sindicalismo en Colombia: “Dio a conocer a los miembros de la Comisión Permanente de Concertación la campaña publicitaria, en favor del derecho a la libertad sindical que realizó el Ministerio del Trabajo y la Unidad Nacional de Víctimas como una medida de reparación del movimiento sindical. Dicha campaña está conformada por tres cuñas radiales, cuatro afiches publicitarios y una campaña para ser presentada en televisión”.[16]

 

Los dueños de empresas amparados en los gobiernos y los actores armados, e incluso la guerrilla, han provocado el derrumbe de la actividad sindical en toda Colombia. Cuando el discurso antisindical no ha sido efectivo y los trabajadores no han cesado en su lucha por sus derechos, la violencia ha sido la fórmula que ha permitido asesinar a más o menos 3 500 sindicalizados, cuya muerte en su gran mayoría permanece en la impunidad, o como lo testimonia el dirigente sindical Jairo Quintero:

 

Sindicato de los Trabajadores de la Caña de Azúcar de Colombia (Sintracañazucol) es una organización que en lo que va corrido de su historia, le han asesinado, si mis cuentas no me están fallando en este momento, ocho dirigentes sindicales en el Valle del Cauca, uno de ellos era directivo sindical de ingenio Risaralda, pero residía en Cartago donde lo asesinaron; los otros compañeros, en Tuluá, en Rio Frío donde con motivo del surgimiento de la organización sindical, en una lucha en condiciones supremamente ventajosas en el ingenio San Carlos, por sacar adelante la organización sindical fue asesinado el más destacado e importante líder joven dirigente sindical de Sintracañazucol, el compañero Arredondo. Era muy inteligente, lo asesinaron delante de los compañeros. Otro fue el líder sindical trabajador de ingenio Manuelita José Domingo Tarajues, un indígena dirigente sindical trabajador del ingenio del Cauca lo asesinaron en Florida de manera infame. Estos casos, sólo por mencionar algunos, ha sido una expresión clara de esa política de la violación de los derechos humanos contra la organización sindical en el Valle del Cauca que yo podía mencionar ahora.[17]

 

El sindicalismo ha sido la mejor defensa planteada por los trabajadores y es su respuesta al capitalismo, que se ha negado tozudamente a reconocer sus derechos y de las organizaciones que los reúnen. A través de la Constitución se ha logrado que el aspecto jurídico formal sea lo único que se les reconoce, porque en la práctica los gobiernos han usado al Estado para perseguir a los trabajadores que intentan la organización sindical. La confrontación entre el capital y el trabajo es la expresión del conflicto creador de formas culturales que han propiciado identidades llenas de solidaridad y valores que han permitido alternativas de poder sindical para enfrentar la permanente arremetida de los dueños de los medios de producción, el gobierno y los señores de la guerra.

 

Una consecuencia de la lucha directa de los trabajadores, y en especial de los sindicalizados, en confrontación con el capital, es el que haya surgido una cultura política que muestra el aporte de la clase trabajadora en la transformación de la concepción de los derechos humanos, económicos y de justicia laboral que han terminado ayudando a otros grupos sociales en la conquista de sus derechos y confrontando el discurso hegemónico con un contradiscurso que visibiliza la lucha sindical y popular.

 

Los frecuentes casos de violación de los derechos humanos de los trabajadores, dirigentes sindicales y líderes populares demuestran la injusticia que impera en el país, y para demostrarlo de manera contundente está el testimonio de dos de los asistentes al taller de historia oral sindical, del cual participaron como investigadores cuatro obreros y dirigentes sindicales: Jaime Montoya, Jorge Gamboa, Héctor Castro y Gustavo González, quienes se convirtieron en líderes populares luego de sus muchos despidos, y cuando no los aceptaron más como obreros en ninguna empresa del país por figurar en las listas que manejaban los gerentes de las fábricas, y en virtud de las cuales no les daban empleo debido a sus ideas políticas y su labor militante en el sindicalismo. Gustavo González y Héctor Castro optaron en su madurez por estudiar en universidades públicas y permanecer en la defensa a ultranza de los derechos humanos. Al respecto, Héctor Castro, ya graduado en ciencias políticas, nos cuenta de su labor:

 

El Comité de Solidaridad con los Presos Políticos surge después de una agitación revolucionaria contra la represión, el Estado de sitio, la justicia penal militar, los consejos de guerra verbales, la existencia de innumerables presos políticos, la aplicación de la tortura y la violación de los derechos humanos, dados a conocer públicamente. Su labor se ha desarrollado en torno a la denuncia de esta violencia estatal, en la asistencia carcelaria y en el aspecto jurídico. En el Valle del Cauca se conforma la oficina en la década del ochenta, dado el alto índice de detenidos políticos en Cauca y Valle. Esta oficina tiene una particularidad y es que su conformación giraba en torno a los sindicatos, destacándose Sintrasidelpa, Sintranchicaya, Sintelecom, Sintrapopular, Adebic, Sintragoodyear, Sintra Vajillas Diamante y Sintranestlé. Funcionaba a través de reuniones mensuales; se planificaba la asistencia a los centros de reclusión y a cada sindicato le correspondía recolectar en especie con la participación de sus bases. Cada trabajador llevaba un artículo de alimentación y la remesa era llevada el día de las visitas.[18]

 

El otro testimonio es de uno de los líderes sindicales que actúo en el doble papel de entrevistador y entrevistado, pues Gustavo González llegó a trabajar en la Oficina de Derechos Humanos del Estado:

 

En el año de 1989 propuse que se creara un grupo interinstitucional encargado sólo de los sindicatos. ¿Cuál era la idea? Era comprometer al gobierno y a las autoridades del Estado en la protección y en la defensa de los derechos humanos por primera vez en este país. Eso no es fácil, había muchas denuncias del lado del movimiento sindical, había desapariciones, habían atropellos. En relación con esas numerosas denuncias se conformó un grupo interinstitucional con la participación directa de las centrales sindicales del país para que se ocuparan de la situación de los derechos humanos en el sector sindical. En ese grupo interinstitucional estaban las confederaciones de trabajadores, estaba por ejemplo Aníbal Palacio, un maestro y Héctor Fajardo Abril, por la CUT; Ramón Iguarán, Alfonso Vargas y Yesid García Bello por la CTC y Sérbulo Bautista Matoma por la CGT. Esta es la representación sindical.[19]

 

Es la impunidad del Estado la forma frecuente de enfrentar los conflictos que presenta la lucha social entre trabajadores y empresarios. Lo que hace impostergable y convierte en un deber moral recuperar la memoria de las personas sindicalizadas, recogiendo sus historias de vida para reparar en algo sus pérdidas, para ayudar a realizar el duelo a quienes nunca tuvieron tiempo para hacerlo porque sanan un dolor con otro dolor. Es fundamental recuperar la palabra que la impunidad ha robado a quienes tienen las manos llenas de arduo trabajo para generar bienestar común.

 

Por último, se debe hacer justicia con un grupo que ha soportado estoicamente los embates de la sobreexplotación capitalista y machista, incluso en el interior de los mismos sindicatos --las sindicalizadas y  líderes populares--, sobre quienes ha recaído gran parte del peso de las luchas por la conquista de espacios dignos para la vida. Ellas no han encontrado muchos espacios en la dirigencia sindical --por el machismo imperante en las organizaciones--. Sólo en la Fecode, el sindicato de profesores, se han visto algunas mujeres a la cabeza de las luchas. Es de resaltar que las sindicalizadas han logrado una fuerte presencia y liderazgo en las luchas populares; además, su aporte ha sido insuperable y descomunal en la fundación y sostenimiento de los barrios y la ciudad.

 


* Universidad del Valle, Cali, Colombia.

[1] Ignacio Torres Giraldo, Los inconformes. Historia de la rebeldía de las masas en Colombia, 5 vols., Bogotá, Latina, 1965. Torres fue un dirigente sindical y líder popular histórico colombiano, cofundador de muchas organizaciones sociales y excelente escritor de la causa obrera y popular.

[2] Mauricio Archila, et.al., Violencia contra el sindicalismo. 1984- 2010, Bogotá CINEP/ Colciencias, 2012, pp. 15-16.

[9] Revilla Blanco Marisa, “El concepto de movimiento social: acción, identidad y sentido”, en Políticas, vol. 1, 2005, pp. 20-30.

[10] Mauricio Archila Neira, Cultura e identidad  obrera, Colombia 1919-1945, Bogotá, CINEP, 1995.

[11] Nelly Rodas y Luz Álvarez, “Historia del movimiento sindical en Colombia y en el Valle del Cauca, 1953-1962”, tesis, Universidad del Valle, Cali, 1988.

[12] Héctor Fabio López Hoyos, “Fuentes para la historia sindical en el Valle del Cauca, 1960-1970”, tesis Universidad del Valle, Cali, 2001.

[13] Herrera Salcedo Laura Andrea, Catalogación del archivo de la central unitaria de trabajadores seccional Valle, CUT-Valle, tesis, Universidad del Valle, Cali, 2001.

[14] Silva Geovanny, “Aportes al análisis de la organización y política del movimiento sindical colombiano”, tesis, Universidad del Valle, Cali, 1999.

[15] Entrevista realizada por el equipo del Taller de la Historia Sindical del Valle del Cauca y el Colectivo de Historia Oral Tachinave, quienes realizamos 40 entrevistas de historia oral a dirigentes sindicales del Valle del Cauca,  algunos de los cuales se transformaron luego en dirigentes populares. El taller ha estado integrado por cuatro dirigentes sindicales: Gustavo González (discípulo de Ignacio Torres) defensor de derechos humanos y librepensador; Héctor Castro, troskista y fundador de A Luchar (organización popular), defensor derechos humanos; Jaime Montoya del Partido Comunista, asesor permanente de los sindicatos cañeros, y Jorge Gamboa del Movimiento Obrero Revolucionario (MOIR), concejal y asesor de concejales de izquierda y de sindicatos, líder popular. Igualmente, estudiantes y egresadas del departamento de historia han colaborado con mucha tenacidad en el taller y el equipo fue dirigido por quien escribe. Todas las entrevistas se encuentran en el Archivo de Historia Oral de la Universidad del Valle (AHOUV). 

[17 Jairo Quintero, presidente del Sintraicañazucol. Entrevista realizada en  Palmira, Valle del Cauca, 2008, por el equipo del Taller de Historia Sindical y el Colectivo de Historia Oral Tachinave.

[18] Héctor Castro, líder sindical, cofundador de la Oficina de Derechos Humanos y miembro de A Luchar; prisionero y asilado en España durante varios años. La entrevista fue realizada en Cali, en el año 2008, y está ubicada en el AHOUV.

[19] Gustavo González, dirigente sindical y cofundador de la Oficina de Derechos Humanos para la Defensa de las Personas Sindicalizadas en Cali, Colombia.

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Resumen 

Las organizaciones sindicales de Colombia a lo largo del siglo XX experimentan un decrecimiento de su accionar sindical causado a sus integrantes, por el estigma, la ejecución y la implementación de otras formas de muerte social por parte del Estado y de ciertas empresas nacionales y multinacionales, asentadas allí. El sindicalismo consolidó espacios de lucha social, política y económica, con los cuales se beneficiaron trabajadores y algunos sectores populares. Desde finales de los años ochenta hasta hoy el movimiento sindical ve derrumbarse la movilización social, sindical y popular que construyó, debido a la sistematización de las prácticas señaladas anteriormente y a la alta tasa de homicidio de sus dirigentes.

Palabras clave: organizaciones sindicales, lucha social, homicidios de dirigentes

 

Abstract     

During the 20th century, the actions of trade union organizations in Colombia decreased due to the stigma, execution, and implementation of other forms of social death caused by the State and certain national and multinational companies. Trade unionism consolidated spaces of social, political, and economic struggles which benefited workers and some popular sectors.

Since the late eighties, the trade unions, the social mobilizations and popular associations built by trade union movements have collapsed because of the systematization of the practices identified above and to the high rate of murdered leaders.

Key words: trade unions, social struggles, killings of leaders

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