Pedro Valtierra: un fotógrafo de la alterada vida cotidiana

Fotografía: Pedro Valtierra
Texto: Rebeca Monroy Nasr*

 

Zumban las balas en la tarde última.

Hay viento y hay cenizas en el viento,

se dispersan el día y la batalla

deforme, y la victoria es de los otros.

Jorge Luis Borges, 1943.

 

 

Pedro Valtierra es uno de los fotógrafos que se ha ganado un lugar destacado en México y en el mundo a partir de su producción fotográfica —multipremiada, por cierto—, que emana de una amplia experiencia en el medio. Inició como un joven que llegó a México desde Fresnillo, Zacatecas, a “bolear zapatos” afuera en las rejas de la casa presidencial de Los Pinos y gracias a los fotógrafos que ahí permanecían tuvo contacto con el medio. Se inició en las lides del cuarto oscuro a los 18 años. Encontró en los químicos, los negativos y las cámaras una veta que ha dado grandes frutos no sólo a él, sino a México y el mundo.[1]

 

Su pasión por la prensa lo hizo caminar del diario El Sol de México en 1977, al novísimo diario unomásuno un año después. Para 1984 realizó una labor destacada como Jefe de fotografía en La Jornada, un diario que dotó de imágenes inusuales al mundo entero. En esos años su capacidad de negociación le permitió a Pedro Valtierra y sus colegas obtener mejores condiciones laborales y profesionales para los fotoperiodistas, además de motivar y fomentar el uso de la imagen como discurso autónomo a la nota o ensayo textual. Ello tuvo una fuerte repercusión en una generación muy destacada de fotoperiodistas y fotodocumentalistas que surgió entre los recuadros plata.[2]

 

Es por ello que hoy la revista Con-temporánea le dedica estas páginas para mostrar una parte de su valiosa obra documental y fotoperiodística en los movimientos sociales. Tal es el caso de su participación fotográfica en Nicaragua (1979), Guatemala (1982), o Haití (1985), entre otros lugares de conflicto, donde ha trabajado con el corazón y la razón postrados en su cámara fotográfica. Es una pequeña pero muy representativa muestra de su capacidad de estar entre el zumbido de las balas y que no le tiemble el pulso. Primero es la imagen: ahí recoge los rostros entre los escombros, en medio del dolor de un balazo, de vivir en la entraña de la guerrilla y de ver sus entrenamientos militares, de ver el triunfo de los sandinistas, el hartazgo de los haitianos y sus esfuerzos por derrocar al dictador Duvalier. Pedro Valtierra, que es un hombre de suave andar y profundo mirar, reflexiona y dispara su obturador, cuando está frente a esa alterada vida cotidiana, ante los intentos por un cambio radical, por una vida mejor, por la lucha hacia la democracia, por poner un alto a las dictaduras. Un sueño que me parece nunca ha dejado de tener, aunque le rezumben las balas de cerca, las oiga, las huela, incluso cuando se encuentra ante los heridos y muertos en el camino. Ahí está y estará Valtierra, sacando su cámara para mostrar que los movimientos sociales sí han logrado modificar, transformar y hacer temblar a más de uno. Simbólica esa imagen del tanque en el centro de Nicaragua, es tal vez, aquel al que le pusieron Araceli, el nombre de una combatiente mexicana que cayó un día antes del triunfo.[3]

 

Fotos que impresionan por su calidad humana, técnica, estética, los encuadres sin parangón que permite la lectura suave, candente pero imperdonable. Ahí está Pedro Valtierra, justo donde tiene que estar su ojo para legarnos unas imágenes que son dignas de mirar, analizar, recordar y empapar el alma para no errar.



* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] Comentarios autobiográficos realizados en la Conferencia Magistral que impartió en el IV Coloquio de la Mirada Documental, 2 agosto 2017, DEH-INAH, México.

[2] Alberto del Castillo, Mónica Flores, y Rebeca Monroy (pres.), Pedro. Mirada y testimonio, México, FCE / UNAM / Cuartoscuro, 2012; Rebeca Monroy, Con el deseo en la piel. Un episodio de fotografía documental a fines del siglo XX, México, UAM-Xochimilco [en prensa].

[3] Emma Yanes Rizo, Araceli. Nicaragua, 1976-1979. La libertad de vivir, México, Ítaca, 2008.

 

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Foto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.comFoto: Pedro Valtierra/Cuartoscuro.com
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Pedro Valtierra es uno de los fotógrafos que se ha ganado un lugar destacado en México y en el mundo a partir de su producción fotográfica —multipremiada, por cierto—, que emana de una amplia experiencia en el medio. Inició como un joven que llegó a México desde Fresnillo, Zacatecas, a “bolear zapatos” afuera en las rejas de la casa presidencial de Los Pinos y gracias a los fotógrafos que ahí permanecían tuvo contacto con el medio. Se inició en las lides del cuarto oscuro a los 18 años. Encontró en los químicos, los negativos y las cámaras una veta que ha dado grandes frutos no sólo a él, sino a México y el mundo.

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