Autonomía y resistencia: ¡En esa montaña hay cabildo! Proceso de adaptación y apropiación del territorio del Asentamiento Alto Buenavista en la ciudad de Cali, del 2009 al 2015

Jhon James Cardona Ramírez*
Juan Manuel Pérez Rengifo*

“Desde abajo”

 

Han pasado 45 minutos desde que abordamos el “gipeto” (Jeep), paró en un colegio llamado “La Academia” y caminamos por empinadas escaleras, calles destapadas como río seco y láminas de aluminio de los tejados reflejando el sol en nuestras caras; ya en la cumbre, se divisa un paisaje difuso pero hermoso de la ciudad de Cali varios kilómetros abajo, en ese momento comprendimos el nombre del lugar donde acabábamos de llegar, “Alto Buenavista”.

 

Este lugar se ubica en una de las denominadas zonas de ladera de la ciudad de Santiago de Cali, en el suroccidente colombiano, en el departamento del Valle, ciudad que para el 2015, según datos del Concejo Regional de Política Económica y Social (Corpes de Occidente), contó con aproximadamente 2 467 000 habitantes, y donde la cordillera y el valle interandino del río Cauca florece como paso comercial que le ha permitido a la ciudad ser receptora de procesos migratorios.

Mapa de ubicación del departamento Valle del Cauca, Colombia. Fuente: https://calivallebureau.org/porque-cali


Mapa de ubicación de la ciudad Cali, Colombia. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Colombia_-_Valle_del_Cauca_-_Candelaria.svg

 

 

Alto Buenavista es la manifestación de un grupo social de personas de procedencia indígena de diferentes lugares y resguardos del Cauca,[1] que se encuentran en proceso de resignificación de su identidad y que por diversos motivos llegaron a este terreno, el cual han acondicionado para la vida y las expresiones sociales, políticas y culturales de su identidad. “En esa montaña hay cabildo” surge de la expresión de uno de los habitantes entrevistados, Florentino Güetoto, quien nos contó que ése es el significado de una frase que se encuentra en la caseta comunal, “Nasa U´Ka We´Sx Thaj” y la cual era la expresión de los habitantes al divisar el cabildo “desde abajo”, desde la ciudad. El modo de hablar de Florentino denota un sentido de pertenencia por el territorio en el que vive y en el cual se desenvuelven él y su familia; es la demostración de que ese territorio es más que un montón de casas aglomeradas, que para ellos tiene un significado mucho más profundo.

 

El asentamiento[2] (que ellos denominan cabildo y que, por tanto, en este trabajo fuimos de una definición a otra) se ha ido construyendo con características únicas, aportándole a un centro urbano dinámico y cambiante un toque multicultural que resalta los valores de diversidad en su entorno, y que, dentro de sus posibilidades, ha establecido planes de acción y ha buscado el apoyo por parte de las diferentes entidades gubernamentales.

 

Cada vez que transitábamos las pequeñas calles de los barrios antes de llegar al Cabildo Alto Buenavista surgían muchas preguntas que procuramos responder; es decir, observar y analizar cómo la comunidad indígena ha apropiado el espacio y cómo ha logrado generar un hogar con las características simbólicas de su resguardo de origen, con todos los estamentos políticos y sociales; y también: ¿cómo crea su espacio?, ¿cómo lo utiliza?, ¿cómo lo desarrolla?, ¿cómo lo vive?, ¿cómo lo interpreta?, ¿cómo lo defiende?, ¿y la ideología, qué?, ¿cómo se sustenta?, ¿cuál es la relación entre espacio e ideología? En ese orden de ideas, la pregunta central que guio el trabajo fue: ¿cómo se ha constituido, utilizado y desarrollado el espacio por el asentamiento Alto Buenavista en la ladera suroccidental de la ciudad de Cali?


Ubicación del asentamiento Alto Buenavista. Fotografía: Juan Manuel Pérez y Jhon James Cardona.

 

¡Mirá vé... esto es Cali!

Ciudad construida sobre los retazos de múltiples historias que han habituado la cotidianidad de un país marcado por el desarrollo económico que se decantó por el desplazamiento forzado en el nombre del progreso, en el cual siguen corriendo ríos de memorias deslocalizadas de su realidad para buscar suerte en entornos agrestes y ausentes de Estado, tal como lo son las periferias y, en nuestro caso, Alto Buenavista.

 

La ciudad de Cali toma su importancia a inicios del siglo XX, dado que se vuelve la capital del recién creado departamento del Valle del Cauca, de ahí surgen variadas dinámicas que propician que la ciudad vaya creciendo cada vez más hasta convertirse en uno de los principales epicentros del país. En el transcurso de ese desarrollo económico y político van llegando al municipio de Cali múltiples oleadas migratorias que irán aportando, a través de la memoria de procedencia de los sujetos, diferenciadas formas de adaptarse a los nuevos territorios que los recibe. En esa medida surgen identidades otras de migrantes, pero también de locales que se permean por esos otros.

 

Alto Buenavista es la historia de la cotidianidad colombiana, realidad poco conocida por los mismos transeúntes que voltean la mirada ante el paisaje ofensivo que su inoperante modernidad discrimina. Es la voz de los pueblos que luchan día a día por vivir como se lo enseñaron sus mayores, con respeto y reciprocidad por lo que los rodea, aprendiendo de los errores y fortaleciendo sus aciertos, es Alto Buenavista la voz del reconocimiento que necesita nuestra sociedad, inhumana y diatriba de lo que percibe.

 

Un río de tierra, mi tierra, mi casa

Es importante saber que el asentamiento Alto Buenavista es considerado como cabildo[3] por la comunidad indígena del Cauca y el Concejo Regional Indígena del Cauca (CRIC),[4] más no por el cabildo nasa en contexto de ciudad, hecho que les ha significado disputas ideológicas y territoriales entre ellos. Este pequeño terreno es, sin duda, una expresión de las diferentes problemáticas que presenta el país, desde los ámbitos de educación, salud, vivienda y seguridad, pero que a pesar de las distintas adversidades ha logrado consolidar una representación de su territorio de origen, a través de memorias colectivas que se reflejan en su procedencia y adaptación a un nuevo lugar que para muchos es agreste y, para otros, la posibilidad de salir adelante.

 

Esta comunidad indígena estableció un vínculo con el territorio para poder reivindicar todas las luchas que han gestado en su territorio que, desde Sosa Velásquez, es más que un espacio físico, sino todo un entramado de aspectos políticos, sociales, económicos que convergen para lograr lo que conocemos como territorio. Alto Buenavista es eso: el resultado de un proceso en el cual han contribuido múltiples factores para lograr el resultado que se ha observado:

 

En este sentido, el territorio se explica y hace referencia a las relaciones entre los seres humanos y los demás elementos del mismo, desde el marco de la espacialidad (como poblamiento, patrones de asentamiento y producción, por ejemplo) y la movilidad (cotidiana y circunscrita, inmigración y emigración), que lo convierten en una síntesis finalmente humana: valorada, representada, construida, apropiada, transformada.[5]

 

De ese modo, Alto Buenavista es una realidad que viene como efecto de un proceso histórico y social que han tenido que vivir sus habitantes. Es un grupo de personas de procedencias indígenas que ha vivido en Cali y se han asentado en la ladera suroeste de la ciudad, otras llegaron después de haber recorrido varios pueblos y municipios del departamento, estableciendo ahí un grupo social unido a través de los vínculos familiares y étnicos, fortaleciéndolo con la construcción de un cabildo indígena urbano, apoyados por grupos originarios del Cauca.

 

Del mismo modo, pudimos tomar las impresiones de Cecilia Urueña, la representante de la fundación Kita[6] de Amor, a quien recurrimos para saber más de la comunidad desde una mirada externa —teniendo en cuenta que esa fundación llevaba varios meses trabajando con los niños del cabildo— y quien nos relató algunas cosas que había observado de los habitantes y sus necesidades: la precariedad en la que viven, las casas; pero también el amor por la madre tierra, un amor que no se vive como debiera porque en lugar de tierra, ven aridez y polvo por todas partes. Aun así, con una mirada no muy alentadora, podemos rescatar algo que la misma Urueña reconoce, y es el arraigo a un territorio, el haberlo hecho propio sin importar esa precariedad evidente para las personas externas como nosotros o los integrantes de la fundación.

 

Por lo tanto, el territorio se define no sólo por el espacio, sino también por las interacciones humanas y los procesos que se viven dentro del mismo. Para el caso de Alto Buenavista, se observa esa estructura y en cierta medida esa organización; en lo geográfico es evidente que hay una trasformación del paisaje, sus calles, sus casas y demás; esto influye en comportamientos y en la relación entre los habitantes. Además, se percibe una cultura y tradición propias de los nasa, que hacen también que ese espacio geográfico sea concebido por ellos como su territorio.

 

Memorias...

Lo que se ve en Alto Buenavista es un lugar que se habita, pero donde también se recuerda al antepasado que estaba en un pueblo originario, por lo que se pudo observar una evocación de un futuro añorado, para unos en el territorio en el que ahora habitan, y para otros, la esperanza latente de regresar al lugar del cual nunca quisieron salir.

 

Armando Silva presenta un aspecto muy importante para tener en cuenta y es la conjugación entre lo imaginario y lo simbólico:

 

Las relaciones de lo imaginario con lo simbólico en la ciudad se dan como principio fundamental en su percepción: lo imaginario utiliza lo simbólico para manifestarse, y cuando la fantasía ciudadana hace efecto en un simbolismo concreto como el rumor, el chiste, el nombre de un almacén, o la marca de un lugar como sitio territorial, entonces lo urbano se hace presente como la imagen de una forma de ser. La construcción imaginaria pasa así por múltiples estándares de narración ciudadana, pero por debajo de todos sus relatos corre como fuente primaria de un acontecimiento psíquico, la figura oscura y densa del fantasma social.[7]

 

Lugares como “la tienda”, “la caseta”, “la cancha”, se han convertido para el asentamiento y sus habitantes no sólo en puntos de referencia, sino en algo de vital importancia que los representa, que obedece a ciertas dinámicas y que en sus mentes significan algo. Para ellos, hablar de la caseta no es sólo hablar de la edificación, sino hablar de comunidad, de reunión para buscar su propio bienestar, incluso para hablar de castigo o “remedio”; así como la tienda significa punto de encuentros y desencuentros, de estar con los amigos o hacer nuevos. Todo un conjunto de pensamientos e imaginarios colectivos que hacen que ese simbolismo cobre vida en Alto Buenavista.

 

Incluso todos los fenómenos espaciales tienen una importante relación con las personas, lo que hace que todos los aspectos se empiecen a instaurar dentro de una memoria individual, que al ser juntada con el resto de la agrupación se vuelve colectiva. Ahora bien, esto es más complejo, porque todo se basa en recuerdos y remembranzas de las personas que habitan el territorio; un claro ejemplo de ello es el constante llamado de los cabildantes a los “fundadores” para la solución de problemas espaciales. Se les convoca porque son ellos los que iniciaron la ocupación de la tierra y es desde ellos que todo se empezó a consolidar como el inicio de la memoria colectiva del grupo social.

 

Por tal motivo el llamado de la comunidad de Alto Buenavista a los “fundadores” es para recordar dentro de su memoria colectiva las disposiciones iniciales sobre el uso de la tierra, o los límites mismos del territorio, dado que el paso de los años ha fortalecido los límites de expansión del mismo, más allá de lo que en algún momento se pensó. Pero es la memoria colectiva la razón de ser de las comunidades. Para Alto Buenavista es el reafianzamiento de unas memorias individuales que traen desde sus territorios, para algunos son la salida a un sin número de exclusiones en otras zonas de la ciudad, que al llegar al territorio que denominan hogar fortalecen y consolidan su memoria, la cual se esconde detrás del entramado simbólico de recuerdos, lo que se traduce en acciones colectivas en defensa de lo propio desde el mismo entorno.

 

Alto Buenavista: entre la memoria y la defensa del espacio

Lo importante que sucede con las sociedades indígenas y que se traslada al Alto Buenavista es la relación entre memoria y espacio, la cual va más allá de lo que se puede imaginar, pero esa visión es muy propia, muy de ellos, y para una visión externa es muy difícil de concebir mucho de lo que se percibe dentro del territorio:

 

Pero el lugar ha recibido la huella del grupo y a la inversa. Entonces, todo lo que hace el grupo puede traducirse en términos espaciales, y el lugar que ocupa no es más que la reunión de todos los términos. Cada aspecto, cada detalle de este lugar tiene un sentido que sólo pueden comprender los miembros del grupo, porque todas las partes del espacio que ha ocupado corresponden a otros tantos aspectos distintos de la estructura y la vida de su sociedad, al menos en su faceta más estable.[8]

 

Ahora bien, es interesante ver como muchos de esos espacios y su identidad tejen relación a través de la apropiación y apego. Como se mencionó, muchos de los grupos migrantes llegaron a la ciudad a constituir barrios que inician como invasiones que con el tiempo van transformándose en el territorio. Esas invasiones son trabajadas por Mike Davis como áreas hiperdegradadas que logra definir y que inicialmente se les conoce como lugares pintorescos y provincianos, caracterizados como una amalgama de viviendas ruinosas, hacinamiento, enfermedad, pobreza y vicio. Finalmente se llega a definir como: “hacinamiento, vivienda pobre o informal, falta de acceso a la sanidad y al agua potable e inseguridad de propiedad”.[9]

 

Curiosamente, el primer día que nos dimos a la tarea de visitar, conocer y aprender del cabildo ocurrieron algunos momentos singulares. Inicialmente nuestro “guía” nos empieza a conducir por pequeños caminos empedrados, algunos con escaleras y otros destapados; eran acompañados por casas de concreto, de madera y esterilla, de un panorama que se hacía más agradable a medida que subíamos, y de nuestra preocupación al darnos cuenta de que el guía no tenía muy claro el camino: “Es que hace más de dos años no subo por acá, han construido más”, “creo que es por acá”; a ello se sumaba que frecuentemente decía: “Esto por acá es bien peligroso”. Solo seguíamos en silencio, esperando poder llegar rápido a donde íbamos o que el guía admitiera que estábamos perdidos y era mejor regresar.

 

Esos momentos, calles transcurridas y recorridos son el reflejo de un problema mundial, pero es desde ahí donde se construye ciudad, dado que son las personas que deben bajar a trabajar y construir su día a día. Son estos barrios, estos lugares, este cabildo, los territorios donde la cultura se mantiene, donde las tradiciones se fomentan en una lucha constante contra la globalización y el mercado.

 

El asentamiento Alto Buenavista es un ejemplo de lo anterior, un grupo social que se vio en la necesidad de abandonar su territorio para llegar a un lugar donde las condiciones de vida no son las más adecuadas; un terreno inestable debido a su ubicación geográfica, calles en mal estado, viviendas a medio construir sobre cimientos completamente inseguros y una situación económica que en ocasiones ni siquiera alcanza para solventar las necesidades básicas (véase la siguiente fotografía). Un área que, a pesar de contar con una organización política de sus habitantes, requiere de una atención gubernamental que hasta el momento sigue ausente.


Proceso de construcción de una casa dentro del asentamiento Alto Buenavista. Fotografía: Juan Manuel Pérez y Jhon James Cardona.

Estas poblaciones vulnerables y en condiciones de pobreza y discriminación social llegan a las ciudades a ubicarse en zonas de alto riesgo geográfico o social, que se territorializan especialmente en las periferias de las ciudades, posiblemente debido a la lejanía con un Estado represor, ordenador que las obligaría a salir de su entorno.


Imagen de las casas en la parte baja del asentamiento Alto Buenavista. Fotografía: Juan Manuel Pérez y Jhon James Cardona.

 

El caso del asentamiento Alto Buenavista no es la excepción, se encuentra ubicado en la zona de ladera de la ciudad de Cali, la cual por composición es bastante difícil, pero como se ha podido apreciar fue una elección complicada y con la experiencia del trabajo de sus tierras en el campo lo pudieron adaptar a sus necesidades:

 

Este territorio estaba solo, estaba pendiente, rastrojo, enmontado, acá atrás, estaba lleno de rastrojos, quemado, y aquí al lado, rastrojos, pasto, enmontado, para este lado es muy pendiente, por eso hasta ahora el municipio, el alcalde dice que es zona de riesgo, secretaría de vivienda también habló de zona de riesgo, y ellos hablando de reubicación, pero llegamos aquí a Buenavista, para esta ciudad, por eso es que cuando ya fundamos y nombramos Alto Buenavista.[10]

 

Incluso después de esto se avecinó la tormenta de un Estado que los quiere reubicar de manera inadecuada por medio de la utilización de la violencia, lo que conformó en su primer momento la unidad de esta parcialidad del pueblo nasa y la consolidación del asentamiento. Desde ese momento nace la incertidumbre de desalojo que incluso aún se mantiene (desde 2009 – 2015), tal como lo contó Florentino.

 

Sí, los primeros días sí llegaban los antimotines. Llegaron con los documentos, “esto es zona privada”, “esto ya tiene dueño”... Acá nosotros no venimos a pelear, ni buscar peleas con las fuerzas públicas, sino que acá nos vamos a sentar a dialogar con el alcalde, con el departamental también, de ¿cómo ayuda a nosotros? Pero nosotros queremos sentar aquí el territorio.[11]

 

Se ha entretejido una importante diferencia entre los territorios indígenas y los urbanos, planteando que los primeros cuentan con un reconocimiento constitucional o legal que tienen algunos resguardos y territorios de pueblos originarios, facilitando incluso una vida totalmente heterogénea.

 

De ese modo, con las características hasta aquí expuestas, desde el 2009 se instauró en el territorio esta comunidad indígena proveniente del Cauca, especialmente yanaconas y nasas en el barrio conocido como Alto Nápoles. Tal como lo plantea la página de la Agencia Prensa Rural:

 

Hace nueve meses, indígenas de los pueblos nasa y yanacona se desplazaron al casco urbano de Cali, en búsqueda de mejores condiciones para vivir. “En las veredas era imposible surgir: no había oportunidades ni plata, además para cultivar los abonos están muy caros y lo cosechado no se podía comercializar”, expresó el gobernador del cabildo Ezequiel Campo.[12]

 

Y como lo manifiesta Florentino, no fue un proceso fácil, incluso se inició armando las casas o cambuches como se pudo, con lo que tenían a mano o con lo que se encontraran. Desde el momento de su llegada el proceso de adaptación al territorio fue complejo, luchando contra la inestabilidad y constante amenaza del terreno y contra el Estado el cual empezó con la orden de desalojo:

 

De ahí escuchamos rumores de desalojo: “ahora viene el desalojo”, “viene desalojo”, “la otra semana llegan a desalojar”. Y así estamos ahí, como siempre nos reunimos por la tarde, cada noche organizamos aquí con guardia indígena, con las 25 familias, no estábamos pensando ni sentar cabildo, los primeros días estábamos pensando en junta pro vivienda, estábamos presidente, tesorero y secretaria y ahí pues cuando ya, casi un mes aquí no teníamos ni jurídico, ni abogado, ni derechos humanos, quien proteja, estuvimos solos.[13]

 

Pero la incertidumbre por el desalojo impulsó que el cabildo se conformara y se organizaran para defenderse; de no ser así, posiblemente los hubieran expulsado de la zona, pero por el contrario se demostró orden comunitario, con las figuras públicas que también se ven en sus territorios de origen. Con todo ello, se le dio un nuevo significado a las conformaciones barriales, desde la reetnización de sus gentes.

 

Yo soy, de donde provengo...

Del mismo modo, el rescate de la lengua tradicional, y los cuidados de la salud con base en los saberes ancestrales, la renovación y el reconocimiento de la justicia comunitaria y las formas de poder apoyadas en esa justicia comunitaria sirven para confirmar las diferencias entre el mundo rural indígena y el urbano popular.

 

Alto Buenavista deja ver mucho de esto, ya sea en el hecho de utilizar un médico tradicional que en ocasiones va, como nos sucedió uno de los días que fuimos a visitar, en el cual el gobernador emprendería un viaje de dos horas para ir a ver el médico tradicional de su territorio de origen.

 

Incluso el ejercicio del poder local se pone en práctica de la manera más tradicional posible; un día de visita, en el cabildo algunos de los mayores se habían quedado dentro de la caseta, a lo cual uno de ellos tomó la vocería para leer una peticiones y demandas pendientes, todas especialmente ligadas al aprovechamiento e invasión de sus linderos con los de sus vecinos. Después de un corto debate en español y lengua nativa se decide ir a mirar directamente las zonas implicadas y dar soluciones.

 

Son momentos y situaciones que reivindican el poder y la autonomía del grupo social, la unión y el deseo de salir adelante juntos, porque piensan en sociedad, porque así lo aprendieron, no de una manera egoísta y envidiosa. "Trabajamos juntos, para todos, por todos y en el beneficio de todos que se traduce en nosotros mismos."

 

Alto Buenavista es un grupo social con una diversidad cultural y étnica que se instaura en la ciudad de Cali y logra organizarse bajo una sola bandera social. Es importante resaltar nuevamente que es variada la procedencia de los grupos familiares que llegaron a la ciudad, pero lo interesante es cómo llegaron a organizarse y defender el territorio que ocuparon hasta forjarlo como parte de su identidad. Así lo describe la Agencia Prensa Rural: “Allí conviven 520 familias de diferentes veredas y municipios del departamento del Cauca, entre éstas, la vereda El Carmen, Villa Hermosa, y los resguardos de Pueblo Nuevo, Jámbalo, Morales, Las Delicias y Buenos Aires.”[14]

 

Debido a esta ubicación de alto riesgo se le considera como zona de invasión o área hiperdegradada, y en torno a dicha problemática se ha generado la discusión sobre si es o no un negocio rentable de familias con necesidades, dado que muchos llegan y pelean su tierra, para luego ser reubicados. El periódico El País, en un artículo del 26 de abril de 2009 planteaba dicho fenómeno como la búsqueda de soluciones que nunca llegarían. Sin duda, la invasión en estos casos se justifica por fenómenos ajenos a los mismos indígenas, como la violencia que desde sus territorios los obliga a ejercer posesión de tierras en las ciudades, ubicadas en zonas sumamente peligrosas desde el punto de vista físico y social. Lastimosamente, hasta que no pase una catástrofe no se mirará con unos ojos que de verdad quieran ayudar o forjar una mejor ciudad, sin exclusión ni discriminación.[15]

 

En cuanto al fenómeno de reubicación Florentino manifestó un aspecto bastante interesante:

 

Ofrecieron como 90 apartamentos Alto Santa Elena y otros en Valle Grande, pero a nosotros aquí como ya estábamos organizando cabildo, y ellos querían regar en todas partes, aquí y allá, a nosotros no nos pareció bien, los dejan a unos acá y a otros dejan por allá, pero nuestra organización se acababa, ahí pues seguimos planteándonos hasta el momento la ampliación del territorio para los futuros.[16]

 

Se priorizó la organización y la unidad antes que un aparente buen lugar, con la finalidad de estar unidos y poder obtener más beneficios que un techo estable, en este caso, estar cerca a sus coterráneos, tener la oportunidad de no perder una identidad que día tras días se ve sofocada por el bullicio de la ciudad, pero ante todo por la confraternidad, que es un reflejo de los territorios de origen, en lo cual prima el beneficio comunitario y no el particular.

 

Incluso se han encargado de dotar de los aspectos necesarios que el Estado no quiere dar o prefiere ignorar, como son energía, agua, seguridad, pavimentación, vivienda digna, entre otras; siendo ellos mismos los encargados de organizarse en búsqueda del bienestar de la comunidad y sus coterráneos. “La comunidad asegura que ha instalado sus propios sistemas de electricidad, abastecimiento de agua y alcantarillado y la Guardia Indígena se encarga de la seguridad.”[17] Lo que esto demuestra es que las comunidades indígenas son de acciones de hecho al actuar sin importar las adversidades, con lo que demuestran una organización propia que se transforma en bienestar para los suyos y revela una cohesión social, política y económica propia del buen vivir.

 

Y así, después de varias peripecias la comunidad se denominó: “Cabildo Alto Buenavista, un cabildo indígena Nasa asentado en lo más alto de las laderas del barrio Alto Nápoles que ellos rebautizaron como Alto Buenavista ya que su ubicación brinda una panorámica de toda la ciudad de Cali-Valle del Cauca”.[18] Y en esa conformación social se ha tejido todo un entramado simbólico que los ha llevado a defender el territorio como propio, expresando un apego cultural establecido a través de la buena organización que tienen y una guardia indígena que vela por ellos. En esa medida, la creación del asentamiento urbano ha logrado llenar el vacío que dejó el abandono de su lugar de origen, y les ha dado una comunidad con la que pueden convivir, que los protege, que los acoge y que se une para cubrir necesidades en pro del bienestar de todos.

 

Identidades de papel...

Otro de los factores con lo que se ha tenido que enfrentar el grupo social es contra los altos índices de violencia en la zona, a lo que el Estado responde con rondas militares que terminan por alterar más la frágil línea de la seguridad del lugar. A pesar de los muchos esfuerzos del resguardo es mucho lo que aún falta por materializar en ejercicio de la seguridad, con un gran aporte desde su propia guardia indígena.

 

Es aquí entonces donde comienzan a aparecer una serie de interrogantes respecto a la actitud del asentamiento frente a la organización que ya existe, cabildo que según Adriana Menza, interventora de la temática indígena en la ciudad de Cali, no se puede considerar como tal por no estar posesionado: “Ellos se autodenominan Cabildo Alto Buenavista, pero como Administración Municipal no le podemos llamar así porque ya hay una directriz de autoridades de cómo es la ruta y en este caso, como se reconocen como nasas, pues uno le llama comunidad, es una comunidad que está asentada allá”.[19]

 

¿Quiere decir esto que Alto Buenavista no es un cabildo y que es necesario que sea reconocido legalmente como tal para poder serlo? ¿Todo el proceso que esta comunidad ha desarrollado dentro de Alto Buenavista queda invalidado por la falta del reconocimiento por parte de la administración municipal? Se llega pues a un punto de contradicción y de dos posturas que seguramente tendrán puntos a favor y en contra. Algunos pensarán que la actitud de Alto Buenavista es un acto de rebeldía o soberbia por no querer acogerse, mientras que para otros la postura de la administración municipal es arbitraria al no querer darle aval a una población que se constituyó con esfuerzo propio. La misma Adriana Menza nos da una explicación en este punto:

 

Entonces desde ese marco se empieza a generar un proceso de trabajo con los cabildos posicionados. ¿Cuál es la directriz que sigue la administración municipal? Que quien llegue debe acogerse a las dinámicas organizativas que hay. Entonces en ese marco frente a la situación que se venía visibilizando en la comuna 18, exactamente en el sector de Alto Nápoles que decían que había familias desplazadas, el cabildo inició como un proceso de acercamiento. Posteriormente cuando estaba el anterior alcalde que era el doctor Jorge Iván Ospina, también se toca el tema dentro de un consejo de gobierno y queda una tarea que era el acercamiento del cabildo Nasa de Santiago de Cali con la comunidad que había allá porque habían llegado varias solicitudes de posesión.[20]

 

Con lo anterior puede verse como el reconocimiento del Alto Buenavista no depende de las buenas intenciones ni de simpatías, sino de un estamento legal que no puede pasarse por alto. En esa medida, aunque en este punto se desconoce el motivo de renuencia de Alto Buenavista para acogerse a las directrices ya mencionadas, no puede negarse lo observado en ese territorio.

 

Seguir abriendo trocha en un monte de cemento

Así, contando sólo con un pedazo de terreno en el cual construyen su casa, los habitantes del asentamiento Alto Buenavista viven como cualquier otro habitante de la ciudad de Cali, aunque en sus mentes no está la concepción de vivir en la ciudad, puesto que ven este territorio como ajeno a la urbe. Para ellos, el cabildo está en un lugar y Cali está en otro. Al salir a trabajar o a hacer alguna diligencia, la frase a la cual recurren es: “Vamos para Cali, en la tarde regresamos”.

 

Incluso en algunos de los pobladores existe la intención o las ganas de volver al territorio en un futuro, tal como la manifiesta Juan Carlos Chindicué, el gobernador, pues su visión no es quedarse y terminar de organizarse allí, sino que quisiera recuperar su territorio de origen, visión que tal vez no comparta con muchos de sus compañeros del asentamiento, pero que deja ver que muchos están en ese lugar no por un apego a un nuevo territorio, sino porque no tuvieron otra opción. Respecto de esto dijo:

 

La visión que tenemos en un futuro muy cercano es poder organizar la comunidad indígena del pueblo nasa en un territorio propio donde podamos manejar nuestras leyes, nuestras costumbres, nuestros saberes ancestrales y ser, como siempre hemos dicho, un cabildo propio para nuestras comunidades indígenas [...] Es volver a trabajar la madre tierra, volver a trabajar las mingas de pensamiento, las tulpas de pensamiento, volver a nuestras raíces, nuestros antepasados, enseñarle a la nueva generación a trabajar la madre tierra, volver a coger un azadón, una pala, y volver a sembrar lo que es de nosotros, volver a sembrar el maíz, nuestras matas, nuestras plantas medicinales y no alejarnos mucho de nosotros.[21]

 

Este hombre, líder joven que llegó con el único fin en su mente de ayudar a su gente, es alguien consciente de las necesidades económicas y sobre todo tiene la premisa de tomar la vocería por su pueblo, deja ver cierto aire de nostalgia en sus palabras, y un anhelo por poder regresar a su tierra para recobrar costumbres y actividades que, según él, no se pueden llevar a cabo en la ciudad, aunque ésta “tenga mucho por qué dar”.

 

Ahora bien, a pesar del deseo de volver a sus territorios y de ser beneficiarios de los atributos que le corresponde al Estado otorgar en cuanto cuestiones de seguridad en el campo para que esas personas pueda retomar sus vidas en la zona, existen algunas visiones futuras para consolidar su entorno; en ese caso, Güetoto plantea que desde el asentamiento les gustaría: “Para el futuro tener una buena calidad de estudios, educación, tener profesores propios, salud propia, puesto de salud y alimentación propia”.[22]

 

Por último, al pasar de los días y las semanas nos dimos cuenta de que Alto Buenavista significaba más que unas calles empolvadas por la montaña y las antiguas minas de la zona; era el lugar de vivencias, anécdotas, luchas, reivindicaciones, autonomía y resistencia, por un entorno estable donde vivir, que va más allá de la imaginación de las personas, porque en el imaginario todo es un entramado de cemento perfecto que se desconecta con los vecinos y sus alrededores.

 

Alto Buenavista es más que un grupo de personas asentadas en un territorio, es un espacio creado para socializar y reivindicar los fenómenos sociales que los rodean, defender desde lo simbólico a través de las banderas de un cabildo que en el papel de la ciudad no existe, pero que en el orden de su cotidianidad inmaterial es el estandarte de los ideales que su proceso de resignificación desea rescatar.

 

Son muchas las dificultades que el grupo social en Alto Buenavista ha encontrado a lo largo de los años desde su fundación; un asentamiento que ha tenido que sobrevivir aferrándose a lo único que se les ofrece en la montaña, que es el territorio ocupado, buscando fortalecer a través de la constitución de un cabildo la defensa de lo propio, faltaría terminar de resignificar los procesos étnicos, tales como la lengua, la tradición oral, las curas, las sanaciones y todo hecho cultural que identifique el grupo social, para así concluir con un cabildo finalmente construido, que tendrá a la vuelta de unos años una organización política, social y cultural consolidada.

 


* Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
* Universidad del Cauca, Popayán, Colombia.
[1] Departamento al sur de la ciudad de Cali.
[2] Desde una visión del Estado, se entiende asentamiento como el “sitio en que se produce el establecimiento de un grupo de individuos. Una aldea y una ciudad, en este marco, son asentamientos humanos. En la actualidad, el uso más habitual del concepto se vincula al proceso que se desarrolla para ocupar y poblar terrenos”, recuperado de https://definicion.de/asentamiento/, consultada el 31 de marzo de 2022.
[3] Es una entidad pública especial, cuyos integrantes son miembros de una comunidad indígena, elegidos y reconocidos por ésta, con una organización sociopolítica tradicional, cuya función es representar legalmente a la comunidad, ejercer la autoridad y realizar las actividades que le atribuyen las leyes, sus usos, costumbres y el reglamento interno de cada comunidad. https://www.mininterior.gov.co, consultado el 15 de mayo de 2018.
[4] El Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, es la organización que agrupa a más del 90 % de las comunidades indígenas del departamento del Cauca. https://www.cric-colombia.org/portal/estructura-organizativa/, consultada el 15 de mayo de 2018.
[5] Mario Sosa Velázquez, ¿Cómo entender el territorio?, Guatemala, Universidad Rafael Landívar / Cara Parens, 2012, p. 10.
[6] Según Urueña, el nombre de su fundación viene de una expresión alemana, donde Kita significa “guardería” o “casa hogar”.
[7] Ibidem, p. 109.
[8] Ibidem, p. 134.
[9] Mike Davis, Planeta de ciudades miseria, Madrid, Foca, 2006, p. 40.
[10] Entrevista realizada a Florentino Güetoto, por Jhon James Cardona y Juan Manuel Pérez, Cali, Colombia, 7 de junio de 2015; Güetoto es uno de los fundadores del asentamiento Alto Buenavista.
[11] Idem.
[12] Agencia Prensa Rural, “Toma posesión el Cabildo Nasa de Alto Nápoles”, Agencia Prensa Rural, 20 de mayo de 2010, recuperado de: https://prensarural.org/spip/spip.php?article4046, consultada el 2 de noviembre de 2015.
[13] Entrevista realizada a Florentino Güetoto...
[14] Agencia Prensa Rural, op. cit.
[15] Véase Luiyith Melo García, “El negocio de vivir de las invasiones”, El País, Cali, domingo 26 de abril de 2009, recuperado de: http://historico.elpais.com.co/paisonline/calionline/notas/Abril262009/inva.html.
[16] Entrevista realizada a Florentino Güetoto...
[17] En búsqueda de la paz: el movimiento indígena colombiano, 2012, recuperado de: http://www.pbi-colombia.org/field-projects/pbi-colombia/publications/features/peace-initiatives/indigenous-movement/, p. 3, consultada el 2 de noviembre de 2015.
[18] “Posesión del cabido indígena del Alto Buena Vista”, en Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, 5 de febrero de 2014, recuperado de: https://anterior.nasaacin.org/index.php/2014/02/05/posesion-del-cabildo-indigena-de-alto-buena-vista-cali/, consultada el 31 de marzo de 2021
[19] Entrevista realizada a Adriana Menza, por Jhon James Cardona, Cali, Colombia, 14 de agosto de 2015; Menza en ese entonces era interventora de la Temática Indígena de la Secretaría de Desarrollo Territorial y de Bienestar Social.
[20] Idem.
[21] Entrevista realizada a Juan Carlos Chindicué, por Juan Manuel Pérez y Jhon James Cardona, Cali-Colombia, 25 de mayo de 2015; Chindicué en ese entonces era gobernador del Cabildo Alto Buenavista.
[22] Entrevista realizada a Florentino Güetoto...

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Resumen
¡En esa montaña hay cabildo! es la expresión del sentir de una parte del pueblo indígena nasa en la ciudad de Cali, quienes adaptaron un territorio de ladera reconfigurándolo como un hogar, afrontando las adversidades políticas, económicas y sociales. Las prácticas culturales en la creación de lo que para ellos es un cabildo a pesar de no ser reconocidos como tal, la utilización de la lengua y la guardia indígena para defender los sueños e ideales en un espacio diferente al originario, son elementos claves para entender este proceso.

Palabras claves: identidad, territorio, indígenas, adaptación, reconfiguración, asentamiento.

 

Abstract
On that mountain there is a town hall! it is the expression of the feeling of a part of the Nasa indigenous people in the city of Cali, who adapted a hillside territory by reconfiguring it as a home, facing political, economic and social adversities. The cultural practices in the creation of what for them is a cabildo despite not being recognized as such, the use of the language and the indigenous guard to defend dreams and ideals in a space different from the original, are key elements to understand this process.

Keywords: Identity, territory, indigenous, adaptation, reconfiguration, settlement.

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