Transdisciplinariedad en un discurso religioso. La encíclica Fratelli tutti

Dalia Ruiz Ávila*

A David, en su tránsito al infinito...

Introducción

Este escrito se inscribe en el plano del análisis de discurso religioso, pues reflexiona sobre los aportes que el papa Francisco brinda en su tercera encíclica, titulada Fratelli tutti. Deliberar acerca de este documento pontificio, emitir opiniones, generar juicios resulta interesante porque se trata del principal líder de una institución de peso en el planeta; porque en la encíclica se esgrime una situación problemática compleja, que toca temas relevantes vinculados con las heridas del tejido social, del entorno sociocultural y del contexto de la mayoría de los países; y porque el autor invita a que la reflexión se abra en un diálogo con todas las personas de buena voluntad.

 

Ese discurso, dado a conocer el 3 de octubre de 2020, denota una inspiración derivada de la vida de Francisco de Asís. En su exposición el autor retoma frases del “varón que tiene lengua celestial”, como lo llamó Darío: “Este santo del amor fraterno, de la sencillez y de la alegría, que me inspiró a escribir la encíclica Laudato si’, vuelve a motivarme para dedicar esta nueva encíclica a la fraternidad y a la amistad social”.[1]

 

Giovanni di Petro Bernardone, conocido en el mundo como Francisco de Asís, fue un religioso que vivió en Italia a finales del siglo XII e inicios del XIII, fundó la orden de los franciscanos, influyó en la poesía mística y ascética y a lo largo de su ministerio predicó dos grandes principios: “No promuevan disputas ni controversias, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios”; y “Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios”.[2]

 

Francisco de Asís invitaba a vivir en el amor y, en consecuencia, a evitar la agresión y la contienda, a vivir un humilde y fraterno sometimiento. Sus exhortaciones fueron oportunas en el momento en que las emitió, época en que la barrera social marcaba drásticamente, e incluso con consecuencias funestas, la división entre pobres y ricos, cristianos y herejes.

 

En el siglo XXI, ocho siglos después de la presencia del santo de Asís, estas oposiciones continúan flagelando al mundo, pero los factores involucrados se han incrementado y ahora son diferentes a los que preocuparon al fundador de la orden franciscana, por ejemplo, la política de marketing que pasa por la disputa internacional de la compraventa de la vacuna para combatir el coronavirus; o, en el plano nacional, el feminicidio, las desaparecidas y las muertas víctimas de la violencia que ha convertido al país en un rosario de misterios dolorosos.

 

Al mantener un discurso cuasiepistolar marcadamente personal, con referencias constantes al magisterio pontificio y a otros jefes religiosos, sin mención a las religiosas y a las mujeres que pugnan por ser reconocidas por la jerarquía eclesiástica, el papa Francisco enfrenta algunas de sus limitaciones. No ignora, sin embargo, que existen gobiernos que a pesar de declararse creyentes hacen caso omiso de su encíclica, por lo que apunta: “Sin pretender realizar un análisis exhaustivo ni poner en consideración todos los aspectos de la realidad que vivimos, propongo sólo estar atentos ante algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal”.[3] Este discurso religioso, cuyo objeto discursivo es la fe en un dios y cuya característica primordial es cierta esencia mística, propone un escenario en el que se difunda la igualdad y esboza un camino para superar la dominación y la injusticia.

 

El núcleo temático del presente análisis es la transdisciplinariedad y los desafíos del mundo contemporáneo, rescatando la complejidad de los planteamientos críticos vertidos por el autor frente a la hegemonía.

 

En primer lugar, se presenta un reconocimiento al esfuerzo de Bergoglio y su impacto en el mundo; después se aborda la problemática de la migración, y finalmente se retoman planteamientos de la encíclica sobre la solidaridad en un territorio en el que impera la diversidad, para considerar la situación en toda su amplitud.

 

Señales de la tercera encíclica del papa Francisco

 

Este comunicado papal está dirigido a “todos los hermanos y hermanas” del mundo y en principio propone “una forma de vida con sabor a evangelio”.[4] Se plantea promover una reflexión para que “frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y amistad social”.[5] Consta de 287 numerales distribuidos en ocho capítulos cuyos títulos se traducen en insinuaciones a la lectura, reflexión y diálogo: “Las sombras de un mundo cerrado”, “Un extraño en el camino”, “Pensar y gestar un mundo abierto”, “Un corazón abierto al mundo”, “La mejor política”, “Diálogo y amistad social”, “Caminos de reencuentro”, “Religiones al servicio de la fraternidad en el mundo”.

 

Es un mensaje que invita a la apertura y al diálogo interconfesional, que clama por que los gobernantes atiendan las necesidades de los ciudadanos y hace un llamado a las naciones para que no impongan sus intereses políticos e ideológicos en otros países. Fundamenta esta idea en la fraternidad y amistad social, cuestiones que, reconoce, siempre han formado parte de sus preocupaciones.

 

En el primer caso, el papa apunta que la fraternidad es abierta cuando éstapermite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite”.[6] En torno a esta noción también afirma que es posible “reconocer que ‘nos hemos alimentado con sueños de esplendor y grandeza y hemos terminado comiendo distracción, encierro y soledad; nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad’”.[7]

 

En el segundo, también relaciona la amistad social “que no excluye a nadie”[8] con “el amor que se extiende más allá de las fronteras… en cada ciudad o en cada país”[9] y añade que, cuando es legítima en una sociedad, “es una condición de posibilidad de una verdadera apertura universal”.[10]

 

El autor tiene cuidado de no definir la amistad social sólo en términos de la exclusión, del amor o como condición para la apertura. Al contrario, afirma que dicho conceptono implica solamente el acercamiento entre grupos sociales distanciados a partir de algún período conflictivo de la historia, sino también la búsqueda de un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables”.[11]

 

Para el papa, fraternidad y amistad social constituyen un binomio intrínseco: “la fraternidad universal y la amistad social dentro de cada sociedad son dos polos inseparables y coesenciales. Separarlos lleva a una deformación y a una polarización dañina”.[12]

 

Los principales problemas detectados y expuestos en el texto son: migraciones, guerra, desigualdad, crisis ambiental y pobreza. Se visualizan en la interacción de diferentes disciplinas; por ejemplo, situado en un horizonte histórico, Francisco anota: “no me refiero sólo a la memoria de los horrores, sino también al recuerdo de quienes, en medio de un contexto envenenado y corrupto fueron capaces de recuperar la dignidad y con pequeños o grandes gestos optaron por la solidaridad, el perdón, la fraternidad”.[13]

 

En relación con la economía, registra: “Palabras como libertad, democracia o fraternidad se vacían de sentido. Porque el hecho es que ‘mientras nuestro sistema económico y social produzca una sola víctima y haya una sola persona descartada, no habrá una fiesta de fraternidad universal’”.[14]

 

Sobre la religión, refiere: “Las distintas religiones, a partir de la valoración de cada persona humana como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad”.[15]

 

En el territorio de la política, hace un llamado en el nombre de “esta fraternidad golpeada por las políticas de integrismo y división y por los sistemas de ganancia insaciable y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres”.[16]

 

En cuanto a la salud, apunta: “una tragedia global como la pandemia de covid-19 despertó durante un tiempo la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos”.[17]

 

Con respecto a la antropología, escribe:

 

…Una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto, y podrá engendrar el día de mañana sólo en la medida que genere relaciones de pertenencia entre sus miembros, que cree lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que la conforman; y también en la medida que rompa los círculos que aturden los sentidos alejándonos cada vez más los unos de los otros.[18]

 

También se pronuncia en relación con la tecnología: “‘En particular, internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios’”.[19]

 

La oportunidad que el autor se brinda al abordar tal gama de situaciones problemáticas en el tenor de la transdisciplinariedad, abre caminos de esperanza porque encauza posibilidades para superar los graves conflictos detectados. No obstante, cabe reconocer que enfrenta múltiples desafíos por la complejidad y profundidad que conllevan los problemas estructurales.

 

Esta encíclica está cargada de significaciones y símbolos para los cristianos de distintas denominaciones, para los laicos de todo el mundo, y de manera particular para los migrantes, que a lo largo del texto en varias ocasiones son objeto de señalamientos. Pero ¿a quién o a qué sector de los católicos y cristianos en general le interesa leer, reflexionar y comentar las encíclicas o los documentos emitidos en el Vaticano? ¿Quiénes reconocen que, a su manera, el papa dibuja un panorama en el que denuncia la dinámica mercantilista y de explotación del sistema capitalista? ¿Por qué el papa no tomó como antecedente a su discurso los alcances del Concilio Vaticano Segundo y los de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se llevó a cabo en Medellín a finales de los años sesenta?

 

Migración y migrantes

 

Por la imposibilidad de atender la gama de problemas que enuncia Francisco en este discurso, se dispensa particular atención a su preocupación por el fenómeno migratorio, al que sitúa como uno de los mayores dramas de la humanidad: las migraciones, dice, “hoy están afectadas por una ‘pérdida de ese sentido de la responsabilidad fraterna, sobre el que se basa toda sociedad civil’”.[20] Apunta las condiciones que considera pertinentes para que pudieran ser prescindidas: “Es verdad que lo ideal sería evitar las migraciones innecesarias y para ello el camino es crear en los países de origen la posibilidad efectiva de vivir y de crecer con dignidad, de manera que se puedan encontrar allí mismo las condiciones para el propio desarrollo integral”.[21]

 

En cuanto a los migrantes, personas que requieren alejarse de sus lugares de origen por causas que los rebasan, el autor apunta: “Nuestros esfuerzos ante las personas migrantes que llegan pueden resumirse en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar”,[22] con la finalidad de construir territorios abiertos a las diferencias y con la capacidad de valorarlas:

 

La llegada de personas diferentes, que proceden de un contexto vital y cultural distinto, se convierte en un don, porque “las historias de los migrantes también son historias de encuentro entre personas y entre culturas: para las comunidades y las sociedades a las que llegan son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos”.[23]

 

El papa, que el 13 de marzo de 2021 cumplió ocho años de pontificado y cuya primera salida como patriarca de la Iglesia fue a Lampedusa, Italia, lugar en cuyos mares han perdido la vida muchos migrantes que anhelaban cambiar de vida, trabajar, estudiar, encontrarse con familiares en otro territorio o alejarse de la guerra; solicita a los gobiernos del mundo que permitan entrar a los migrantes que no encuentren las posibilidades de tramitar formalmente su estancia en el país que han elegido como refugio; les pide que creen las condiciones para los migrantes puedan regresar con garantías, que cuiden la integridad física y patrimonial de quienes llegan a su territorio, y que permitan formar una nueva vida en sus hogares, que son destino de muchos.

 

Interpela sin ninguna vacilación a los países del mundo rico, especialmente Europa y Estados Unidos de América, para que abran sus fronteras, simplifiquen visados y papeles, de forma que la gente del sur pueda llegar más fácilmente a buscar su vida y sus sueños en otros lares y se sienta verdaderamente acogida.

 

Obsérvese que para abordar el fenómeno migratorio Francisco retoma cuestiones relacionadas con la historia, la cultura, la economía, la política y el desarrollo humano. De esta forma el autor se yergue como un investigador que avanza con eficiencia en su análisis, que está dispuesto a reconocer diferentes dimensiones de la realidad y los aportes de varias ciencias y saberes, es decir, se abre a conocer los escenarios de manera más íntegra y plena.

 

Solidaridad en la diversidad

 

Lumen fidei y Laudato si’ son las encíclicas emanadas de la pluma de Francisco, antecedentes de Fratelli tutti, “todos somos hermanos”. En estos tres documentos se condensan la posición de su iglesia y su religión, las nociones de fe, paz, amor, fraternidad, amistad y solidaridad, elementos teóricos y metodológicos que guían su ministerio para explicar y dar respuesta a los problemas del mundo. También cobra peso su formación jesuita para cuestionar al capitalismo, al consumismo y a la globalización, censurar la violencia y la injusticia, y proponer mecanismos de solidaridad reconociendo la diversidad, como lo evidencia la siguiente cita: “Necesitamos que un ordenamiento mundial jurídico, político y económico ‘incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos’”.[24]

 

La redacción de esta encíclica se cruzó con la pandemia de covid-19, que mostró al papa que los gobiernos de los diferentes países son incapaces de “actuar conjuntamente” porque “a pesar de estar hiperconectados, existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos”.[25]

 

Sin embargo, de su aportación resalta la propuesta de un “pacto cultural” que supone “renunciar a entender la identidad de un lugar de manera monolítica, y exige respetar la diversidad ofreciéndole caminos de promoción y de integración social”.[26] Para la construcción de una “sociedad pluralista, el diálogo es el camino más adecuado para llegar a reconocer aquello que debe ser siempre afirmado y respetado, y que está más allá del consenso circunstancial”.[27]

 

En la presentación de este documento Francisco plantea su objetivo: “hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad”[28] basado en el reconocimiento de la dignidad, en la convicción de la importancia de la comunidad como mecanismo de sostén y ayuda mutua para crecer hacia adelante, en la creencia de que los sueños se construyen juntos, de que todos somos “hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos”[29] y de que hay riqueza en la fe, las doctrinas y la voz de cada uno.

 

Saludo el trabajo de este autor, a quien deseo enjundia para continuar difundiendo sus reflexiones; sin embargo, desagrada la ausencia de eco y repercusión que su llamado tiene en el mundo. Para ejemplos, basta con abrir el periódico:

 

  • “Estados Unidos se reserva millones de vacunas contra el covid-19 que hacen falta en el mundo, en un acto que muestra su voracidad imperial”.[30]
  • México, nación de alta emigración, ocupa el segundo lugar en la escala mundial con 11.8 millones de personas viviendo fuera. Por su parte, la recepción de migrantes en la nación ha sido limitada: en 2020, un millón de personas extranjeras vivían en México, la mayoría provenientes de Estados Unidos, lo que denota un fuerte vínculo migratorio entre ambos países.

 

En el complejo panorama de la migración, México constituye a su vez un país de tránsito. La población migrante devuelta por autoridades mexicanas a Guatemala, Honduras y El Salvador sumó un total de 86 000 eventos en 2019. Es notable el aumento de migración femenina: en 2019 fueron regresadas 42 mujeres por cada 100 hombres. Se registra también un incremento en la afluencia de niñas, niños y adolescentes.[31]

 

  • De 2017 a 2020 los feminicidios en el país se incrementaron de 7 a 10.5 por día. La coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, María de la Luz Estrada, refirió que de 2015 a 2019 se cometieron 15 804 asesinatos de mujeres; de ellos, 3 751 se investigaron como feminicidios, es decir, 23.7 %. En 2019 fueron asesinadas 3 825 mujeres, y 1 006 de estos casos son investigados como feminicidios.[32]
  • La organización Idheas Litigio Estratégico en Derechos Humanos comunicó que durante el año de pandemia se registró un alza de 1.4 % en los casos de feminicidio en el país y también creció el número de mujeres y niñas desaparecidas de manera forzada; que, del total histórico de personas desaparecidas, la cuarta parte son mujeres, y de ellas, 90 % son niñas de entre 10 y 17 años. En 2021 se ha reportado la desaparición de 110 mujeres, de las cuales la mayoría tiene entre 15 y 19 años.[33]

 

Se reitera, pues: ¿en quiénes tienen eco o repercuten las palabras de Francisco? Cierto es que, como él reconoce, han surgido “nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales”.[34] Sin duda, falta mucho por hacer, se requiere construir de abajo hacia arriba, a la inversa de la orientación vigente, depositando la confianza en la “tarea educativa, el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente, la hondura espiritual... de tal modo que sea la misma sociedad la que reaccione ante sus inequidades, sus desviaciones, los abusos de los poderes económicos, tecnológicos, políticos o mediáticos”.[35]

 

Conclusiones

La lectura de este documento en primera instancia emociona y cautiva; para muchos, pertenecientes a diferentes épocas, territorios, géneros y niveles educativos, soñar en un mundo mejor siempre ha sido un ideal, un anhelo pretendido.

 

Las interrogantes surgen después, cuando se reconoce lo planteado, las contradicciones y también lo faltante:

 

  • ¿Es posible ser hermanos en un mundo en el que priman instituciones que enfatizan las jerarquías y el autoritarismo?
  • ¿Por qué Francisco hace referencia constante a personajes que no pertenecen al territorio del pontificado?
  • ¿Por qué no se reconocen las experiencias alternativas llevadas a cabo por obispos, sacerdotes y monjas que prestan sus servicios en diferentes espacios, indígenas, mujeres, movimientos para la atención a migrantes?
  • ¿Por qué no se menciona el esfuerzo de pueblos como Cuba, Venezuela y Bolivia, que han sufrido el embiste del imperialismo?

 

A pesar de todo, los faltantes no merman las bondades del discurso porque, al ser esbozados o delineados mediante la transdisciplinariedad, es posible que en el futuro se materialicen y sean por fin nombrados y tomados en cuenta.

 

Las nociones vertidas constituyen un breve resumen; habrá necesidad de continuar construyendo una teoría que contribuya a comprender y explicar las consecuencias del sistema en que vivimos y la gama de realidades existentes a través de un dialogo respetuoso y diverso.

 

Sin duda es necesario continuar haciendo ejercicios críticos y autocríticos para que, desde diferentes posiciones, vulnerabilidades y privilegios, en lo individual y lo colectivo, se construyan condiciones para un mundo más justo e igualitario.

 

Quiero finalizar con un fragmento de “El derecho a delirar”, de Eduardo Galeano: “Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo”.

 


* Universidad Pedagógica Nacional, unidad Ajusco.
[1] Fratelli tutti, numeral 2.
[2] Ibidem, numeral 4.
[3] Ibidem, numeral 9.
[4] Ibidem, numeral 1.
[5] Ibidem, numeral 6.
[6] Ibidem, numeral 1.
[7] Ibidem, numeral 33.
[8] Ibidem, numeral 94.
[9] Ibidem, numeral 99.
[10] Idem.
[11] Ibidem, numeral 233.
[12] Ibidem, numeral 142.
[13] Ibidem, numeral 249.
[14] Ibidem, numeral 110.
[15] Ibidem, numeral 271.
[16] Ibidem, numeral 285.
[17] Ibidem, numeral 32.
[18] Ibidem, numeral 53.
[19] Ibidem, numeral 205.
[20] Ibidem, numeral 40.
[21] Ibidem, numeral 129.
[22] Idem.
[23] Ibidem, numeral 133.
[24] Ibidem, numeral 138.
[25] Ibidem, numeral 7.
[26] Ibidem, numeral 220.
[27] Ibidem, numeral 211.
[28] Ibidem, numeral 8.
[29] Idem.
[30] “Rayuela”, La Jornada, México, 13 de marzo de 2022, contraportada, recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2021/03/13/contraportada.pdf
[31] G. Rodríguez, “Migración en 2020”, La Jornada, México, 23 de octubre de 2020, recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2020/10/23/opinion/018a2pol
[32] J. Xantomila, “onu: Feminicidios en México crecieron diariamente de 7 a 10 en tres años”, en La Jornada, México, 5 de marzo de 2020, recuperado de: https://www.jornada.com.mx/ultimas/sociedad/2020/03/05/onu-feminicidios-en-mexico-crecieron-de-7-a-10-diarios-en-tres-anos-8647.html
[33] E. Olivares, “Alza del 1.4% en casos de feminicidio durante año de pandemia: Idheas”, La Jornada, México, 8 de marzo de 2021, recuperado de: https://www.jornada.com.mx/notas/2021/03/08/sociedad/alza-del-1-4-en-cas...
[34] Fratelli tutti, numeral 11.
[35] Ibidem, numeral 167.

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Resumen
La autora problematiza a partir del análisis del discurso las referencias, propuestas y objetivos de la reciente Encíclica del papa Francisco, emitida a principios de octubre de 2020. Sus reflexiones nos ayudan a redimensionar la complejidad de los problemas globales que denuncia con pericia Francisco y las dificultades en el camino hacia “la justicia y fraternidad universal”, así como las implicaciones derivadas del sentido y las significaciones que construyen sus interpelados: ¿En quiénes tienen eco o repercuten las palabras de Francisco?

Palabras clave: Fratelli tutti, discurso religioso, sentido y significación.

 

Abstract
The author problematizes from the analysis of the discourse the references, proposals and objectives of the recent Encyclical of Pope Francis, issued at the beginning of October 2020. His reflections help us to resize the complexity of the global problems that Francis expertly denounces and the difficulties on the road to "universal justice and fraternity", as well as the implications derived from the meaning and meanings that build his questions: In whom do the words of Francis echo or affect?

Keywords: Fratelli tutti, religious discourse, meaning and significance.

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