Los invisibles del 68

Colectivo Memoria en Movimiento 1967-1971, 1968. Estudiantes politécnicos en lucha, México, Toma y Lee Editorial, 2020

Carlos San Juan Victoria*

En el 50 aniversario del movimiento estudiantil del 68 cristaliza una revolución en la narración de su pasado. Al relato heterosexual, universitario, de los liderazgos y de la clase media lo enriquecen, corrigen y matizan las voces de mujeres, de otras escuelas y de los brigadistas proletarios o de clase media baja. Es el caso del Colectivo Memoria en Movimiento 1967-1971, que agrupa a brigadistas de varias escuelas del IPN y que en este libro aporta la idea de un movimiento continuo, iniciado desde una huelga solidaria con la Escuela de Agricultura Hermanos Escobar en el año de 1967, que recorre los meses álgidos de la movilización y termina su asentamiento estudiantil en 1971, para proseguir en ejidos, pueblos y sindicatos, en una ola juvenil, ahora con escaso registro, en busca del pueblo.

 

En este libro se rescata el papel iniciador e innovador de los politécnicos para crear las organizaciones básicas del futuro gran movimiento, la coordinación instantánea de escuelas, la asamblea como centro de decisión y legitimidad, las brigadas. Recuperan así su gran aporte a las movilizaciones pacíficas y las batallas abiertas entre estudiantes, la policía y el ejército antes del 2 de octubre, y el cambio de vida que sufrieron los aspirantes a ingenieros, médicos, biólogos, economistas y físico-matemáticos, que en ocasiones migraron hacia pueblos, comunidades y sindicatos, y cambiaron radicalmente su futuro.

 

Es un libro peculiar, fruto de la organización y movilización de los exbrigadistas, costeado con sus propios fondos, de gran formato y formación cuidada, con fotos, volantes y una muestra de la gráfica del movimiento, que en ese entonces estuvo nutrida por los talleres gráficos de las principales escuelas de arte, la Esmeralda, la Academia de San Carlos y la Escuela Nacional de Artes Plásticas.

 

Éstas son algunas de sus voces, fragmentos apenas que quieren incitar la curiosidad del lector para encontrarse con un gran libro:

 

“Presentación”. Felipe de Jesús Galván Rodríguez, estudiante de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, IPN, 19 años en 1968, p. 13

 

Hace cincuenta años teníamos alrededor de veinte años, hoy contamos, a lo sumo, con veinte años de vida; y ese es el tiempo que nos queda para hacer cosas. Porque los sesenta o setentaitantos años que hemos vivido, están gastados. Por eso ahora hemos decidido escribir de aquello que hicimos los que poco hemos escrito [...] Vivimos como estudiantes en el IPN desde la breve huelga solidaria y triunfante de la Escuela de Agricultura Hermanos Escobar en 1967, hasta el genocidio echeverrista del 10 de junio de 1971 [...] Pocos y poco hemos escrito, permitiendo con ello generar visiones desde parciales hasta mitómanas o ignorantes que reza textos (de cuyo autor preferimos ni recordar su nombre) como el siguiente: “el movimiento se inició en la UNAM, después se sumaron los politécnicos”...

 

“Una chispa puede encender la pradera. La represión gubernamental provoca la revuelta estudiantil”, pp. 39-40

 

La noche del 26 de julio, decenas de jóvenes golpeados de las vocas 2 y 5 llegaron a Economía del Politécnico en el Casco de Santo Tomás para informar sobre la represión. Había un festival de música de protesta con Judith Reyes. Al pedir la palabra y narrar la represión, el festival se constituyó en asamblea y demandaron el cese de los jefes policiacos y el deslinde de responsabilidades; votaron por el paro de actividades. [...] Las luces de alerta se prendieron entre los líderes y organizaciones democráticas de las Escuelas de Zacatenco, el Casco y las vocacionales. De inmediato se organizaron y citaron a una reunión el sábado 27 de julio y acordaron llevar a cabo asambleas en todas las escuelas del Politécnico el lunes 29 de julio para votar el paro de clases en apoyo a las vocacionales 2 y 5, y a las preparatorias universitarias [...] Ese sábado 27 de julio, una tras otra, las escuelas profesionales de Zacatenco, el Casco de Santo Tomás y las Vocacionales declararon el paro y se aprestaron a entablar comunicación y coordinación con las escuelas y facultades universitarias, para que se sumaran al paro estudiantil [...] Cabe recordar que hacía menos de un año, los politécnicos organizamos una huelga en apoyo a la Escuela de Agricultura Hermanos Escobar de Ciudad Juárez, y había sido muy exitosa. Allí ensayaron la organización por representantes; allí practicaron las movilizaciones y el asambleísmo como método democrático de decisión.

 

“Un rayo de esperanza. Vivencias en el Movimiento Estudiantil de 1968”. Myrthokleia Adela González Gallardo, del Instituto Técnico Industrial Wilfrido Massieu, IPN, 23 años en 1968, pp. 219-220

 

Hice mis estudios superiores en la Escuela Técnica Industrial Wilfrido Massieu del Instituto Politécnico Nacional y fui representante de mi escuela ante el Consejo Nacional de Huelga. En un principio, los compañeros querían que yo me quedara en la cafetería para que les hiciera de comer, ya que era la única mujer. Pero no acepté. Yo quería conocer cómo estaban organizados y quiénes participaban en el CNH [...] El 27 de agosto, después de que terminó la enorme manifestación que culminó en el Zócalo, nos rodeó el ejército. Soldados con bayoneta calada y tanques. Todos gritaban: “júntense y no corran”, pero veíamos cómo aplastaban a algunos de nuestros compañeros y corríamos para todos lados... [...] El 18 de septiembre, cuando el ejército tomó la Universidad, yo me encontraba allí con el profesor Heberto Castillo, Marcelino Perelló y otros estudiantes. Nos avisaron y vimos que se acercaba el ejército y rodeaba los edificios con los tanques y carros militares. Algunos gritaban: “¡corran, suban a los árboles!” Yo corrí entre las tanquetas hacia la Facultad de Odontología. Seguí corriendo, logré subir al toldo de un carro y brinqué la barda de piedra que está frente a esa escuela. Varios estudiantes y yo corrimos hacia la iglesia que está enfrente. Tocamos a la puerta, nos abrieron y nos protegieron [...] en la mañana [del 2 de octubre] asistí a una asamblea del CNH cuyo objetivo era preparar el mitin que se realizaría por la tarde en Tlatelolco para exigir el retiro del ejército y de las fuerzas federales del Casco de Santo Tomás, sede principal del Politécnico. Al llegar, un compañero me comentó: “Ya que las mujeres están trabajando tan fuertemente, les corresponde el papel de maestras de ceremonias”. Nos propusieron a mí, por parte del IPN, y a la compañera Marcia Gutiérrez, de la Escuela Nacional de Odontología de la UNAM. Se llevó a cabo la votación y por un voto gané yo. Florencio López Osuna y José David Vega me ayudaron a elaborar el discurso con el cual presentaría a los oradores que participaran en el mitin.

 

“Segundo ataque a la Vocacional 7, Tlatelolco”. Iván Jaime Uranga Favela, alumno de la Vocacional 7, 17 años en 1968, p. 184

 

Las balas esparcían fragmentos de vidrio, zumbaban por nuestras cabezas, desprendían pedazos de pared y techo. Por un momento cesaron. Al intentar incorporarme, volvieron con más intensidad mientras mantenía mi cara y mi cuerpo lo más pegado que podía al piso, inerte, inmóvil. Desde esta posición, observaba cuatro o cinco cuerpos de compañeros totalmente quietos cercanos a mí, pero no percibía sangre. Los disparos cesaron. No me moví. Desde el suelo y hasta donde alcanzaba a ver, no se veía ningún movimiento. No se escuchaba ruido alguno. Todo era silencio, y lo primero que cruzó por mi mente fue, estamos muertos.

 

Humberto Campos Meza, alumno de la Escuela Técnica Wilfido Massieu, IPN, 16 años en 1968, pp. 240-241

 

La defensa del Casco de Santo Tomás, sucedida el 23 de septiembre, fue la batalla más fuerte que se dio en el movimiento del 68. Empezó a las seis de la tarde del 23 y terminó hacia las seis de la mañana del día siguiente. Organizamos esa batalla entre varios compañeros de las diferentes escuelas del Casco. Nuestra consigna es que antes de ser médicos o ingenieros, teníamos que ser primero hombres. Teníamos claro que, pasara lo que pasara, defenderíamos a nuestras escuelas, nuestra libertad y dignidad. Un querido amigo, Linares, de la ESCA, falleció en esta defensa, fue secuestrado y cercenado. Su cuerpo apareció en un locker de la Escuela de Medicina al día siguiente. Estaba tan golpeado que era prácticamente irreconocible. Aprovecho este medio para agradecer a todos esos vecinos que me prestaron ayuda a mí y a mis compañeros para que pudiéramos salir de la batalla del Casco vivos. También agradezco a los jóvenes de la colonia Anáhuac, Tlatilco y Tlaxpana que se nos unieron en la lucha contra los soldados y granaderos represores.

 

José Guillermo Palacios Suárez, estudiante de la Prevocacional 4, IPN, 18 años en 1968, pp. 246-247

 

Contra los granaderos podemos, contra el ejército es otro cantar, pero también los podemos enfrentar. No tenemos su armamento, pero tenemos mucho ingenio y mucha dignidad, dijo en asamblea de la Vocacional 7 la Tere Cuéllar. En los talleres de ingenio, creatividad... y mucha dignidad nos preparamos, acopiamos aceite, mucho aceite, incluso quemado, del que desechan en los talleres de servicio. Juntamos tubos de PVC. Encargamos a compas de Tultepec lo más que se pudiera de cohetes de los que se usan en las fiestas tradicionales de los pueblos.

 

Canicas, muchas canicas. También tachuelas, un chingo de tachuelas. En los talleres de las Vocacionales 3 y 7 y de la Wilfrido Massieu, afilamos electrodos, de esos que se ocupan en la soldadura eléctrica. Y en los talleres de soldadura se fabricaron ballestas: un tramo de solera soldado en la punta media a un tramo de ángulo; en los extremos de la solera curveada, perforaciones para pasar un tramo de cable de acero: el resultado es una ballesta hechiza. Ése era nuestro arsenal, claro, aparte de nuestras compañeras entrañables de siempre: las molotov y piedras de siempre, complementadas ahora con resorteras y hondas [...]

 

—Y mira lo que son las cosas, Myrtho; 23 de septiembre: 1956, 1965, 1968. En 1956, el ejército tomó el Casco de Santo Tomás para clausurar el internado y el comedor estudiantil, pero permaneció allí dos años. Hubo encarcelados y acusados de “disolución social”, dirigentes como Nicandro Mendoza, y expulsados muchos otros, uno de ellos representante de la Prevocacional 4: Arturo Gámiz García.

 

—¿El mismo que se levantó en armas en Chihuahua en 1965?

 

—El mismo que el 23 de septiembre de 1965 intentó tomar el cuartel.

 

Luis Meneses Murillo, estudiante de la Escuela Superior de Físico-Matemáticas, IPN, 17 años en 1968, p.105

 

Como lo afirmé con anterioridad, al salir de la escuela, me fui incorporando a los movimientos campesinos del norte del país. En Sonora, he participado de manera permanente de 1977 a la fecha. Participé en la formación de las nuevas organizaciones regionales, como Fondos de Autoaseguro Agrícola, Asociaciones Rurales y Uniones Ejidales, y finalmente fui promotor y fundador de la UNORCA (Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas), la cual dirigí nacionalmente de 1989 a 1997, año en el que entré como diputado federal de mayoría por el Distrito 7 de Sonora por un partido de izquierda. Así, sobre todo en los años setenta y ochenta, muchos otros compañeros y compañeras se integraron en otros movimientos campesinos, participaron en luchas sindicales, magisteriales y sindicales universitarias; se incorporaron como profesores en nuevas escuelas públicas, como los CCH y la UAM o, como en mi caso, en escuelas y universidades en varios estados de la república.

 

Severiano Sánchez Gutiérrez, estudiante de la Escuela Superior de Físico-Matemáticas, IPN, 18 años en 1968, p. 129

 

En agosto de 1972, me incorporé a una zona indígena del sur de Sonora, con el propósito de iniciar mi reeducación ideológica para transformarme de un joven de ciudad a un trabajador del campo, autosuficiente y dedicado a la labor de concientización de los campesinos. En esos años de persecución, por seguridad corté toda comunicación con mis familiares y amigos.

 

En 1974 trabajé durante un año como obrero, en sindicatos de la construcción y las maquiladoras que se ubican en la ciudad de Nogales, Sonora. Ahí desarrollamos varios movimientos en coordinación con la liga de soldadores, por mejores salarios, seguridad social y derecho a la creación de sindicatos de trabajadores.

 

En 1975 me trasladé a la zona de Naucalpan, Tlalnepantla y Azcapotzalco, en donde había un auge de movilizaciones de trabajadores de empresa, incorporándome al trabajo como obrero, para desde dentro de la fábrica impulsar los sindicatos independientes. La represión y la persecución hacia nosotros los activistas era muy intensa porque en esos años la Liga Comunista 23 de Septiembre distribuía su periódico Madera y la policía detenía parejo, tanto a los de la liga como a los activistas obreros.

 

En 1978 me proponen reforzar el trabajo de organización en la sección 147 del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares ubicado en Monclova, Coahuila, la cual contaba con 14 mil obreros en tres turnos de la empresa Altos Hornos de México. De inmediato me contrato como obrero dando inicio a la organización departamental en coordinación con un grupo de obreros que ya venían luchando desde 1975.

 

Mario Ortega Olivares, estudiante de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, IPN, en 1968, p. 164

 

En la primera mitad de 1968, descubrí el libro París, la revolución de mayo, de Carlos Fuentes, en una antigua librería. Su lectura me despertó sueños de libertad, pero nunca creí que algo semejante pudiera ocurrir en un México tan deprimido [...]

 

Formamos [luego del 68] un grupo de teatro popular con el apoyo de los Mascarones. Tras llegar a los barrios o escuelas, se improvisaban actos o sketches de tipo carpero. Al terminar la función, se abría un debate horizontal. Nuestro grupo se llamó Héctor Jaramillo, en memoria del querido compañero desaparecido por la represión diazordacista. Solíamos actuar con el poeta Leopoldo Ayala, Beatriz Münch y el pintor José Hernández Delgadillo. Junto con ellos constituimos el Faro, acrónimo del Frente de Arte Organizado. También se promovió el teatro comunitario en un galerón del Campamento 2 de Octubre, ubicado en la Zona Expropiada de Iztacalco-Iztapalapa, por invitación del legendario Pancho de la Cruz.

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

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