Los mineros toman la palabra

VV. AA., Los mineros toman la palabra, 2a. ed., México, Sección 17 del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana, 2019

Iván Artión Torres Urbina*

Este libro es el resultado del proyecto de historia oral “Los mineros toman la palabra, Taxco 2019”, que llevó a cabo un equipo de trabajo conformado por habitantes de Taxco, en el estado de Guerrero, así como estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), convocado y coordinado por Francisco Pineda Gómez.[1]

 

Ese proyecto nació fuera de lo académico, como un esfuerzo colectivo que ayudara a llamar la atención, en primer lugar de la población de Taxco, sobre lo que implica el trabajo en las minas; sobre quienes día a día, por años y décadas dejan su vida debajo de la tierra, los obreros mineros; sobre las condiciones de vida de sus familias; sobre su larga lucha de huelga, que en 2019 cumplió 12 años, “en que las banderas rojinegras ondean en las entradas de las minas, por conseguir un trabajo digno, mejores condiciones de vida y seguridad, no sólo para ellos, sino para que nuevos trabajadores tengan un poco de certidumbre en el trabajo”.[2]

 

El equipo trabajó desde enero de 2019 para diseñar el proyecto, acordar la colaboración con la Sección 17 del sindicato minero, convocar públicamente a los mineros por medio de programas de radio locales, invitar a otros personalmente, realizar las entrevistas, transcribirlas, editarlas ligeramente, juntar fondos para la publicación del libro, diseñarlo, maquetarlo y publicarlo, para finalmente presentarlo, entregarlo y repartirlo[3] el 11 de julio del 2019 en el auditorio del local sindical minero de Taxco, en la conmemoración del día del minero.

 

El libro fue publicado bajo autoría colectiva para enfatizar el carácter colaborativo del trabajo, tanto del equipo como de quienes prestaron su voz y contaron sus historias de vida.

 

Que esas voces, sus historias y sus memorias emerjan, enredadas en cada letra y cada palabra que componen este libro. Que sus palabras nos permitan asomarnos a sus vidas, como obreros mineros; a su dignidad; a sus dolores y rabias. Pero también, al orgullo de ser quienes son y mirarse las manos y la vida llenas de trabajo e historia.[4]

 

Fue financiado colectivamente y publicado de forma autónoma bajo el sello de la propia Sección 17 del Sindicato Minero y distribuido de manera gratuita, primero, entre las familias mineras y habitantes de Taxco, y más adelante durante el homenaje póstumo realizado a Francisco Pineda Gómez, en el posgrado en Antropología Social de la ENAH.

 

El libro se compone de las historias de vida de 21 obreros mineros, activos y jubilados; tres mujeres participantes activas de las Guerreras de Plata, organización conformada por mujeres de las familias mineras; y un relato autobiográfico que fue entregado por escrito. Se compone de tres partes:

 

  • Entrevistas individuales: Saúl Castrejón Carteño, Rufino Lagunas González, José Inés Covarrubias Calixto, Ángel Soto Castañeda, Álvaro García González, Guillermo Macedo Sánchez, Roberto Ocampo Reyes, Jesús Aguilar Naranjo, Manuel Embriz Gómez, Refugio Martínez Hernández, Eusebio Roa Martínez, Florentino Sotelo Alanís y Apolinar Maximino Bahena Avilés.
  • Entrevistas de grupo: a) Guerreras de Plata: Alicia Labra Pereyra, Rosa Martínez Damián y Felícitas Ramírez Ávila; b) Miguel Guzmán, Sergio Peñaloza y Salvador Quinto; c) Víctor Sánchez Silva, Salvador Rivera y Jesús Almeralla; d) Jesús Lagunas Pérez y Valdemar Díaz Menes.
  • Memoria escrita: Tesifonte Astudillo Escarramán.

 

En este libro, desde las voces mineras que se levantan en sus páginas, uno se puede asomar a qué implica ser minero y trabajar bajo tierra, a altas temperaturas y niveles de humedad, entre humo y gases; siempre amenazados por la muerte, y perseguidos por la memoria que se impregna en donde compañeros, amigos y familiares han muerto. Un trabajo que, señalan con insistencia, tiene horario, pero nunca se sabe si terminarán la jornada con vida, lo cual mantiene una constante angustia que pesa sobre las familias; en el que llegar a jubilarse no implica escapar de la mina, pues los persigue en forma de enfermedades relacionadas con su trabajo. Un trabajo del que se extraen inmensas riquezas y, sin embargo, ellos y sus familias van siempre perseguidos por la pobreza, enfrentado un constante desprecio de las instituciones gubernamentales, las empresas y, en no pocas ocasiones, también de la población. Un trabajo envuelto en total oscuridad, en donde la lámpara significa vida; pero también, que les enorgullece, porque implica vigor, conocimiento, relaciones fraternas, con el que no pueden dejar de construir sus sentidos identitarios. Considerando todo esto se puede comprender la insistencia de los mineros en mantener la huelga hasta hoy, a más de 14 años de iniciada, y su añoranza por volver a escuchar la sirena de la mina anunciando el regreso al trabajo.

 

El equipo de apoyo anuncia por qué decidieron que fueran las voces mineras las protagonistas del libro, y que ellos pasaran a segundo plano:

 

Esto es lo que uno podrá encontrar, no en la voz de quienes conformamos el grupo de apoyo, sino en la de estos hombres, obreros mineros, y estas mujeres, esposas, nietas, compañeras de vida y lucha. Su voz directa es la que habla aquí y la que importa. Por eso el título es Los mineros toman la palabra. No seremos nosotras y nosotros quienes intentemos hablar por ellos, ni los que hablaremos de ellos. ¡Son ellos mismos los que tienen la palabra tomada! Nosotras, nosotros, quienes colaboramos en este proyecto, a lo más, agradecemos sus historias, sus voces, sus palabras y les rendimos un pequeño e insignificante homenaje a sus vidas, a su trabajo, a su dignidad, y como regalo, les ofrecemos lo único que también nosotros tenemos en nuestras manos: nuestro trabajo.[5]

 

También son enfáticos en expresar los motivos que originaron el proyecto y el libro, situado fuera de lo académico, desde una participación y militancia social, negándose a que sus voces opacaran las de los mineros, verdaderos protagonistas de sus propias historias, trabajo y vida.

 

En este mundo, controlado por quienes se hacen ricos a costa del trabajo de nosotras y nosotros, nos enseñan a maravillarnos con las riquezas; a admirar a quienes las poseen; a anhelar ser como ellos; a embelesarnos con lo que nos venden. Y al mismo tiempo nos enseñan a ignorar a quienes con sus manos y sus vidas trabajan día a día, ya sea en una fábrica, en el campo, en el taller, en la oficina, en los mercados, en las calles y las plazas, o como en este caso, en las minas [...] En una región minera, como Taxco, se admira su catedral y sus iglesias; sus callejuelas que van serpenteando entre cerros; la plata que se luce y se vende en los escaparates y tianguis. [...] Pero poco o nada se habla de estos trabajadores que rascan con sus manos en la tierra, día a día, hora a hora, soportando la asfixia, el calor y la oscuridad.[6]

 

Desde aquí se asoman también los objetivos que se propusieron llevar a cabo el proyecto y la publicación del libro, de la forma en que lo hicieron.

 

Esperamos que [...] quien lea este material, sea familiar de un minero, sea habitante de Taxco y los poblados de la región o de otras partes del país y del mundo, pueda conocer la vida y el trabajo minero, sentir respeto por su dignidad, sentir admiración por su trabajo, sentir indignación ante las condiciones en que los empresarios mineros los hacen trabajar, no sólo aquí sino en cualquier parte del mundo. Y esperamos, esto sirva para darnos cuenta de la importancia que tienen las y los trabajadores en general, y en este caso en particular, los mineros y su trabajo, así como su lucha por defender su dignidad y sus derechos, por los que todos deberíamos de luchar.[7]

 

Por último, es importante nombrar al grupo de apoyo, que estuvo conformado por Dulce María Rebolledo, Marisa Pineda Gómez, Rosa Virginia Pineda Gómez, Salvador Ávila, Rodrigo Espino, Lya Naranjo, Alma Rosa Gutiérrez, miembros de familias originarias de Taxco; Monserrat Cabrera Castillo, Alejandra del Ángel Romero, Tesia Cruz Loustaunau, Patricia Rodríguez, Víctor Manuel Guerra García, Jimena Guadalupe Lozano Gracia e Iván Artión Torres Urbina, estudiantes de licenciatura en Historia y de los posgrados en Historia y Etnohistoria y en Antropología Social de la ENAH; Pablo Camacho y María de los Ángeles Garza. Fuimos convocados y coordinados por Francisco Pineda Gómez, en lo que sería su último proyecto, en el cual es un orgullo haber participado.

 


* Profesor de asignatura en las licenciaturas en Etnología y Antropología Social y doctorante en Antropología Social, ENAH.
[1] Francisco Pineda Gómez fue un comprometido luchador y militante social originario de Taxco, Guerrero. Dedicó su investigación, por alrededor de 30 años, a escudriñar la historia social y militar del Ejército Libertador del Sur y su amplio proyecto revolucionario. Autor de la tetralogía publicada por Editorial Era: La irrupción zapatista. 1911 (1997), La revolución del sur. 1912-1914 (2005), Ejército Libertador. 1915 (2013) y La guerra zapatista. 1916-1919 (2019); y profesor del posgrado en Antropología Social de la ENAH, falleció en septiembre del 2019.
[2] VV. AA., Los mineros toman la palabra, p. 8.
[3] Ibidem, p. 9.
[4] Ibidem, p. 7.
[5] Ibidem, p. 10.
[6] Ibidem, pp. 7-8.
[7] Ibidem, p. 10.

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VV. AA., Los mineros toman la palabra, 2a. ed., México, Sección 17 del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana, 2019

Iván Artión Torres Urbina

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