“Vidas ejemplares”: la historieta en los proyectos culturales de las derechas en México (1954-1974)

Gabriela Díaz Patiño*

 

Este trabajo analiza por qué y cómo surgió la idea de editar una revista de historietas[1] como parte de un proyecto cultural que unificó las preocupaciones sociales, morales y educativas de un grupo de las derechas ideológicas del país. Para este caso concreto, ese grupo de derechas estaba representado por un sector de la clerecía[2] y por una empresa editorial de mediados del siglo XX.[3] El jesuita José Antonio Romero, director de la editorial Obra Nacional de la Buena Prensa, y el empresario mexicano Luis Novaro, dueño —junto con su medio hermano Octavio— de los talleres tipográficos Novaro Editores-Impresores, se asociaron en 1954 para dar vida a una publicación, bajo el formato de historieta, llamada Vidas Ejemplares.

 

El inusitado formato a través del cual decidieron emprender un proyecto de difusión religiosa el padre Romero y el señor Novaro despierta una serie de cuestionamientos dado que en los años cincuenta la historieta había sido duramente criticada y atacada por la clerecía nacional y por diversos grupos sociales.[4] Conocer las motivaciones para crear una historieta confesional católica impresa con una técnica moderna de alta calidad y el alcance internacional que logró Vidas Ejemplares —se distribuyó prácticamente en toda Hispanoamérica— a lo largo de sus veinte años de publicación (1954-1974) nos permite ahondar en un aspecto poco estudiado: los proyectos culturales de las derechas en México, cuyo objetivo entonces era delinear los valores que, a su juicio, debían regir a la sociedad. Así, a través de la trayectoria de una historieta, el presente artículo se propone establecer algunos elementos que ayuden a caracterizar a las derechas religiosa y empresarial del México de la segunda mitad del siglo XX.

 

Nace Vidas Ejemplares

 

El 1 de mayo de 1954 los amantes de los comics o historietas que acudieron a los kioscos de revistas encontraron una novedad del género editorial. Con una elocuente portada —del ilustrador Jorge Alfaro— se anunciaba la vida ilustrada de “San Felipe de Jesús. Protomártir mexicano” (figura 1) Y no podía ser de otra manera: el número 1 de la primera revista de historietas confesional católica mexicana debía mostrar la vida y martirio del primer santo mexicano.[5]

 

 

Bajo el sello editorial de Ediciones Recreativas, con una extensión de 36 páginas impresas a color y con una distribución internacional que incluía varios países de América Latina, además de Estados Unidos y España, Vidas Ejemplares se anunciaba como una revista mensual.[6] La dirección editorial estaba en manos del padre José Antonio Romero y su diseño impreso corría a cargo de Novaro Editores, S. A., para quienes, cabe señalar, Vidas Ejemplares también representaba su primer esfuerzo de publicación propia, pues hasta ese momento se habían dedicado a la reedición en español de comics estadounidenses (figuras 2 y 3).

 

 

 

El proyecto de producción de Vidas Ejemplares estuvo pensado desde un inicio para ser verdaderamente competitivo.[7] El contacto entre nuestros dos personajes ocurrió a principios de 1954. En un encuentro casual y con el conocimiento de la preocupación del padre Romero por encontrar medios para difundir la moral y la doctrina cristiana, Luis Novaro —que en ese momento ya dominaba el arte y comercialización de las historietas en México e Hispanoamérica— le propuso “la creación de una revista especializada en la vida de los santos, tratando en sus biografías el aspecto humano pero con el interés, la amenidad y la calidad artística necesarios para triunfar en toda la línea, en México y fuera de México”.[8] La propuesta incluía al padre como director de la revista.

 

En su primer número Vidas Ejemplares anunciaba los principios en los que se sustentaba. Sería una revista “de dignificación y consagración” y, si bien iría dirigida a la niñez, su lectura “interesará también a los mayores”. Se especificaba que “se presentará en forma ilustrada y episódica” la vida de santos, mártires y beatos como ejemplo de vida cristiana, haciendo énfasis en que el diseño de historieta tenía el objetivo de “buscar la amenidad para despertar el interés” pero que “campea el más escrupuloso respeto hacia la verdad histórica”.[9]

 

La base narrativa de Vidas Ejemplares parte de un guion que resume en una página la vida del protagonista. El guionista principal de la colección fue el padre Carlos de María y Campos, S. J., quien escribía breves descripciones apologéticas y cronológicas basándose en obras biográficas a las que generalmente hacía referencia. Labor fundamental en la composición de la historieta era la del adaptador literario, el poeta Javier Peñalosa Calderón.[10] La responsabilidad artística y el dibujo corrieron a cargo de varios ilustradores reconocidos a la sazón en el campo de la historieta nacional: María Isabel Camberos, Alfonso Tirado, Antonio Cardoso, Xorge Chargoy y Eduardo Lozano, entre muchos otros.

 

El éxito de la revista fue inmediato. Las historias de la vida tanto de los santos más conocidos de todo el mundo como las de los mártires y beatos, laicos o religiosos que no habían sido canonizados hasta ese momento —como Martín de Porres, Edith Stein o Maximiliano Kolbe— se reveló como un nicho de gran interés para el público hispanoamericano.[11] En 1958 se pensó en dar a la luz el primer número especial o comic book de la serie,[12] con más de ochenta páginas (figura 4). Luego, en enero de 1960 Vidas Ejemplares pasó a ser una publicación quincenal, comenzando a reproducir números anteriores.[13] El padre Romero murió el 24 de abril de 1961; el último número bajo su dirección fue el 109, dedicado a Margarita María Alacoque. En ese momento Vidas Ejemplares tenía un tiraje aproximado de medio millón de ejemplares al mes destinado a toda Hispanoamérica.[14]

 

 

Los sucesores en la dirección de Buena Prensa, primero Enrique Torroella, S. J. (1961-1962) y después Wilfredo Guinea S. J., este último hasta 1997, continuaron en la dirección estructural y creativa del proyecto editorial. Al padre Guinea le tocó también el traspaso de la editorial Novaro a la familia Alemán en 1964. Desde luego, estos avatares implicaron algunas modificaciones en la presentación artística de la revista; por ejemplo, el formato cambió del tamaño “Golden Age” a “Grapa”.[15] Por su parte, los nuevos ilustradores mantuvieron el estilo realista y figurativo manejado durante la dirección del padre Romero. A principios de 1972 cambió la tipografía del título, dando un toque más “contemporáneo” a la revista. Una primera época de la serie concluyó con el número 364, dedicado a San José Cafasso, en el cual se anunciaba una nueva etapa de la historieta que contendría Episodios Bíblicos, con la que llegaría a su fin el proyecto editorial (figura 5). El 25 de marzo de 1974, con el número 416, terminó Vidas Ejemplares debido principalmente a la crisis económica que enfrentó el país y que repercutió en la industria editorial por los altos precios del papel; la situación obligó a muchas editoriales a tomar medidas para abatir costos. Editorial Novaro redujo el tamaño de sus revistas, perdiendo con ello también en calidad de diseño e impresión.

 

 

En 1985 editorial Novaro terminó por ceder los derechos de Vidas Ejemplares a Buena Prensa, que inició una segunda época de la revista reeditando los números de la primera con un tiraje de cincuenta mil ejemplares (figura 6). Aunque esa segunda época terminó en 1998, todavía hoy circulan reimpresiones de algunos números bajo el sello de Buena Prensa (figura 7).

 

 

 

El éxito de la historieta durante más de veinte años provoca preguntar: ¿cuáles fueron las circunstancias que lo permitieron?, ¿en qué momento y por qué razones el clero católico decidió utilizar el lenguaje de la historieta para representar el modo de vida que pretendía imponer a la sociedad mexicana?, ¿cuáles fueron los motivos que movieron a un grupo empresarial para arriesgar capital e imagen al publicar una revista confesional?

 

La historieta mexicana bajo el influjo de la cultura católica

 

Después de la firma de los acuerdos de paz para dar fin al conflicto armado de 1926 a 1929, el padre José Antonio Romero —quien, cabe destacar, había fungido como secretario de la Delegación Apostólica encabezada por monseñor Leopoldo Ruiz y Flores— fue nombrado director de la Comisión de Prensa y Propaganda[16] del Comité Episcopal Mexicano en 1934. La comisión tenía como objetivos difundir los preceptos papales y establecer la Acción Católica en México.[17] La vía elegida para facilitar el acceso a la cultura católica fue la organización de “una buena prensa y buenos libros”. Uno de los frutos del paso del padre Romero por esa comisión fue la creación de varias publicaciones que darían más tarde pie a la editorial Obra Nacional de la Buena Prensa, cuya intención principal —siguiendo las consignas papales— era proporcionar a la sociedad “sanas lecturas” que, a la par de dar entretenimiento, señalaran los valores y principios morales y éticos defendidos por el catolicismo.[18]

 

Tanto la comunidad jesuita como la clerecía nacional identificaban al padre Romero como un hombre fuertemente interesado y hábil en las labores editoriales, por ello se le fueron asignando diversas tareas en ese terreno, mediante las que delineó nuevos parámetros en los sistemas de comunicación católica en el país.[19] Se convirtió así en una figura importante para la modernización del proyecto eclesiástico de restauración religiosa, conforme con las transformaciones en curso luego de los acuerdos de paz establecidos en 1929 entre la Iglesia católica y el Estado. El panorama político nacional, sobre todo durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas (1934-1940), obligó al episcopado nacional a reestructurar el proyecto de renovación religiosa emprendiendo acciones dirigidas a recuperar sus espacios de influencia en la sociedad. La intención era llegar al interior de los hogares.[20]

 

Si en el siglo XIX el peligro mayor para la institución eclesiástica había sido el desencanto religioso y la descristianización de la sociedad, en el periodo posrevolucionario lo representaba “la inmoralidad incontrolable” que las libertades “mal entendidas” estaban propiciando y que eran expuestas a través de los modernos medios de comunicación, incluidas las revistas de historietas.[21]

 

Las historietas: “peligros nocivos” para la niñez y la juventud mexicanas

 

A partir de los años treinta, en la medida en que se desarrollaba el proyecto revolucionario de modernización, el cual implicaba el avance hacia la industrialización del país y su consiguiente urbanización, la sociedad fue “asaltada” por nuevos comportamientos que cuestionaban las tradicionales estructuras familiares.[22] Aspectos como la creciente integración de las mujeres al campo laboral y profesional; el aumento de las clases medias que comenzaban a demandar espacios en el ámbito educativo, de salud, de vivienda y laboral; el incremento demográfico, que implicaba una sociedad con mayoría de niños y jóvenes y, por tanto, con nuevas necesidades, empezaron a amenazar el statu quo tanto del Estado como de la tradicional concepción católica de la familia, defendida por la clerecía nacional y por diversos sectores sociales.[23]

 

En ese contexto tuvo lugar un acercamiento inesperado entre la Iglesia católica y el Estado, representado por los gobiernos emanados del PRM hasta 1946 y por el PRI de Miguel Alemán (1946-1952) y de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958). En 1940 el presidente Manuel Ávila Camacho —último militar de la Revolución, pero con una postura moderada con respecto de Cárdenas— afirmó públicamente su fe católica e hizo la enmienda al artículo 3 constitucional —modificado por Cárdenas en 1934 con el ideal de implantar una educación socialista— que permitió el fortalecimiento de la institución eclesiástica en el país.[24] Además, bajo el gobierno de Alemán, el Estado, la Iglesia católica y ciertos grupos laicos conservadores coincidieron en implantar un código moral que debía regir los comportamientos de la sociedad.[25] Ambas instituciones se unieron en 1951 para establecer las estructuras que normarían esos códigos, a través de la conformación de la Comisión Nacional para la Moralización del Ambiente, presidida por el arzobispo de México, monseñor Luis María Martínez, y como subdirector el sacerdote jesuita José Antonio Romero.

 

Lo indecente para la moral católica y del Estado mexicano durante los primeros años posrevolucionarios se concentraba en los bajos instintos que la contemplación del cuerpo femenino podía provocar, poniendo en peligro el papel habitual de la mujer dentro del núcleo familiar. El debate giraba en torno a la pertinencia del trabajo femenino fuera del hogar, que trajo consigo cambios en la forma de vestir de las mujeres, en sus nuevos espacios de sociabilidad (teatro, salas de cine, clubs deportivos, bares, discotecas, etcétera), en su incorporación como actrices en el cine, en los clubs nocturnos y en otros aspectos. Todo esto hacía tambalearse los valores de castidad, abnegación y sumisión establecidos para la mujer por la tradicional moral católica, y sobre todo, el de la maternidad como función femenina por excelencia. Desde ese punto de vista, los procesos de modernización ponían en peligro a los jóvenes, quienes eran “fácilmente seducidos por las malas influencias”. Para los grupos más conservadores de la sociedad, los medios de comunicación masiva eran los agentes de difusión de “lo indecente”, porque a través de ellos se perfilaba a la mujer y a los jóvenes en los nuevos roles que la sociedad les imponía, y, en consecuencia, serían el principal blanco de las campañas moralizadoras, tanto de la jerarquía católica como del Estado. A medida que avanzaba el siglo XX, los medios de comunicación contrajeron un papel fundamental en la difusión y extensión de todas las transformaciones y exigencias socioculturales, y los jóvenes serían sus principales receptores. Radionovelas, películas, obras de teatro y publicaciones, principalmente comics e historietas, se convirtieron en los espacios para representar los cambios que exigían la modernización del país, las necesidades de la incipiente clase media y las nuevas actitudes de los jóvenes. La amplia gama de diversiones a las que éstos podían acceder, vistas como “libertinaje” por sectores conservadores, transformaron a los medios de comunicación en su principal enemigo. De esta forma, en el proyecto de moralización de la sociedad emprendido por la jerarquía católica y por los gobiernos priistas de Ávila Camacho, Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines coincidieron ambas instituciones con el fin de mantener a un partido único en el poder y preservar la tradición religiosa nacional.

 

En ese contexto, las revistas de historietas representaban, para las conciencias más conservadoras, una amenaza constante y de grandes alcances, dado el fácil acceso que podían tener a ellas todo el público, su bajo precio, formato poco voluminoso, sus atractivos contenidos y el uso de un lenguaje sencillo y coloquial. Por esas razones fueron duramente atacadas tanto por grupos católicos como por el Estado a través de la Legión Mexicana de la Decencia,[26] la Campaña de Moralización del Ambiente[27] y algunos estatutos y decretos de ley gubernamentales a nivel regional y federal.[28]

 

Ese ataque sistemático a las revistas ilustradas se desarrollaría con fuerza entre 1942 y 1958, lapso en el que no solamente se prohibió su lectura y se censuraron contenidos, sino que hubo también manifestaciones públicas estudiantiles y familiares que exigían al Estado su intervención para acabar con aquellas publicaciones “difusoras de la criminalidad, la degeneración moral y el vicio”.[29]

 

No obstante tales campañas, la producción y consumo de revistas de historietas seguía en aumento. Habían logrado ganarse un amplio público receptor, para algunos gracias a su bajo precio y cómoda presentación, para otros, debido a su contenido innocuo. Se sabe que “entre 1940 y 1950, prácticamente toda la población alfabetizada del país leía cómics al menos una vez a la semana”.[30] Por eso es que al tiempo que se desarrolló la campaña de censura a las revistas de historietas, los mismos grupos que las criticaban comenzaron a patrocinar directamente la publicación de otras que hicieran frente a los contenidos “obscenos y pornográficos” con nuevos mensajes de “pureza y buenos comportamientos”.

 

La historieta en Buena Prensa

 

Si la modernización en la edición y la circulación de las publicaciones periódicas de Buena Prensa fueron una constante preocupación desde el principio, también lo fue la búsqueda de formatos y contenidos que contrarrestaran la efervescencia de una literatura infantil y juvenil considerada contraria a la “moralidad”.

 

Como director arquidiocesano y nacional de la Campaña Espiritual por la Niñez Mexicana, hacia 1934, el padre José Antonio Romero se propuso observar con detenimiento las inquietudes de los niños y jóvenes.[31] Dos eran las cuestiones latentes en ese momento, en las que centraría sus acciones la Campaña Espiritual: por un lado, la decisión del presidente Lázaro Cárdenas de impulsar constitucionalmente una educación socialista[32] y, por otro, el proyecto del secretario de Educación Pública, Narciso Bassols, quien en 1932 impulsó el plan de educación sexual en las escuelas públicas, el cual fue rechazado por organizaciones laicas y religiosas pues, se decía, atentaba contra la pureza de las mentes infantiles.[33]

 

Ante tales “amenazas morales” e ideológicas, el padre Romero dio inicio a una línea editorial destinada exclusivamente a la niñez y la juventud, primero a través de la continuidad y el mejoramiento del boletín La Campaña Espiritual y más tarde con la revista La Cruzada Eucarística (1935-1944),[34] que recogía versiones abreviadas de obras literarias acompañadas de elocuentes y románticas ilustraciones. La revista respondía también, en parte, a la necesidad de proporcionar una guía moral y de instrucción religiosa a los padres de familia.

 

Sin embargo, como hemos observado, a partir de la década de 1930 la niñez y la juventud constituían un nicho importante para el consumo de revistas ilustradas. A la vez que procuraban entretenimiento, dichas revistas reflejaban los nuevos ideales de la modernidad. El consumo de bienes como sinónimo de bienestar y felicidad, la autosuficiencia de las mujeres tanto en lo laboral como en su forma de comportarse en la sociedad, la rebeldía juvenil frente a la autoridad fueron algunos de los temas que hicieron pensar a las conciencias más conservadoras que las revistas de historietas estaban derivando en una verdadera amenaza para la moral cristiana. Ante este panorama, el padre Romero —apoyado por el arzobispo primado de México, monseñor Luis María Martínez, y por los superiores de la Compañía de Jesús— fundó en 1943 la Asociación Nacional de Prensa, Escritores, Libreros y Editores Católicos. Su fin principal era unificar criterios tanto para la difusión de revistas, periódicos y folletos católicos como para la censura de escritos con contenidos “indecentes” o contra la Iglesia o la patria.[35] Pero, pese a los esfuerzos emprendidos tanto por la jerarquía eclesiástica como por importantes laicos para suprimir o limitar la circulación de algunas revistas de historietas que consideraban dañinas, muchas de ellas aumentaban cada año su tiraje y constantemente surgían otras. Sólo cabía sumarse al enemigo.

 

A principios de 1945, el padre Romero emprendió un nuevo proyecto: la edición de una revista de variedad titulada Chiquitín. Revista para muchachos (1945-1946). Éste fue un primer intento de competir con la amplia gama de revistas de historietas que circulaban en ese momento en el país (figura 8). Se trataba de una revista de corte cómico e histórico con enfoque didáctico, la primera dirigida a un público infantil, con dibujos sencillos pero empáticos y diálogos cortos. Siguiendo la tónica de personajes cotidianos emblemáticos, Chiquitín creó dos figuras infantiles: Huizachito, un niño con vestimenta pueblerina tradicional (figura 9), y Pilín, un pequeño mago que vivía aventuras medievales (figura 10). Como historieta didáctica, el relato se enfocaba en los personajes patrios. De ínfima calidad en comparación con sus competidoras nacionales e internacionales, la duración de la revista fue de apenas un año pues no “lograba aumentar su circulación en la forma deseada”.[36] Pasaría mucho tiempo antes de volver a pensar en un proyecto de la misma naturaleza.

 

 

 

 

Una empresa se suma al proyecto de reevangelización

 

A Luis Novaro, su amplia formación periodística y en el mundo editorial le permitió conocer de cerca el fenómeno social que representaban las historietas. Después de terminar su carrera de leyes, su medio hermano, Octavio Novaro, se acercó a Luis para adentrarse en el medio. Trabajaron juntos en varios periódicos hasta que tomaron en sus manos la dirección, gerencia y redacción del diario La Prensa, pero una serie de conflictos con los administradores los obligó a abandonar la empresa.

 

Ese momento habría sido coyuntural para un proyecto que Luis Novaro venía planeando desde hacía tiempo, pues al parecer el conflicto en La Prensa se había desatado cuando Novaro propuso la edición de historietas o comics.[37] Una vez fuera, Luis y Octavio Novaro entraron de lleno al mercado de la historieta firmando contratos con editoriales estadounidenses para empezar a reeditar en español los comics más famosos en Estados Unidos bajo el sello Ediciones Recreativas.[38] Tras pagar los derechos correspondientes con editoriales como DC Comics, Fawcett, Archie Comics, Harvey, St. John y Dell, entre otras, Luis Novaro creó los sellos Alegría y SEA (Sociedad Editora Americana) para comics infantiles y EMSA (Ediciones Modernas, S. A.) para los de aventura, terror, suspenso, etcétera.[39] Muy pronto el interés por las traducciones en español llegó a varios países de América Latina y a España, y la empresa decidió iniciar la exportación de sus traducciones a través de Dipusa (Distribuidora de Publicaciones Universales, S. A., lo que le reportó importantes utilidades. Como su mercado crecía, comenzó a planificar la creación de historietas propias.

 

Cabe señalar que desde el inicio los Novaro coincidieron en que sus revistas de historietas mantuvieran altos estándares editoriales: el uso del color en toda la revista, portadas llamativas, traducciones muy cuidadas tanto en los mensajes como en las palabras utilizadas, compra de los derechos de personajes que consideraran amables, simpáticos, capaces de proporcionar entretenimiento sano.[40]

 

Como hemos observado, durante la década de los cincuenta el éxito adquirido por las revistas de historietas entre el público infantil y juvenil había conducido a los defensores de la moral cristiana a prestar atención a los contenidos y presentación de ese medio de comunicación en específico. Las severas críticas que recibió el mundo editorial dedicado a la producción de historietas en el país propició la construcción de un “imaginario vergonzoso” o “gusto culposo” entre quienes eran sorprendidos con uno de esos pasquines en mano. Fue a raíz de esa campaña emprendida por algunos miembros de la Iglesia católica y grupos laicos y el propio Estado que la editorial Novaro pensó en la producción de historietas con un compromiso ético y moral.

 

Cuando Luis Novaro fundó en 1949 el sello SEA, aclaró a los padres de familia y maestros que la editorial ponía “especial cuidado a fin de que su contenido, tanto en las ideas como en la forma de expresarlas esté apegado a la ética más estricta”[41] (figura 11). De esa forma, el empresario establecía su compromiso de llevar a todos los públicos materiales que cumplieran con esos ideales. Su acercamiento a la clerecía nacional a través del padre José Antonio Romero nos permite entender a qué sector de la sociedad seguía, aunque cabe aclarar que Octavio Novaro no compartía su apego al catolicismo, pero sí la idea de producir revistas de tipo educativo.[42] En esas motivaciones se fundó la idea de inaugurar una línea cultural de historietas, primero para promover los valores cristianos a través de la revista Vidas ejemplares, y luego los cívicos, que presentarían a los próceres nacionales o a grandes figuras internacionales. Cada uno de esos proyectos se convirtió no sólo en una lectura permitida sino recomendada por la jerarquía eclesiástica y por el propio Estado a través de la Secretaría de Educación Pública. En esta forma, la editorial Novaro les brindó un medio para adoctrinar, alfabetizar, educar, moralizar, en suma, difundir sus propias visiones de nación y de lo que, desde su propia óptica, tenía que ser la sociedad mexicana.

 

 

A manera de epílogo

 

Vidas Ejemplares surgió en un momento en que la suma de las circunstancias internacionales —la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias en cuanto al nuevo orden dominado por Estados Unidos y Rusia, y el enfrentamiento de dos polos ideológicos: capitalismo y comunismo durante la llamada Guerra fría—, junto con la presencia de gobiernos de corte conservador en México, propiciaron un giro hacia la derecha en el país.[43] Las distintas fuerzas de la derecha coincidían en mantener una visión de nación que, desde su perspectiva política y moral, definía históricamente la identidad de los mexicanos. Esa identidad, basada en valores como la permanencia de una familia patriarcal y un modelo social organizado jerárquicamente, y en la férrea oposición a la ideología comunista y socialista, era defendida sustancialmente por la jerarquía eclesiástica, por los miembros de las asociaciones laicas confesionales, por los diversos grupos empresariales y por las administraciones de gobierno de Ávila Camacho y Miguel Alemán, principalmente.

 

Esta concepción se contraponía a otra que cuestionaba el orden político y sociocultural constituido en diversos planos: la sexualidad, los derechos de las mujeres, las formas tradicionales de autoridad, la experimentación con psicoactivos, etcétera. La protagonizaban fundamentalmente los jóvenes y se extendía a través de los medios de comunicación masiva (cine, radio, televisión y literatura ilustrada). Esa presencia de los medios, cada vez más avasallante en la década a partir de los cincuenta, propició que grupos conservadores o de derecha adoptaran estrategias para neutralizar sus “efectos nocivos”; estrategias que, como vimos, fueron muchas veces apoyadas por iniciativas del Estado para limitar o normar los contenidos expuestos.

 

La Iglesia católica proponía, mediante sus historietas, modelos de “vida buena” que ayudarían a contrarrestar el peligroso laicismo de la educación y la pecaminosa manera de abordar las cuestiones morales en otros medios como la cinematografía nacional del momento. La aparición de Vidas Ejemplares, con sus casos de vida cristiana que exaltaban el valor de la virtud y la renuncia a los mundanos privilegios de una modernidad amenazante, fue el vehículo elegido por una derecha religiosa y una derecha empresarial para fortalecer el ideal cristiano a través del ejemplo.

 


* Escuela Nacional de Antropología e Historia.

[1] La definición más recurrente de historieta, y a la que se recurre en el presente artículo, es aquella que la ubica como un medio de comunicación masivo característico de la cultura contemporánea en el que se integran, como expresión comunicativa, imagen y grafía a través de la disposición de viñetas secuenciadas. Para una ampliación del concepto se pueden consultar: Román Gubern, Biblioteca Salvat de grandes temas. Literatura de la imagen, vol. 57 Barcelona, Salvat Editores, 1973; Javier Coma, Del gato Félix al gato Fritz. Historia de los comics, Barcelona, Gustavo Gili, 1979.

[2] Dentro de la institución eclesiástica católica existen posturas diversas con relación a su papel social y de influencia sobre la feligresía. En ese sentido, hablamos de un grupo dirigente del clero mexicano que estaba delineando una postura con relación a las políticas públicas de los gobiernos posrevolucionarios.

[3] De igual forma, los grupos empresariales mexicanos manifestaron ideologías políticas diversas. La postura ideológica de editorial Novaro es difícil de definir en la medida que Octavio Novaro se comportó como un hombre de ideas liberales y un tanto alejado del cualquier tipo de religiosidad, pero su hermano Luis estuvo, como veremos, claramente en contacto con la alta clerecía nacional y en seguimiento del proyecto de “restauración religiosa” en el país.

[4] Armando Bartra y Juan Manuel Aurrecoechea han determinado la época de oro de la historieta mexicana entre 1936, con la aparición de la legendaria revista Pepín, y 1954. Armando Bartra y Juan Manuel Aurrecoechea, Puros cuentos. Historia de la historieta en México (1934-1950), t. II, México, Dirección General de Publicaciones-Conaculta / Grijalbo, 1988, pp. 169-217. Cabe señalar que otros autores sitúan el éxito comercial de la historieta mexicana en 1934 con la publicación de Paquín. A lo largo de los años el género de la historieta fue expandiendo sus temáticas hacia los héroes, el terror, la ciencia ficción, la biografía, la historia, entre otros. Manuel Aurrecoechea, “La historieta popular mexicana en la hora de su arqueología”, Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta, vol. 7, núm. 28, La Habana, diciembre de 2007.

[5] San Felipe de Jesús fue un religioso criollo de la Orden Franciscana que murió en Japón al lado de veinticinco compañeros mártires en 1597. Su beatificación fue otorgada por el papa Urbano VIII el 14 de septiembre de 1627, mientras que su canonización la decretó Pío IX el 8 de junio de 1862.

[6] La revista inició con un costo de ochenta centavos para su venta en México, cinco pesetas para España y diez centavos de dólar para el resto del mundo.

[7] La característica primordial de las historietas editadas por los talleres tipográficos Editores-Impresores Novaro fue el uso del color, pues la mayoría de las historietas en México habían mantenido el color sepia o el blanco y negro. La incursión al color era reciente para ese momento, debido a los costos que implicaba. Por otra parte, se trató de mantener un estilo homogéneo en el arte ilustrado tanto en las portadas como en los interiores.

[8] Archivo Histórico de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús (en adelante AHPMCJ), Carpeta del padre José Antonio Romero Espinosa de los Monteros.

[9] “San Felipe de Jesús, protomártir mexicano”, Vidas Ejemplares, núm. 1, México, Ediciones Recreativas, 1 de mayo de 1954, p. 1. Toda la serie de Vidas Ejemplares fue consultada en línea a través del portal: https://sanviator.net/multimedia/biblioteca/comic-vidas-ejemplares/ (consultado el 25 de julio de 2019).

[10] A Javier Peñalosa Calderón (1921-1977) se le conoce principalmente por su obra poética, que, aunque breve, cultivó exitosamente. Se le identifica con el “grupo de los ocho”, del que formaron parte Rosario Castellanos, Efrén Hernández, Octavio Novaro, Ignacio Magaloni y Dolores Castro, entre otros. Incursionó, también en forma exitosa, en el periodismo, la docencia —impartió clases en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García— y emprendió diversas actividades de edición. Fue articulista de Novedades, Excélsior y Proceso. Su amistad con Octavio Novaro lo llevó a participar como el adaptador literario de la revista de historietas Vidas Ejemplares. Véase Centro de Documentación Literaria Casa Leona Vicario, “Paso de la memoria, reunión de la poesía de Javier Peñalosa Calderón”, disponible en: https://literatura.inba.gob.mx/resenas/3193-penalosa-javier-articulo.html (consultado el 25 de julio de 2019).

[11] Dado que no se dispone hasta el momento de cifras de las ganancias empresariales de editorial Novaro, el éxito de Vidas Ejemplares se mide por los veinte años de continuidad de la revista. Además, el interés del público se puede estimar por la aparición de otras historietas confesionales. A partir de 1958 la editorial Edar (Editorial Argumentos), dirigida por Guillermo de la Parra, comenzó a editar una revista de historietas bajo el título de Biografías Selectas en la que presentaba la vida de personajes históricos y de santos, una combinación de Vidas Ilustres y Vidas Ejemplares, de editorial Novaro. Tal sería el éxito del proyecto de historietas confesionales que la misma editorial Novaro lanzó otros dos proyectos semejantes al de Vidas Ejemplares, el primero Historia del Cristianismo (1 de junio 1966 al 1 de marzo de 1968, con veintidós números), y el segundo Patronos y Santuarios (1 de julio de 1966 al 1 de diciembre de 1967), ambos también bajo la dirección de la editorial Buena Prensa. En 1964 Luis Novaro creó también la editorial Ediciones Litúrgicas.

[12] La colección especial tuvo su primera salida el 1 de abril de 1958; alcanzó un total de diez números, con la reedición de tres. Los primeros números especiales estuvieron dedicados a reconocidos temas bíblicos, como la vida de Jesús de Nazaret o Moisés y la Tabla de los diez mandamientos (01 de enero de 1959), pero, además de un número especial sobre Nuestra Señora de Guadalupe (01 de diciembre de 1960), se abordaron principalmente acontecimientos eclesiásticos de esos años como fueron la vida y labor pastoral de los últimos papas —Pío XII (01 de octubre de 1959); visitas de Paulo VI a Tierra Santa (01 de abril de 1962) y a América (01 de diciembre de 1970) y Juan Pablo II (15 de abril de 1972)— o el Concilio Vaticano II (15 de abril de 1966) y los Congresos Eucarísticos (15 de agosto de 1968).

[13] En la revista del 1 de julio de 1959 se reprodujo la historia de san Vicente de Paul, que ya había aparecido en el número 15. Luego, a partir del número 71, con fecha 15 de febrero de 1960, se reeditaron números anteriores mensualmente.

[14] AHPMCJ, Carpeta José Antonio Romero Espinosa de los Monteros.

[15] Las medidas del tamaño “Golden Age” eran de 28.5 cm de largo y 18.5 cm de ancho, con el que iniciaron los comics estadounidenses. Las medidas del tamaño “Grapa” eran de 25.5 cm por 17 cm.

[16] Desde 1929 el padre Romero había sido asignado primero en el templo de la Sagrada Familia, en la Ciudad de México —en donde dio inicio a la fundación de varias congregaciones juveniles— y más tarde fue enviado a Saltillo para fungir como director de la Acción Católica Mexicana en esa zona, en donde comenzó a lanzar varios proyectos editoriales a los que daría continuidad más adelante.

[17] La Acción Católica fue el proyecto que emprendió Pío XI y que continuaba los proyectos de restauración religiosa de Pío IX y León XIII. Específicamente, la Acción Católica pretendía redirigir la organización laica bajo el mando clerical. Pío XI la definió como la “participación de los laicos en el apostolado jerárquico”. Pío XI, Epist. Quae Nobis ad Card. Bertram, 13 de noviembre de 1928.

[18] Pío XI, Enc. Rerum Omnium, 26 de enero de 1923; Pío XI, Discurso a una peregrinación, 5 de septiembre de 1923.

[19] En el ámbito de las comunicaciones, el padre José Antonio Romero fue, además de director de la Comisión de Prensa y Propaganda de 1935 a 1936 —dicha instancia sólo permanecería en actividad hasta 1937—, fundador y director de Obra Nacional de la Buena Prensa (1936-1961). También estuvo al frente del Secretariado Nacional del Apostolado de la Oración y de la Cruzada Eucarística (1941), de la Asociación Nacional de Prensa, Escritores, Libreros y Editores Católicos (1944) y del Servicio de Información Católica (1946). Fue asistente eclesiástico de la Legión Mexicana de la Decencia y subdirector de la Campaña Nacional para la Moralización del Ambiente (1951).

[20] Como parte de los acuerdos de paz cristera, la jerarquía católica determinó el establecimiento de la Acción Católica Mexicana como instrumento para organizar, dirigir y limitar el apostolado de los laicos. Por tanto, Acción Católica Mexicana se estableció formalmente en 1929.

[21] Desde 1936 Pío XI había expuesto los peligros de las imágenes en movimiento a través de la encíclica Vigilanti cura. En noviembre de ese mismo año, el episcopado nacional mexicano dirigió una carta pastoral colectiva a la sociedad; en ella exponía un plan de moralización de las costumbres.

[22] Esas estructuras se definían a partir del papel que cada miembro desempeñaba: el padre, proveedor de las necesidades de subsistencia y de una educación académica para los hijos que les permitiera la posibilidad de una movilidad social ascendente; la madre, dedicada al cuidado del hogar y de los hijos, portadora y transmisora de la moral cristiana mediante la abnegación y de conductas “intachables” que resguardaran el honor marital, y, finalmente, los hijos, seguidores de los ejemplos paternos y continuadores de la formación católica familiar.

[23] Iniciada la década de 1930, los sectores laicos más conservadores de la sociedad mexicana reiniciaron su organización para “restaurar todas las cosas en Cristo” tal y como indicaban los postulados papales. Los Caballeros de Colón —organización establecida en México en 1905— reiniciaron sus actividades en el país luego de las firmas de paz, uniendo sus esfuerzos a los de la Acción Católica Mexicana y orientando sus acciones al rescate de los valores tradicionales del catolicismo, mismos que asimilaban como parte de la identidad nacional. Con ese objetivo crearon en 1933 la Legión Mexicana de la Decencia, cuya misión era “propugnar por el saneamiento del ambiente social de México, contra la indecencia en sus múltiples manifestaciones”. Laura Pérez Rosales, “Censura y control. La Campaña Nacional de Moralización en los años cincuenta”, Historia y Grafía, año 19, núm. 37, México, julio-diciembre de 2011, pp. 79-113, p. 96.

[24] Bajo el gobierno de Ávila Camacho la Iglesia católica pudo recuperar espacios en la educación mediante el permiso gubernamental para la apertura de establecimientos escolares dirigidos por religiosos. En la política se organizaron partidos y movimientos con ideologías conservadoras que llevaron a cabo actos públicos y manifestaciones religiosas de forma cada vez más frecuente con la anuencia del Estado. La esposa de Ávila Camacho, Soledad Orozco, fue integrante activa de la Legión de la Decencia. Bertha Hernández, “Cuando la Liga de la Decencia atacó a la Diana”, Crónica, México, 25 de octubre de 2015, disponible en: http://www.cronica.com.mx/notas/2015/927160.html (consultado 27 de julio de 2019).

[25] Laura Pérez Rosales, op. cit.

[26] En 1943 la Legión Mexicana de la Decencia comenzó un férreo ataque a las revistas de historietas a través de su boletín oficial Apreciaciones, en el cual hace un llamado a ejecutar “un boicot absoluto a tales revistas indecentes” destruyendo todos los ejemplares posibles de la historieta Pepín —una de las de mayor éxito en la industria en aquellos años—. A partir de ese momento y en adelante, Apreciaciones emprendió una campaña de censura de las historietas argumentando el peligro que representaban las imágenes “sensualistas” de la mujer y el lenguaje “vulgar y procaz” utilizado. Anne Rubenstein, Del Pepín a Los Agachados. Comics y censura en el México posrevolucionario, México, FCE, 2004, pp. 148-153.

[27] El 15 de octubre de 1951 se constituyó la Comisión Nacional para la Moralización del Ambiente iniciando un programa dedicado a la vigilancia y censura de “espectáculos pecaminosos que pudieran afectar las tiernas mentes infantiles” y el comportamiento moral de los católicos. Sobre los pasquines e historietas la Comisión, a través del arzobispo de México, Luis María Martínez, expresaba la necesidad de “evitar las lecturas que presentan desnudos o imágenes femeninas provocativas” y, por tanto, iniciar una “guerra sin cuartel a todas las revistas inmorales”, lo cual siguieron haciendo por lo menos hasta la gestión presidencial de Adolfo Ruiz Cortines. María Martha Pacheco, “El conservadurismo católico en campaña”, en Renée de la Torre, Marta E. García Ugarte y Juan Manuel Ramírez, Los rostros del conservadurismo mexicano, México, CIESAS, 2005, pp. 151-169.

[28] En 1944 las revistas de historietas y otras publicaciones quedaron bajo la supervisión del gobierno a través de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas. Además, el gobierno de Miguel Alemán apoyó con diversos decretos y estatutos de ley la Campaña de Moralización del Ambiente, que iniciara de forma organizada la jerarquía católica mexicana en octubre de 1951. A través de la censura a los contenidos cinematográficos, a la programación de radio y de televisión, a los espectáculos teatrales y a ciertas revistas, pasquines o historietas, la gestión alemanista dio continuidad al proyecto de moralización eclesiástico en México. Laura Pérez Rosales, op. cit., pp. 80-83. Bajo el gobierno de Miguel Alemán, el Reglamento de la Ley Orgánica de Educación Pública asentó la prohibición de “las publicaciones que estimulen la excitación de malas pasiones o de la sensualidad o que ofendan al pudor o a las buenas costumbres”, María Martha Pacheco, op, cit., pp. 151-169.

[29] Laura Pérez Rosales, op. cit., p. 102.

[30] Armando Bartra y Juan Manuel Aurrecoechea, op. cit.

[31] El origen de la Cruzada Eucarística se encuentra en el proyecto de oración del padre François-Xavier Gautrelet, S. J., que derivó en la creación en 1844 de la asociación del Apostolado de la Oración, reconocida por Pío IX en 1849. Pero no será sino hasta 1865 cuando se integre a ese gran movimiento de oración a la niñez católica. El movimiento sería impulsado desde el Vaticano en distintos momentos histórico-políticos por los que atravesaba Europa; inició en 1914 con “las cruzadas de oración infantil”. De esta forma, la cruzada eucarística se insertó en el Apostolado de la Oración y se convirtió en la sección de niños de seis a catorce años de edad.

[32] Como antecedente de la Campaña Espiritual de la Niñez Mexicana nació en Jalisco la Unión Popular —organización católica fundada por el mártir cristero Anacleto González Flores, muerto en 1927— que en 1930 planteó un proyecto de tres cruzadas para “contrarrestar en la niñez y en la juventud los efectos de la enseñanza laica”. Dos de esas cruzadas tenían que ver con la promoción de lecturas católicas. La “cruzada de la buena prensa” se proponía tener “periódicos fuertes por su circulación, bien presentados, bien escritos, con suficiente material de información y con elementos de sobra para vivir y prosperar”. Por su parte, la “cruzada del libro” tenía, además del objetivo de “limpiar todos los hogares de libros malos”, asegurar la introducción de lecturas “de formación religiosa” en todos los hogares católicos. Cfr. Anacleto González Flores, El plebiscito de los mártires, Las tres cruzadas [s. l., s. e.] 1930.

[33] Dicho proyecto no logró llevarse a cabo debido a la presión que ejercieron la Unión Nacional de Padres de Familia y la Federación de Asociaciones de Padres de Familia, creada por el propio gobierno. Alberto del Castillo Troncoso, “La polémica en torno a la educación sexual en la Ciudad de México durante la década de los treinta: conceptos y representaciones de la infancia”, Estudios Sociológicos, El Colegio de México, vol. XVIII, núm. 52, México, 2000, pp. 205-206.

[34] José Gutiérrez Casillas, Jesuitas en México durante el siglo XX, México, Porrúa, 1981, p. 107.

[35] AHPMCJ, Carpeta del padre José Antonio Romero Espinosa de los Monteros.

[36] AHPMCJ, In Memoriam. Homenaje al padre Romero, p. 1.

[37] Miguel Ángel Granados Chapa, Buendía, el primer asesinato de la narcopolítica en México, México, Grijalbo / Mondadori, 2012. Cabe mencionar que en 1951, dos años después del despido de los hermanos Novaro y de ser fundada Ediciones Recreativas, bajo el sello editorial de La Prensa se comenzaron a publicar comics y pronto se convirtió en la competencia más fuerte de editorial Novaro.

[38] Iniciaron con la traducción al español de historietas de Walt Disney. Andrés Pardo, “Luis Novaro: fundador de Editorial Novaro”, Comics Novaro [blog], disponible en: https://willimanya.blogspot.com/2016/03/editorial-novaro-la-historia-jamas.html (consultado el 4 de septiembre de 2019)

[39] Baúl del Cómic, “Historia de Editorial Novaro”, 12 de marzo de 2009, disponible en: http://www.bauldelcomic.com/comentarios_news.php?num=7 (consultado 29 de julio de 2019).

[40] Gustavo Medina, “Notas del traductor”, Comics.21 [blog], Lima, 8 de febrero de 2013, disponible en: http://blogs.peru21.pe/comics21/2013/02/notas-del-traductor.html (consultado el 29 de julio de 2019).

[41] Mensaje colocado en la contraportada de las revistas de historietas bajo el sello SEA.

[42] Entrevista con Gabriel Novaro, hijo de Octavio Novaro, 5 de noviembre de 2018.

[43] Sobre el concepto de derechas, entendemos el desarrollo de posturas variadas, no necesariamente convergentes, en lo político y en lo moral. Con relación a la primera postura, ciertos sectores de la sociedad en México han mantenido el ideal conservador hispánico de sostener las estructuras institucionales y económicas, y oponer resistencia a las medidas gubernamentales que pudiesen afectar su statu quo; y respecto de la postura moral, se defienden ciertos valores de tradición católica (la jerarquización de los roles familiares, obediencia a la autoridad, entre otros) como parte sustancial de la identidad nacional. Los grupos sociales que defienden estas posturas formaban parte o fueron cercanos a la Iglesia católica y fueron definiendo propuestas diversas que iban desde las más apegadas al tradicionalismo conservador de finales del siglo XIX, o bien, un conservadurismo progresista o moderado que dialogaba con las exigencias políticas, sociales y económicas del México posrevolucionario.

 

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A través del estudio de la historieta Vidas ejemplares se quiere mostrar la asociación que se estableció, a mediados del siglo XX, entre un grupo de la derecha religiosa y otro de la derecha empresarial mexicana. Ambos coincidieron en la necesidad de acercar a la niñez y juventud nacional los valores éticos del catolicismo a través de uno de los medios de comunicación masiva de mayor alcance de aquel momento, para contrarrestar los valores nuevos de la modernidad del siglo XX.

Palabras clave: historieta, catolicismo, derecha religiosa, derecha empresarial.

 

Abstract

Through the study of the comic Vidas ejemplares (Exemplary lives), the author shows the association that was forged in the mid-twentieth century between a religious right group and another from the Mexican right-wing business sector. Both agreed on the need to bring the ethical values ​​of Catholicism to the nation’s children and youth through one of the most widely disseminated mass media campaigns of the time to counteract the new values ​​of twentieth-century modernity.

Keywords: comics, Catholicism, religious right, entrepreneurial right.

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