Presencia de las personas negras en el barrio Colombia, municipio de Palmira, Colombia: aproximación histórica

Teodoro Rodríguez C.*

 

La inquietud académica hacia la población negra, su participación y su aporte sociocultural así como el económico en Palmira,[1] en particular en un sector popular como el barrio Colombia,[2] ha logrado reconstruir cómo ha sido que estas poblaciones —en el conjunto del país, dentro de un ejercicio de autonomía y resistencia y sumado a su condición étnica— emigraron en masa durante la época colonial y republicana a las zonas más remotas del Pacífico colombiano. Un largo proceso histórico por el cual después se desplazaron hacia el interior del país, una vez que empezaron a crecer las ciudades en la primera mitad del siglo XX. En la actualidad esa tendencia es vigente y fundamenta la pregunta guía del presente trabajo: ¿en qué circunstancias llegaron estas poblaciones a Palmira a partir de la década de 1960, procedentes principalmente del Pacífico, y cuáles fueron sus principales aportes?

 

De entrada, la invisibilidad política y cultural de la que hicieron objeto a las poblaciones negras[3] tanto las autoridades como varios estamentos de la sociedad fue una de las formas de exclusión desde el punto de vista social y económico dentro de la nación colombiana, que duró aproximadamente hasta finales de los años sesenta.

 

Las personas negras y sus comunidades, descendientes de migrantes del continente africano, son y han sido una de las más claras representaciones de dicha exclusión, marginalidad y no reconocimiento por parte de un “nosotros” que no ha cesado de ignorar a los “otros” a lo largo de la historia, sin tomar en cuenta los valiosísimos aportes hechos por esta población en medio de las condiciones desfavorables a las cuales ha sido sometida hasta la actualidad.

 

Las entretelas metodológicas

Este artículo se basa en materiales obtenidos a través de las técnicas de la historia oral; junto con los relatos anecdóticos, se recurrió a imágenes de la época, y además se consultaron trabajos de diversos autores.

 

Partimos de que la memoria del entrevistado, estimulada por la intervención del entrevistador, se constituye como el lugar donde reposan sus experiencias vitales, las cuales generan múltiples historias que varían dependiendo de cuándo, cómo y dónde se genere el relato, dentro del cual los datos clave surgen en momentos específicos. Las memorias producidas desde la diáspora y la migración siempre tienen un carácter más reivindicativo:

 

Nunca le dijeron al negro, hombre, “Bolívar fue y le pidió ayuda a Petión”. Nunca se nos enseña el apoyo que tuvieron los hombres y barcos negros en la independencia colombiana para liberar a Colombia. Eso nunca se lo dijeron al negro, pero el negro siempre tenía vocación de ser rebelde y de reivindicar los derechos. Pero dentro de nuestra militancia hubieron [sic] algunos que tenían más influencia sobre los patrones y esos negros aventaban a los otros negros. Eso pasaba en Palmira.[4]

 

Aquí hay un elemento muy importante. Si bien la entrevista permite entrar en controversia con las historias contemporáneas recientes, el relato puede variar porque éste, a final de cuentas, depende del estado de ánimo y de otras variables relativas al entrevistado. Por lo tanto, es vital propiciar que las entrevistas aporten los elementos necesarios para la comprensión del fenómeno a investigar, que en nuestro caso significa obtener la perspectiva de la experiencia social sobre la construcción de la barriada.

 

Las entrevistas, por lo tanto, arrojan información a propósito de lo político, lo religioso, lo cotidiano o lo económico, la cual no está registrada en los archivos y fuentes escritas por múltiples razones. Surgen diferentes posturas que enriquecen el relato y permiten la comprensión del acontecimiento. En muchos casos tiene más importancia la forma como se registran y narran las cosas que el contenido en sí, marcando una diferencia con el relato histórico de los paradigmas historiográficos tradicionales.

 

Los estudios acerca de las poblaciones negras

La población negra afrocolombiana, a lo largo de estas últimas décadas, ha sido tanto objeto como sujeto de estudio en las humanidades y en las ciencias sociales, ello con particular énfasis en países como Colombia. Tales investigaciones han generado una serie de postulados, categorías y calificativos que permiten establecer, de uno u otro modo, algunos tópicos generales sobre las acciones y movilizaciones de las comunidades y poblaciones negras en ciudades como Palmira.

 

Para empezar, podemos citar el trabajo de Fernando Urrea, una de cuyas tradicionales exposiciones se halla en “La población afrodescendiente en Colombia”.[5] Allí toma como punto de partida un programa integrado por varias investigaciones emprendidas entre 1996 y 2004 en la región sudoeste de Colombia, al igual que algunas encuestas de hogares practicadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), las cuales introducen un módulo étnico y racial entre 2000 y 2004, y abordan el estudio de las características demográficas, socioeconómicas y político-culturales de la población afrocolombiana en la sociedad contemporánea. El investigador destaca la continuidad de la desigualdad social que enfrenta la población afrocolombiana utilizando algunos datos recientes de las encuestas demográficas del DANE. De igual manera, consagra un esfuerzo por objetivar el componente racial de la segregación residencial y sus vínculos con la movilidad espacial y social. En contextos como el de Palmira, eso ha causado cierta tensión entre las reivindicaciones más importantes de la ciudad y los sectores que luchan para conseguirlas.

 

Otro de los trabajos que podemos citar es el de Helwar Hernando Figueroa, titulado “Los abuelos de la memoria en Aguablanca (Cali, Colombia). Entre una ciudad agreste y un campo vuelto utopía”,[6] que muestra la exclusión social y cultural que atraviesan las víctimas del desplazamiento forzado en Colombia a través de una serie de casos y personajes con los cuales se trabajó en el distrito de Aguablanca.[7] El propósito del estudio de Figueroa fue explorar las formas como la sociedad genera negaciones en torno al conflicto, en una posición que, para el autor, parece más cómoda y es producto de una ética ciudadana indiferente al dolor. En esta línea, se argumenta que estas negaciones son una contribución hacia actitudes como la falta de respeto por los derechos humanos, que limita escenarios incluyentes en los que se debatan el tema de las memorias, los relatos y otros, algo que para las comunidades negras de las barriadas resulta negativo.

 

La memoria, dentro de este enfoque, aparece como un proceso de resistencia y reconstrucción de identidades que fomenta el comienzo de un proceso de inclusión ciudadana para quienes son y han sido víctimas de los hechos del conflicto armado colombiano. El objetivo es disminuir los riesgos asociados a la pérdida de referencias y tradiciones culturales, que son —a final de cuentas— las que ayudan a la permanencia de sus identidades (sobre todo en una escala local). Los procesos históricos nunca han estado libres de exclusiones y conflictos sociales; en este caso, la autoridad actúa como un generador de marginación y reducción para las comunidades que no poseen los mecanismos y recursos para contrarrestar las formas de violencia que se cometen contra ellas.

 

En esta misma línea podemos ubicar el trabajo de Francisco Javier Flórez Bolívar, “Un diálogo diaspórico: el lugar del Harlem Renaissance en el pensamiento racial e intelectual afrocolombiano (1920-1948)”.[8] Este artículo pretende analizar el uso que hicieron varios sectores afrocolombianos de las ideas raciales desarrolladas por activistas afroamericanos vinculados con el movimiento cultural conocido como Harlem Renaissance. Flórez Bolívar sugiere que entre 1920 y 1948 algunos trabajadores y estudiantes negros de las costas del Pacífico y del Caribe colombianas entraron en contacto con esas propuestas, y ello fue fundamental en la postura hacia la cuestión racial que asumieron varios escritores afrodescendientes en Colombia y dio forma a un diálogo que fomentó su participación en los debates y luchas de otros sectores afrodescendientes en las Américas, en los que estarían involucrados personajes como Sofonías Yacup Caicedo.[9]

 

Del litoral recóndito a la Palmira profunda

El litoral recóndito colombiano reúne a miles de personas, sumidas casi todas ellas en la pobreza absoluta y el total abandono estatal. Beneficios básicos como la salud, el agua potable, la escuela, la luz eléctrica, la comunicación, la tecnología, el acceso al trabajo y la vivienda digna, entre otros, sencillamente no existen. Pese a la inconmensurable belleza y riqueza natural del litoral, los nativos padecen enfermedades endémicas y durante la segunda mitad del siglo XX no contaban con artefactos como la televisión, y escasamente había un radio transistor o un telegrafista en las cabeceras más pobladas. Es decir, eran territorios inhóspitos, olvidados por el Estado y totalmente desconocidos por la gente del interior del país. Ésos fueron los pueblos que migraron a regiones como Palmira.

 

El litoral del Pacífico ha sido referente de interés geoestratégico por su ubicación y riqueza, pero sin la inversión necesaria para el desarrollo. Esto constituyó una de las principales motivaciones para emigrar hacia el interior del país. En los años sesenta, en el valle geográfico del río Cauca el atractivo principal era el auge y pujanza de la industria azucarera, donde la mano de obra de los nariñenses y las personas negras del litoral sería la principal fuente de plusvalía de los industriales azucareros. No hay trabajo más duro que el de cortar caña bajo el sol canicular del valle geográfico.

 

 


Ingenio de azúcar de la Manuela, en Palmira. Se evidencia la presencia de población negra trabajadora en los trapiches desde la primera mitad del siglo XX, siendo un polo de atracción para aquellos que migraban desde los sectores del litoral Pacífico. Fuente: fotografía tomada del repositorio digital de la Biblioteca Departamental del Valle del Cauca, núm. de inv.: 0604492.

 

En los años sesenta, las personas negras se concentraron principalmente en los alrededores del sitio conocido como la Zona, donde la “tolerancia bohemia” se caracterizaba por la rumba y el ambiente fiestero, pues era muy activa la vida en aquel sector palmirano concurrido masivamente por la clase obrera y popular. Aquí es necesario detenernos a analizar la forma como los migrantes fueron instalándose en Palmira.

 

Las personas negras fueron llegando paulatinamente a barrios como el Colombia para vivir en casas de alquiler o con paisanos, familiares o parientes ya establecidos. Iban esperanzados en una “coloca”, es decir, en conseguir trabajo en algún sitio, ya fuera en los campamentos cañeros, en trabajos de albañilería o en el rebusque diario. La Palmira mestiza y la sociedad de aquel entonces poco conocían de su desarraigo, su cultura y sus costumbres; por el contrario, todo ello les resultaba desagradable, extraño, y los veían como amantes del bullicio. Los “compas”, migrantes de los pueblos litorales del Cauca, Nariño y Chocó rápidamente se fueron agrupando e identificando por colonias de acuerdo con su lugar de procedencia, lo que se tradujo en experiencias organizativas.

 

A principios de los años sesenta se creó la agrupación que asociaba a las personas negras provenientes de la costa caucana. Después surgieron otras agrupaciones, como la chocoana y la patiana, entre otras. En 1974 se constituyó el Sintraicañazucol,[10] sindicato integrado mayoritariamente por obreros o “corteros” de la caña (negros y nariñenses). Así, las personas negras empezaron a integrarse a formas de movilización que se extendieron a otros sectores del municipio como la Emilia, barrio Colombia, el Loreto, Jorge Eliecer Gaitán, Alfonso López, Zamorano, San Pedro, Las Vegas, La Libertad, San Jorge, el Campestre y la Orlidia.

 

Como puede verse, las comunidades negras de Palmira siempre han estado activas en cuanto a la preservación de las costumbres y tradiciones propias de sus territorios. Corresponde a las instituciones de educación locales ahondar en su estudio, para llegar a un mejor conocimiento de la población afrocolombiana.

 

Entrando en materia: el barrio Colombia a partir del relato de sus pobladores

El barrio Colombia, en Palmira, Valle del Cauca, es uno de esos espacios en donde las poblaciones negras, tras largos procesos de migración, han consolidado un territorio específico, conservando algunas de sus costumbres, reproduciendo otras y adaptando nuevas de acuerdo con las necesidades y exigencias del entorno. Veamos ahora, a partir de la memoria de sus testigos y pobladores, cómo se consolida nuestro espacio de estudio: una barriada construida por los hijos de la diáspora africana.

 

Uno de sus primeros habitantes fue don Plinio Carabalí, actualmente fallecido. Nacido en el departamento sureño de Miranda, Cauca, desde muy temprana edad partió hacia Valle del Cauca. En sus primeros años vivió en la finca familiar, con ocho hermanos, todos dedicados al agro; sus principales cultivos eran el plátano, el café y el cacao. Llevaron una vida tranquila hasta que llegó la violencia. Los valores propios de sus raíces africanas pronto se verían trastornados por las tradiciones impuestas por el catolicismo y el conservadurismo de las pequeñas localidades y núcleos urbanos de la época: a los negros los obligaban a ir a misa.

 

Las creencias religiosas no dejaron de mezclarse con las raíces africanas dentro de su entorno cotidiano, aunque estaba prohibido por la iglesia. La directriz católica tenía una enorme influencia en otros ámbitos como la educación; y, según sus preceptos, matar a un liberal o a un comunista no era pecado. Cuenta don Plinio que la primera vez que sintió la presencia estatal fue con el boom generado por la llamada Alianza para el Progreso durante los años sesenta.

 

Don Plinio llegó a Palmira con su familia hace 35 años, hacia finales de la década de los ochentas, guiado por la consigna: “la sangre nunca se deja botada”. Inmediatamente se instala en Rozo y empieza a trabajar en la hacienda filial a La Manuelita, donde, además de la caña, se cultivaba el algodón, el sorgo y el maíz. Relata que los trabajadores por lo regular eran migrantes provenientes del litoral del Pacífico y de algunas regiones andinas del país. A pesar de las diferencias entre las múltiples agrupaciones que surgieron en la época, eran solidarias entre sí.

 


Barriadas y tugurios de la periferia de Palmira, Valle del Cauca. Así fue el inicio de varios barrios como el Colombia; sus habitantes, conforme llegaban a estos espacios, los consolidaban como suyos y generaban procesos de arraigamiento basados en sus experiencias y tradiciones previas. Fuente: fotografía tomada del repositorio digital de la Biblioteca Departamental del Valle del Cauca, núm. de inv. FDO07317.

 

Don Plinio manifiesta que entre las personas negras siempre hubo organización y deseo de lucha para mejorar sus condiciones de vida, pero las acciones estaban mal dirigidas y con pésima orientación; el negro siempre fue rebelde y buscó reivindicar sus derechos en Palmira. Casos como el de Sintraicañazucol son ejemplo del interés de las comunidades del barrio Colombia por obtener reivindicaciones para la población negra, pero con divergencias y fallas en la organización:

 

Don Plinio: La convivencia entre los colegas era muy solidaria, se ayudaban, eran muy solidarios entre todos y se trabajó y militó muy bien.

Pregunta: ¿Sí hubo procesos en donde los negros se destacaron?

Don Plinio: Sí, sí, escasos, pero los hubo, y de un talante muy bueno y muy profesional.

Pregunta: ¿Y usted fue cercano a Sintraicañazucol en esa época?

Don Plinio: En esa época yo sí venía al sindicato y era la lucha de los trabajadores y yo pertenecía al partido y siempre venía aquí, tomaba información y quedaba con los trabajadores, inclusive en el paro del ’71, que hubo un paro grandísimo, vinimos desde la vereda para apoyar el paro y apoyar el barrio.[11]

 

Aquí tenemos el caso de una dirigencia negra, sindical, no investigada formalmente, que muestra la transformación de la lucha de un sector que buscó consolidarse en un entorno diferente al suyo. Se observa una militancia que pasó de buscar intereses desde la perspectiva del Partido Liberal a transitar por las directrices marxistas y leninistas para culminar en una postura más moderada de organización y basada en la experiencia de varias generaciones con raíces en el barrio Colombia. Esta barriada, según don Plinio, es un espacio donde habitaron los militantes del “sindicato más peligroso” de Colombia: negro y comunista.

 

Otras anécdotas del barrio Colombia

Otra experiencia: Juan Vargas. Nació en Bebedó, en el área rural de Istmina-Chocó, en la parte ribereña del río San Juan, hace 75 años. Ahí vivió con sus padres y hermanos, subsistiendo del cultivo de pancoger[12] de productos como caña, maíz, zapote y otros, además de la producción de viche.[13]

 

A diferencia de don Plinio, don Juan creció en un entorno pacífico y sencillo. La violencia bipartidista[14] no se presentó ahí como en otras áreas de mayor influencia política, a tal grado que, aunque lejos de su sitio de origen, él y su familia conservan su propiedad. Por otro lado, no tuvo acceso a la educación secundaria, pues la presencia estatal e institucional se limitaba a la iglesia y la medicina se ejercía de forma tradicional, convirtiéndose en un tema psicológico:

 

Entrevistador: ¿Cómo era la vida en aquella región?

Don Juan: Complicada. Pobreza por todos los lados.

Entrevistador: ¿Pero la gente vivía feliz, contenta?

Don Juan: Desde ese punto de vista sí, porque no había una violencia, era pacífico. Nunca vi asesinatos en dieciocho años, allá la violencia no llegó.[15]

 

Llegó a Valle del Cauca en 1962, a los dieciocho años. Después de concluir el servicio militar obligatorio en la Fuerza Aérea de Colombia empezó a trabajar en el ingenio Manuelita y se estableció en el barrio Colombia: “Una raza siempre busca donde está el otro. Donde estaba uno, llegaban cinco o seis personas”, explica.

 

De acuerdo con las miradas discriminatorias de la Palmira de aquel entonces, a las personas negras sólo se les permitía ocupar ciertos espacios: “No, pues esa señora llegó y yo le arrendé, y a los tres o cuatro días había un negro ahí, un familiar, y ahí mismo me pidió la casa porque había un negro ahí y me decía que donde hay un negro, ahí mismo llegan los otros. Ésa era la vaina ahí en Palmira”.[16]

 

Este municipio se convirtió en un sitio atractivo para los migrantes del litoral Pacífico y de otras regiones debido a la gran cantidad de ingenios que existían para la época. Llegaban a este lugar en busca de oportunidades de crecer.

 


Trabajadores del ingenio Manuelita. Esa hacienda se dedicaba a los cultivos de caña, algodón y otros. Muchos de sus trabajadores vivían en el barrio Colombia y similares. Fuente: fotografía tomada del repositorio digital de la Biblioteca Departamental del Valle del Cauca, núm. de inv. 0400043.

 

Don Juan es testigo de la conformación de Sintraicañazucol. Militó en el sindicato y era asistente frecuente de las reuniones de la organización, pero mantuvo cierta distancia, en especial de los miembros del sector patronal del gremio: “Yo no voy a votar por esa gente, ni por liberal ni por conservador. Yo voto por otra gente”. Consciente del nivel organizativo del sindicato, vio surgir otras juntas sindicales de empresas, las cuales se oponían a su orientación comunista, marxista y leninista.

 

Las acciones obreras salieron del barrio Colombia y alcanzaron otros sectores de Palmira, definiendo un tipo de sujeto particular y configurando dos elementos: el barrio y la acción sindical. Los movimientos urbanos y barriales se inscriben en un progresivo proceso de democratización de las ciudades, mediante el cual, de acuerdo con Immanuel Wallerstein,[17] un mayor número de habitantes se integran a la ciudad en busca de derechos y oportunidades. En ese sentido, la movilización de la población afro se configura como una respuesta a dicha exigencia de democratización mediante las formas de acción colectiva de organizaciones como Sintraicañazucol, que tenían en cuenta las oportunidades políticas y el repertorio de recursos de los actores movilizados.

 

En barrios como el Colombia, las acciones sindicales articulan formas de movilización que, para su época, resultan innovadoras, con actores políticos recientes y llamativos en su contexto. En este caso, al insertarse actores nuevos dentro de la contienda política, como los líderes y los vecinos de un barrio, cuyos objetivos convergían con los del sindicato, la disputa se torna transgresiva y, al menos inicialmente, pone en alerta y hasta en jaque a las autoridades o al contendiente, acostumbrado a un repertorio de lucha estandarizado:

 

Pregunta: ¿Sintraicañazucol era de ideología marxista, maoísta, moirista o comunista?

Don Juan: Sintraicañazucol la mayoría de sus dirigentes eran del partido comunista, marxista, leninista, ésa era su presentación. No quiere decir que no hubiese otras fuerzas, la mayoría eran marxistas leninistas y ésas eran las fuerzas que penetraban y movilizaban dentro del sindicato.

Pregunta: Pero ¿el negro sí acataba la ideología?

Don Juan: Sí, así como los andinos, los nariñenses. Por eso cuando se salía un primero de mayo eran del sindicato, de los nuestros. En cambio, el sindicato patronal jamás convocaba, ellos no salían, y si salían unos que otros eran muy poquitos, no se sentían.[18]

 

Una experiencia más, la de don Artencio Hurtado: una personalidad dentro de la militancia y cotidianidad de la población negra en Palmira. Oriundo del municipio de Timbiquí, Cauca, nació en 1937. En sus primeros años vivió con sus abuelos más que con sus padres; su grupo familiar lo conformaron ocho personas, entre tíos, hermanos y abuelos. Trabajaban en cultivos de pancoger, caña y otros, además de la minera.

 

En su relato don Artencio resalta el respeto de la tradición y los valores familiares. Recuerda, de manera similar a don Juan, haber vivido su infancia en un ambiente tranquilo, donde la presencia estatal e institucional se reducía a la escuela y la iglesia. A los catorce años llegó a Palmira a buscar nuevos horizontes. Vivió primero en la Calle 15 (actual Carrera 33ª) con un amigo, confirmando lo dicho por los otros entrevistados: la población negra sólo llegaba donde estaban sus semejantes.

 

A Palmira la recuerda humilde, tranquila, laboriosa, trabajadora, con empleo para todos, ya fuera en ingenios azucareros o en empresas paneleras.[19] Los barrios Colombia, la Emilia, La Concordia y San Pedro eran algunos de los más emblemáticos o reconocidos. Su memoria, en un ejercicio sinuoso, de movimiento, le trae recuerdos anclados al jolgorio, la alegría y el bullicio de la vida cotidiana. Por otra parte, la militancia sindical se ejercía en un ambiente de sesgo y marginación por su doble condición de disidentes y negros.

 

El relato de don Artencio permite articular varias cosas. La historia del barrio Colombia, las diversas expresiones tanto de lo negro como de lo afro y la manera en que se construyen espacios propios sincréticos forman parte de una especie de “historia de la migración”: la consolidación de una barriada sobre la cual se ejerce violencia colectiva, simbólica, concretizada en el espacio urbano. Es así como puede comprenderse la formación de espacios segregados, la pobreza urbana y la marginación, y se pueden clarificar las diferencias estructurales entre los conglomerados urbanos. El barrio Colombia es entonces un incubador simbólico y matriz para la producción de una identidad reformada:

 

Pregunta: ¿Cómo hicieron para irse reencontrando las personas negras e irse organizando?

Don Artencio: Bueno, eso es una cosa que la vida misma lo va dando. Las organizaciones las permiten las leyes. Ya nosotros, a través de que había sindicatos, de que estaban las juntas de acción comunal, entonces la gente se fue metiendo en esos espacios y aparecieron las amistades hasta que algo se logró, y algo se ha logrado y está para lograrse.

Pregunta: Después de la conformación de la junta ¿qué otros espacios o tipo de organización surgió de personas negras?

Don Artencio: Fisas. Fisas nació de la Junta de Acción Comunal Costeña Santa Rosa de Saija, Fundación para la Integración Saijeña Acción Social, ya más amplia.

Pregunta: ¿Las primeras organizaciones que trabajaron el tema de la militancia en el barrio fueron?

Don Artencio: La Junta de Acción Comunal y Fisas.[20]

 

Ideas finales

Para cerrar, debemos tener en cuenta varias ideas: los diversos barrios y vecindarios aquí mencionados tienen estructuras divergentes y funciones opuestas, que van más allá de una perspectiva de escalas y permiten comprender un peculiar modelamiento de redes y relaciones sociales dentro de un espacio determinado. Para ello se requiere un nuevo lenguaje, dado que son espacios construidos en la diferencia y la negación y que sólo se pueden comprender a partir de las lecturas de la diáspora y la marginación.

 

Para entender cómo se concretan las relaciones sociales dentro del barrio Colombia —así como entre éste y la ciudad que lo rodea—, es necesario entender las diferencias entre un conglomerado étnico y los barrios de inmigrantes a que tal da origen y derivan en ciudades, y contrastarlo con los de las metrópolis, dado que en estas últimas la segregación es parcial y porosa, producto de otras condicionantes, mientras que en barrios como el Colombia la marginación obedecía a elementos como el tinte étnico y cultural de sus habitantes.

 

En consecuencia, las circunstancias que ocasionaron la llegada de las personas negras al municipio de Palmira en la segunda década del siglo XX tienen sus raíces en el olvido estatal e institucional, la marcada violencia política y el afán por hallar un sustento económico que posibilitó sostener la unidad de las familias. La migración y la adaptación a nuevos territorios han suscitado el surgimiento de formas organizativas y expresiones propias de su arraigo cultural de origen que los migrantes aportan a la sociedad que los adopta.

 

Postulado  |  Marzo de 2019

    Aceptación  |  Diciembre de 2019

 


* Universidad del Valle, Cali, Colombia.

[1] Municipio ubicado en el departamento de Valle del Cauca, en el suroccidente de Colombia. Se caracteriza principalmente por ser un sector dedicado al cultivo y explotación de la caña de azúcar y a la generación de productos agrícolas. Cuenta en la actualidad con 293 000 habitantes, aproximadamente. Para más información, véase la página de la Alcaldía Municipal de Palmira, disponible en: http://palmira.gov.co/ (consultada el 26 de febrero de 2020).

[2] Barrio ubicado en la zona central de Palmira, Valle del Cauca.

[3] De ahora en adelante los términos “personas negras” o “población negra o afrocolombiana” expresarán al conjunto de personas e identidades que se reconocen, políticamente, desde esta condición y herencia, cuya principal característica es la movilización basada en la herencia africana y los saberes y creencias generados y aprendidos tras siglos de sometimiento y dominación dentro del continente americano.

[4] Entrevista a Plinio Carabalí, realizada por Teodoro Rodríguez en el barrio Colombia, Palmira, en 2018.

[5] Fernando Urrea-Giraldo, “La población afrodescendiente en Colombia”, en Seminario internacional: Pueblos indígenas y afrodescendientes de América Latina y el Caribe: información sociodemográfica para políticas y programas, Santiago de Chile, CEPAL / CELADE / Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe / Fondo de Población de las Naciones Unidas / Centre Population et Développement, 2005.

[6] Helwar Hernando Figueroa, “Los abuelos de la memoria en Aguablanca (Cali, Colombia). Entre una ciudad agreste y un campo vuelto utopía”, Revista Latinoamericana de Bioética, vol. 14, núm. 26-1, Bogotá, 2014, p. 62.

[7] El distrito de Aguablanca es un conglomerado de barrios y comunas de la ciudad de Cali, capital del departamento de Valle del Cauca y principal ciudad del suroccidente colombiano, caracterizado por presentar casos de discriminación, pobreza extrema y marginación.

[8] Francisco Javier Flórez Bolívar, “Un diálogo diaspórico: el lugar del Harlem Renaissance en el pensamiento racial e intelectual afrocolombiano (1920-1948)”, Historia Crítica, núm. 55, Bogotá, 2015, pp. 101-124.

[9] Político afrocolombian; es el único colombiano que ha sido elegido diputado y parlamentario por Cauca, Nariño y Valle del Cauca; destacado defensor de la causa de la población negra en Colombia.

[10] Sindicato Nacional de Trabajadores de la Agroindustria de la Caña de Azúcar y del Azúcar, Palmira, Valle del Cauca, Colombia.

[11] Entrevista a Plinio Carabalí...

[12] Se denominan así aquellos cultivos que satisfacen parte de las necesidades alimenticias de una población determinada. En la zona cafetera son cultivos de pancoger: el maíz, el fríjol, la yuca y el plátano.

[13] Bebida derivada de la caña de azúcar.

[14] Confrontación entre liberales y conservadores, facciones políticas colombianas, durante las décadas de 1940 y 1950, principalmente.

[15] Entrevista a Juan Vargas, realizada por Teodoro Rodríguez en el barrio Colombia, Palmira, en 2018.

[16] Idem.

[17] Immanuel Wallerstein, Las incertidumbres del saber, Barcelona, Gedisa, 2005.

[18] Entrevista a Juan Vargas...

[19] Sitios dedicados a la producción de la panela, producto derivado de la caña de azúcar.

[20] Entrevista a Artencio Hurtado, realizada por Teodoro Rodríguez en el barrio Colombia, Palmira, en 2018.

 

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Teodoro Rodríguez C.

Resumen

El artículo ilustra las realidades vividas en el suroccidente colombiano desde mediados del Siglo XX. Los relatos expresados por personas negras oriundas tanto de lugares recónditos de la Costa Pacífica como del interior del Departamento del Cauca y Chocó, evidencian que se trababa de personas humildes y apacibles. Los negros que habitaban esa región vieron interrumpida su cotidianidad a razón de la violencia partidista y la pobreza que llegó a azotarlos. Hoy por hoy, grandes necesidades se concentran en el Barrio Colombia. Muchos de sus habitantes se vieron obligados a laborar en condiciones infrahumanas en ingenios azucareros lo que los forzó a crear una organización popular-sindical en 1974, con el firme propósito de contener la voracidad de la industria azucarera.

Palabras clave: Palmira, personas negras, Barrio Colombia, violencia, Sindicato.

 

Abstract

This article illustrates the experiences in southwest Colombia from the mid-twentieth century on. The accounts of black people from remote places on the Pacific Coast and inland in the Department of Cauca and Chocó show they were humble and peaceful people. The blacks who inhabited that region saw how their daily lives were interrupted by partisan violence and the poverty that afflicted them. Today, the Barrio Colombia is an area of great needs. Many of its inhabitants were forced to work in subhuman conditions in sugar mills, which forced them to create a popular-union organization in 1974, with the firm intention of containing the greed of the sugar industry.

Keywords: Palmira, black people, Barrio Colombia, violence, union.

 

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