Reflexiones sobre la fiesta a partir del Seminario Permanente de Estudios de la Fiesta en México

Rocío Martínez Guzmán*

 

La fiesta es alegría, diversión, identidad y cohesión, es un momento en el que se construyen colectivos, relaciones sociales y se expresa la vida simbólica de un grupo social. Los integrantes del Seminario Permanente de Estudios de la Fiesta en México investigan el tema desde distintas disciplinas, como la comunicación, lo que me parece muy pertinente porque, aun cuando su estudio en determinado momento pareciera estar vinculado sólo con la antropología social, también puede abordarse desde la historia. En este trabajo lo observaré desde la historia social y muy particularmente desde la historia oral.

 

Los trabajos de investigación que han resultado de este Seminario son doblemente importantes, pues constituyen un aporte a la historiografía sobre las fiestas, y además, son trabajos con los que varios de sus autores se han titulado. En ese sentido, es un acierto de los coordinadores haber conformado este espacio de trabajo y de diálogo entre profesores y alumnos, dado que al alumno comúnmente se le relega de los espacios de investigación y erróneamente se considera que no está al nivel para publicar sus pesquisas junto con investigadores y profesores consolidados.

 

Cada uno de los trabajos producidos en el Seminario es una mirada a la fiesta y, por tanto, nos expone una forma de vivirla (desde su organización hasta el momento propio de la fiesta y su consolidación), pero también es una forma de abordar la realidad. Las propuestas me llevan a reflexionar sobre cómo abordar la fiesta desde la historia oral y a ofrecer una suerte de comparación que parte de mis observaciones en el pueblo de San Pedro Mártir,[1] en particular la fiesta patronal.

 

Para comenzar, veo que el Seminario parte de una revisión teórica de la fiesta: algunos de los trabajos presentan definiciones, otros nos ofrecen el antecedente de cómo una celebración se convierte en algo tradicional. Por lo general se plantea una tipología en donde se ubica a las fiestas como religiosas y profanas, lo que me lleva a preguntar: ¿qué es la fiesta para cada grupo social? Si argumentamos que la historia oral busca entender a los sujetos en su propio tiempo y espacio, entonces la cuestión de qué es la fiesta para los habitantes del pueblo de San Pedro Mártir resulta pertinente.

 

Lo primero que se debe especificar es qué fiesta quiero analizar: por tratarse de uno de los llamados pueblos originarios, resalta de manera inmediata la fiesta patronal. Dicha fiesta es primordial para los habitantes porque, como ellos mismos dicen, “la fiesta viene a ser en el pueblo un acontecimiento de encuentro y convivencia con los hermanos de otras comunidades, de alegría, de unidad, de hospitalidad, de expresión de los propios valores”.[2]

 

Este encuentro y convivencia se expresan al reunirse en la misa para escuchar “la palabra de Dios”, pero también en la incorporación de prácticas que tienen que ver con elementos prehispánicos, como una limpia con incienso y caracoles antes de comenzar la celebración litúrgica. Tal situación en cualquier otro lugar sería considerada como profana, pero en este poblado, donde se configura una comunidad parroquial desde la teología de la liberación, lo normal es incorporar el pasado prehispánico a la religiosidad católica. Para los habitantes, es una muestra de respeto a su pasado que se conjuga con su presente.

 

El “ofrecimiento de promesas” es muy particular, porque durante tal no sólo acuden grupos de comunidades vecinas, su red social no sólo se construye en torno a los santos o la jurisdicción parroquial, sino también gracias a la solidaridad en torno a determinadas luchas y conflictos cotidianos; por ejemplo, a la fiesta patronal de San Pedro Mártir asiste la promesa de la parroquia de Iztapalapa con el ofrecimiento de fraternidad en la lucha que el pueblo de San Pedro gesta contra el establecimiento de una gasolinera ilegal en su territorio, y la ofrenda se expresa en una manta solidaria.

 

La presentación de las ofrendas es un elemento que se relaciona con el compartir; si bien algunos autores las consideran un sacrificio, positivo o negativo. Teniendo en cuenta los casos que mencioné, me parece que es una forma de participar y está ligada no con una manda sino con los actos de informar, compartir, agradecer o solidarizarse.

 

La fiesta patronal de este poblado es también un momento de diálogo y legitimación de las prácticas sociales de los diferentes grupos que conviven en el pueblo; la presencia en ella representa la legitimación por la autoridad moral de la comunidad. Por eso en la fiesta patronal de 2018 ciertos integrantes de un partido político llegaron a hacer propaganda con el propósito de aparentar el respaldo total de la población por estar en esa celebración; no obstante, la gente encargada de la vigilancia hizo que se retiraran. Para esta comunidad parroquial la idea de política no se entiende como autoridad suprema con ambición de poder sino como la vocación de servicio y participación para el bienestar colectivo, por tanto, viven la política en la cotidianidad, por ejemplo, al informarse de lo que acontece en su localidad y exigiendo a los funcionarios que cumplan con sus responsabilidades para resolver los conflictos que les atañen.[3]

 

En la fiesta patronal también se legitiman los movimientos sociales; la parroquia de San Pedro de Verona Mártir se caracteriza por una trayectoria de lucha y solidaridad con los movimientos sociales, lo cual nos remite a su instauración. Esta comunidad parroquial se constituyó en el tiempo en que la teología de la liberación estaba en boga, cuando uno de los sacerdotes adscritos a esta corriente llegó al pueblo y buscó entender la religiosidad popular. De manera que podemos reflexionar sobre el papel de los sacerdotes en las fiestas, pues no sólo organizan la misa mayor o exhortan a los habitantes a organizarse para la fiesta, sino también se vuelven símbolos que aglutinan al pueblo y lo acompañan en sus luchas. Los feligreses confieren a los sacerdotes una autoridad moral y depositan en ellos su confianza como su fe en los santos, pero con la diferencia de que esta fe se vive en la cotidianidad.

 

El párroco de San Pedro Mártir ha estado en el poblado por más de cuarenta años, durante los cuales ha acompañado a los habitantes tanto en sus problemas personales como en los conflictos del lugar. Para él, la mejor forma de predicar es con el ejemplo, por lo que se ha involucrado en la vida de la comunidad con la intención de conocer a sus feligreses, sus estilos de vida, sus costumbres y tradiciones, pero también aquello que los aqueja y los conflictos que viven. Es decir, él toma una posición con base en el análisis y acompaña a la gente en sus luchas. Por ello, la comunidad parroquial de San Pedro Mártir concibe al sacerdote como algo más terrenal, pero sin quitarle su autoridad moral; y a la vez, con sus acciones cambió también la idea de la Iglesia como institución de poder y control por la de una fuerza liberadora.[4] Entonces podemos decir que el sacerdote de San Pedro Mártir, en este caso, representa a la institución católica, pero también ha permeado la forma de pensar y de actuar en la vida del pueblo, lo cual dio origen a nuevas vías para participar y organizarse que impactan la vida de la localidad, abonando así la construcción de un nuevo sujeto social.[5]

 

Que la fiesta patronal ha llegado a ser una institución de poder más allá de la homilía se expresa en la organización de la feria: las bandas y grupos musicales, las danzas, los juegos pirotécnicos, puestos de comida y de diversos artículos, así como juegos mecánicos y tradicionales; todo ello representa un poder económico que la subdelegación y los grupos hegemónicos del poblado se disputan.

 

La fiesta ha cambiado también en cuanto a su organización: a diferencia de otros pueblos donde se nombran mayordomos o fiscales, San Pedro tiene comisiones de festejos, que son las encargadas de todo lo relacionado con las bandas y grupos musicales, las danzas y los juegos pirotécnicos, en tanto que la comisión sociocultural, una organización derivada de la subdelegación, se hace cargo de la feria y el jaripeo. Si bien las funciones de ambas comisiones son similares a las de las mayordomías, la de festejos tiene un vínculo más estrecho con la parroquia, mientras que la sociocultural está bajo el control de la subdelegación de la alcaldía.

 

A diferencia de los pueblos aledaños, donde los cargos para la organización de la fiesta pueden ser ocupados exclusivamente por nativos, en San Pedro Mártir las comisiones de festejos permiten la participación de los avecindados, aunque la comisión sociocultural está integrada sólo por nativos. Así, podemos decir que esta fiesta patronal fomenta la inclusión, porque los avecindados pueden tomar parte en la organización de la misa y lo relacionado con la religiosidad popular.

 

La fiesta patronal no sólo aparece como tiempo sacro en que se legitiman las acciones del pueblo y su contexto. Para cada grupo social la fiesta es un conjunto de eventos organizados con el fin de divertir a la colectividad; pero estas prácticas también van encaminadas a conmemorar algo, es decir, son una expresión de la memoria del pueblo, una manera de recordar. El pasado se trae a cuento siempre con alegría; por ejemplo, en el caso de la fiesta de los Fieles Difuntos se recuerdan los momentos de felicidad que se vivieron con ellos. La fiesta, entonces, se opone al olvido, reafirma la memoria y con ello crea cohesión e identidad.

 

La fiesta es un momento en que se vinculan los espacios públicos con los privados y todos se vuelven comunes, porque se recuerdan y transmiten ciertos valores, costumbres y tradiciones a través de una convivencia con un objetivo específico para el futuro: preservar el sentido de comunidad.

 

La fiesta tiene la función de cohesionar y, en el caso específico que nos ocupa, de construir una comunidad incluyente entre nativos y avecindados. La fiesta les recuerda que son un mismo pueblo, por lo que deben compartir las penas y alegrías; las promesas son el vínculo de la parroquia con otras regiones y en la fiesta patronal expresan con quién se mantiene una relación de solidaridad y reciprocidad. Por lo tanto, la fiesta no es estática, es un proceso dinámico, es una construcción de memoria en tanto permite entender cómo se vive un presente sin romper con el orgullo de un pasado colectivo y con la expectativa de preservar la identidad y cohesión del grupo social.

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] San Pedro Mártir es un poblado ubicado en la alcaldía Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, cuyos habitantes celebran su fiesta patronal el 29 de abril en honor a San Pedro de Verona Mártir.

[2] “Lucha Popular”, Despertar Popular, núm. 2, Tlalpan, 30 de abril de 1977, p. 4.

[3] La coyuntura mexicana 1970-1975, México, Centro de Reflexión Teológica, 1976, p. 8.

[4] Gabriel Marcelo Magne, Dios está con los pobres: el movimiento de sacerdotes del tercer mundo, Buenos Aires, Imago Mundi, 2004, p. 26.

[5] Rocío Martínez Guzmán y Mario Camarena Ocampo, “De la iglesia a las calles: la praxis de los sacerdotes en los movimientos sociales”, ponencia presentada en el II Congreso la Iglesia Católica Ayer y Hoy, del 20 al 24 de octubre de 2014, Dirección de Estudios Históricos, INAH.

 

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Rocío Martínez Guzmán

Resumen

A partir del Seminario permanente de la fiesta en México, se analiza la fiesta patronal del pueblo de San Pedro Mártir, ubicado en la alcaldía de Tlalpan, Ciudad de México. La pregunta que sirve de eje para este trabajo es ¿Qué es la fiesta para los habitantes del pueblo de San Pedro Mártir? Desde la perspectiva de la historia oral se señala que la fiesta patronal es primordial para la cohesión e identidad de los pobladores, es un momento en el que se construyen colectivos, relaciones sociales y se expresa la vida simbólica de un grupo social. La fiesta responde al contexto de la comunidad, no es estática; expresa un proceso dinámico porque conlleva a una construcción de memoria en tanto permite entender cómo se vive un presente sin romper con el orgullo de un pasado colectivo, así como con la expectativa preservar la identidad y cohesión de un grupo social.

Palabras clave: fiesta, cohesión, identidad, comunidad, memoria.

 

Abstract

The celebration of the patron saint's day in the town of San Pedro Mártir, in the municipality of Tlalpan, in Mexico City is analyzed based on the premises of the Fiesta Seminar. The central question for this text is: what is the fiesta for the inhabitants of the town of San Pedro Mártir? From the perspective of oral history, the patron saint’s fiesta is fundamental for the cohesion and identity of the inhabitants; it is a moment in which collectives and social relations are built and the symbolic life of a social group is expressed. The fiesta responds to the context of the community, it is not static; it expresses a dynamic process because it implies a construction of memory insofar as it allows for an understanding of how the present is lived without breaking away from the pride of a collective past, as well as from the expectation to preserve the identity and cohesion of a social group.

Keywords: fiesta, cohesion, identity, community, memory.

 

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