Trayectorias

Una vida tras el rastro de indígenas rebeldes y mercaderes diversificados

La apreciable maestra María Teresa Huerta Preciado nació en el emporio agrícola de Los Mochis, Sinaloa, el 23 de noviembre de 1933, y falleció en la Ciudad de México el 1 de mayo de 2020. Ingresó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en agosto de 1956 como practicante de Ciencias Histórico-Geográficas en la Oficina de Monumentos Históricos, donde trabajó en la elaboración de una guía de monumentos coloniales y en la catalogación de los documentos del archivo de Francisco I. Madero.

María Teresa Huerta Preciado. Bibliografía

María Teresa Huerta Preciado. Bibliografía

Carlos Aguirre Anaya, El “Centro” de la ciudad: clave histórica, de cultura urbana e imaginario social

Rocío Martínez Guzmán
Mario Camarena Ocampo

 

¿Cómo entender la ciudad? Es la pregunta que Carlos Aguirre se ha planteado durante más de treinta años, y su respuesta recorre desde los estudios de la migración rural hasta la investigación sobre los centros de las ciudades. Aguirre es de los pioneros de la historia urbana en la Dirección de Estudios Históricos del INAH. Su formación antropológica la complementó con un aprendizaje en la investigación histórica misma para ver el flujo temporal de una ciudad que se reinventa y destruye de manera incesante.

 

Carlos Monsiváis. En defensa del Estado laico

Tania Hernández Vicencio

 

Carlos Monsiváis Aceves nació en la Ciudad de México, el 4 de mayo de 1938; falleció el 19 de junio de 2010, año del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución mexicana, eventos en torno a los que Monsiváis reflexionó ampliamente. La Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (DEH-INAH) en ese año despidió a quien fuera uno de sus investigadores desde 1972; Monsiváis encabezó, en la última década antes de su muerte, varios proyectos académicos, entre los que destacaron el Seminario de la Cultura Nacional y el Taller del Libro, además de haber apoyado con sus brillantes conferencias seis ediciones del Diplomado de Historia del siglo XX.

 

Leticia Reina: Nosotros, los historiadores, somos los guerrilleros de la palabra

Rocío Martínez Guzmán*

Mario Camarena Ocampo*

 

“Somos guerrilleros de la palabra, las letras son nuestra arma”. Así define Leticia Reina una forma de investigar que no sólo busca producir nuevo conocimiento sino también que éste impacte en la realidad en que viven los investigadores. Las preguntas que guiaron su trabajo académico se formularon en el presente, pero buscan las respuestas en los procesos históricos de los siglos XIX y XX. Así, los temas que ha trabajado a lo largo de su carrera académica responden a una problemática política del momento. Cuando en los años setentas el asunto del movimiento campesino y la lucha por la tierra se convirtieron en centrales, Leticia abordó un problema fundamental: el de la formación del primer municipio de izquierda en el istmo de Tehuantepec; después pasó al movimiento indígena y sus formas de expresión durante las contiendas electorales, y ahora se interesa por el fortalecimiento de la cuestión étnica, insertándose fuertemente en las discusiones historiográficas.

Alicia Olivera Sedano. Recogiendo voces e hilvanando historias

Alicia Esperanza Olivera Sedano de Bonfil nació en Toluca, Estado de México, en 1933, y falleció en la Ciudad de México en 2012. Era miembro de una familia de ocho hijos. De padre médico —recordado por Alicia como un liberal que compartía varios de los ideales revolucionarios— y de madre con profundas creencias católicas. Alicia Olivera estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se graduó como licenciada en Historia en el año de 1953, con una tesis que sería producto de su investigación pionera sobre el conflicto religioso en México.

Entre la vida política y la academia: entrevista a Saúl Escobar Toledo

Mario Camarena Ocampo
Rocío Martínez Guzmán

 

En la inmediación del cerro del Chapulín un hombre se dirige a su trabajo, uno donde la lectura, la escritura y el intercambio de ideas con sus compañeros en pasillos, cubículos o encuentros académicos es algo cotidiano. En otro plano de su vida es un hábil y activo partícipe de la actividad política. Ese hombre es Saúl Escobar Toledo, estudioso de la relaciones entre el sindicalismo y el Estado en el contexto de la economía mundial.

María Eugenia Fuentes Bazán (1953-2011): Un espíritu firme y tenaz

Beatriz Cano

 

La gente, al recordar a las personas que han dejado de existir, trae a la memoria, en primer lugar, las experiencias vividas con ellas, los rasgos físicos y de carácter, así como los logros en el campo profesional. Las imágenes que concurren en el momento de evocar a María Eugenia Fuentes Bazán son un todo inseparable. Quienes tuvimos la fortuna de haber compartido el espacio-tiempo con Maru sabemos que siempre fue la misma en todos los ámbitos de la vida, no había un desdoblamiento de personalidad. Si tuviera que quedarme con algún rasgo, definitivamente sería con un par de ellos: la serenidad y la constancia. Ambas cualidades rigieron su proceder.

“Maru Fuentes”

Rubén Ruiz Guerra

 

Conocí a María Eugenia una tarde en las instalaciones del Archivo Metodista. Llegó acompañada de una pequeña muy seria, quien saludó cortesmente y se sentó a la gran mesa de trabajo con la que contábamos; sacó su cuaderno de tareas y empezó a trabajar sin hacer mucho caso de lo que los adultos platicaban. Esta fue una escena que se repetiría en numerosas ocasiones. El interés de Maru era encontrar material acerca de los orígenes del metodismo en Tlaxcala. Le interesaba, en particular, la población de Zacatelco. Por aquella época, tal vez el año 1985 o 1986, un libro de Jean Pierre Bastián acerca del protestantismo en la Revolución mexicana llamaba la atención de los interesados en comprender el papel de ese movimiento religioso en México. Mostraba que algunos dirigentes metodistas habían sido mandos intermedios en el movimiento armado, y entre sus regiones de estudio incluyó, justamente, Tlaxcala. Allí había encontrado un importante foco revolucionario con el que se habían asociado pastores, laicos,  estudiantes y maestros que se habían formado en las filas de la misión metodista. Guiada, seguramente, por su conocimiento de la región, Maru hizo tema de su interés el pueblo de Zacatelco.

Isabel Quiñónez. Una estampa

Mónica Palma Mora

 

En esta edición recordamos a Isabel Quiñónez, talentosa colega de la Dirección de Estudios Históricos (DEH),  a casi nueve años  de su fallecimiento. Nacida en San Pedro Sula, Honduras, el 17 de julio de 1949, llegó a vivir a la ciudad de México de  pequeña. Su madre había optado por emigrar de  su tierra natal en compañía de sus dos hijas, una de ellas Isabel, y establecerse en esta ciudad.[1]  Desde muy joven mostró un enorme interés y gusto por la lectura. Cursó la carrera de Ciencias y Técnicas de la Información en la Universidad Iberoamericana, elaboró guiones para televisión y colaboró en varias revistas literarias.[2] En el INAH se desempeñó primero  como investigadora en el Departamento de Música y Literatura Oral, y luego, desde fines de la década de los ochenta hasta su fallecimiento (octubre de 2007), como investigadora de la DEH. En este centro fue por varios años miembro del  Seminario de Historia de la Cultura Nacional, coordinado por Antonio Saborit. Cabe referir que en este seminario se desarrollaron varios temas de estudio, entre ellos: los proyectos de nación, la novela popular del siglo XIX, la cultura popular del siglo XX, la moral social, historia de la crítica literaria,[3] y en la década de 1970 agrupó a escritores hoy renombrados como José Emilio Pacheco, Carlos Monsivaís, José Joaquín Blanco, Héctor Aguilar Camín, Adolfo Castañón, Nicole Girón, entre otros más.

Páginas

Suscribirse a RSS - Trayectorias