Trayectorias

La mirada en los astros: un pequeño homenaje a Isabel Quiñónez

Alejandro de la Torre

 

Confieso que cuando fui invitado a escribir unas líneas en homenaje a nuestra querida Isabel Quiñónez para la revista Contemporánea, no sabía en la que me estaba metiendo. No tanto por la dificultad que suele entrañar hablar bien de alguien, sino porque me vería precisado a elegir sólo alguna cosa de las muchas que me habría gustado decir. No obstante, acepté el compromiso llevado por el afectuoso recuerdo de Isabel, asumiendo que estos renglones tendrían que fungir como un obligado testimonio de gratitud a una admirada colega, poseedora de un talento y una generosidad irreemplazables.

Isabel Quiñónez: La línea de sombra

José Joaquín Blanco

 

En los poemas de Así en la tierra (Breve Fondo Editorial, 1996), de Isabel Quiñónez (1949-2007), encontramos cánticos y paisajes del caos, la irrealidad, la muerte y la desdicha, entonados e iluminados con una aguda voluntad de verdad, de asomos radicales a las introspecciones duras. Pero estas visiones negras a la vez se ven enriquecidas con tal música, con tal delicadeza y exactitud de sensaciones —incluso de repente, en mitad de la tormenta, ensayan ciertos elogios del mundo—; con tal esfuerzo reflexivo —desde las perspectivas de la filosofía, de la religión, de la mística, de la magia, del folklore, de la ironía—; que el lector se sorprende combatido continuamente entre el flujo de la elegía, de la desesperanza y hasta de la imprecación, y el reflujo de su belleza verbal y sensorial, de su coraje y sus luces intelectuales. Y de esa danza ritual que en sí misma constituye una afirmación vitalista en la linde misma de la sombra. Entre las ruinas del ser, está conjurando algún íntimo, concreto paraíso: por lo pronto, el poema.

La vida y obra de Sergio Ortega Noriega

Lourdes Villafuerte García

 

En el curso de una de esas sabrosas pláticas que teníamos mi querido amigo Sergio Ortega y yo, me contó que al cumplir 50 años hizo un recuento de su vida y una reflexión acerca de los años que le quedaban por vivir. En aquella ocasión tomó conciencia de que estaba a la mitad de la vida, la cual había sido muy productiva, y que el tiempo que le quedaba, poco o mucho, debía aprovecharlo al máximo, y decidió dedicarlo a las dos actividades que consideraba más importantes: su trabajo de investigador y docente en historia y a las personas que quería. Tuve la fortuna de ser beneficiaria de esta grave decisión, pues él y yo colaboramos de manera estrecha en un proyecto de investigación que ha ocupado buena parte de nuestro tiempo los últimos 25 años y yo  era, además, una de las personas que él quería.

Sergio Ortega Noriega en el Seminario de Historia de las Mentalidades

José Abel Ramos Soriano

 

La relación de Sergio con el Seminario de Historia de las Mentalidades comenzó en 1978, desde la formación de este grupo de trabajo, ya que fue uno de sus fundadores. El Seminario se inició por un convenio firmado entre la embajada de Francia en México, a través del Instituto Francés de América Latina, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, por medio del entonces Departamento de Investigaciones Históricas (DIH), actualmente Dirección de Estudios Históricos (DEH). Sergio representaba a México, en tanto que Solange Alberro y Serge Gruzinski estaban por parte de Francia. Estos últimos se encontraban en México realizando su respectivo doctorado de estado sobre la época colonial para la Universidad de París.

Sergio Ortega Noriega y el Seminario de Historia de las Mentalidades

Mario Camarena Ocampo

 

Mario Camarena Ocampo: El objetivo de esta entrevista es que tú, investigador de la Dirección de Estudios Históricos con más de cuarenta años de trayectoria, hagas una remembranza de Sergio Ortega Noriega como parte de tu formación y desarrollo como investigador, pues la revista CON-TEMPORÁNEA quiere hacer un sencillo, pero sentido homenaje a un personaje que, desde mi punto de vista, fue importante para esta Dirección, no sólo como investigador sino como formador de investigadores. ¿Cómo conociste a Sergio?

Obras de Sergio Ortega Noriega

Obras de Sergio Ortega Noriega

 

El edén subvertido. La colonización de Topolobampo. 1886-1896, México, Departamento de Investigaciones Históricas-INAH, 1978.

 

In memoriam Dolores Pla (1954-2014)

Clara E. Lida

 

Agradezco a la Dirección de Estudios Históricos, y en particular a Tania Hernández Vicencio, subdirectora de Historia Contemporánea, que hayan pensado en mí para hablar de nuestra entrañable Dolores Pla. Que este salón esté repleto es un testimonio del cariño, admiración y calidez que supo despertar entre quienes tuvimos el privilegio de conocerla y tratarla. Antes de comenzar, quiero expresar mis más hondos sentimientos a sus amigos, a sus compañeros de trabajo y a sus familiares; para su hija Anna Helena y Armando Alvarado, su padre, van todo mi afecto y solidaridad. No me ha sido fácil componer estas breves páginas sin que me desbordara la tristeza, por eso más que hablar de la amiga entrañable, evocaré los primeros pasos en mi relación profesional con ella.

Dolores Pla: alumna, colega, siempre amiga

José Antonio Matesanz

 

Quiero agradecer, en primer lugar, a Mónica Palma, a la Dirección de Estudios Históricos del INAH el haberme invitado a participar en este homenaje. Aunque yo ya me jubilé, ¡ya terminé los trámites con el ISSSTE!, cosa que todavía no creo, estoy a punto de irme, estoy a punto de iniciar otra vida, ahora que acabo de cumplir 75 años, aunque no lo parezca. Eso me decía Lola: “tú eres grande de la edad, pero no lo pareces”.

En memoria. Dolores Pla Brugat y el estudio de los refugiados españoles en México

Guadalupe Zárate Miguel

 

Para Anna, Enrique, Miquel con todo mi amor

 

Agradezco a mis compañeros de la Dirección de Estudios Históricos (DEH), la oportunidad de participar en el homenaje a mi querida amiga-hermana Dolores Pla Brugat.

 

Ella supo lo que yo sentía y pensaba de su trabajo porque era un tema recurrente en las reuniones que sostuvimos a lo largo de más de cuarenta años. El amor, la familia, la política, la literatura, los programas de tele y nuestras investigaciones se mezclaban, a veces sin mayor transición. Entre la ortodoncia de Dersu y Cuna de lobos, aparecían nuestros inmigrantes. La línea de separación entre lo personal y lo profesional era muy elástica. Creo que es el caso de muchas de mis colegas.

Para Lola

Gerardo Necoechea G

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La primera imagen de Lola que me viene a la memoria es la de ella en su escritorio, escribiendo, y a su lado derecho una pila de hojas impresas. Estábamos todavía en la antigua sede de la Dirección de Estudios Históricos (DEH), en el anexo al Castillo. El Seminario de inmigrantes, al que pertenecía Lola, compartía un amplio cubículo con nosotros, los del Seminario de Movimiento Obrero. Por accidente de la distribución de espacio, el nuestro en ocasiones parecía más recibidor que cubículo, puesto que todo mundo tenía la costumbre de pasar a saludar, o si eran visitantes, pasar a preguntar por ésta o aquélla persona. Lola redactaba entonces su tesis doctoral, e imperturbable, con sonrisa o sin ella saludaba o contestaba la pregunta sin desviar la vista de la máquina de escribir, una Olimpia eléctrica que, si no mal recuerdo, por esos tiempos fue sustituida por una de las primeras computadoras en la DEH.

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