La historia interminable de Madera

Jesús Vargas, Madera rebelde. Movimiento agrario y guerrilla (1959-1965), Chihuahua, Ediciones Nueva Vizcaya, 2015.

Alejandro Peñaloza Torres*

 

El asalto al cuartel militar de Ciudad Madera el 23 de septiembre de 1965 es uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea de México, en lo que a violencia política se refiere. Sobre Madera se han dicho y escrito muchas cosas, falta decir y escribir muchas más, desde luego.

 

De entrada, Madera representa el mito fundacional de la guerrilla moderna en México, de la oposición armada al régimen priista en el marco de la guerra fría. Madera fue, también, un referente para la Liga Comunista 23 de septiembre, fundada ocho años después del asalto, la cual tomó la fecha para nombrarse y el lugar para nombrar a su periódico revolucionario. Además, el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) durante un breve periodo se fusionó con los remanentes de la guerrilla de Chihuahua –tanto del Grupo Popular Guerrillero (GPG), encabezado por Arturo Gámiz y Pablo Gómez, como el posterior Grupo Popular Guerrillero-Arturo Gámiz, dirigido por Oscar González–, llamándose MAR 23.

 

Pero ¿qué pasó en Madera? ¿Cómo fue qué un reducido grupo de 13 guerrilleros mal armados supusieron que podrían tomar un cuartel militar? ¿Cuál fue la razón de ser del GPG?

 

El peso de la historia

 

Curiosamente, y pese al título, Jesús Vargas dedica una mínima parte al surgimiento del GPG y al asalto del cuartel. El trabajo se enfoca, acertadamente, en reconstruir la lucha agraria en el estado de Chihuahua y en otros estados del norte del país, como Durango, Coahuila y Sonora. Me parece atinado pensar en muchos años de lucha agraria; de peticiones pacíficas y legales para solicitar el reparto de tierras; de la confianza en un gobierno que surgió de una revolución y que como tal debía representar a los campesinos que lucharon en ésta, o a los hijos de esos campesinos; para poder pensar después en el GPG y en el asalto al cuartel.

 

De esta forma Jesús Vargas pone un pie en el pasado, pero coloca otro en el presente, en la necesidad imperiosa de “justicia” para aquellos que dieron su vida por un ideal, que tuvieron el coraje y la fuerza de levantarse contra la injusticia. El autor deja claro que fue a partir de sus amistad y conversaciones con Salvador Gaytán, uno de los cinco sobrevivientes al asalto de aquel 23 de septiembre, que concibió la necesidad de hacer un libro donde se contara “la historia de Madera” y se “rescatara la memoria”. De hecho Vargas menciona que fue Gaytán quien le pidió que escribiera al respecto.

 

Esto resulta fundamental: el lazo que existe entre pasado, presente y futuro al momento de reconstruir la historia de los grupos subalternos, de quienes fueron excluidos de la historia, hablando de nuestro pasado inmediato. Aquello que Aróstegui llamó la Historia del tiempo presente. En otras palabras, el cruce, sumamente conflictivo, entre historia y memoria. No me voy a centrar en ese tema, pero sí quiero resaltar que una constante al momento de estudiar y analizar los movimientos políticos del pasado es que evidencia la necesidad de justicia para aquellos que participaron… y perdieron. El hecho de que Jesús Vargas comience a escribir poniendo el acento en ese tema es una clara muestra de ello.

 

Madera Rebelde. Movimiento agrario y guerrilla (1959-1965) no comienza en la década de 1950, sino mucho antes, desde los años inmediatos a la Revolución de 1910. Vargas explica cómo con la construcción del ferrocarril durante el Porfiriato, la zona de Madera se convirtió en un enclave para la explotación industrial de los bosques de Chihuahua: la instalación de aserraderos comenzó hacia 1907, y con ello el despojo de la riqueza de la zona para los campesinos, en beneficio de los empresarios madereros. En forma paradójica, y con base en la narración del autor, tras la revolución la inversión de capitalistas –nacionales y extranjeros– para mantener la explotación de los bosques fue en aumento, aunado a la crianza de ganado –así como la consiguiente necesidad de enormes terrenos destinados a ese fin– y no solo impidió el reparto esperado por los habitantes de la zona, sino que llevó a más y mayores despojos.

 

Vargas recorre de hecho toda la primera mitad del siglo XX a través de las constantes luchas por la tenencia de la tierra y el conflicto entre los distintos actores sociales en esa parte del norte de México.

 

El suelo fértil para que surja Madera

 

Es casi hacia la mitad del libro, y que también es la mitad de siglo, cuando aparecen los antecedentes inmediatos a Madera: una lucha añeja por el reparto agrario que no se vio satisfecha tras la Revolución; el corporativismo al que el PRI-gobierno había sujetado a todos los estratos de la sociedad; la existencia de una “izquierda” subordinada al poder y que no representaba una opción real e independiente del Estado; la violencia múltiple  en la región, con guardias blancas al servicio de las empresas madereras y latifundistas, y policías y ejército dispuestos a reprimir la resistencia campesina.  Es decir, un escenario complejo para aquellos quienes esperaban un pedazo de terreno para trabajar y subsistir.

 

Pero también un escenario bastante complejo para problematizar y explicar el surgimiento del GPG. Tras el trabajo de Vargas queda clara la situación de precariedad, miseria y desamparo del campesinado de Chihuahua, de la desesperación de miles de hombres y mujeres que no tenían manera de sacar adelante a sus familias; no se trataba de que no fueran contemplados en el proyecto de nación del gobierno posrevolucionario, de hecho habían sido contemplados: eran la mano de obra barata para los aserraderos que se instalaron en la zona, las industrias del norte del país que había  comenzado hacia principios de siglo, el proletariado agrícola que sustituyó a los pequeños propietarios en estados como Sonora y Sinaloa, y los obreros de las empresas maquiladoras en la frontera con los Estados Unidos,  instaladas  hacia la mitad de la década de 1960, donde uno de los lugares principales fue Ciudad Juárez, en el mismo estado de Chihuahua.

 

Al final

 

¿Qué aporta a nuestro conocimiento sobre la lucha armada y la violencia política del periodo el libro escrito por Jesús Vargas? Desde mi punto de vista lo siguiente:

 

1)     Nos brinda la posibilidad de mirar que el escenario en el cual surge el GPG es una constate y añeja lucha agraria; es decir, el GPG fue un grupo armado que surge como consecuencia de la disputa por la tenencia de la tierra en Chihuahua. No en vano todo el trecho recorrido por los principales líderes de la guerrilla por medios legales y pacíficos, y que los fueron desencantando y  radicalizando en forma paulatina.

 

2)    Ese desencanto queda de manifiesto en la participación de Arturo Gámiz, Pablo Gómez y los hermanos Gaytán, Salvador y Salomón, en la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM), vinculada al PPS dirigido por Lombardo Toledano; en las cartas de Gámiz y de Gómez dirigidas al presidente de la República, Adolfo López Mateos, y al gobernador del estado, Práxedes Giner Durán, en las cuales apelaban a la legalidad, a la constitución política y a un Estado revolucionario, en el cual de hecho creían.

 

3)    Los nexos entre campesinos, estudiantes y profesores normalistas tienen lugar en un contexto donde ambos tienen el mismo origen de clase; es decir, los estudiantes de las normales rurales que se relacionan con las luchas campesinas, son hijos de esos campesinos desposeídos y despojados.

 

4)    El GPG no logró constituirse en el brazo armado de ese enorme movimiento de masas no sólo en Chihuahua, sino en estados vecinos. Como el mismo Vargas señala: las primeras acciones militares fueron “desordenadas”, lo cual nos hace pensar más en un grupo de autodefensa campesina que en un proyecto que buscaba la toma del poder sustentado en alguna ideología política.

 

5)    Las  fuentes a las que refiere el autor, en particular los documentos donde aparecen los informes de los agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), los cuales nos permiten pensar en el enorme control que el Estado mantenía sobre la población. Estos documentos muestran cómo la policía política debió estar incrustada en el movimiento campesino para que sus informantes pudieran asistir a las asambleas, paradas y caravanas, y  después notificara sus superiores sobre lo que sucedía.

 

¿Qué le falta? Si bien el autor refiere a sus fuentes, y hace un esfuerzo por citarlas, se hubiera agradecido un mayor rigor al tratarlas. En muchas casos especifica que son documentos sin clasificar, perdidos en un mar de papeles y a los cuales no se les ha prestado mayor atención, sobre todo al tratarse de archivos de Chihuahua. Sin embargo, hay otras fuentes que pudieron tratarse más rigurosamente, e incluso queda la sensación de que pudieron aportar todavía más, sobre todo las entrevistas a las que hace mención el autor.

 

Me parece que falta más espacio dedicado al GPG como tal, sobre todo si pensamos que el nombre del libro hace clara alusión al grupo y al asalto al cuartel militar de Madera. En suma, el libro que nos presenta Jesús Vargas constituye un aporte valioso para problematizar y contextualizar el surgimiento del GPG, en particular, y al movimiento armado en México durante las décadas de 1960-1970 en general. Su lectura debe permitirnos reflexionar sobre el origen de las organizaciones armadas del periodo, sobre sus objetivos, sus métodos y sus fines, como parte del complejo entramado de los procesos políticos y sociales de la segunda mitad del siglo XX mexicano.

 


* Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH.
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Jesús Vargas, Madera rebelde. Movimiento agrario y guerrilla (1959-1965), Chihuahua, Ediciones Nueva Vizcaya, 2015.

Alejandro Peñaloza Torres*

 

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