Extranjeros incómodos

Laura Beatriz Moreno Rodríguez, Exilio nicaragüense en México (1937-1947), México, CIALC-UNAM, 2015.

 

Angélica López Plaza*

 

En el exilio todo intento de arraigo

se considera traición:

es el reconocimiento de la derrota.

Salman Rushdie, Los versos satánicos

 

 

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El Exilio nicaragüense en México (1937-1947) de Laura Beatriz Moreno Rodríguez, es resultado del empeño que la investigadora ha puesto en rescatar del olvido un importante capítulo de la historia de los perseguidos políticos antisomocistas. El desconocimiento que la historiografía mexicana tiene del tema se debe en buena medida al destello político, cultural y social que provocó la llegada de cientos de miles de exiliados republicanos españoles a tierras mexicanas. Sin duda, México ha sido un país refugio para los exiliados de las distintas dictaduras en Europa y América Latina.[1] Particular atención se ha prestado a los casos de españoles, argentinos, chilenos y guatemaltecos que se asilaron en México durante el siglo XX. Con todo, el caso de los exiliados nicaragüenses es un capítulo abierto en la historia contemporánea mexicana que comienza a escribirse.

 

La obra que reseñamos se inscribe en el rescate de la historia de los exilios centroamericanos y en particular, el caso de Nicaragua. La investigación se centra en el exilio nicaragüense en México, desde el ascenso a la presidencia del dictador Anastasio Somoza (1937) hasta la conclusión de su primera etapa de gobierno (1947). El libro se divide en dos momentos históricos distintos pero complementarios: por una parte, se analiza la política exterior mexicana en relación con Centroamérica y Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, así como los sucesos políticos que permitieron la entrada de los antisomocistas a suelo mexicano; por otra parte, se reconstruyen, de manera pormenorizada, las actividades de los exiliados en el país de acogida. El eje fundamental que unifica el libro es el análisis exhaustivo de la investigadora acerca de los perseguidos políticos a la luz de los documentos confidenciales generados por los organismos de seguridad mexicana.

 

En la primera parte del libro, correspondiente a los dos primeros capítulos: “Política nacional e internacional de México: ¿protectora o vigilante?” y “La Nicaragua somocista”, la autora no sólo describe el panorama histórico y político de la región durante el inicio de la Segunda Guerra Mundial, sino que además, analiza con detalle el momento en el cual el gobierno mexicano declara el estado de guerra hacia las potencias del Eje. A partir de entonces, México instauró una serie de medidas de seguridad nacional dirigidas a la vigilancia de los residentes de origen alemán, japonés e italiano. El espionaje, el sabotaje y el delito de disolución social fueron las estrategias utilizadas por el Servicio Secreto mexicano para llevar a cabo las medidas de seguridad.

 

Este organismo tuvo como objetivo principal mantener el control de grupos fascistas que atentaban contra la seguridad y el control de la política nacional cardenista. Sin embargo, el perfeccionamiento de los servicios de inteligencia mexicana durante el conflicto bélico, tuvo repercusiones en otros grupos de exiliados, y en particular en el caso de los perseguidos políticos provenientes de Centroamérica. Al decir de la autora: “la política tanto cardenista como avilacamachista jugó un doble papel: por un lado aceptó y protegió a exiliados; y por otro ordenó su vigilancia”.[2]

 

Laura Moreno también muestra en forma detallada la evolución del Servicio Secreto mexicano, desde antes de entrar a la guerra, cuando este organismo llevaba por nombre Servicio de Contraespionaje e Investigación. Asimismo, enumera las características y el funcionamiento de este organismo de vigilancia y seguridad. Un elemento esencial para comprender este panorama político nacional e internacional fue la presencia e influencia de los Estados Unidos en la región. En el caso del servicio de inteligencia mexicano, la autora indica:

 

En julio de 1942, Demetrio Flores Fagoaga, subjefe del Departamento de Investigaciones, fue enviado a Washington para coordinar con el jefe del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), la labor de investigación contra el espionaje en México. Para 1944, este mismo servicio de inteligencia estadounidense se encargó de entrenar agentes mexicanos con técnicas de espionaje utilizadas en aquel país.[3]

 

Estos datos muestran la complejidad de la historia política mexicana, durante la primera mitad del siglo XX. En este sentido, el espectro de lecturas y enfoques que ofrece el Exilio nicaragüense en México es muy amplio y completo. No sólo se narran los hechos más importantes con respecto a la política externa mexicana sino que, además, se profundiza en uno de los sucesos más trágicos de la historia nicaragüense: los años de la dictadura.

 

Laura Moreno propone un listado cronológico (1937-1947) de los perseguidos políticos durante la dictadura somocista. El registro comienza con los sandinistas perseguidos a raíz del asesinato del líder revolucionario Augusto César Sandino en 1934, continúa con la represión y posterior huida de los líderes políticos de los partidos tradicionales —conservadores y liberales—, y culmina con la represión de estudiantes, líderes obreros, abogados, entre otros. Cada una de las oleadas de exiliados nicaragüenses tuvo sus características específicas. Sin embargo, y pese a las diferencias ideológicas y sociales, los perseguidos políticos constituyeron un grupo muy definido en el exilio: los antisomocistas.

 

En la segunda parte del libro, correspondiente a los capítulos tercero y cuarto: “El exilio nicaragüense visto desde México” y “La investigación política: reconstrucción de las actividades de los antisomocistas”, Laura Moreno presenta las experiencias individuales de algunos de los sujetos exiliados, en concreto el caso de las familias Chamorro, Argüello, Pasos y García, entre otras, así como las redes políticas que los antisomocistas fueron tejiendo en el exilio. Resulta muy útil el concepto “red familiar”, que la investigadora utiliza para brindarnos la genealogía política, las alianzas matrimoniales, sociales y económicas de esos exiliados.

 

Una de las actividades políticas que realizaron los exiliados nicaragüenses en México fue llevar a cabo un plan para derrocar el gobierno de Somoza. En este sentido, la vigilancia que realizaron los agentes mexicanos fue, la mayoría de las veces, a petición del gobierno nicaragüense. A través de una escritura muy fluida, la historiadora narra la creación y organización del proyecto antisomocista. El plan surgió en el seno del Comité Antisomocista, que tenía como brazo político la Unión Democrática Nicaragüense, filial de la Unión Democrática Centroamericana. Laura Moreno nos muestra que la red política formada en torno a este comité es imprescindible para entender el desarrollo político de la región del istmo. Esta organización se fortaleció con la participación de otros exiliados centroamericanos en México, sobre todo del grupo encabezado por el costarricense José Figueres. Sin embargo, la influencia de estos exiliados centroamericanos ejerció una presión que resultó perjudicial para los nicaragüenses. Según la autora:

 

Los nicaragüenses, al comienzo de su campaña militar, sí tuvieron un margen de acción para hacer los preparativos y llevar a cabo el derrocamiento de Somoza; sin embargo, al involucrarse con el grupo de los figueristas, sus planes se fueron debilitando, porque Figueres y Arguello primero querían derrocar al gobierno de Costa Rica y después al de Nicaragua, lo que originó que a lo largo de 1946 no existiera claridad entre los participantes sobre cuál era el primer gobierno que convenía derrocar. Esto provocó que en 1947 se presentara la disputa por las armas entre figueristas y nicaragüenses, mayoritariamente conservadores. Además, las intrigas y las discusiones entre los participantes, así como la detención de Pasos Leiva tras haber pactado con Somoza en 1947, debilitaron al grupo nicaragüense. La intervención del gobierno mexicano a través de sus agentes secretos puso en desventaja a los nicaragüenses para seguir sus planes armados desde México, por lo que salieron de territorio nacional debilitados.[4]

 

Esta obra va acompañada de un apéndice que resulta por demás valioso, en tanto muestra la vigilancia ejercida sobre otros centroamericanos que se vincularon a los nicaragüenses, evidenciando, a su vez, las redes que se generaron entre estos exiliados durante su permanencia en territorio mexicano.

 

Exilio nicaragüense en México devela un episodio de la historia de los perseguidos políticos centroamericanos muy poco trabajada hasta el momento. Sin duda, el libro de Laura Moreno Rodríguez es parte fundamental del andamiaje que poco a poco se ha ido construyendo acerca del fenómeno del exilio en la región. Si bien es cierto que —como versa en el epígrafe— “en el exilio todo intento de arraigo se considera traición”, también es sustancial recordar que una vez pasado los años de la militancia y la fe en un pronto regreso, no queda otra opción que darle al exilio otro significado: “la de un nuevo hogar”.

 


* Esta reseña es producto de la investigación enmarcada en el Programa de Becas Posdoctorales de la UNAM, como becaria del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe.

[1] Pablo Yankelevich (coord.), México, país refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX, México, INAH, 2002.

[2] Laura Beatriz Moreno Rodríguez, Exilio nicaragüense en México (1937-1947), México, CIALC-UNAM, 2015, p. 56.

[3] Ibídem., p. 65.

[4] Ibidem, pp. 240-241.

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Laura Beatriz Moreno Rodríguez, Exilio nicaragüense en México (1937-1947), México, CIALC-UNAM, 2015.

 

Angélica López Plaza*

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