Renovarse o morir. La revista de la Facultad de Artes y Diseño

Artesdiseño. Revista de la Facultad de Arte y Diseño, México, Facultad de Arte y Diseño-UNAM, enero- agosto de 2016.

 

Rebeca Monroy Nasr*

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En 2016, con la creación de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, se abrió un ciclo, un anhelo esperado durante años por propios y ajenos. Los profesores, que ayer eran sus alumnos, deseaban convertir su sueño en realidad: tener una facultad que proviniera de la prestigiada Escuela Nacional de Artes Plásticas.  En el pasado se le conocía como Academia de San Carlos, cuando las artes, el diseño y, mucho antes, la arquitectura la conformaban; para finales de la década de 1970, la carrera de Comunicación Gráfica engrosó sus filas al abandonar el antiguo edificio de Tacubaya para integrarse al de Academia 22, ubicado en el centro de la Ciudad de México.

 

 

En ese egregio edificio colonial estaban las carreras reacomodadas a fuerza de batallas internas, de confusión y desconfianza, pero que al final del día era importante cohesionar. En aquel momento, el Estado tenía la “negra” intención de mover las facultades, las preparatorias y algunas escuelas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) que estaban en el Centro Histórico, y convocó a la necesidad de descentralizarlas; tal vez con la idea de desmantelar los movimientos sociales y estudiantiles, los cuales se gestaban con suma facilidad. Es inevitable mencionar el caso de Xochimilco, en 1980, no sin evocar las fuerzas antagónicas y disidentes. Este breviario histórico es sólo para aludir a las transformaciones ocurridas en estas tierras poco pobladas y donde el Reclusorio, las flores, las chinampas y las inundaciones eran parte de la cotidianidad. Llegar en camión implicaba un recorrido de una hora y media a dos horas, para toparse con las vacas y la milpa, sin lugares para comer o buscar un lápiz “Mirado” no. 2. Todas estas son evocadoras imágenes para recordar.

 

Por su parte, y ya desde Academia 22, el profesor de historia del arte y crítico connotado Armando Torres Michúa portaba su arma más destacada en el ámbito escolar: una revista que mostraba algunas de las más atractivas noticias, ensayos, artículos y notas sobre las artes. Era la Revista Artes Visuales de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, que se imprimía ahí mismo, en los talleres, con la sabiduría y capacidad de los maestros impresores. Entre las páginas de la revista se dotaba de sentido a muchos teóricos de la época, pero también a nóveles escritores y renombrados artistas plásticos: pintores, escultores, grabadores y fotógrafos. Torres Michúa era selectivo y exigente; elementos que caracterizaron a sus clases, a sus textos, a sus alumnos y también a la revista hasta el momento de su muerte.

 

Ahora, a la vuelta de 18 años, volvemos a ver una revista que viene a saldar la deuda de difusión de los materiales creados para ser publicados en esta maravillosa, impecable —y esperemos de larga vida—publicación que hace honor a la antigua escuela, aunque también promueve a esta nueva Facultad de Artes y Diseño.

 

Me parece que el esfuerzo es noble y determinado; bajo la dirección de la doctora Elizabeth Rojas y de la entonces editora, la doctora Mariana Méndez Gallardo, se ha constatado el esfuerzo, cariño y dedicación impuestos en esta publicación. Ahora trabajará como editora la maestra Marcela Reyna, con un nuevo equipo de trabajo en el diseño de la revista, pero con la misma entrega y entusiasmo.

 

Es una revista que crece, desde el germen hasta la producción final, con este segundo número; busca formarse entre la creatividad con la que pueden contribuir sus alumnos y profesores. Sin embargo, lo más trascendente no es sólo la calidad de sus imágenes y fotografías, pues se procura una línea impecable de edición y diseño, aunada a una impresión de primera línea a color; también procura la calidad y la certeza de que los artículos, ensayos, aproximaciones a nuevos temas, tesis, reseñas y obras plásticas satisfagan las necesidades de una comunidad que busca expresarse en intertextualidad, tanto a partir de sus imágenes como de su producción literaria y editorial.

 

De ahí la importancia de esta revista, a la que le han dedicado tiempo y esfuerzo y que buscan mantener en el estándar internacional con artículos dictaminados a doble ciego, con miradas externas e internas. Quienes la hacen procuran que los artistas, productores visuales, diseñadores y comunicadores se manifiesten con las letras— junto a la contienda conceptual y metodológica de sus autores— en conexión con historiadores del arte e historiadores de la imagen, expertos y teóricos de las mismas.

 

Es una experiencia muy enriquecedora notar cómo se desvisten los productores plásticos del andamiaje de “mi obra habla por mí mismo” y se pone el acento en la lectura de la imagen bidimensional, como lo hace en “Inventarios” Quetzalli Rosas; o en el texto de “La FAD en el tiempo”, de Aurora Avilés. La sección de investigación de Javier Tous Alagorri y Mayra Uribe trata sobre la especificidad de lo tridimensional en la escultura y el dibujo. Se pueden encontrar novedades conceptuales y visuales interesantes en el “Portafolios”; o en el trabajo de Los Carpinteros, grupo cubano de fuertes acentos de activismo poético; también en la parte de “Tesis”, escrita por Claudia Pretelin, quien aborda la mirada de las chicas Kodak y su referencia visual en el siglo XIX y principios del XX, mediante la flaneûse; de igual manera en las “Interacciones disciplinarias” con Francisco Plancarte y la presencia del esténcil, la platilla y el láser…, todo sobre el activismo visual;  la “Entrevista” de Héctor Hernández García de León a Pierre Vals; “Actualidad” de María Fabiola di Mare, quien presenta un texto detonador sobre la Argentina y lo que podemos llamar “pon tus barbas a remojar”, con el cierre de los museos en aquel país (¡cuidado con la nueva Secretaría de Cultura!); “Bitácora”, con José Miguel González Casanova; “Exposición”, de Leonor Cuahonte, cierra el conjunto de 127 páginas de textos e imágenes una reseña de mi autoría sobre el libro de Enrique Bostelmann.

 

Cabe señalar que cada uno de los textos tiene una razón de ser, muestran avances, conceptos, teorías y planteamientos novedosos; no en balde se pensaron con gran acierto cada una de las partes que componen la revista, además de dos dictámenes ciegos de cada ensayo o artículo, que procuran mantener la calidad académica dentro de la visualidad  y el diseño. Estas disciplinas ahora se hermanan; bajo una misma facultad encuentran salida en esta revista de cuño profundo y certero. Es un legado importante para la misma FAD y para los egresados de ese lugar emblemático, enigmático y creativo en toda su entraña. Enhorabuena a la revista; grandes augurios y mucha intensidad en sus artículos, para que podamos contar en el día a día con la calidad necesaria de la producción plástica y estética en este país; a pesar de las autoridades locales o nacionales, pues la FAD aún tiene mucho por decir y proveer al mundo.

 

Autores cosmopolitas, nacionales y universales forman parte de este país; por ello esta nueva revista es punta de lanza y da muestra clara de esa ejemplar participación, me atrevo a asegurar, incluso en Latinoamérica.

 

Es un espacio editorial que debemos apreciar y valorar, además de darle el contenido sólido y suficiente que necesita una facultad de esta talla; capacidades múltiples de sus egresados, así como de sus alumnos y profesores, quienes de manera cotidiana ofrecen lo mejor de sí para llevar adelante la plástica y el diseño, en el marco de un mundo agresivo y poco tolerante. La intensidad del lenguaje plástico puede resonar con las imágenes en el ámbito social y cultural que merecemos como un país que tiene mucho qué decir, qué aportar, qué alegar y mostrar, qué recuperar y ejemplificar a partir de su calidad académica, docente, laboral y de productos sólidamente creados, como es la propia revista de la Facultad de Artes y Diseño.  

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.
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Artesdiseño. Revista de la Facultad de Arte y Diseño, México, Facultad de Arte y Diseño-UNAM, enero- agosto de 2016.

 

Rebeca Monroy Nasr*

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En 2016, con la creación de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, se abrió un ciclo, un anhelo esperado durante años por propios y ajenos." data-share-imageurl="">