Los sueños y las pesadillas, la izquierda mexicana ayer y hoy

Arturo Anguiano, Resistir la pesadilla: la izquierda en México entre dos siglos, México, UAM-X, 2019.

Jaime Ortega*

 

Testigo directo de las transformaciones de una época completa de la izquierda mexicana, el politólogo Arturo Anguiano nos entrega en Resistir la pesadilla: la izquierda en México entre dos siglos un texto que debe ser leído en distintos niveles. Estudioso de la historia moderna mexicana, el autor es una referencia, tanto en los debates interpretativos sobre el fenómeno del cardenismo, como en la caracterización de la fallida transición a la democracia en los primeros años del siglo XX. Con Resistir la pesadilla se completa el círculo, pues emprende la titánica tarea de desplegar el balance de historia y presente de lo que él considera es la izquierda mexicana contemporánea.

 

El campo de estudio de las izquierdas se ha ampliado en los últimos años en un ritmo lento pero constante. Aunque un buen número de trabajos recientes se ha detenido en el papel de los grupos armados durante las décadas de 1970 y 1980 (muchos de ellos ejerciendo su soporte en la categoría de “guerra sucia”), existe otro conjunto de obras que han reflexionado sobre las características e impactos de la izquierda a partir del hilo conductor de las ideas socialistas o marxistas. El trabajo de Anguiano se vincula de manera crítica —y en no pocos momentos, de forma opuesta— con la producción académica de Barry Carr, Carlos Illades, Massimo Modonesi y Elvira Concheiro, entre otros, todos ellos, contribuyentes del engrosamiento de la literatura sobre la izquierda.

 

Hemos mencionado antes que se trata de un libro que opera en tres niveles distintos. Es preciso, antes de iniciar la explicación sintética de cada uno de ellos, advertir la conclusión general de su trabajo, para otorgar un sentido de los senderos que recorre. A su juicio, la izquierda histórica perdió su horizonte radical antes de la caída del Muro de Berlín y esta pérdida ha sido recogida en una forma fragmentaria por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, quien —desde su perspectiva— ha emprendido una tarea de reelaborar la gramática política que permita sostener una posición anticapitalista en un medio adverso y poco propicio, ante las transformaciones de la escala del dominio.

 

El primer nivel de análisis es el que se encuentra en el capítulo “La política como pesadilla” y explica el estatuto de la política neoliberal, a la que define a partir de sus determinantes más desgarradoras, pues: “arrastra, disgrega y desarticula”. De manera sintética, Anguiano ofrece un panorama del ejercicio del neoliberalismo en México, que fue estructurado a partir de un poder oligárquico que despliegue las relaciones sociales de capital a partir del despojo de la riqueza y la destrucción de lazos sociales y comunitarios. Tal situación se vio acelerada de forma dramática a partir de la “guerra contra las drogas” iniciada por Felipe Calderón, pero que, en general, se mantiene como un eje articulador de la clase política. Podemos decir, que, en su opinión, la época contemporánea se define a partir de la destrucción de la nación a manos del poder del dinero en complicidad con “la política” del Estado y sus personeros. A todo este desastre se le opone un “sueño: el de la otra política”, que no podría sino construirse desde fuera de la pesadilla. Sin embargo, acota: “El sueño, sin embargo, no puede alcanzar la velocidad de la pesadilla” (p. 55).

 

El segundo gran nivel de análisis es el que se encuentra en el apartado denominado “Entre el pasado y el futuro”. En él se traza la línea que explota con claridad en el año 68 (aunque viene acumulándose al menos desde 1958), en donde la izquierda tiene un importante respiro, puede reorganizarse y plantear un horizonte estratégico novedoso, hasta antes ausente. Durante aproximadamente 20 años, un sector de la izquierda se reinventó en términos teóricos, estratégicos y tácticos. Para Anguiano, el trotskismo y el maoísmo son dos buenos ejemplos de esta situación, pues ofrecieron alternativas por fuera del comunismo. Es particularmente interesante el relato que hace del nacimiento y operación del Partido Revolucionario de los Trabajadores, organización de la cual no se cuenta aún con una historia crítica ni tampoco un panorama global de su vida. El autor, militante de aquella organización, repasa gran parte del itinerario de ella, al tiempo que valora de manera muy positiva la intervención de José Revueltas como un punto originario de aquel sendero.

 

Pero la historia se trunca en 1988, con la emergencia del cardenismo y la subordinación ideológica, nuevamente, a la ilusión de dar nueva vida al proyecto de la Revolución mexicana, expresada en la construcción de un gran aparato de cooptación de los impulsos democráticos de la sociedad: el Partido de la Revolución Democrática. En este nivel de análisis Anguiano expone los momentos de imaginación política más importantes de la izquierda (después del 68) y el fin de ésta a partir de la cristalización burocrática y de un aparato atrapado en la “ley de hierro”: su único fin es su reproducción. Un buen número de energías expedidas por el movimiento estudiantil terminaron en una organización que fue incapaz de sentar las bases para una democratización real del poder y apostaron por su acomodo dentro de él. Hacia el final del más extenso de los apartados, se elabora una radiografía de las famosas tensiones internas del PRD y los recambios de dirección, así como la emergencia del EZLN en el escenario de la izquierda.

 

El último nivel de análisis expuesto es el que refiere, con propiedad, a ese “sueño” que no alcanza nunca a la pesadilla, pero que persiste como una necesidad ante el desastre sociopolítico: el apartado “El EZLN y la búsqueda de alternativas de izquierda”. Se trata, más que de un ejercicio de historización, de un análisis comprometido que busca incidir en la coyuntura. Ahí, Anguiano expresa los distintos momentos en los que el grupo asentado en Chiapas emprendió ejercicios de otra política. Lo de otra política resulta clave, pues no los ubica —como sucede con otras tendencias de la izquierda a nivel mundial— con un ejercicio de “políticas de la identidad”, sino, en el mejor de las definiciones, con un intento de construcción de alternativas en un contexto adverso. El repaso de la marcha del Color de la Tierra, de las iniciativas como “La otra campaña” o más recientes, como la candidatura indígena, expresan, para Anguiano, momentos de asomo de esa otra política, cuyo eje es la ruptura radical con la política estatal, pero sin renunciar a un cierto grado de universalidad. En este caso la universalidad se pretendería a partir de la resistencia del despojo y la construcción, en los hechos, de espacios de autonomía.

 

El recorrido del texto permite hacer una evaluación global. En primer lugar, historiográficamente se coloca en un punto periférico a la mayor parte de las producciones. Es decir, expresa un punto de vista que en los últimos años no había reconstruido una historia de esta forma al pluralizar y optar por una vía distinta a la más recurrente. Ello descentra del escenario a los grupos armados y al PCM. Por su parte, coloca un nuevo centro en el teatro de operaciones a las corrientes partidistas radicales posteriores al 68, al tiempo que suma a Revueltas como parte de esta tradición. En ese sentido tenemos una historia de la izquierda (es decir, de sus balances y diagnósticos) desde el punto de vista de grupos como el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y después del EZLN. En segundo lugar, propone una operación de lectura de nuestro tiempo (con elementos de la coyuntura) de ruptura con el predominio de la versión nacional-popular y apuesta por la corriente autonomista, en este caso, expresada en la irrupción, desarrollo y emprendimiento de la otra política.

 

Por último, un dato significativo, aunque quizá inadvertido, sea la forma en que culmina la presentación del autor en la solapa: “Encara la melancolía desde el lado de los zapatistas de nuestro tiempo”. Este dato nos permite encuadrar más el posicionamiento de Anguiano, quien además de profesor e investigador hizo parte de experiencias muy disímiles, vinculado al trotskismo mexicano y francés, después al efímero Movimiento al Socialismo en los tiempos de la marea neocardenista y finalmente su paso junto al EZLN. La relación entre melancolía ha sido explorada en recientes ocasiones y puede ubicarse una matriz importante en la obra de Daniel Bensaid, fundador de la Liga Comunista Revolucionaria francesa. Posteriormente ha sido sistematizada en un texto académico por Enzo Traverso, en donde se presenta la situación de la memoria de la izquierda tras la caída de la utopía socialista y la orfandad que impera en la mayor parte de esta corriente, destinada, al parecer, a la derrota. La melancolía de izquierda es producto de la crisis del marxismo, la derrota del horizonte estratégico abierto en 1917 y la mutación radical del “sujeto” tras la reestructuración capitalista. Pero la derrota no es necesariamente una condena, o, como diría Anguiano, se resiste a la pesadilla. Quizá quien mejor explicó el potencial de la melancolía no haya sido un teórico, sino un poeta comunista. Escribió Efraín Huerta: “La melancolía es otra piel de los hombres / Otros huesos, otras arterias / Otros pulmones, otro sexo / Alguna vez los hombres del subsuelo/dirán que la melancolía / es una gran bandera libertaria”. Anguiano reestablece el sentido de estos versos en un panorama melancólico, donde las piezas del ajedrez se han movido tanto que las posiciones políticas aparecen por momentos desquiciadas, pero frente a ello, apela a que también en la pesadilla hay muchos sueños.

 


* Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco.

 

 

 

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Arturo Anguiano, Resistir la pesadilla: la izquierda en México entre dos siglos, México, UAM-X, 2019.

Jaime Ortega

 

 

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