El hombre de hierro y Legión

Armando Bartra, El hombre de hierro (2ª. ed.), México, Ítaca, 2014.

 por Carlos San Juan Victoria*

 

Y él (Jesús) le preguntó(al hombre):
-¿Cuál es tu nombre?
Y le respondió diciendo:
-Mi nombre es Legión, pues somos muchos.

El Evangelio según San Marcos, 5:9.

 

 

 

Armando Bartra es un autor raro, tiene ideas propias. En analogía rural, surgieron como semillas en escritos anteriores, esbozos primarios, y fueron creciendo en el silencio de la reflexión y regadas en los campos de batalla de muchas experiencias. De ahí que El hombre de hierro sea de un linaje poco frecuente. Es un libro unitario, articulado, que de manera rigurosa persigue a esa metáfora, la del hombre de hierro, nacida del ambiente fabril y que expresa el dominio del trabajo muerto de las máquinas sobre el trabajo vivo del obrero, y rastrea sus modos plásticos y mudables para saltarse las trancas fabriles y abrazar con fuerza homogénea a la diversidad de la vida. No sólo en sus momentos originarios, dos siglos atrás, sino en las sociedades posindustriales,  donde sus metamorfosis crónicas lo desvanecen y ocultan como flujo, espuma o red. Y Bartra va tras de él en los escenarios cambiantes de la sociedad de consumo, del espectáculo, de la sociedad red y de las comunidades virtuales. Pues el monstruo nacido en socavones mineros allá a fines del siglo XVII se expande y muta incontenible para mercantilizar todo espacio humano o natural propicio a la codicia. Hasta llegar a la sociedad donde el mercado manda y la sociedad obedece —nos dice Bartra— y nos coloca al borde del abismo, donde el desmesurado apetito mercantil provoca la crisis del hombre y de la naturaleza en el mundo entero.

 

¿Es una especie de biografía extasiada del hombre de hierro, una crítica que es seducida por los dones metamórficos del capital, un Truman Capote al final enamorado de uno de los asesino de A sangre fría? Para nada. Hay tres puntos que, en mi opinión, rehacen a la potencia crítica del pensamiento en encrucijadas tan graves como las de ahora.

 

Primero: el origen. Bartra rastrea la escena originaria de su nacimiento para traer a cuento el resurgir lastimado de las subjetividades y culturas que ocupaban los espacios rurales y urbanos donde inició su expansión. Recupera al general Ludd y al capitán Swing escocés con sus huestes de trabajadores orgullosos de sus habilidades laborales que a golpes de marro destruyeron a las primeras máquinas. Con ello descentra el conflicto sustantivo del hombre de hierro con el hombre, no sólo los obreros, sino todo el trabajo humano afectado. El capital es un dos, no una identidad, enseñó Marx, nace con los obreros y con sus relaciones contradictorias. Pero además, enseña Bartra y su lectura histórica, es un tres, donde el tercero ignorado son la mayor parte de la humanidad y sus espacios construidos en tiempos largos. La humanidad, como dice la antropología filosófica, es un biotopo, vida asociada a espacio. Y por ello la reproducción del hombre de hierro, siempre en busca de espacios vitales, tarde o temprano se convierte en luchas territoriales contra civilizaciones previas.

 

Segundo: la diacronía. Las mudanzas del capital son a la vez campos de batalla. Agrede y despierta subjetividades que se transforman en los combates. Su recorrido histórico y lógico del socavón a la semiósfera es a la vez un recorrido por las luchas rurales, de donde surgieron las revoluciones más grandes del siglo XX: China, India, Rusia y México, los combates anti coloniales de las tres cuartas partes de mundo, las potencias subversivas que surgen con la industria y la cultura de masas, las rebeliones femeninas que acompañan a la colonización del hogar por los electrodomésticos, las luchas urbanas por espacios humanos en el desorden y segmentación creado por el lucro inmobiliario, las comunidades hackers y las redes de activistas insertas en un ciberespacio primero imaginado y deseado por el Pentágono. En los surcos diversos que deja el hombre de hierro prosperan las espigas amotinadas. Mi nombre es Legión pues somos muchos.

 

Tercero: lo sistémico. Al reconstruir el sentido holístico, totalizador, del hombre de hierro, Bartra se propone advertir sobre el tamaño de amenaza que se cierne sobre la vida. La gran crisis de la que nos habla es la sintomatología de un cáncer que penetró tierras, aguas, cultivos, ciudades, vida interior, semiósfera, donde sus muchos rostros se empalman para formar uno solo. Surge entonces el rostro multifacético de la gran crisis, no las episódicas sino la de larga data, silenciosa pero persistente, que nos coloca al borde del abismo. Y vivir en el filo de la navaja es un estímulo poderoso para atreverse a vivir a fondo. La gran crisis no es una invitación a sentarse a ver el espectáculo de la tan deseada gran caída. Es, por el contrario, un estado de alerta para comprender y actuar en el escenario complejo de las pluralidades humanas acicateadas por las experiencias vividas de daño y agravio. El carácter holístico del hombre de hierro es a la vez el rastreo de una constelación diversa y cambiante de afectados, subvertidos, críticos y enojados en su contra, y de aquellos acontecimientos donde las subjetividades son tatuadas por una experiencia embriagadora, la inversión del orden cotidiano, el carnaval subversivo capaz de desatar las pasiones, los imaginarios, los deseos por otros modos de vida. Y las muy diversas praxis de donde surjan y se consoliden otros mundos posibles, en otra concepción de las revoluciones, ya no el fast track del estallido que impone un tiempo nuevo, sino las revoluciones lentas, las luchas culturales y civilizatorias que al poner límites al hombre de hierro abren otro horizonte de esperanza. ¿Cuál es tu nombre? Mi nombre es Legión, pues somos muchos.

 

La aparición de la segunda edición de El hombre de hierro, donde se integran nuevos desarrollos sobre el carácter de la gran crisis y las renovadas subjetividades de los movimientos juveniles ya en el siglo XXI, coincide con un escenario geopolítico que agrava a esa gran crisis mostrada por Bartra. Hay ahora una atmósfera de lectura donde el hombre de hierro y Legión se preparan para nuevas luchas. En el mundo hay ya diversos campos de guerra en Medio Oriente, Ucrania, el sur de China, América del Sur; donde se combate por hegemonías y apropiaciones de recursos y hombres. Los halcones de Estados Unidos ya hablan de la “oportunidad” de guerras encadenadas. En México concluyó la aprobación de las reformas estructurales que elimina todo amortiguador a la expansión avasallante del hombre de hierro en ciudades y territorios rurales. Se abre entonces una pugna territorial a escalas no conocidas y de consecuencias gravísimas, humanas y ecológicas. Y ahí pueden llegar a coincidir al menos tres mapas: el de las concesiones mineras y energéticas inscritas en territorios de propiedad social; los juegos guerreros de carteles y pandillas en ciudades y regiones rurales que propician una escalada de armamentos y de ocupaciones militares en el territorio nacional, donde en la vida cotidiana desaparece el Estado de derecho y se implanta el Estado de excepción; y el mapa de los primeros aglutinamientos de los muchos sujetos rurales y urbanos afectados en sus propiedades, derechos y esperanzas.

 

Por ello me atrevo a sugerir dos claves de lectura de este libro singular: por un lado el que ayuda a pensar y ver las mutaciones expansivas del capital, del sujeto acaparador de la atención, el gran actor en el centro del escenario, el hombre de hierro y sus metamorfosis. Y por el otro, el que aguza los sentidos y la mente para aprender a ver las sombras inciertas que se mueven tras las tramoyas, que recorren los pasillos oscuros, y escuchar el sordo rumor de los pasos afuera del gran teatro de los muchos que esperan el momento carnavalesco del portazo. La clave de lectura donde se aprende a ver y a reflexionar sobre ese tercero excluido, sobre su constelación posible, plural y abarcante. Sobre Legión pues somos muchos. Y me atrevo a decir que ese es el verdadero asunto que apasiona y atarea a Armando Bartra cuando escribió El hombre de hierro, pues ahí, en sus fugaces apariciones y en sus despliegues inciertos, es donde corre la historia como hazaña de la libertad. Sin Legión, no hay límite natural ni social al paso desbocado del hombre de hierro.



*  Dirección de Estudios Históricos, INAH.

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Armando Bartra, El hombre de hierro (2ª. ed.), México, Ítaca, 2014.

 por Carlos San Juan Victoria*

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