El presente: materia de la historia

Mario Camarena Ocampo*

 

El interés por escribir mis reflexiones acerca de la historicidad de lo contemporáneo surgió de los recientes acontecimientos en México: los feminicidios de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua; las luchas por la defensa de las tierras contra las empresas mineras; los movimientos por la defensa de la ciudad contra la Súper Vía y otros proyectos; el movimiento magisterial, el movimiento #Yo soy 132, en el contexto de la elección presidencial de 2012, el movimiento estudiantil del Instituto Politécnico Nacional y el caso de la desaparición de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero. Ante este cúmulo de movimientos sociales, hay una inquietud por aclarar los procesos que culminaron en los movimientos mencionados y conocer la experiencia de las personas; es decir, desde el sujeto.

 

En algunas escuelas de historia se desestima y se desestimula los estudios que abordan sujetos y objetos recientes bajo el argumento de que los fenómenos recientes sencillamente no son historia sino que son temas y sujetos del ámbito de la sociología, la antropología, la politología o el periodismo, como si la visión del historiador tuviera que esperar a que los sujetos envejecieran, o murieran, y los documentos se hicieran amarillos. El presente entonces no es historia contemporánea, los problemas actuales no son un asunto de historiadores.

 

La historia contemporánea no es cuestión de edad ni de color, sino de la manera en que se concibe la disciplina de la historia; es decir, es necesario incorporar el concepto de proceso en los análisis de la sociedad que estudiamos. El proceso es un conjunto de fases sucesivas de un fenómeno social que nos permiten entender el momento presente, entendiendo los cambios y continuidades que se han operado hasta el presente.

 

Es muy común que las definiciones más descuidadas de lo que es la historia digan que se trata de una disciplina que estudia “el pasado”; en cierto sentido es cierto, pero no hay que perder de vista la relación dialéctica entre pasado y presente; es decir, el pasado y el presente se influyen mutuamente. Mi posición se aleja de esta visión simplista de nuestro quehacer, pues concibo la historia como una disciplina del contexto y del proceso.[1]

 

Los fenómenos que vive una sociedad sufren cambios a través del tiempo de acuerdo con las necesidades de ésta, los cuales se dan dentro de un contexto. Desde este punto de vista los fenómenos y sujetos sociales del presente se pueden estudiar desde la historia incorporando el proceso y el contexto.

 

El estudio del momento contemporáneo presenta varios problemas sobre los que hay que reflexionar: ¿cómo abordar y tratar fuentes que se están produciendo al momento en que se desarrolla un movimiento social?, ¿cómo construir un problema de investigación histórica desde el presente?, ¿qué papel tiene la posición política del propio investigador al estudiar un tema contemporáneo?

 

Hasta hace poco tiempo, en México se creía que sólo los documentos escritos servían para la interpretación histórica; en la actualidad la historiografía ha demostrado que se puede trabajar con cualquier tipo de fuente, siempre que reciba el tratamiento adecuado en cuanto a la crítica. La actualidad enriquece este aspecto. Las fuentes para estudiar los fenómenos contemporáneos son múltiples: fuentes orales, documentales, visuales (foto, video, cine), caricatura, vestigios urbanos (calles, edificios) y, últimamente, la  información en línea.

 

El acceso a ellas no es otra cosa que la ruptura con la camisa de fuerza que significaba el valor definitivo que se le daba a la fuente documental, lo cual nos obliga a afinar la manera en que trabajamos esta diversidad de referencias.  Por otra parte, los avances de la historiografía y la riqueza informativa de  internet nos llevan a cambiar las formas de interpretar las fuentes. ¿Cómo trabajarlas para esta historia contemporánea que penetra a nuestro presente?

 

El 3 de enero de 2015, los vecinos del pueblo de San Pedro Mártir participaron en la peregrinación a la Basílica de Guadalupe organizada por el Arzobispado de México en el contingente de la octava vicaría. En esta ocasión manifestaron su punto de vista sobre el  asunto de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa.

 

La imagen plasmada en una manta nos habla de un grupo de católicos que expresa su punto de vista sobre el acontecimiento del 26 y 27 de septiembre de 2014 que culminó con la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Muestra  la cara de la Virgen de Guadalupe y un texto que hace referencia a la protección de sus hijos más débiles, refleja con nitidez la toma de posición de este grupo de acuerdo con los valores cristianos; es decir, hace referencia a la forma de ver los problemas desde la posición del grupo que ideó esa imagen.

 

La manta estuvo expuesta en la puerta de acceso al atrio de la parroquia desde el 12 de diciembre, y en la peregrinación de la Arquidiócesis de México celebrada el 3 de enero de 2015 la manta encabezó el contingente de la parroquia de San Pedro Mártir. La Arquidiócesis de México está organizada en ocho vicarías encabezadas por obispos auxiliares, a cada una de las cuales pertenecen las parroquias y capillas de la ciudad. En la octava vicaría están los pueblos y colonias del sur del Distrito Federal, por lo que las personas caminan con sus estandartes, elementos muy importantes y de un gran valor simbólico; en consecuencia, el hecho de que haya sido la manta y no el estandarte el que se puso por delante denota que la toma de posición de este grupo de católicos frente al conflicto que estamos viviendo en el país signifique una ruptura con el tono que tenía la peregrinación en general, que era de lanzar porras a la Guadalupana y a Cristo, y de cantar alabanzas y rezar el rosario.

 

La imagen de la manta fue profusamente fotografiada y las personas manifestaban respeto y apoyo al mensaje de la manta. Actualmente la manta ya no está expuesta, pero la imagen y su mensaje están documentados en la fotografía, la cual constituye una fuente. La foto es un documento que debe interpretarse a partir del momento en que se generó. Lo que propongo es que este documento se vea desde su propio contexto; es decir, desde los ojos del fotógrafo y desde el sentido que tiene la propia imagen. La foto está cargada de sentidos y significados que deben ser explicados. Dicha fotografía nos dice muchas cosas: refleja el interés del fotógrafo por la imagen, posiblemente su simpatía por el movimiento; la foto documenta la posición de quienes crearon la imagen fotografiada y también el conflicto que se vive (hay 43 personas desaparecidas). Para un historiador este documento refleja un momento dentro de un proceso que es necesario dilucidar.

 

El investigador de un periodo histórico construye una forma específica de interpretar las fuentes de acuerdo con el contexto en el que la fuente se generó. Estas fuentes se expresan mediante un lenguaje que tiene un significado preciso para cada periodo histórico. La fuente entonces es un  producto de la sociedad en un contexto histórico.

 

 

¿Cómo trabajar el proceso en el periodo contemporáneo? 

Como historiador interesado en explicar el funcionamiento de la sociedad desde el momento actual sostengo que los “acontecimientos” actuales tienen un proceso que hay que buscar en el pasado y, por lo tanto, son materia de la disciplina de la historia, ya que hay una relación dialéctica entre pasado y presente, y entre presente y pasado.[2] En el caso del movimiento social generado a partir de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa tiene profundas raíces en los poderes caciquiles y los conflictos que desata en esa región desde el periodo posrevolucionario, y posteriormente con las guerrillas de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas, la guerra sucia de las décadas de 1970 y 1980, la matanza de Aguas Blancas y el embate contra las normales rurales en el país en los últimos años, entre ellas la del Mexe.

 

Los historiadores estamos preocupados por explicar los procesos sociales de las personas que participan en un acontecimiento social. El estudio del proceso es lo que le da sentido histórico. Corresponde al historiador analizar el proceso desde las múltiples fuentes disponibles e incorporarlo al análisis de los acontecimientos.   

 

¿Somos parte del objeto de estudio?

Los estudiosos de la historia contemporánea nos topamos con que, en muchas ocasiones, los problemas que abordamos son aquellos que nos toca vivir y ante los cuales tenemos una posición. Se suele usar como argumento en contra de la historia contemporánea el que si el estudioso vive lo que estudia, se le acusa de falta de “objetividad”; pero estoy convencido de que el problema no es ése, sino la manera en que nos ubicamos en esa investigación; la pregunta es: ¿qué papel juega el investigador, con sus cargas subjetivas, en el análisis de procesos contemporáneos? Es una pregunta que dejo abierta para la reflexión de los historiadores; pero quisiera aventurar la mía.

 

Los historiadores asumimos una postura frente a nuestros temas, sean procesos contemporáneos o antiguos, pues nuestra propia vida influye en lo que estudiamos, marca los ámbitos de la curiosidad, de lo que atrae y de lo que se rechaza. El problema real es no esconder esa subjetividad que somos, sino crear un contrapeso analítico y ético. Nuestro objetivo no es calificar o juzgar un proceso, sino explicarlo, para lo cual debemos hacernos de las herramientas conceptuales y metodológicas que nos permitan analizar y ofrecer explicaciones razonables; es decir, lo que atempera una supuesta subjetividad al abordar procesos contemporáneos es el rigor en la aplicación de un método, lo cual implica la debida crítica de fuentes, la claridad y pertinencia de los conceptos de análisis y, muy importante, nuestra propia ubicación en la investigación.

 

Este último punto merece una explicación. Al emprender una investigación hay un ingrediente del que apenas se habla: que el tema a estudiar nos gusta, y nos gusta porque tiene que ver con la historia de nuestra propia vida; en consecuencia, se añade al gusto la pasión por saber, por averiguar algo que nos es importante. Como especialista en la historia oral, puedo decir que al acercarme a las personas que acceden a darnos su testimonio, el asunto comienza a construirse a partir de una empatía que se opera en la manera de preguntar y las respuestas del entrevistado; si no hay dicha empatía, la entrevista se frustra, es decir, debe haber cierto grado de confianza entre el entrevistador y el entrevistado.

 

Pero este proceso es muy complejo, pues el investigador al mismo tiempo que despliega la empatía mencionada, debe tener claridad en su objetivo de investigación y en los conceptos, las técnicas y el método que debe aplicar en el curso de una entrevista; así, hay una combinación entre empatía y rigor académico. Al realizar el análisis de esta fuente, el estudioso echa mano de sus herramientas conceptuales y metodológicas. En el ejemplo que estamos manejando, el entrevistador asume su  empatía para concentrarse en la aplicación de su método con rigor; es decir, tiene un cambio de actitud frente a su fuente, para realizar el análisis y ofrecer explicaciones plausibles a los procesos sociales contemporáneos.

 

Dialéctica entre pasado y presente: preguntas de investigación

Los historiadores preguntamos desde el presente, pues no podemos despojarnos de lo que somos y del momento que nos ha tocado vivir; es decir, de nuestro propio contexto. Tomando en cuenta la frase de Croce, “toda historia es historia contemporánea”, nos ponemos en contacto con la relación dinámica (dialéctica) entre presente y pasado. El conjunto de acontecimientos sociales contemporáneos con toda su complejidad tienen un proceso que viene del pasado y que es necesario estudiar; por otro lado, los estudiosos que están interesados en épocas pasadas buscan explicar los procesos que se expresan en las sociedades contemporáneas.

 

El siglo XXI mexicano revela cambios sustanciales en todos los ámbitos de la vida social: el Estado está en un proceso de transformación, en el cual su interés ya no está centrado en las necesidades e intereses de los ciudadanos, sino de las empresas nacionales y transnacionales que están arrasando a los campesinos. Los miembros del gobierno muestran falta de pericia y de oficio político en el tratamiento de movimientos sociales de todo tipo, con una clara tendencia hacia la represión de todo aquello que no les favorece; los partidos políticos están totalmente desprestigiados, por su connivencia con un gobierno corrupto y torpe, y alejados de los ciudadanos que debían constituir sus bases; hay un gran fortalecimiento de los poderes regionales (cacicazgos), penetrados, además, por la delincuencia organizada, de tal manera que políticos, empresarios, caciques y mafiosos constituyen, hoy por hoy las “elites” en México.

 

Por otro lado, los ciudadanos más conscientes --ante la repulsa hacia los partidos-- han encontrado espacios de participación en organizaciones ciudadanas, entre ellas las organizaciones no gubernamentales, los grupos de defensa de los derechos humanos, las autodefensas y la policía comunitaria en el campo y, en general, en las asociaciones cívicas y en los movimientos sociales. Los jóvenes enfrentan una situación muy difícil por falta de oportunidades de estudio o de trabajo, aunado con un embate contra ellos, lo cual incluye la supresión de herramientas de análisis en la educación formal al reducir a su mínima expresión las clases de historia y de filosofía. De otro lado, han estado avanzando, casi sin percibirlo,  valores que inhiben la cohesión y la organización de los jóvenes, como son el individualismo y la competencia entre ellos, así como una nueva “brecha generacional”; es decir, la cultura del codazo.

 

Todo este contexto forma parte, o debería formar parte, de las preocupaciones y reflexiones de los historiadores; este artículo es una invitación a la comunidad académica a formular nuevas preguntas y proponer conceptos y métodos para el estudio sistemático de los procesos sociales contemporáneos.

 


* Dirección de Estudios Históricos INAH.

[1] “La historia es la disciplina del contexto y del proceso: todo  significado es significado en contexto, y cuando la estructura cambia las formas antiguas pueden expresar funciones nuevas y las funciones antiguas pueden expresarse en formas nuevas y significado”; E.P. Thompson, Historia social y antropología, México, Instituto Mora, 1994, p. 66.  

[2] Jacques Le Goff, Pensar la historia. Modernidad, presente, progreso, Barcelona, Paidós (Surcos, 14), 2007.

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La Historia Contemporánea es el objeto de este trabajo que tiene como materia de estudio los acontecimientos que se están viviendo. El estudio del momento contemporáneo nos presenta varios problemas sobre los que se reflexionan en este ensayo: ¿cómo abordar y tratar fuentes que se están produciendo al momento en que se desarrolla un movimiento social?, ¿cómo construir un problema de investigación histórica desde el presente?, ¿qué papel tiene la posición política del propio investigador al estudiar un tema contemporáneo?

Palabras clave: historia contemporánea, investigación histórica desde el presente

 

Abstrac

Contemporary History is the object for this works whose subject of study events that are living. The study of the contemporary moment presents several problems that reflect on the trial: how to address and treat sources that are occurring at the moment a social movement develops? How to build a problem of historical research since this? What role does the political position of the researcher himself to study a contemporary issue?

Key words: contemporary history, historical research from the present

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