Ayotzinapa, la suma de todos los miedos

 

Gabriela Pulido Llano*

 

 

“Hijo, mientras no te entierre,
te seguiré buscando”
Frase impresa en las playeras
de las madres de los
43 estudiantes desaparecidos­
en Iguala.
Marzo de 2015

 

 

Ayotzinapa y el mundo al revés

El segundo encabezado de este artículo, “Ayotzinapa y el mundo al revés”, fue una ocurrencia trastornada después de haber escuchado las palabras con que el ex procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, definía la “verdad histórica” de los 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en el estado de Guerrero, desaparecidos la noche del 26 de septiembre de 2014. Cuatro meses después, el 27 de enero de 2015, Murillo Karam ofreció una amplia conferencia de prensa en la que presentó sus conclusiones del caso, las que denominó como la “verdad histórica”. En un video que recuerda este episodio, el titular del noticiero nocturno de Televisa, Joaquín López Dóriga, preguntaba al ex procurador si las evidencias y confesiones habían sido suficientes para declarar muertos a los estudiantes. Éste respondió: “Aquí es suficiente para declarar que hubo un homicidio, porque hay confesiones y esos que ya están identificados fueron asesinados en ese lugar”.[1] En esa entrevista telefónica concedida un día después de la conferencia de prensa, agregó que la Procuraduría General de la República (PGR)  declaraba como ultimados a los 43 estudiantes y que dicha resolución daría inicio a una investigación por parte de las instancias judiciales correspondientes.[2]

 

Por otro lado, en el noticiero de la periodista Carmen Aristegui, de la cadena MVS, se reunieron el 9 de febrero los analistas Lorenzo Meyer, Sergio Aguayo y Denise Dresser para discutir los alcances de esta declaración. Meyer señalaba que el argumento de la “verdad histórica es absurdo, para los historiadores no puede haber verdad histórica, ya que siempre habría algo que añadir para explicar el acontecimiento”. Afirmó “que el problema político y cultural es la falta de credibilidad, porque el gobierno da explicación como en el caso del 68 y Díaz Ordaz la asume como verdad histórica, y después salió más información”. Señaló que “en el caso Ayotzinapa buscaron a peritos argentinos para dar una dosis de credibilidad a la investigación y resulta que los argentinos se contraponen a la PGR”. Los expertos argentinos debían reconocer las cenizas de los supuestos cuerpos calcinados de los estudiantes; sus conclusiones fueron entonces desestimadas. Al respecto, de acuerdo con Denise Dresser en la misma mesa de debate, el de Murillo Karam fue un  “comunicado agresivo”, en el que se “desacredita a los argentinos”, “no son autoridad”, “no cuentan con facultades”, “especulan en vez de tener certezas”, etcétera. De acuerdo con Sergio Aguayo, todo esto sólo puso en evidencia “el divorcio entre Estado y ciudadanía”. En sus palabras, “los ciudadanos vemos a unos gobernantes más bien ineptos”.[3]

 

La lógica del espectáculo televisivo de Murillo Karam dejó suspendidas las palabras, los conceptos, el discurso confuso revoloteando en la mente —en las novelas policiacas, mientras no haya cuerpos o pedazos de cuerpos, y armas homicidas, no hay evidencia—  de quienes seguíamos de cerca las declaraciones, la mezcla de lo incierto con el sello autoritario en las revelaciones de los funcionarios involucrados en el caso. ¿Se consideraba homicidio, o el estatus de los 43 era de desaparecidos?, ¿por cuál definición se inclinaban las autoridades?, ¿hasta qué grado imperaba la impunidad?, ¿qué nuevos elementos se agregaban a la fantasía de los funcionarios involucrados y sus cada vez más cotidianos montajes televisivos? Evidencia, confesiones, verdad, historia, palabras en las que reparamos los historiadores, se quedan por el momento en el tintero de la interpretación. ¿Cómo hacer historia con el corazón hinchado?

 

Ligadas a las declaraciones oficiales, surgieron voces que señalaban a los 43 muchachos desaparecidos diciendo: “Les ocurrió esta desgracia por andar en los desmanes en vez de estar estudiando”. Bueno, “no sabemos en qué malos pasos andaban que el cártel de Guerreros Unidos tuvo que encargarse de sus destinos”. “Sus familias: son unas vividoras, que ya no quieren regresar a la milpa”; “ya encontraron”, dicen, “un modus vivendi”. Esto lo dijo Luis González de Alba el 6 de febrero de 2015: “Los padres se niegan a ver las evidencias porque eso implica volver a la milpa, al trabajo: se acabaron las caravanas de autobuses de primera clase, los hoteles, las recepciones como héroes”.[4] Exclamaban también: “La PGR sólo espera las declaraciones del director de la Normal Rural de Ayotzinapa, para saber por qué éste los envió a robar camiones y poder integrar dichos datos a la "verdad histórica".[5] Otras tantas acotaciones y opiniones y declaraciones y aberraciones hemos tenido que padecer desde septiembre de 2014: frases que indignan y hacen llorar de rabia e impotencia. ¿Cómo entender la propaganda que hay detrás de dichos enfoques?, ¿dónde buscamos la objetividad que, para ser “legítimos” historiadores, nos enseñaron en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM?, ¿cómo no regañamos, censuramos, recriminamos a los sujetos de la historia reciente, como nos pedían nuestros maestros?

 

Luego del recuento de sus “certeras” pesquisas e “indiscutibles” resultados, molesto por la inclinación que había tomado el caso y las preguntas incesantes que llovían acerca de las acciones de la PGR cada vez que aparecía en público, el procurador respondía sin contención. Los analistas dirían que fue hasta grosero y agresivo. Concluía que —sólo buscaba darle un giro de 180 grados al tema— la “verdad” ya estaba dicha y seguía esperando que se presentara ante él el director de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos para explicar por qué había enviado a los estudiantes a robar camiones. Para entonces, ¿cuántos miembros del ejército habían sido detenidos?, ¿dónde estaba entonces el gobernador de Guerrero?, ¿dónde los responsables de que la investigación iniciara días después? Es decir, el mundo al revés: las víctimas se vuelven verdugos o aliados de ellos, los patos le tiran a las escopetas (que me perdone María Elena Walsh) y, efectivamente ,“dos y dos son tres, nadie baila con los pies, un ladrón es vigilante y otro es juez, y un perro pekinés se cae para arriba y no puede bajar después”.[6] La criminalización de las víctimas es un asunto recurrente que se presentó en otros casos cercanos a los acontecimientos de Ayotzinapa, en Tlatlaya y Apatzingán, acerca de lo cual no ahondaremos aquí. El miércoles 11 de marzo, ahora como titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Murillo Karam le dijo a los periodistas, en un acto en Veracruz, “no me pregunten de Ayotzinapa”.[7]

 

La postura concluyente de la Procuraduría, avalada por el presidente, y por el silencio cómplice de los poderes Legislativo y Judicial, tuvo como voceros, en los últimos meses de 2014, a algunos irritantes opinólogos en la prensa mexicana. Las versiones de las autoridades, que buscaban cerrar definitivamente el expediente Ayotzinapa y recuperar la credibilidad de los ciudadanos, parecían ya ofensivas y obtusas a los ojos de mucha gente  que  seguía exigiendo justicia. Que desde el gobierno escucháramos las interpretaciones más disparatadas para distraer y confundir, apoyados en algunos medios de comunicación, no podía extrañarnos. La maquinaria puesta en marcha, como siempre. Otras voces que se inclinaron por la versión oficial, sin cuestionarla, escritores que dicen tomar a la historia como guía en sus compromisos profesionales, trataron de influir en la opinión pública. Aunque superficiales, sus dichos confunden. Son propagandistas. Hacen bien su trabajo.

 

El 11 de noviembre del 2014, el célebre Luis González de Alba, popular por sus comentarios elaborados ad hoc para defender la causa gubernamental —tan necesitada de defensa— publicó en su columna “De la Calle”, del periódico Milenio, el artículo titulado: “De la novatada a la tragedia”.[8] En éste argumentaba que:

 

Había ocurrido durante años, décadas, sin producir tragedias; pero confluyeron circunstancias inesperadas y debimos escuchar, de voz del procurador Murillo Karam, el relato espeluznante con que terminó una de tantas “acciones” que la escuela normal rural de Ayotzinapa emprende todos los días: los estudiantes mayores vejan a los de nuevo ingreso con novatadas: secuestrar autobuses para ir a obtener dinero para la causa. […] ¿Y por qué asaltan camiones de cerveza y de golosinas, destruyen negocios a su paso? Porque exigen plaza de maestro automática, sin concurso de oposición para seleccionar a los mejores, definitiva y sin causales para despido: ni faltas consecutivas, como en la UNAM y el IPN, ni quejas de los alumnos por impreparación de las clases o por acciones que hacen perder otros empleos. En esta ocasión, la orden a los novatos consistió en ir a Iguala para arruinarle a la primera dama municipal, María de los Ángeles Pineda, su ocioso informe de labores frente al DIF y su lanzamiento como candidata a la presidencia municipal, ocupada por su marido, José Luis Abarca, apoyado por una coalición de partidos entre los que el más fuerte era el PRD. ¿Sabían los organizadores del divertido sabotaje al informe que la dama era cabecilla del grupo Guerreros Unidos, amo regional del narcotráfico? Ese fue el factor detonante. […] El alcalde se había adelantado y prevenido a su policía municipal. Ésta detuvo los camiones robados, atacó otro donde mató a seis personas, entre ellas un joven futbolista de tercera división. A los fallidos reventadores de la fiesta los llevó a Cocula. La colusión entre policías municipales y crimen organizado hizo lo demás: los entregaron a Guerreros Unidos, al parecer señalados como elementos de un grupo rival, Los Rojos. No todos, pero sí 17. No se ha confirmado este dato. Pero, firme o no, si lo creyeron los Guerreros Unidos capitaneados por la señora Pineda explica la revancha feroz contra los normalistas. Éstos sólo supieron que debían reventar una fiesta, y eso lo saben hacer y lo habían hecho un año antes. ¿Iban revueltos miembros de Los Rojos, con planes de atacar a Guerreros Unidos? Sidronio Casarrubias, líder máximo de ese grupo criminal, detenido el 16 de octubre, ante el Ministerio Público sostuvo que la noche del 26 de septiembre recibió un mensaje de su lugarteniente, El Cabo Gil, quien le informó que había detenido un grupo contrario. Supuestamente de Los Rojos. Sidronio Casarrubias le ordenó que los matara. Fin de la “novatada”. Las detenciones y entrega a criminales las ordenó el alcalde Abarca, las realizaron policías municipales de Iguala y Cocula; la muerte la ordenó Sidronio ante informe de El Gil; tres ejecutores están detenidos y confesos. Los restos están localizados. Falta el primer eslabón: ¿quién putas madres envió a los muchachos a la boca del lobo? […][9]

 

González de Alba reproduce como ciertos testimonios imprecisos, a los que adereza con interpretaciones simplistas. Por ejemplo, sabe de facto que los estudiantes de Ayotzinapa hacen desmanes para obtener plazas de maestro, sin presentar concursos de oposición. Sabe que los ejecutores de la desaparición, que están detenidos y confesaron, dicen la verdad sin duda alguna, son gente de cuya palabra no hay que dudar. Sabe que el haber tomado los camiones era una “novatada” por parte de otros estudiantes y el director mismo de la Normal.

 

El miedo se nutre de estas versiones propagadas por la prensa. Aquello que no se puede definir, pero se formula como una verdad, genera confusión e incertidumbre. Se confirma a través de los miedos de quien recibe la información. La fórmula de los argumentos de este escritor es: infamia más duda más incertidumbre igual a miedo. Algunos de los sujetos representativos de la “otra versión” en esta historia reciente han estado desde entonces expuestos, a través de las palabras de gente como González de Alba, a la duda infame: el director de la Normal Rural, los padres de los estudiantes desaparecidos, los periodistas que no aceptan la conclusión de Murillo Karam, los organismos de derechos humanos, los estudiantes y población, en general que se ha manifestado en las calles con la opinión de que sí se trató de un crimen de Estado (los “solidarios” los llama). ¡Qué lata!, según el opinólogo, todos estos sujetos que no entienden que el entonces procurador es el único que ha dado una versión convincente de los hechos y quieren seguir aprovechándose de la circunstancia. ¡Qué lata que se recrimine a Enrique Peña Nieto por un asunto que “no es de su competencia”!, si sólo es el presidente, qué podía hacer él, si el presidente municipal José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda habían tramado todo desde el aparato de su narcogobierno.

 

Al respecto escribió en otro artículo —misma columna, mismo periódico— titulado: “Ayotzinapa: ¿y el “móvil de la otra versión?”, el 29 de diciembre de 2014:

 

A los normalistas de Ayotzinapa los entregó un alcalde del PRD, José Luis Abarca, a narcos donde están padres y hermanos de su esposa; ambos huyeron y fueron localizados y detenidos por la PGR. Los jóvenes murieron a manos de narcos, Guerreros Unidos, porque eran o creían que eran de los narcos contrarios, Los Rojos. Están detenidos los autores intelectuales: el alcalde perredista Abarca y el capo Sidronio Casarrubias, y los autores materiales y confesos del crimen: los quemaron en 16 horas con llantas que alcanzan 1 500 grados, pulverizaron los restos, los embolsaron y vaciaron en el río San Juan. ¿Prueba?: buzos encontraron varias bolsas en el fondo. Un trozo de hueso calcinado dio ADN, según los genetistas de Innsbruck, de uno de los 43. ¿Qué más buscan? […] Una activista con las tetas al aire (con este puto frío) fue reprimida por la Gendarmería del Papa sólo porque intentó llevarse al Niño Jesús del nacimiento. ¡Represión! ¡Fuera Peña Nieto! Una empleada de la tienda departamental Liverpool apareció ahorcada. Una familia completa apareció muerta dentro de su hogar en Santa Fe. ¡Fue el Estado! ¡Peña Nieto asesino! ¡Fuera Peña Nieto! La Peugeot tiene desde septiembre mi Pininfarina por un corto en los asientos. ¡Fuera Peña Nieto! Dieciséis grados bajo cero en un municipio de Durango: ¡Fuera Peña Nieto! Huellas de extraterrestres en un sembradío de cebada en Texcoco... ¡Fuera Peña Nieto! Cae el precio del petróleo, medio México está nevado: ¡Fuera Peña Nieto![10]

 

Continuaba con la misma retórica e insistía en el texto: “Por el crimen de Iguala están detenidos, también, los policías que hicieron la captura y entrega de los normalistas a los narcos que los asesinaron. No son todos los culpables: falta interrogar al Comité Estudiantil de Ayotzinapa que los envió. Y hay al menos tres versiones de a qué los envió”.[11] Otra infamia más: Luis González de Alba sabe que entre los estudiantes, en los autobuses, había 17 que eran miembros de Los Rojos, banda contraria a Guerreros Unidos. Sólo basta mencionar la duda como certeza, la infamia teje el resto. Termina, eso sí, señalando con el dedo desde su versión de juez de a pie: “faltan los juicios y, sobre todo, las sentencias que deben ser las más duras en nuestro Código Penal.  Pero se habrá acabado el negocio para los ‘solidarios’”.[12]

 

No es mi intención dar más espacio a estas palabras. Otros opinólogos que enarbolan la bandera de la historia como guía en sus reflexiones, han seguido en esta misma tónica llenando las páginas de los periódicos y los espacios en la radio.[13] Tienen muchos adeptos. No hay que desatenderlos. Junto con las declaraciones oficiales, tanto de Enrique Peña Nieto como de Jesús Murillo Karam, estas expresiones nos sirven para precisar la suma de todos los miedos que se sintetizan y concentran en el caso de Ayotzinapa.

 

Las confesiones: la manufactura del miedo

Los testimonios de los supuestos asesinos confesos de los estudiantes de Ayotzinapa fueron colocados en un montaje a modo en las declaraciones de Murillo Karam, a 33 días de la desaparición. La noción de “desaparición forzada” fue dispersándose del primer plano para dar lugar a una composición que marcaba el camino sutil hacia la conclusión del asunto, literalmente lo que se ha llamado “carpetazo”. Si uno lee dicho pasaje como si fuera un guion, su contenido resulta escalofriante. Los montajes periodísticos, con todos sus soportes, son herramientas poderosas para la construcción de imaginarios. No estoy diciendo nada nuevo. Los comunicólogos y muchos otros, desde distintas disciplinas sociales, llevan décadas de análisis al respecto. El elemento sustancial del miedo es la desaparición forzada. A ello se suma la desarticulación de este concepto. El discurso oficial y periodístico lo ha tornado volátil. Sin embargo, el resultado de esta pretensión no ha sido el esperado. La acción de la desaparición se ha quedado impresa en la mente y vida cotidiana de un buen número de mexicanos.

 

En palabras de Marcos Roitman Rosenmann, expresadas el 15 de diciembre de 2014 en su artículo “Los miedos del futuro”, en México “se tiene miedo a morir en un atraco, ser violado, secuestrado, torturado, despojado de los bienes muebles, en definitiva de padecer una acción violenta fuera de control”. El analista define los miedos de la siguiente manera:

 

El miedo forma parte del relato político. Su construcción procede de las entrañas del poder. Su objetivo controlar el desborde social. Es la mejor forma de evitar un cisma o una revolución. La Iglesia católica, por ejemplo, administra el miedo de sus feligreses, la condena eterna, ofreciendo absolución de los pecados bajo el secreto de la confesión […] Lo apuntado para la Iglesia católica se puede extrapolar al sistema capitalista. Sus estructuras y organizaciones han favorecido las políticas de terror y miedo, creando relatos catastrofistas, cuyo fin es desarticular una respuesta que ponga en cuestión el orden establecido. Las personas, las instituciones y la sociedad, son objetivo de la política del miedo planificado. La administración del tiempo por venir da lugar a la construcción del miedo. La incertidumbre es el caldo de cultivo para acrecentar los miedos políticos. El miedo al otro, a la exclusión social y económica, a la sinrazón y el sinsentido, constituyen los principios sobre los cuales se levanta el edificio del miedo manipulador y paralizante. Bajo la potencial amenaza de agresión de otro, el miedo cobra vida. El otro puede pertenecer a la comunidad, delincuente común, o ser un extranjero, en ambos casos su presencia se visualiza como una amenaza. Desde tiempos inmemoriales el otro ha sido repudiado, aislado y reprimido. Considerado un agente perturbador del orden se le persigue hasta su destrucción. […] Para calmar este tipo de miedo social, hoy en día demandamos mayor vigilancia por parte de los cuerpos de seguridad del Estado, elevar las penas de cárcel y favorecer leyes de armas permisibles. Cedemos derechos a cambio de seguridad. Quienes administran, ensalzan y hacen un buen negocio de este miedo son las compañías de vigilancia privada, que ofrecen sus servicios a cambio de protección personalizada. Pero también hay miedos colectivos organizados desde el poder. Miedo a una guerra nuclear, sufrir ataques terroristas, pandemias, crisis alimentarias, energéticas, bancarrotas financieras.[14]

 

Hay, de acuerdo con él, una arquitectura detrás de la versión del “enemigo interno”. Una estructura en la que se han apoyado los gobiernos mexicanos, desde los años setenta, cuando la guerra sucia. Los argumentos para referirse a los acontecimientos de Ayotzinapa ¡se parecen tanto! Roitman se pregunta: “¿cómo se asienta el miedo construido ideológicamente?” Responde: “transformando al delincuente común en sujeto subversivo, terrorista o antisistema. Bajo una campaña sicológica el miedo es inoculado a la población de manera constante para mantenerlo activo. El miedo se reconduce y canaliza bajo las cadenas del terror controlado.”[15] Suscribo cada una de sus palabras aquí reproducidas; las que, además, considero explican la suma de todos los miedos en el caso de los estudiantes desaparecidos. Nos queda un poco de todo esto después de los eventos de Ayotzinapa: miedo a expresar ideas opositoras a las oficiales, miedo a ser visto como “el otro”, miedo a lo que te puede pasar si realizas acciones advertidas como rebeldía, miedo a la exclusión, miedo a desaparecer sin dejar rastro. Y sin duda hay una campaña sicológica que ha acompañado todo lo mencionado, de manera cotidiana, en los medios y a lo largo de toda la República mexicana, ¿en qué país se desaparece a la gente sin que quede huella?

 

El 7 de diciembre de 2014 se dio la noticia de que los jóvenes habían sido asesinados y calcinados. ¿Qué atmósfera se respiraba ante la expectativa del mensaje que daba el representante de la seguridad nacional? Bajo la atención expectante de miles de mexicanos, Jesús Murillo Karam declaró que

 

El gobierno de la República comparte con las familias y la sociedad en general, la necesidad de dar transparencia a esta investigación. Por ese motivo hemos considerado la importancia de hacer de conocimiento público paso a paso, los avances dados en primer término a las familias que sufren las consecuencias de la desaparición pero también a una sociedad agraviada por un acto de delincuencia que no se puede permitir y que no se debe repetir. Hace unas horas informé a los familiares de los jóvenes desaparecidos los avances de una investigación que hoy participo a la sociedad. Sé del enorme dolor que produce a los familiares la información que hasta ahora hemos obtenido, un dolor que compartimos solidariamente todos. Los testimonios que hemos recabado aunados al resto de las investigaciones realizadas, apuntan muy lamentablemente al homicidio de un amplio número de personas en la zona de Cocula. En la búsqueda de la verdad, mi obligación es ceñirme a lo que consta en las averiguaciones y es por eso que los he convocado a esta conferencia de prensa. Las imágenes y videos que se presentan son con el propósito de que la ciudadanía que ha sido víctima de estas personas, pueda reconocerlo y denunciarlos. Quiero dejar muy claro que lo que hoy presentamos son avances de la investigación, no son ni pretenden ser conclusiones de la misma. La investigación continúa su curso. Digamos los avances, paso por paso.[16]

 

Un buen resumen de los hechos planteados por el funcionario fue publicado en el periódico La Jornada. Resumía el guión tomando como línea las declaraciones de los tres testigos:

 

Las más recientes detenciones entre las que figuran los tres autores materiales mencionados, nos han permitido conocer la última etapa de la cadena delictiva que hasta este momento tenemos. Los últimos tres detenidos declaran que en la brecha que lleva al paraje Loma de Coyote recibieron de los policías municipales a un número de personas que no pueden precisar con exactitud, pero que uno de los detenidos estimó en su declaración en más de cuarenta personas. Esta es parte de su declaración:

 

Testigo 1, Agustín García Reyes, el Chereje.

-¿Cuántos estudiantes traían?

-Eran, dicen que eran 44, yo oí... Así que los haya contado uno por uno, no.

-¿Quién te dijo?

Ellos dijeron.

-¿Quién?

-El Pato, el Guereque decían son 44 o 43, así yo nomás oí pero que los haya contado, no. Pero sí eran hartos, entonces de ahí se pasó el Pato...

-¿Y en dónde venían los 43 o 44?

-Venían en la camioneta más grande...

 

Murillo Karam: como observamos en el mapa, en lugar de tomar el camino a Pueblo Viejo, lugar que fue en primera instancia señalado por la Fiscalía del estado de Guerrero, los detenidos señalan que tomaron la carretera con dirección a Cocula, para posteriormente dirigirse al basurero de ese municipio. Declaran también que los subieron a un vehículo con capacidad de carga de 3.5 toneladas y a otra camioneta de carga menor. En esos vehículos los condujeron al basurero señalado, que es un barranco oculto a la vista, y que para entrar a él se tiene que abrir una reja que limita el acceso al público o al predio. En pantalla pueden apreciarse las imágenes de las camionetas utilizadas en el basurero de Cocula. Uno de los delincuentes, quien tenía designada la función de halcón informante declara haberlos visto pasar por el punto que tenía la encomienda de vigilar. Dos de los detenidos declaran que algunas de las personas que trasladaron al basurero de Cocula llegaron sin vida o inconscientes y que los otros fueron interrogados por integrantes del grupo criminal para determinar quiénes eran y las razones de su llegada a Iguala. Después de estas imágenes veremos las imágenes de esta declaración.

 

Testigo 2-

-¿Había algunos muertos en la camioneta antes de bajarlos?

-Sí, al momento que yo iba pasándole a los chavos, ya habían muertos, ya había como unos aproximadamente 15 muertos.

-¿Muertos de bala o de qué?

-De que se ahogaron, se asfixiaron.

 

Testigo 1, Agustín García Reyes, el Chereje

-Les preguntaron qué eran, y todos respondieron que eran estudiantes. Somos estudiantes, y entonces los bajaron y les preguntaron que a qué habían venido a Iguala, y dijeron que venían por la esposa de Abarca, nomás así dijeron.

-¿Pero pertenecían a algún grupo?

-Es lo que les preguntaron ellos, ¿pertenecen a un grupo? y decían que no.

 

Murillo Karam: los detenidos señalan que en ese lugar privaron de la vida a los sobrevivientes y posteriormente los arrojaron a la parte baja del basurero, donde quemaron los cuerpos. Hicieron guardias y relevos para asegurar que el fuego durase horas, arrojándoles diesel, gasolina, llantas, leña, plástico, entre otros elementos que se encontraron en el paraje. El fuego, según declaraciones, duró desde la media noche hasta aproximadamente las 14:00 horas del día siguiente. Según declaraciones de uno de los detenidos, y otro, dijeron que el fuego duró hasta las 15:00 del día 27 de septiembre, pero por el calor que desprendía el área, los delincuentes no pudieron manipular los restos de los cuerpos sino hasta cerca de las 17:30, según sus declaraciones. Cuando los peritos analizaron el lugar, encontraron cenizas y restos óseos, que por las características que tienen corresponden a fragmentos de restos humanos. También aquí están las imágenes.

 

Testigo 3- (recrea la forma en la que bajaban las bolsas con restos humanos)

Ya los dejaban caer así, y entonces cayéndose así, ya le dice al Terco, la Rana o el Pato, los agarraban para acá, para acá, y los iban acomodando así. Los que estaban vivos se levantaban, ya los agarraban y después caminaban así (recrea la forma en que los conducían con las manos en la nuca y con la vista hacia abajo), entonces ya ahí los ponían y les decían: ¿me vas a decir?... y les tiraban.

-¿Había algunos muertos en la camioneta antes de bajarlos?

-Sí, al momento que yo iba pasándole a los chavos, ya habían muertos, ya había como unos aproximadamente 15 muertos.

-¿Muertos de bala o de qué?

-De que se ahogaron, se asfixiaron. Así iban, los iban dejando y a los que los agarraban ya por aquí les tiraban. Ya entonces los demás los jalaban de las patas o de las manos y los iban acomodando hacia allá y a los demás chavos, los que quedaron vivos, quedaron de este lado.[17]

 

El discurso estuvo acompañado de videos, testimonios, fotografías. Los videos eran de los testigos, quienes autorizaron el uso de su imagen. Como los fotorreportajes más siniestros, lúgubres, fatídicos de la nota roja mexicana, las declaraciones fueron un montaje —poco convincente por cierto— de lo que supuestamente sucedió la noche en que fueron detenidos los 43 estudiantes. ¿Las palabras de tres criminales, con patologías grotescas relacionadas con la violencia, pesan más, están por encima de la evidencia concreta? Si estuviera vivo Vicente Leñero, las palabras de Murillo Karam serían reproducidas textualmente persiguiendo el realismo que solía imprimirle a su dramaturgia. Aun en aquellos días se hablaba de los estudiantes como desaparecidos. Y el procurador aún no perdía los estribos: “Presentar estas imágenes es una obligación ante la sociedad, verdaderamente, verdaderamente ofendida, pero el hecho de presentarlas implica una llamada a encontrar las fórmulas, para como dije antes, esto que no se debió dar no se puede repetir. Estoy a sus órdenes [...]”.[18]

 

Viene el mareo: la imagen completa se formó con base en las detenciones de Sidronio Casarrubias Salgado, “líder del grupo criminal que corrompió y se apoderó de las policías municipales de Iguala y Cocula”; de Patricio Reyes Landa, alias el Pato; de Jonathan Osorio Gómez, alias el Jona, y “de la localización y detención de una tercera persona de nombre Agustín García Reyes, alias el Chereje”. Se dijo que “los tres capturados son miembros de la organización criminal Guerreros Unidos, y al rendir su declaración confesaron haber recibido y ejecutado al grupo de personas que les entregaron los policías municipales de Iguala y Cocula”.[19] Tras esto se inició un camino que no ha dejado de ser tortuoso y que cada día se torna más amenazante para los que disienten. Prometían detener a todos los involucrados en los hechos. Identificar los restos humanos encontrados en la barranca y en las bolsas del Río San Juan. Agotar las pesquisas y…

 

La antropóloga Joanna Bourke ha estudiado al miedo en el contexto de la historia de las emociones, en la historia cultural de acontecimientos contemporáneos.[20] Para ella es imposible encontrar una sola definición de miedo general y que sea punto de partida para los análisis, ya que en cada época se encuentra esta expresión pero con características diferentes. Esto hace que sea más difícil estudiar dicha emoción, que cualquier evento específico. En un artículo publicado en 2003 Bourke toma distancia de las tesis que señalan al miedo como “‘algo’ biológico, esencial, subyacente”.[21] El interés de la académica por la temática surgió al leer las fuentes (diarios, cartas, diarios, informes oficiales, periódicos, obras de teatro, novelas, películas, documentos parlamentarios, memorias y recopilaciones estadísticas) de los hombres y mujeres que estuvieron en y cerca de los frentes de guerra, durante la Segunda Guerra Mundial, en los que encontró cantidad de referencias acerca de los estados de ánimo, en particular, al miedo. En los contextos contemporáneos el miedo aparece asociado a argumentos diversos —religiosos, morales, sociales y políticos— explorados por Bourke en su libro Fear. A Cultural History. Su trabajo estimula no sólo la inclinación por estudiar el miedo, sino hacerlo para las sociedades contemporáneas. Las fuentes para reconstruir la historia de Ayotzinapa están vivas y desgarradas Nos referimos a los padres de los estudiantes, al estudiante que sobrevivió, al director de la Normal Rural, a la gente de Ayotzinapa y de Iguala y de Guerrero. Estos personajes representan a una sociedad que se asoma a la ventana con temor.

 

El México de hoy me aterra como historiadora. Encontrar el hilo de los relatos en temas como el de la Normal Rural Isidro Burgos nos lleva de las fuentes vivas a las fuentes impresas, de los rostros desencajados a los cuerpos descuartizados. Que me perdonen mis maestros, pero no puedo no regañar a muchos de los sujetos involucrados en esta historia. El tema de Ayotzinapa arroja dolor y miedo. ¿Cómo pueden desvanecerse, de la noche a la mañana, los rostros, las voces, los gritos, las risas de 43 muchachos?, ¿dónde están? Ambos, el dolor y el miedo, son dos maquillajes de las propagandas que acerca de la seguridad nacional han utilizado los responsables de la misma, en México, desde hace ya más de cinco décadas. Esta historia reciente ha dejado heridas que polariza  el análisis acerca de los hechos. El miedo ocupa un lugar primordial en los discursos elaborados por los discursos oficiales y los medios de comunicación. Ya lo dijo Zigmunt Bauman, son estos “tiempos líquidos”.[22] Sin embargo, por otro lado --y para fomentar el ánimo--, las posturas de los padres de Ayotzinapa, los estudiantes de la Normal, las de los humanistas críticos y los manifestantes desafían al miedo.

 


* Dirección de Estudios Históricos INAH.

[1] Entrevista telefónica de Joaquín López Dóriga  a Jesús Murillo Karam, 28 de enero de 2015, https://www.youtube.com/watch?v=h5C-WC9AdVo

[2] Ibidem.

[3] Noticiero MVS Carmen Aristegui, Mesa MVS: Lorenzo Meyer, Sergio Aguayo y Denise Dresser, sobre peritos argentinos y PGR en el caso de Ayotzinapa en Noticias MVS, México, 9 de febrero de 2015 https://www.youtube.com/watch?v=ePCCfMrhXb4

[4] Luis González de Alba, “Yo también quiero ir a Ginebra”, en “De la Calle”, Milenio, México, D.F., 6 de febrero de 2015.

[5] Idem.

[6] Parafraseando a la canción infantil, “El reino del revés” (s/f) de María Elena Walsh.

[7] Mónica Ramírez, “No me pregunten de Ayotzinapa”, Murillo Karam en el Marco del Foro Iberoamericano de Ciudades en AGN Veracruz. Periodismo puntual y con sentido, Veracruz, 11 de marzo de 2015, http://www.agnveracruz.com.mx/index.php/menuveracruz/item/17318-%E2%80%9...

[8] Luis González de Alba, “De la novatada a la tragedia”, en “De la calle”, Milenio, México, D.F.,  10 de noviembre de 2014.

[9] Idem.

[10] Luis González de Alba, “Ayotzinapa, ¿y el móvil de la otra versión?” en “De la calle”, Milenio, México, D.F., 29 de diciembre de 2014.

[11] Idem.

[12] Luis González de Alba, “Yo también quiero ir a Ginebra”, op. cit.

[13] Amado Fuentes Aguirre, “Catón”, “Presión por Ayotzinapa”, en “De política y cosas peores”, El Imparcial.com, 15 de enero de 2015. http://www.elimparcial.com/Columnas/DetalleColumnas/1165524-De-Politica-y-Cosas-Peores-Caton.html. Un último artículo de Luis Gonzalez de Alba, “Iguala, tragedia y buitres”, en “De la calle”, Milenio, México, D.F., 30 de enero de 2015.

[14] Marcos Roitman Rosenmann, “Los miedos del futuro”, en “Opinión”, La Jornada, México, DF, lunes 15 de diciembre de 2014, p. 24.

[15] Idem.

[16] Gustavo Castillo, Edición de conferencia de prensa de Jesús Murillo Karam: “PGR: aseguran detenidos haber asesinado a desaparecidos de Ayotzinapa”, La Jornada, México, D.F., 7 de noviembre de 2014.

[17] “Palabras del procurador Jesús Murillo Karam, durante conferencia sobre desaparecidos de Ayotzinapa”, La Jornada, sección Política, México, D.F., 7 de noviembre de 2014.

[18] Idem.

[19] Idem.

[20] Joanna Bourke, Fear, A Cultural History, Great Britain, Shoemaker & Hoard, 2005.

[21] Joanna Bourke, “Fear and Anxiety: Writing about Emotion in Modern History” en History Workshop Journal, Oxford University Press, Spring, núm. 55, p. 111-133.  Véase la entrevista que le hace Michael O’Connor en Three Monkeys online. La publicación gratuita sobre temas de actualidad y cultura, 2004, http://www.threemonkeysonline.com/es/historia-del-miedo-una-entrevista-c....

[22] Zigmunt Bauman, Tiempos líquidos, Tusquets Editores, 2007.

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Resumen

Este artículo recapitula algunos de los eventos más significativos acerca de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el 26 de septiembre del 2014, en México. La posición del gobierno y la no resolución del caso, arroja discursos que muestran como entre los actores políticos y los medios, se ha construido una historia bajo la noción del miedo. El miedo constituye una herramienta relevante de control social.

Palabras clave: Ayotzinapa, miedo, medios de comunicación, fuentes gubernamentales

 

Abstract

This article recapitulates some significant events about the forced disappearance of the 43 Ayotzinapa students, on September 26, of 2014, in Mexico. The government position and the non resolution of the case, throws discourses that show how between political actors and media, history is constructed within a notion of fear. Fear constitutes a relevant social control tool.

Key words: Ayotzinapa, fear, media, government sources

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