El papel de las redes sociales en el caso Ayotzinapa

Lourdes Villafuerte García*

 

La noche del 26 de septiembre de 2014 los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, municipio de Iguala, en el estado de Guerrero, fueron atacados a tiros por sujetos uniformados cuya plena identidad no ha sido determinada. Los estudiantes pretendían recaudar fondos para trasladarse a la ciudad de México para asistir a la conmemoración del 36 aniversario de la matanza de Tlatelolco. Hay dos detalles paradójicos: el primero es que se trata de estudiantes que querían traer a la memoria a otros estudiantes, y lo que finalmente hermanó a los de 1968 con los de 2014 fue la tragedia y la probable participación del Estado mexicano; el segundo es que el ataque tuvo lugar el mismo día del fallecimiento de Raúl Álvarez Garín, líder estudiantil en 1968 y un luchador activo en busca de la verdad de la matanza de Tlatelolco hasta el final de su vida.

 

La muerte de seis personas, tres de ellos estudiantes normalistas, y la desaparición de 43 más levantó la indignación de la sociedad y la demanda de la aparición de los jóvenes. Los medios masivos de información comenzaron a difundir la noticia de que los estudiantes desaparecidos fueron entregados por los miembros de la policía municipal al grupo delictivo Guerreros Unidos. La sociedad comenzó a poner atención en los padres de los 43 desaparecidos, personas transidas por la desesperación y por el dolor de no saber nada de sus hijos, y en el gobierno federal, que no logra explicar de manera razonable lo que pasó la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014. La imagen de padres y madres buscando a sus hijos ha sido clave en el surgimiento de una movilización popular, cuyos principales impulsores son los jóvenes en general y los estudiantes en particular, quienes tienen como medio de información y de expresión las redes sociales digitales.

 

Las redes sociales y su papel en movimientos sociales

Para el estudio histórico de las sociedades humanas es muy importante la manera en que las personas se relacionan entre sí formando redes alrededor de un interés común, como puede ser el parentesco, las relaciones de trabajo, alguna actividad económica, científica, política, lúdica, etcétera.

 

Las herramientas para comunicarse no han cesado de cambiar desde la carta, la tarjeta postal, el telégrafo, el teléfono, el fax, las comunicaciones vía satélite y actualmente la internet. Si el correo electrónico significó un cambio en las posibilidades de comunicación, el chat y las redes sociales en línea abrieron un abanico de posibilidades para compartir contenidos. Isabel Ponce define las redes sociales en línea como

 

[…] estructuras sociales compuestas por un grupo de personas que comparten un interés común, relación o actividad a través de internet, donde tienen lugar los encuentros sociales y se muestran las preferencias de consumo de información mediante la comunicación en tiempo real […] No sólo nos relacionamos y compartimos con los demás, sino que, además, exponemos abiertamente y en tiempo real nuestros gustos y tendencias, expresando la propia identidad.”[1]

 

Las redes sociales más utilizadas a nivel global son Facebook y Twitter, a las cuales se reconoce un gran poder de comunicación, de manifestación y de convocatoria, por lo cual varios movimientos sociales y políticos han tenido en estas redes un medio de expresión. Por razones de experiencia propia, es decir de mis propias limitaciones, me referiré sólo a Facebook.

 

En una reunión de académicos y estudiantes que tuvo lugar a mediados de diciembre de 2014 en la Dirección de Estudios Históricos del INAH, acerca del ataque a los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y la desaparición de los 43, se enunciaron dos preguntas: ¿cuál es el papel que ha tenido el uso de las redes sociales digitales en el crecimiento y sostenimiento del movimiento social que tales hechos han suscitado?, ¿pueden considerarse las redes sociales una fuente para la historia contemporánea? Declaro abiertamente que no tengo una respuesta a estas preguntas; sin embargo, sí creo que vale la pena enunciar algunas ideas acerca de este asunto con el fin de plantear una discusión.

 

El uso de las redes sociales se inició en la Universidad de Harvard como una forma de comunicación entre los estudiantes, pero en poco tiempo se extendió su uso a otros estudiantes universitarios, y cualquier persona que tenga una cuenta de correo electrónico hoy puede acceder a esta red social, la cual también da acceso a otras herramientas en línea como Messenger, YouTube y otras.

 

Si bien cualquier persona puede tener acceso a las redes sociales, lo cierto es que son los jóvenes quienes más las usan y quienes explotan su gran potencial como un lugar para divertirse (y para mofarse), para interactuar con sus amigos, para compartir sus gustos y para emitir su opinión y crítica de una manera libre. Esta libertad que da la expresión en redes sociales es una característica muy apreciada por los usuarios, de ahí que hubiera mucha resistencia a las restricciones en el uso de internet. Desde hace varios años se han impulsado campañas para ponerle límites al uso libre de la señal digital con el pretexto de los derechos de autor  --como la Ley SOPA de 2011 en Estados Unidos--, o la seguridad, argumento que el gobierno federal de México esgrimió en la propuesta de leyes secundarias de telecomunicaciones de 2014, en las cuales se ha notado la pretensión de censurar contenidos, tener acceso a datos de los usuarios y bloquear la señal en movilizaciones masivas.

 

En efecto, el uso de redes sociales y su manejo a través del teléfono móvil ha convertido a Facebook y a Twitter en herramientas sumamente rápidas y que pueden convocar a grupos de personas en muy poco tiempo. Uno de los ejemplos más evidentes fue el de la Primavera Árabe en 2010-2012,[2] donde el movimiento surgió y creció con rapidez gracias a la convocatoria en Twitter y Facebook, lo cual se encuentra también en las manifestaciones de Los Indignados en Madrid en 2011, denominado también 15 M, en el movimiento Somos el 99% de Nueva York, así como en el movimiento estudiantil chileno en 2011-2012, y el #Yo soy 132 de  2012.

 

El poder de convocatoria a nivel local se revela como una herramienta muy eficiente para lograr que la gente salga a las calles a un punto determinado para realizar una protesta; por otro lado, la posibilidad de difundir a nivel global el contenido de un movimiento social ha provocado diversas manifestaciones de apoyo (o de rechazo), las cuales se difunden de manera inmediata y a nivel global a través de las redes sociales. La inmediatez y el alcance global son las principales características de las redes sociales digitales.

 

El caso de los 43 normalistas desaparecidos y Facebook

Cuando una persona abre una cuenta de Facebook, crea su perfil y comparte con sus amigos ciertos gustos e intereses en diferentes temas como la música, el cine, el arte, la religión y la política, entre otros; de tal manera que la aceptación de personas como amigos da acceso a su información y, por lo tanto, a conocer sus gustos e intereses, lo cual es recíproco. Pero no para ahí, sino que los amigos lo comparten con otros amigos. Si bien los gustos y opiniones de un usuario los comparte en un primer momento con personas afines, al circular a través de redes muy amplias de personas, el emisor del primer mensaje pierde el control de quién lo recibe.

 

El acceso a ciertos medios de información en línea, como los diarios y revistas de opinión de México y de otras partes del mundo, así como los blogs o sitios de noticias, y la radio y televisión que transmite por internet se comparten por medio de la biografía del usuario y de sus amigos. El usuario mismo puede compartir texto o imagen propios.

 

El caso de la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, la noche del 26 de septiembre, fue un hecho brutal que provocó la indignación de la sociedad mexicana. Muy pronto comenzó a circular el asunto en las redes sociales, y lo que parecía que pasaría inadvertido, resultó ser la gota que derramó el vaso después de gran cantidad de agravios. Por una parte, la lentitud para reaccionar de las autoridades federales y la imagen de unos padres de familia buscando a sus hijos, así como la fotografía del joven Julio César Mondragón con el rostro desollado, potenciaron la indignación.

 

Los jóvenes y, sobre todo los estudiantes de las escuelas públicas y privadas,  comenzaron a organizarse hasta formar la Asamblea Interuniversitaria que ha tenido gran repercusión, cuyas resoluciones se comunican mediante Facebook y Twitter. Las marchas y movilizaciones para acciones de protesta se convocan principalmente por medio de las redes sociales, y el desarrollo de las mismas se documenta en video o en foto y se suben enseguida a la red, con una repercusión casi instantánea y a nivel mundial. Esta característica ha permitido mostrar acciones como la del joven Adán Cortés Salas --quien irrumpió en la entrega del premio Nobel de la Paz--, o las agresiones sufridas por Sandino Bucio, estudiante de filosofía, cuyo secuestro fue grabado por otro de sus compañeros y subido a Facebook, lo cual dio lugar a que unos minutos después se organizara una asamblea en la facultad para defender a su compañero.

 

No podemos decir que el uso de las redes sociales sea el elemento único para la repercusión tan grande y tan sostenida del movimiento social en favor de los 43 desaparecidos, sino que estamos también frente a un cambio de actitud de los ciudadanos. Los jóvenes que en este momento están en edad de estudiar licenciatura nacieron a mediados de la década de 1990; es decir, ellos crecieron en una época donde hubo cierta apertura de los medios a la crítica y hubo un avance en la consagración de algunos derechos: a la información, a la participación ciudadana, a la defensa de los derechos humanos, etcétera. La actitud de los ciudadanos ha ido cambiando, de tal manera que al mismo tiempo que hay quien acepta dádivas de los partidos políticos en época de elecciones, los hay que no aceptan la censura, que critican a la clase política y que elaboran otra concepción de la participación ciudadana. Al mismo tiempo es notorio el fenómeno de falta de oportunidades de estudio y empleo para los jóvenes, lo cual se describe con el epíteto de Nini, y una constante arremetida de las autoridades contra ellos.

 

Estos ciudadanos nacidos a fines del siglo XX tienen a su favor la familiaridad con la tecnología. El uso de los recursos cibernéticos es algo que forma parte de su cotidianidad, y su aplicación a un teléfono les permite grabar video, voz, obtener fotos, escribir sus opiniones en el teléfono y subirlas inmediatamente a las redes. ¿Cómo se han usado estos recursos tecnológicos y esta actitud de los jóvenes?

 

La falta de pericia para tratar el asunto de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa por parte de las autoridades de los tres órdenes de gobierno, ya no se queda en las imágenes que transmite la televisión a nivel local, sin que las personas puedan expresar su opinión y transmitirla para todo el mundo de manera inmediata. Como usuarios de redes sociales, los ciudadanos exhiben las pifias que se cometen y a quiénes las cometen usando diferentes tonos, desde el ángulo informativo, compartiendo notas periodísticas, hasta el sarcasmo y la sátira a través de la elaboración de “memes”; es decir, la actividad de los ciudadanos-usuarios de redes sociales han significado cierto contrapeso al duopolio televisivo y a la versión oficial, pues constantemente la desmienten y exhiben usando los lenguajes mencionados.

 

Al compartir cierta información en redes ésta generalmente se acompaña de comentarios del usuario, lo cual pone en perspectiva el sentido que tiene la publicación y la posición del emisor. Por ejemplo, el video de la aparición en la televisión del procurador Murillo Karam el 7 de noviembre de 2014, proponiendo la versión de que los estudiantes desaparecidos fueron detenidos por policías municipales y entregados al grupo delictivo Guerreros Unidos, quienes los asesinaron, calcinaron y arrojaron a un río, fue inmediatamente reproducido en redes, pero con comentarios de incredulidad o de apoyo; asimismo, los memes con la frase “ya me cansé” surgieron apenas terminada esa aparición del funcionario; a la mañana siguiente, aparecieron los videos producidos por los mismos usuarios diciendo estar cansados de Murillo, así como quienes lo defendían diciendo que no había dormido. Muy pronto llegaron mensajes de todo tipo y de diferentes partes del mundo con la frase “ya me cansé”.

 

La amplia difusión en las redes de la imagen y de los rostros de los padres de familia que no hacen sino buscar a sus hijos ha hecho tambalear a los agentes del gobierno mexicano, pues se ve (y difunde) a padres de familia que son campesinos pobres enfrentando al presidente y a sus secretarios y con toda dignidad exigen justicia, desmienten la “verdad histórica” (concepto inexistente para los historiadores) que quiere imponer el procurador Murillo Karam, exigen la presencia de los secretarios y no de sus colaboradores, exigen la participación de personas de confianza, como el Equipo Argentino de Antropología Forense. Esta imagen nos pone ante un panorama contrastante: de un lado, padres y madres cumpliendo con su deber de buscar a sus hijos, y por la otra un gobierno que debe investigar y hacer justicia y no lo hace.

 

La globalización ha sido una apuesta del gobierno de México desde hace más de dos décadas, pero ésta no abarca sólo lo económico, sino lo cultural; en ese sentido la globalización se ha pretendido más como una homogenización con la cultura y los valores estadounidenses, tales como la competencia y la popularidad que poco a poco está penetrando, sobre todo entre los jóvenes. Pero la globalización tiene más de una cara, porque los derechos humanos también se pretende que sean globales, por lo que el derecho a la vida, a no ser discriminado, a no ser torturado; el derecho a la justicia, a la memoria, a la reparación del daño también son globales y están constantemente en las redes sociales a raíz de los últimos sucesos de nuestro país.

 

Redes sociales: ¿fuente para la historia?

Sin embargo, no hay que perder de vista que lo que yo puedo ver en las redes sociales depende mucho de mi propio perfil, y eso condiciona la información y las opiniones que recibo a través de mi cuenta en redes; en ese sentido me pregunto: ¿la información y las opiniones que se comparten en redes sociales pueden ser una fuente para la investigación histórica de un movimiento social?

 

Mi opinión es que sí son una fuente para la historia, ya que se trata de información que produce un sujeto social en un momento y en un contexto dados, susceptibles de ser analizados y reflexionados desde la historia; además, las opiniones pueden tener varias características, desde las más reposadas y analíticas, hasta las más viscerales o sarcásticas, tanto a favor como en contra de un movimiento social como el de los 43 desaparecidos.

 

Esta información, como se hace con cualquier otra fuente, requiere de hacer las labores de crítica de fuentes, de realizar una lectura atenta de la información en sus diferentes formatos (texto, foto, video, audio, cine, caricatura, meme, etcétera), así como la valoración de la intención del discurso compartido (análisis, opinión, documentación, mofa, burla). Hacer la tarea de buscar información acerca de las personas o grupos que producen ese discurso para situarlas en su debido contexto; es decir, si se trata de autoridades, de ciudadanos; cuál es su grupo de edad; si quien produce la información es local o extranjero; cuál es su tendencia política, cuál es su grupo socioeconómico, etcétera.

 

Los lenguajes utilizados en las redes deben ser analizados en el formato que aparezcan. Leer en su acepción de “entender o interpretar un texto de éste o del otro modo” nos lleva a un sentido amplio del fenómeno de la lectura, pues se puede leer texto u otras formas de lenguaje –como los referidos arriba–, lo cual hace necesario que el lector-investigador tenga, o busque tener, las herramientas necesarias para el tratamiento de esta gama de materiales.[3]

 

Nuestro reto como historiadores consiste en aprender a tratar nuevas fuentes con características como las señaladas e inventar quizá nuevos métodos de análisis para este tipo de fuentes.

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

 

[1] Isabel Ponce, “Monográfico: Redes sociales”, Observatorio tecnológico, Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. http://recursostic.educacion.es/observatorio/web/es/internet/web-20/1043-redes-sociales?start=1 consultado el 20 de enero de 2015.

[2] Nombre con el cual se denomina a una serie de protestas y de movilizaciones para exigir democracia en varios países árabes como Túnez, Libia, Siria y Egipto.

[3] Martín Alonso, Enciclopedia del idioma. Diccionario histórico y moderno de la lengua española (siglos XII al XX) etimológico, tecnológico, regional e hispanoamericano, 3 vols., México, Aguilar,  1998, t. II, p. 2531.

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Resumen

Este artículo pretende poner a discusión dos aspectos respecto del uso de las redes sociales. Por una parte, el papel que tienen para manifestarse, convocar y difundir las reivindicaciones de los movimientos sociales con rapidez y a nivel global. El uso de estas redes en el ámbito digital ha dado, sobre todo a los jóvenes, una plataforma para mostrar, en un ambiente de libertad, sus opiniones, sus críticas y sus reivindicaciones utilizando un nuevo lenguaje que va del texto más o menos serio, a la imagen que documenta sucesos ya sea en video o foto, así como a la manipulación de imágenes para crear “memes” cuyo objetivo es burlarse de los poderosos. El segundo aspecto de la discusión que se propone es reflexionar acerca de las posibilidades de usar el contenido de las redes sociales como una fuente para la investigación histórica, con la debida crítica y con un tratamiento que supone la creación de nuevos métodos de lectura y análisis.

Palabras clave: redes sociales, fuentes, investigación histórica

 

Abstract

This article aims to make two aspects discussion regarding the use of social networks. On the one hand, the role they have to demonstrate, and disseminate convene claims of social movements quickly and globally. The use of these networks in the digital fields has given, especially to young people a platform to show, in an atmosphere of freedom, their opinions, their criticisms and claims using a new language that is more or less serious text, to the image that documents the events either in video or photo as well as image manipulation to create "memes" which aims to make fun of the powerful. The second aspect of the discussion is proposed to reflect on the possibilities of using the content of social networks as a source for historical research, with criticism properly and with a treatment that involves the creation of new methods of reading and analysis.

Key words: social networks, sources, historical research

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