Procesos de radicalización política en jóvenes militantes de izquierda en su tránsito a organizaciones armadas insurgentes de los años sesenta y setenta del siglo XX en México y Colombia

Jorge Albeiro Holguín Pedroza*
Yair Balam Vázquez Camacho*

 

Introducción

En este artículo analizamos dos entrevistas de historia oral, en su modalidad de historias de vida, para reflexionar comparativamente en torno a los procesos de politización y radicalización de dos sujetos histórico-sociales: Adalberto Loperena, militante del Partido de los Pobres (PDLP),[1] en la ciudad de México, D.F., y Luis del Movimiento 19 de Abril (M-19),[2] en Cali, Colombia. Nos interesa la forma en que los sujetos recuerdan y resignifican su participación en el movimiento social y armado; y también cómo dan cuenta, desde su subjetividad, de los conflictos y procesos sociales amplios que atravesaron México y Colombia entre las décadas de 1960 y 1970. Así, la pregunta de investigación es: ¿cómo influyeron las experiencias familiar, escolar y laboral en los procesos de politización y radicalización de dos jóvenes de izquierda de las décadas de 1960 Y 1970 en México y Colombia?

 

El abordaje de las historias de vida, y los elementos que éstas arrojan, brindan la posibilidad de avanzar en la búsqueda de una alternativa metodológica que permita comprender cabalmente el fenómeno insurgente de la nueva izquierda latinoamericana, integrando, desde el estudio de la memoria, las distintas formas de movilización política, la toma de decisiones y observar los flujos y reflujos de la militancia en el  interior de las organizaciones.

 

Se analizan los ámbitos familiar, escolar y laboral de los sujetos como elementos que permiten comprender sus motivaciones individuales para articularse a los procesos colectivos, y observar su tránsito, desde sectores de movimientos sociales, a organizaciones armadas insurgentes. Por último se presentan las conclusiones, donde se procede a plantear los contrapuntos comparativos de ambos procesos de radicalización política.

 

La familia: experiencias de socialización primaria

Adalberto Loperena Martínez es el segundo de seis hijos de una familia de origen campesino que migró a la ciudad. Nació y creció en uno de los barrios emergentes de la ciudad de México, en Santa María La Ribera: “[…] en una parte que colinda con Atlampa y con Tlatilco […] por Santo Tomás, por donde está el Politécnico”.[3] Adalberto definirá de una manera recurrente su identidad familiar como “humilde”, “sencilla” y el “ser pobres”, pero también expresó en su testimonio que “nunca les faltó la comida” gracias a los múltiples empleos de su padre. Este militante recordará como significativo el haber vivido cerca del Instituto Politécnico Nacional (IPN), y presenciar a la edad de diez u once años la entrada del Ejército al casco de Santo Tomas, para ocupar y cerrar el internado estudiantil en 1956.

 

Ese acontecimiento rompió con la normalidad y cotidianeidad de su tránsito por aquel sitio. Argumenta que en el momento de la ocupación no logró dimensionar la importancia de aquellas luchas estudiantiles, ya que antes “no tenía muy claro todo eso”. Así, este militante tenía sus primeros vínculos con la política en medio de la incomprensión del contenido de las movilizaciones estudiantiles y la represión del Ejército. En su testimonio no se evidencia influencia política directa desde el seno familiar. Hasta ese momento Adalberto no lograba comprender “la política” como algo que le afectase a él o a su familia, y de lo cual debía apropiarse.

 

Por su parte, Luis nace el 2 de julio de 1957 en Cal,-Colombia, y crece en el barrio Siloé, en el seno de una familia con cinco hermanos que migró del campo a la ciudad producto de la violencia política partidista de los años cincuenta, y que se dedicaba a la panadería doméstica. El papá de Luis, un jornalero campesino adepto al Partido Liberal, huyó de los “chulavitas” o “pájaros”, como se les conocía a los “guerrilleros” conservadores. Según el testimonio de Luis:

 

Mi papá venía de los lados del Quindío, era liberal; mi mamá de una familia muy tradicional en Buga, era conservadora, y pues la mayoría de los hermanos se inclinaban por el partido liberal. Mi papá se ponía a hablar de la violencia y de todo lo que le tocó joderse para que no lo fueran a matar los conservadores. Mi papá les decía los godos. A mi papá se le salían las lágrimas contando las historias que tenía, yo creo que ésa fue una de las cosas que a mí me marcó […] uno se envenena, se llena de rabia hermano, por eso la violencia en nuestro país ha sido transmitida.[4]

 

Luis ubicó las historias familiares en su presente, las reconfiguró en su propio tiempo y espacio. El referente más cercano de Luis con la política recrea las imágenes de su padre abandonando su pequeña parcela en el campo antes de que lo asesinaran los conservadores. Con esas representaciones construyó significaciones de lo  “justo” y lo “injusto” de su sociedad, e interiorizó desde la niñez una imagen inseparable de la violencia y el ejercicio de la política.

 

Experiencias escolares: primeros vínculos con las movilizaciones políticas

En 1962 Adalberto tuvo su primera experiencia vinculante con la política a través de las movilizaciones estudiantiles en rechazo a la visita del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, John. F. Kennedy, donde interpeló a uno de los activistas del Partido Comunista Mexicano (PCM)  por los motivos de su protesta. Luego declinó una invitación para participar en la Tribuna de la Juventud Mexicana (TJM), muy cercana al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Hasta ese momento, Adalberto no se convencía de formar parte de algún proyecto político orgánico.

 

Años más tarde, el movimiento estudiantil de 1968 fue vivido por Adalberto como “vecino” del IPN. Allí observó los enfrentamientos con la policía y las movilizaciones del Ejército, así como el flujo de información con opiniones a favor y en contra del movimiento estudiantil por parte de los vecinos de la zona del Casco de Santo Tomás. Como recuerda Adalberto:

 

En el 68 hay una movilización estudiantil, pero yo más que como estudiante lo vivo como vecino, porque yo viví en Anardo, muy cerca del Casco […] vi la quema de camiones, bloqueos […] las marchas […] veo la movilización del Ejército, toman el Politécnico […] entonces yo voy […] ahí recuerdo que una vecina de ahí de la vecindad me dice ‘y tú para que vas, no te metas’, en fin, como una preocupación de la gente, o parte de la gente […] unos para apoyar, otros para cuestionar.[5]

 

A diferencia de Luis, en Adalberto las primeras significaciones  de lo “justo” y lo “injusto” de su sociedad se dan en relación con el ámbito escolar. A decir de su testimonio, el movimiento estudiantil es el primer vínculo “consciente” de Adalberto con la política contenciosa, aunque todavía en calidad de observador. A diferencia de la toma del Ejército en 1956, acá reconoce claramente la polarización social en torno a la protesta estudiantil.

 

En la historia de vida de Luis lo escolar va unido temporalmente con su práctica laboral y, por ende, al inicio de su militancia en el M-19. Pero antes, cuando la panadería familiar daba réditos, su padre se propuso ofrecerle una educación “de calidad” en uno de los colegios católicos más tradicionales de la ciudad: el Colegio San Juan Bosco. Cuando se presentó la crisis económica y el cierre del negocio familiar, su padre dejó de ofrecerle apoyo para sus estudios; esto coincidía, expone Luis, con su bajo nivel académico.

 

Luego este militante ingresó a trabajar como maquinista en Industrias Metalúrgicas Carlos Benítez (Incabe) y lo alternaba con sus estudios en el Colegio Eustaquio Palacios, recinto académico donde tenían presencia grupos juveniles vinculados a partidos y organizaciones de izquierda, como el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) y la Juventud Comunista (Juco).

 

A pesar de que Luis tuvo sus primeros vínculos con la política orgánica en el ámbito escolar, no se vinculó formalmente a ninguna organización o partido político, sólo hasta su llegada a Incabe, donde se articula a los núcleos de discusión política en el sindicato. El ámbito escolar de Luis se puede interpretar como un estado de transición en su proceso de radicalización política. La escuela la comprende como una obligación social que no logró canalizar sus sentimientos de inconformidad, y por consiguiente no dio respuesta a sus ya formadas significaciones de lo “justo” y lo “injusto” de la sociedad.

 

Lo laboral: experiencias en la política organizada y tránsito a la lucha armada insurgente

Adalberto no concluyó sus estudios profesionales en el IPN e ingresó a laborar, decisión que no fue difícil para él puesto que, por un lado, había heredado de su entorno familiar la “cultura del trabajo” y, por otro, con su carrera universitaria “trunca” pudo conseguir rápidamente un empleo. Esta primera experiencia laboral en la empresa Bimbo permitió a Adalberto acercarse y relacionarse con el sector obrero, participar en reuniones, convivir y entablar amistad con trabajadores preocupados por mejorar sus condiciones laborales.

 

Fue despedido luego de negarse a otorgarle a su líder sindical un día de su sueldo por conquistar un aumento salarial. Esta experiencia, que él percibe como “injusta”, y su crítica frente al manejo corrupto de los recursos de los trabajadores, le valió el reconocimiento de algunos militantes del PDLP que actuaban de manera clandestina en el interior del sindicato.

 

Luego, Adalberto entró a trabajar en Harper Wayman, una fábrica de capital estadounidense que producía equipos para estufas de gas. Cuando participó en una huelga que demandaba mejoras en las condiciones laborales, recuerda, llegaron algunos militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) a solidarizarse con los obreros y a adelantar trabajo político de reclutamiento. Frente a esto, Adalberto argumenta que se sintió alejado, con “reservas” y “recelos” a formar parte y colaborar con una organización política “partidista”, lo que se suma a su significativa distancia frente al PCM. Loperena sentía renuencia a articularse a un sector de izquierda en extremo “ideologizado”, como él lo recuerda:

 

[…] en Harper Wayman  hicimos huelga, ahí participé de una manera significativa para el estallamiento de la huelga, y entonces yo iba a apoyar el paro […] y entonces llegaban […] compañeros del PRT, ellos sí a desarrollar, actividad política, ‘no que nosotros los apoyamos, que no tengan miedo, que nosotros marchamos hombro con hombro, brazo con brazo’, […] pero bueno está bien, no, […] pero siempre tuve reservas a las organizaciones […].[6]

 

Esta experiencia de movilización obrera (hecho que él recuerda como significativo), fue uno de los detonantes de su tránsito de las luchas sindicales a la participación en una organización armada clandestina. La invitación a colaborar con las redes urbanas del PDLP en la ciudad de México le llegaría a través un ex compañero de trabajo de Bimbo que, como recuerda Adalberto en su testimonio, también fue despedido “injustamente” de aquella empresa.[7]

 

En el caso colombiano, en Incabe Luis se sindicaliza. Ahí tenían presencia organizaciones como el Partido Comunista de Colombia (PCC), el MOIR y el Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista PCC-ML; militantes de este último lo invitan a participar en grupos de discusión política, según su testimonio:

 

En esa organización empezaban a hablar de lucha armada, empezaban a hablar de guerra popular, y entonces yo les decía: ¿y dónde están los fierros? Entonces nosotros nos reuníamos grupos de seis, siete, ocho personas y nos agarrábamos a leer ese loco de Marx y yo no lo entendía […] entonces para vos ser un militante tenaz tenías que meterte unos tomos y una carreta que no tenía nada que ver con vos, con lo que estabas viviendo […] entonces yo no le botaba corriente a leer esos libros, entonces (me decían): aaah…vos siempre con tu “huevonada”, que vos siempre preguntando pendejadas.[8]

 

Este militante no se sentía reconocido ni valorado en esa organización, y paulatinamente fue relegado a tareas menores; además, aquellas lógicas políticas no le decían mucho sobre su entorno inmediato. Con las teorías marxistas-leninistas en su versión más abstracta no podía comprender la situación actual de su padre (desempleado), canalizar su descontento social, ni mucho menos, lograba ver a través de ellas la relación clara entre política y violencia, que en él era tan precisa de acuerdo con su experiencia familiar. Cuando Luis dice: “¿y dónde están los fierros?” está interponiendo el enfrentamiento contencioso sobre los elevados discursos ideológicos de los grupos y organizaciones de corte marxista-leninista que pululaban en los sindicatos y en escuelas públicas de los años sesenta y setenta en Colombia. En el interior del sindicato Luis es contactado por un militante del M-19 quien lo invita a colaborar con esta organización, y acepta.[9]

 

Motivaciones individuales

¿En sus procesos de radicalización política, por qué dos militantes, de países latinoamericanos distintos, eligen participar en una organización armada de izquierda?

 

En el caso de Adalberto, los elementos que definen esta elección pasan por la identidad (campesina, humilde, obrera), el compañerismo y la solidaridad (familia, escuela, lucha sindical) y una cierta procedencia común en sus redes de sociabilidad estudiantil y obrera. Estos elementos se articularon con la idea del propio Adalberto de que en esa circunstancia específica era necesario movilizarse en otra dimensión de compromiso político. Como él lo argumenta: “la organización sindical pues ya… ya había que pasar a otro nivel”. Este militante tomó en cuenta la naturaleza y el tipo de organización armada a la que más tarde se integraría, apelando a sus socializaciones primarias con la política (antiteoricistas y antidogmáticas). Como recuerda:

 

[…] pero además, dentro de las pláticas, dicen, ‘no es que la organización del Partido de los Pobres es una organización honesta’ […] es la que más sustento social tiene […] como que no está contaminada por los rollos políticos, por los rollos de las organizaciones, llámese PC o llámese como se quiera llamar […] porque también se habían discutido las características de la Liga, en ese momento ya estaba la Liga Comunista 23 de Septiembre [LC23-S], hasta donde yo entiendo la Liga tiene la necesidad  de un acercamiento con la vanguardia revolucionaria  […] pero yo siento que un poquito pues desde arriba, no abajo, sino arriba […] como que quieren hacer la luz  […].[10]

 

La decisión de Adalberto de integrarse a la red urbana de PDLP pasó por la identificación, o reconocimiento, de pertenecer a un grupo social; por amistad, porque un compañero suyo lo invitó. Y aún más, porque consideraba al PDLP como una organización “apartidista” que rechazaba al PCM, partido que era visto por muchos jóvenes de la generación de Adalberto como “vanguardista”, “teórico” y “burocrático”.  

 

En el caso colombiano, la conciencia política de Luis y su decisión de participar en una organización clandestina estuvo matizada por la curiosidad y su vocación de ir a la “práctica”. Para Luis “el M-19 era una moda”, en sus palabras: “[…] ya había una simpatía […] a mí me llegaban los periódicos del M-19 y yo decía: esto es una putería […] en las manifestaciones llegaban, la gente los tiraba, entonces uno decía: chévere ser del M-19”.[11] Además, a diferencia de otras organizaciones de izquierda armada de la época, el M-19 no demandaba una lista de “requisitos” ideológicos elevados para la incorporación de nuevos militantes, por el contrario, apelaba a símbolos nacionales bolivarianos. Esta organización se presentó a los ojos de Luis como una nueva forma de hacer política, ya que hablaban de cosas que él sentía más cercanas, que entendía, y que valoraba en un mayor grado según su historia de vida y sus socializaciones primarias con la política; y que en consonancia con lo dicho por otros militantes de su generación,[12] el M-19 se presentaba con un discurso “trasgresor” para la época, difícilmente digerible para la cultura política de las izquierdas en Colombia. Ahora el asunto era “el socialismo a la colombiana”.

 

Reflexión comparativa a modo de conclusión

Si bien entre mediados de los años sesenta y principios de los setenta en México y Colombia proliferaban organizaciones armadas de izquierda fundamentadas en lineamientos ideológicos internacionalistas de corte marxista-leninista, también emergieron expresiones “nacionalistas”, “antidogmáticas” y “antiteoricistas” no circunscritas a modelos del “deber ser”, que contaban con alguna presencia urbana, y que sustentaban sus marcos ético-políticos de movilización sobre mitos de origen locales: el PDLP y el M-19 son una muestra clara de ello. 

 

En el análisis comparativo de los procesos de radicalización política de estos dos militantes observamos elementos comunes propios del contexto latinoamericano:  a) sus familias provienen de provincias campesinas, y migran a la ciudad en búsqueda de mejorar su calidad de vida; b) los dos tienen sus primeros vínculos “lejanos” con la política “orgánica” observando las luchas del movimiento estudiantil, que en México tuvo su latencia más alta en 1968, y en Colombia en 1971; c) los dos truncan sus estudios medios y superiores para ingresar prematuramente a la vida laboral en empresas como Bimbo, Harper e Incabe, situación que colinda con un cierto auge industrializador en ambos países; d) ambos militantes tienen en los sindicatos de sus empresas sus primeros acercamientos concretos con organizaciones marxistas-leninistas, no obstante, ninguno se sintió cómodo en ellas. Adalberto las rechazó y no militó orgánicamente en ninguna por “recelos” y “reservas”; por su parte, Luis desistió rápidamente al no sentirse representado y valorado.

 

Sin embargo, al comparar desde la memoria permite comprender las distintas valoraciones que los militantes hacen de las etapas de su vida, y las formas como interpretan su beligerancia y reconfiguran en su propio tiempo y espacio los mitos de origen de las organizaciones a las cuales ingresaron. Adalberto argumenta que desde niño aprendió a valorar “la cultura del trabajo” trasmitida por su padres, de ahí que el hecho de que un compañero de “trabajo” lo invitara a participar en el PDLP lo motivó y cobró importancia, a tal punto de convencerlo que en ese “salto cualitativo” de radicalización política estaba haciendo “lo justo”, con la “gente adecuada” y en “el momento preciso”. Además, esta elección se reforzó gracias a la imagen pública que esta organización proyectaba, pues de acuerdo con Loperena se mostraba como “campesina”, “pobre”, “humilde” y “sencilla”,  quizás asociada por Adalberto a “trabajadores del campo”. Además, el PDLP se mostraba, respecto a otras organizaciones de izquierda, como “honesta” y “justa”, valores que este militante pudo  asociar a un “buen trabajador”.

 

A diferencia del caso mexicano, Luis recuerda su ingreso al M-19 seducido por “el retorno a lo local” que proponía esta organización, y no por el compañerismo o la identificación de una procedencia común con sus colegas. En un caso muy particular del contexto colombiano, en Luis están presentes las violencias políticas heredadas que le transmitieron sus familiares. Su ingreso a la insurgencia ratifica su concepción de la relación inseparable entre la violencia y el ejercicio de la política que éste militante hilvanó desde niño escuchando las historias de su padre, de allí que le resultase “coherente” ingresar a una organización armada que reafirmara esa concepción que formó en el ámbito familiar.

 


* Universidad del Valle, Departamento de Historia, Cali-Colombia.

* Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH.

[1] El Partido de los Pobres (PDLP) y su brazo armado, la Brigada Campesina de Ajusticiamiento (BCA), fue una organización político-militar fundada por el normalista Lucio Cabañas Barrientos, en la sierra de Atoyac de Álvarez, Guerrero,  que tuvo actividad entre1967 y 1974. Si bien el carácter del PDLP-BCA fue de tipo rural, la organización contó con una red urbana en la ciudad de México, que tenía por función el apoyo logístico y económico. Marco, Bellingeri. Del agrarismo armado a la guerra de los pobres. 1940-1974, México, Juan Pablos, 2003; Yair Balam Vázquez Camacho. “La relación de la Liga Comunista 23 de Septiembre y el Partido de los Pobres en el Estado de Guerrero. La imposibilidad de la unidad. 1970-1974”, Tesis de licenciatura en historia, ENAH-INAH, México, 2010. 

[2] El Movimiento 19 de Abril M-19 fue una organización político-militar colombiana que nace entre 1973 y 1974 en Bogotá y Cali. A lo largo de todo su accionar el M-19 se nutrió de una gran cantidad de militantes provenientes de movimientos estudiantiles y sectores urbanos marginalizados, por lo cual es considerada una de las organizaciones armadas insurgentes  de mayor trascendencia urbana en las décadas de 1970 y 1980. Darío Villamizar, Aquel 19 será. Una historia del M-19, de sus hombres y sus gestas. Un relato entre la guerra, la negociación y la paz, Bogotá, Planeta, 1995.

[3] Entrevista realizada a Adalberto Loperena Martínez, por Yair Balam Vázquez Camacho, México  D.F., 11 de  junio de 2013.

[4] Entrevista a Luis, por Jorge Albeiro Holguín y Miguel Ángel Reyes en Ciudad Universitaria Univalle-Meléndez, Santiago de Cali, 29 de noviembre  de 2012.

[5] Entrevista realizada a Adalberto Loperena Martínez por Yair Balam Vázquez Camacho, México D.F.,  11 de junio de 2013.

[6] Entrevista a Adalberto Loperena Martínez por Yair Balam Vázquez Camacho, México, D.F., 11 de junio de 2013.

[7] La invitación a colaborar con las redes urbanas de apoyo del PDLP llegó por parte de su compañero de trabajo José Luis Vargas Madrigal, quien por conducto de Jesús Ávila (hasta la fecha detenido-desaparecido) establecieron contacto y se integraron al PDLP. 

[8] Entrevista realizada a Luis por Jorge Albeiro Holguín y Miguel Ángel Reyes en Ciudad Universitaria Univalle-Meléndez, Santiago de Cali, 29 de noviembre de 2012.

[9] En otros apartes de su testimonio Luis describe que luego de aceptar participar fue contactado por un compañero del sindicato, quien casi de inmediato le asignó tareas de inteligencia y propaganda al interior de la empresa. Poco tiempo después empezó su entrenamiento militar en los alrededores de la ciudad en compañía de otros compañeros de INCABE, a quienes también el M-19 había reclutado.

[10] Entrevista realizada a Adalberto Loperena Martínez por Yair Balam Vázquez Camacho en  México, D.F., 11 de junio de 2013.

[11] Entrevista realizada a Luis por Jorge Albeiro Holguín y Miguel Ángel Reyes en Ciudad Universitaria Univalle-Meléndez, Santiago de Cali, 29 de noviembre de 2012.

[12] Luis  hace parte de lo que se ha caracterizado en investigaciones antecedentes como la primera de tres generaciones de militantes del M-19: Jóvenes de edades y procedencias comunes, que en su mayoría, resistieron o desertaron de organizaciones de corte marxista, leninista y maoísta.  Jorge. A. Holguín y Miguel .A. Reyes, “Militancia urbana y accionar colectivo del M-19 en Cali, 1974-1985. Un enfoque teóricamente situado”, tesis de licenciatura en historia, Universidad del Valle, Santiago de Cali, 2014, pp. 250-253.

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Resumen

Esté artículo es un ejercicio comparativo de dos historias de vida de jóvenes militantes de organizaciones insurgentes -o guerrilleras- en México y Colombia en las décadas de los años 60s y 70s del siglo XX. Se exploran aspectos poco estudiados de la subjetividad política de los procesos de oposición armada en América Latina, como son: las influencias de la socialización familiar y las “violencias heredadas” de estos jóvenes, y las motivaciones individuales para ingresar a la insurgencia; y ámbitos de la socialización secundaria como la escuela y los espacios laborales, para así avanzar en la comprensión, en clave comparada, de los procesos de radicalización política de estos jóvenes en su tránsito desde sectores de movimientos sociales a organizaciones armadas insurgentes.

Palabras clave: historias de vida, México y Colombia, organizaciones armadas insurgentes

 

Abstract

This paper is a comparative academic exercise of two life stories of young militant insurgent organizations-or guerrillas- in Mexico and Colombia in the decades of the 60s and 70s of the XXth century. It explores, aspects little studied, of the political subjectivity of armed opposition processes in Latin America, such as: the influences of family socialization, “inherited violence” and the conformation of militant personality before joining the insurgency; and areas of secondary socialization as school and work spaces, so that we get closer to understand the political radicalization process of two young people in different countries of Latin American, where they experience the transition from social movements sectors to insurgent armed organizations.

Key words: stories of life, Mexico and Colombia, armed insurgent organizations

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