Añoranza y apego

Matteo Dean, Ser migrante (prólogo de Luis Hernández Navarro), Oaxaca de Juárez, Sur+Ediciones (Frontera Press), 2011.

Mónica Palma Mora*

 

Nacido en Gorizia, Italia, en 1975, Matteo Dean, autor del presente libro, llegó  por primera vez a México en 1999 atraído por la insurrección zapatista, pero se estableció de manera definitiva en 2004, luego de haber sido expulsado del país en dos ocasiones. ¿Las causas? Es probable que por no contar con la debida documentación migratoria, o quizá, debido a su militancia política de izquierda.[1] Dean, según informa Luis Hernández Navarro en el prólogo del libro, fue un luchador social, un organizador de colectivos autogestionarios, un estudioso del mundo del trabajo especializado en precariedad laboral y un apasionado del estudio de la historia. Falleció el 11 junio de 2011, arrollado por un camión sin frenos en la carretera México-Toluca. Durante su estancia en la ciudad de México se desempeñó como profesor del Instituto Italiano de Cultura y  como articulista de varios  medios, entre ellos La Jornada y Proceso.

 

Su militancia política y su propia experiencia migratoria llevan al autor a interrogarse sobre la condición del migrante. En 43 breves artículos publicados  en diversos medios periodísticos entre 2006 y 2011, y que el autor seleccionó y organizó en cinco amplios apartados que dan forma a este libro, Dean informa, analiza o reflexiona acerca de los varios significados  que encierra el ser migrante en la actualidad. De ahí su importancia.

 

Para Dean, uno de ellos, quizá el más importante, es que se trata de una persona en movimiento continuo, casi permanente. Un ser humano que se rebela en contra de las circunstancias económicas de pobreza, de falta de oportunidades en su país de origen o simplemente se opone a llevar una vida monótona y decide emigrar a otros destinos. En contraposición, un migrante, apunta el autor,  es también un fugitivo que se rinde ante las circunstancias de  vida  y opta por “huir”. Y ya sea que se trate de un rebelde o de un fugitivo, en su tránsito por otras tierras entrará en contacto con otras formas de ser, de pensar, de relacionarse, que lo contagiarán, lo quiera o no. Puede ser que el migrante decida regresar a su país de origen, o bien opte  por establecerse en un nuevo destino; sin embargo, cualquiera que sea su decisión, no dejará de ser una persona en movimiento en la que confluyen la añoranza por lo que dejó y el apego por lo que tiene. Por ello, un migrante es un ser humano “que es tanto de un lugar como de otro, que es de allá y de acá”. Dean enfatiza el conflicto que acarrea al migrante los contactos culturales que necesariamente se dan en los lugares de destino. En distintos artículos de esta compilación, el autor subraya con honestidad, a la vez que con preocupación, la disyuntiva que enfrenta el migrante ante el proceso de aculturación. Plantea con claridad que si el migrante opta por permanecer en su identidad de pertenencia, en un entorno lingüístico y cultural de origen, terminará por agruparse con los que comparten ese entorno en la nueva sociedad de residencia. Esta decisión impedirá su encuentro con la sociedad anfitriona, lo llevará a idealizar la tierra que abandonó y a vivir en “una burbuja construida en su imaginación”. Si, por el contrario, se adapta y disuelve en el nuevo entorno cultural que le da fuerza para enfrentar la nueva realidad, correrá el riesgo, al pasar el tiempo, de reencontrarse con la identidad natal que vive en la memoria.

 

Es probable que, como inmigrante en México, Dean haya experimentado el choque cultural, ya que constituye uno de los aspectos más importantes de su reflexión. Para resolver ese conflicto el autor propone una tercera vía: la convivencia entre las dos identidades, que la de origen enfrente y se acomode a la de la sociedad anfitriona, y que ésta confronte y acoja a la de llegada. Camino complicado y difícil de lograr, pero que puede contribuir a resolver la problemática del desencuentro cultural y ayudar a enfrentar políticas y prácticas antimigratorias, xenófobas, racistas, otra situación que afecta al  migrante y que también es materia de análisis del autor.

 

En varios artículos compilados entre el segundo y cuarto  apartados[2] el autor informa sobre las diversas condiciones y obstáculos que enfrentan los migrantes en varias regiones del mundo —Estados Unidos, Canadá, África, pero en particular en la Unión Europea y en México—, y entre los que destacan barreras migratorias, atropellos de las autoridades administrativas y policiacas, abuso laboral, sexual en el caso de la mujer migrante,  violencia e incluso la muerte, como sucede en el caso mexicano. Dean describe y denuncia  con firmeza la política europea de control, detención y expulsión de migrantes en busca de empleo, aunque éste sea precario, de mejores condiciones materiales de vida, pero también en busca de asilo o refugio.

 

El autor destaca que el ingreso del capitalismo en los países de Europa del este una vez caído el Muro de Berlín, produjo un “ejército” de emigrantes pobres hacia el occidente y norte europeo, a los que se sumaron miles de africanos sin perspectivas económicas y de refugiados a causa de las guerras civiles que han ensangrentado a ese continente. Estos flujos repercutieron en el aumento de  la población migrante en la Unión Europea,  la cual alcanzó una gran dimensión desde la última década del siglo XX. Las reacciones ante este proceso en el continente europeo han sido distintas, algunas más moderadas que otras, sin embargo, han prevalecido las políticas de control y cierre de fronteras, de repatriación y expulsión para los que no cumplan —la inmensa mayoría—  con la normatividad migratoria;[3] y ante la falta de documentos los migrantes suelen ser criminalizados. Estas políticas destaca el autor, evidencian la fatal distinción, la injusta separación entre “el nosotros y el ellos”, fomentan sentimientos y manifestaciones hostiles y de rechazo hacia la diferencia, hacia la diversidad étnica y cultural, y avivan las posturas racistas de ciertos sectores.  Por tanto, ser migrante es también ser víctima de la xenofobia y del racismo de ciertos sectores  en las sociedades receptoras y ningún país, ninguno, ha quedado exento de estos sentimientos.

 

Las políticas restrictivas y selectivas, sin embargo, no han logrado impedir las migraciones, porque es imposible frenar el anhelo de las personas por encontrar  un trabajo, un empleo, mejores oportunidades materiales de vida, por sobrevivir. Las migraciones sólo cambian de rumbo, de rutas, de destinos, porque sin los migrantes, enfatiza Dean, “la máquina capitalista posneoliberal no funciona”; los migrantes constituyen un ejército de reserva de fuerza de trabajo, necesaria al engranaje del mismo sistema.

 

El autor destaca la alianza, registrada en ciertos países de la Unión Europea y en Estados Unidos, entre el movimiento defensor de la libertad de tránsito y de los derechos humanos con la clase trabajadora, en especial con los trabajadores precarios del mercado secundario. Esta alianza le ha dado otra dimensión al movimiento defensor de los migrantes al identificar su lucha con la lucha de una clase en particular y de ese modo evitar ser criminalizados. El movimiento en pro de la libertad de tránsito ha adquirido un papel más protagónico como lo han revelado las manifestaciones por el derecho a migrar y a permanecer, antixenófobas y antiracistas realizadas tanto en Estados Unidos (2006) como en varios países europeos (2010). Y aunque todavía se perciba muy lejano el día que terminen las políticas de contención a la migración, la xenofobia institucional y las manifestaciones de hostilidad hacia los diversos, los diferentes, los migrantes, es indispensable, argumenta el autor, aspirar y luchar por construir nuevos dispositivos de convivencia, de ciudadanía, que constituyan una base más sólida para realizar una vida en común “libre de racismo”, porque de lo contrario, para este migrante italiano en México, nuestra indiferencia será cómplice de la arbitrariedad y el abuso.

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] La autora infiere estos motivos, pues desconoce las causas reales de la expulsión de M. Dean.

[2] Titulados respectivamente “Fronteras”, “La otra frontera: el racismo y la represión”  y “¿Normando la migración?”

[3] En varios países europeos se han inaugurado centros de identificación, control y expulsión de migrantes encargados de regular la migración y con el poder de decidir quién entra y quién no.

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Matteo Dean, Ser migrante (prólogo de Luis Hernández Navarro), Oaxaca de Juárez, Sur+Ediciones (Frontera Press), 2011.

Mónica Palma Mora*

 

Nacido en Gorizia, Italia, en 1975, Matteo Dean, autor del presente libro, llegó  por primera vez a México en 1999 atraído por la insurrección zapatista, pero se estableció de manera definitiva en 2004, luego de haber sido expulsado del país en dos ocasiones." data-share-imageurl="">