Homenaje a Dolores Pla Brugat: editora, investigadora, colega y amiga

Rebeca Monroy Nasr*

 

Para Anna Helena
Amor de sus amores

 

Dolores Pla Brugat (1954-2014) era una persona comprometida con la comunidad académica en la que se movía, y en gran medida su interés intelectual también lo volcaba para mejorar la vida de la Dirección de Estudios Históricos. Sería difícil hablar de su labor editorial sin tocar su lado académico, de investigación, o bien sin hablar de su persona, de sus afectos, de su talento emocional, porque no sólo era una historiadora de primera línea, innovadora en su quehacer con la historia oral, con su trabajo sobre la migración española, aunado a la visión del otro lado, la del mestizaje y la desindianización. También lo hacía en su decir y en su hacer cotidiano entre sus colegas, con sus asistentes y con sus alumnos.

 

Por ello me permito la licencia de intentar hacer de este texto lo que ella era, una combinación de ambos talentos, su inteligencia natural y su inteligencia emocional. Así, las veces que trabajé con ella, tanto en las entrevistas como en la redacción de textos o en la revisa Historias, mostraba su capacidad de acción con un gran humanismo imbuido en su forma de vida.

 

Por el año de 2010 tuve la fortuna de acompañarla, para develar un poco el aspecto de la llegada del fotógrafo español Julio Mayo Souza a suelo mexicano. Al verla en acción noté que lo que buscaba Lola era el lado humano de la migración, de ese importante personaje de la vida cultural de México en la segunda mitad del siglo XX en México. Recuerdo claramente que don Julio nos recibió a Dolores Pla, Dolores Ávila y a una servidora, diciendo “no tengo nada que contar… hombre”, pero que el tono suave y ameno de Dolores, poco a poco lo hizo hablar, hasta que después de más de cuatro horas de narrar sus aventuras, de cómo se resguardó en la España de Franco, de cómo llegó al país nuestro que lo recibió con trabajo en la fotografía y que gracias a sus otros colegas --luego llamados los Hermanos Mayo-- hizo una buena cantidad de imágenes que contribuyeron a los cinco millones de negativos que nos legaron. Pero narró más su vida de político militante que de fotógrafo. Nosotras salimos agotadas, nos devastó ese hombre que “no tenía nada que decir”, y quedamos para una segunda entrevista que también se realizó bajo la tutela de Dolores Pla, de la cual aunque íbamos más preparadas emocionalmente, también acabamos rebasadas por la sabiduría y el entusiasmo del fotógrafo Mayo, de la cual, por cierto, quedó pendiente el aspecto fotográfico del migrante, pues su estado de salud nos impidió regresar a entrevistarlo. Ahora me parece que ese rescate quedó pendiente…           

 

Recuerdo su capacidad silente, su dejarlo hablar; una entrevista no dirigida, pero acotada por Dolores. Don Julio contaba diversas y no cronológicas anécdotas de vida y luego Dolores Pla lo volvía a orientar hacia su llegada al país, sus trabajos, sus redes y contactos, porque fue el último de los Hermanos Mayo en pisar suelo mexicano, pues llegó en el año de 1943. El  talento natural de Lola para la charla, nos llevó por caminos inesperados, un trabajo que debe ser rescatado y que seguramente se encuentra en la fila de las transcripciones que necesitamos rescatar.

 

Dolores no se simbiotizó, no se desdobló, se contuvo, mantuvo la presencia, fue empática sin dejar de mantener su distancia histórica y académica que le permitió obtener una entrevista de primera línea. Sonreía todo el tiempo mientras él narraba, jamás lo interrumpió, fue una lección de vida verla actuar en escena. Me parece que tal vez es una de las últimas entrevistas que ha dado el fotógrafo español que sigue bastante enfermo, pero que fue premiado con la Medalla del SINAFO-INAH en ese año de 2010.

 

En cuanto al trabajo editorial, en 2013 Anna Ribera, Martha Terán y la que esto escribe fuimos invitadas a unirnos al equipo de la revista Historias, a instancias de Esteban Sánchez de Tagle, quien ha cargado en sus hombros con la forja de esta revista más o menos por veinte años, y recorrió parte de ese largo camino con Dolores, compartiendo los intensos trabajos editoriales que significa la revista. Es un trabajo en el que entran decisiones importantes, y más en la última etapa, donde a instancias de las autoridades del INAH se ha insistido en que Historias participe en el patrón de las revistas aprobadas por Conacyt. Esa tarea la personificó e hizo suya nuestra querida Dolores Pla, con la idea de lograr que esa importante y destacada publicación tuviera su merecido lugar en el espacio editorial con los enormes requisitos que demanda el Conacyt. Aunado a lo que las autoridades del INAH han buscado para que sea indexada y arbitrada. Como se ha mencionado, hizo suya esta lucha y se dedicó a sostenerla, así eventualmente cada vez que lograban obtener todos los requisitos sumaban otros más. Para ello Dolores buscó un asistente para la revista  (Ramón Velázquez) y luego otra (Ana Camacho), y hasta el día en que perdimos a Lola, era su lucha constante para entrar al padrón de Conacyt. Esa causa ahora es nuestra e intentaremos llevarla a cabo con Anna Ribera y Ramón Velázquez hasta sus últimas consecuencias.

 

Sea como fuere, otra cuestión que le importaba mucho y que defendió con Esteban Sánchez de Tagle, a la que nos sumamos nosotros, es a no perder la calidad académica de la revista. E incluso, el hecho de que al  sumarse al padrón de Conacyt no perdiese en calidad; mantuvimos grandes e intensas charlas —que no discusiones—, internamente pensando en la importancia de que la revista conservara su perfil, su modo y estilo de presentarse, sus páginas, su conceptualización y su definición en las unidades que la conforman, en un nuevo mundo codificado por la cibernética y por el html, y no por la calidad de los ensayos y artículos. Esa fue otras de sus metas que abrazamos e hicimos nuestra. Ella, ya como directora de la revista, investida este año, defendió ante las autoridades del INAH esta postura que mostraba el interés por mantener la calificación de la revista, incluso fuera de los foros convencionales que ahora la quieren ceñir a un mundo burocratizado entre números y letras.

 

Con Dolores compartí eventualmente la redacción de algunos pergeños, escribimos juntas cartas y peticiones, y con ella aprendí el arte de escribir con la pausa, la conciencia, la necesaria temporalidad de las palabras. Ese mar de oralidad que ella mostraba, lo contenía en las letras y tenían otra forma de expresión. Así que, las veces que trabajé con ella noté su fineza en la escritura, su vocación de historiadora profunda, de decires asertivos, la búsqueda de las palabras correctas, el uso adecuado del español y su gramática. Me sorprendía su capacidad de elegir las palabras o buscar las más adecuadas a su necesidad expresiva, no soltaba frases vacuas ni decires insólitos. Todo en su justa medida. De ella lo aprendí, de ella lo vi y en ella lo dejo como ejemplo de trabajo nítido y limpio en su hacer cotidiano. Por ello no le importaba publicar textos o artículos por doquier, sin contundencia y certezas, por ello su última obra magna sobre los censos fue premiado, porque contenía esa fuerza del discurso y de “su pienso”, como ella decía, con la importancia que el tema lo ameritaba.

 

Por ello considero que su trabajo en general, sus libros de los niños de Morelia con 500 testimoniales de historia oral o bien de su tesis doctoral Els exiliats catalans. Un estudio de la emigración republicana española en México (1999); también de su obra Ya aquí terminó todo. Testimonios de la Guerra Civil Española (2000), y el inolvidable El aroma del recuerdo. Narraciones de españoles republicanos refugiados en México (2003), entre otras,[1] nos ha legado una gran obra, un gran recuerdo, una capacidad de recuperar su propia historia y hacerla en torno aquellos exiliados que se compenetraron o no con esta patria que los recibió. Esas narrativas son además un pedazo de todos nosotros, los que tenemos un poco de migración en las entrañas y los que vivimos la llegada del refugio de esas migraciones a nuestro país. Es una lección de vida que gira en muchas direcciones y ella lo sabía.  

 

Dolores Pla fue, además, una gran colega y amiga. Se preocupó por cohesionarnos en momentos en que profundizamos nuestra diferencias, por generar una argamasa entre nosotros; estuvo trabajando constantemente los últimos años por generar los vínculos y restablecer las redes. Evitó las confrontaciones y recuerdo claramente que buscaba que mostráramos el importante trabajo que realizamos en esta uinstitución convencida de la calidad académica de su gente. Es decir, nosotros. Defendió la calidad académica por encima de los dimes y diretes.  

 

En los momentos más difíciles buscó soluciones, propuso que los ingresos de los nuevos colegas estuvieran también en el ámbito de la búsqueda de la excelencia académica, sin descuidar la presencia de jóvenes historiadores. Les abría la puerta a noveles estudiantes como asistentes suyos como Ramón y Lourdes, que se integraron a sus labores, en una tarea de largo aliento que sólo ella sabía cómo realizar. Llegaba a importantes conclusiones como el hecho de la desinidianización, pero también de la reindianización, de la que apenas pudo bosquejarme sus ideas. Me parece que el trabajo de largo aliento que estaba haciendo tiene importantes frutos que pueden ser rescatados en una obra importante que cierre su ciclo de trabajo.

 

Una labor profunda, de importantes alcances es la que hacía en el día a día, aunque ella consideraba que calificar su obra no era importante, pero bien sabemos que su obra trascendió estas paredes y las de este país. Tuve a bien comentarle a la directora del Colegio Madrid, Rosa María Catalá, el  28 de junio, de la exposición de los 75 años de la migración española que realizaba nuestra colega, a lo que ella respondió y cito: “Claro, Dolores Pla, la conozco, la he leído, su obra es una gran contribución para comprensión del problema de la migración española en México, qué importante, claro que la conozco”. Quedó de ir a su  exposición aquel julio en que ella inauguró y que dio una gran explicación a las autoridades del Distrito Federal de ese legado visual que trabajó y que muestra la importancia de la presencia española de esa migración en nuestro país.

 

Después de ver la exhibición y su magno contenido, claro, conciso y definido me queda clara la idea que construyó ese material. Era el que como mexicanos pudiésemos valorar lo que nos trajo de allende el mar esa migración, pero sobre todo darnos cuenta que no seríamos lo que somos sin estas presencias en nuestro país en el ámbito científico, médico, editorial, empresarial, restaurantero, escolar, cultural, fotográfico, plástico, cinematográfico, y tantos más de nuestra vida cotidiana.

 

Evento y exposición de motivos que dejó como un gran legado, un cierre magistral para una mujer que siempre se mostró modesta con su trabajo, que consideraba que hacía lo que tenía que hacer, y nada más. Sin barroquismos, ni falsas presencias, sin gestos de grandilocuencia hacía su trabajo con una delicadeza, pero sobre todo con una honestidad intelectual, importante y aleccionadora de vida.

 

Cómo no extrañarla con sus charlas sobre la DEH, sobre la escuela, sobre su hija, sobre la vida, sobre las letras, sobre la solidaridad, sobre el cáncer que no la venció, sobre los problemas que tuvo y afrontó con valor en su vida y sobre todo, con la capacidad de mostrarnos un rostro sonriente cada mañana. Cómo no extrañarla y sentir esa gran ausencia que deja en  el espacio físico, pero sobre todo en el emocional, su empatía, su cariñosa presencia, así como era: una intelectual destacada, pletórica de modestia, de sencillez, pero sobre todo de una gran humanismo que caracterizó su vida y su obra.

 

Aquí nos quedamos Lola para extrañarte, para vitorear tu trabajo como no lo hacías tú, para recordarte que entre nosotros siempre estarás viva, con una gran sonrisa, con un gran cariño, con el empeño para que este lugar recupere un mejor ambiente académico y laboral. Esos trabajos son nuestros ahora; seguiremos forjándolos e intentaremos seguir tus enseñanzas, querida Lola. Aquí estamos, recordándote en un evento que estoy segura moverías tu cabeza y dirías que no lo hiciéramos, que no te gustaría; pero que mereces, por tu gran calidad académica, de editora valiente, de intelectual propositiva, de mujer luchadora, de madre comprensiva, de amiga leal y respetuosa. Aquí estamos, en este sencillo pero sentido homenaje, donde te podemos decir que extrañamos tus palabras, tus gestos y tu sonrisa cadenciosa porque nos hacía sentir profundamente importantes y queridos, aún en los momentos más difíciles de nuestras vidas, como estar hoy haciéndote un merecido pero muy doloroso homenaje, porque todavía nos hace mucha falta tu presencia.

 

Sea pues, con cariño, a Dolores Pla.  

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] Coordinó a varios colegas para integrar el volumen Pan, trabajo y hogar. El exilio republicano español en América Latina (2007), prologado por Nicolás Sánchez Albornoz.

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Amor de sus amores

 

Dolores Pla Brugat (1954-2014) era una persona comprometida con la comunidad académica en la que se movía, y en gran medida su interés intelectual también lo volcaba para mejorar la vida de la Dirección de Estudios Históricos. Sería difícil hablar de su labor editorial sin tocar su lado académico, de investigación, o bien sin hablar de su persona, de sus afectos, de su talento emocional, porque no sólo era una historiadora de primera línea, innovadora en su quehacer con la historia oral, con su trabajo sobre la migración española, aunado a la visión del otro lado, la del mestizaje y la desindianización. También lo hacía en su decir y en su hacer cotidiano entre sus colegas, con sus asistentes y con sus alumnos.

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