Una vida tras el rastro de indígenas rebeldes y mercaderes diversificados

Delia Salazar Anaya*

 

 

La apreciable maestra María Teresa Huerta Preciado nació en el emporio agrícola de Los Mochis, Sinaloa, el 23 de noviembre de 1933, y falleció en la Ciudad de México el 1 de mayo de 2020. Ingresó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en agosto de 1956 como practicante de Ciencias Histórico-Geográficas en la Oficina de Monumentos Históricos, donde trabajó en la elaboración de una guía de monumentos coloniales y en la catalogación de los documentos del archivo de Francisco I. Madero.[1]

 

En febrero de 1959 fue una de las jóvenes investigadoras que se integró al entonces Departamento de Investigaciones Históricas, fundado en el Castillo de Chapultepec por el destacado etnólogo, lingüista e historiador Wigberto Jiménez Moreno, hoy Dirección de Estudios Históricos (DEH). Se lamenta sin duda su pérdida, porque junto con las maestras Isabel González Sánchez y Alicia Olivera Sedano, que también partieron en años recientes, habían sido fundadoras de nuestro centro de investigación y muchos tuvimos la oportunidad de conocerlas y de trabajar con ellas.

 

Vale mencionar que, aunque en sus primeros trabajos María Teresa Huerta prácticamente se inclinó por la etnohistoria, estudió la carrera de historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Obtuvo el grado de maestra en Historia de México el 29 de noviembre de 1963, con la tesis Rebeliones indígenas en el noroeste de México en el periodo colonial, bajo la dirección de Wigberto Jiménez Moreno y la orientación de José Miranda y Alfonso García Ruiz; investigación pionera, profusamente documentada y de buena pluma publicada como libro en 1966 por el INAH.[2] La obra fue una lectura obligada para aquellos que procuraron comprender las razones del descontento indígena frente a los embates de la colonización hispana de la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León.[3]

 

 

Firme en su interés por los pueblos originarios del territorio nacional, una década después publicó, con Patricia Palacios, el libro Rebeliones indígenas de la época colonial,[4] rica recopilación de crónicas misionales e informes militares sobre los principales levantamientos indígenas que se sucedieron entre 1523 y 1761, localizados en fuentes de archivo o en libros antiguos y poco conocidos. En esta obra, en virtud de su propia experiencia e inclinación personal por el septentrión mexicano en donde ella misma nació, Huerta se ocupa de documentar las rebeliones que ocurrieron al norte de la Nueva España. Inicia con los levantamientos de los indios del Pánuco en el norte de Veracruz en 1523; recorre las rebeliones de caxcanes, zacatecas, guachichiles y guamares en 1541, 1550 y 1561 en los actuales territorios de Guanajuato y Zacatecas; se ocupa de los alzamientos de los guaynamota, acaxés y tepehuanos de Durango en 1584 y 1591-1601, de los guachichiles de Nuevo León en 1624 y, por último, de los guazaparis, alazapas y los grupos indígenas que integraban las llamadas “siete naciones” de Chihuahua en 1632 y 1644. Enseguida aborda las comunidades del noroeste mexicano, como los tehuecos de Sinaloa en 1597; los tarahumares en 1646, 1650-1652, 1684-1690; los conchos, sobas y pimas en 1695; los indios de las Californias en 1753 y los yaquis de Sonora en 1740.

 

Ya desde finales de los años sesenta, a más de colaborar en la recopilación y consulta de materiales de archivo y bibliotecas para diversos proyectos emprendidos por Jiménez Moreno, que la llevaron a estudiar por ejemplo el devenir de la organización política en San Juan Teotihuacan, Huerta empieza a interesarse por la historia de las ideas del siglo XIX, en especial por el pensamiento conservador o monárquico y más tarde por el funcionamiento de las aduanas, los monopolios y el comercio exterior.[5]

 

A su llegada a la dirección de la DEH, Enrique Florescano impulsó la formación de seminarios. Al inicio de la década de los setenta, Huerta se integró al de Historiografía Social, coordinado por el politólogo y filósofo Raúl Olmedo. En coautoría con Concepción Lugo, Rosa María Meyer, Guadalupe Nava, Guillermo de la Peña y Arturo Warman, publicó un cuaderno de trabajo que más tarde se convirtió en la obra Balance y perspectivas de la historiografía social en México,[6] en la que aparece su acucioso y bien cimentado ensayo: “Estructuras de clase y de trabajo”. Estudio de corte historiográfico, si bien analiza un amplio número de textos de diversa índole que recorren la sociedad  prehispánica, colonial, nacional y porfirista y contemporánea, se vio influido por las corrientes marxistas y por la sociología liberal funcionalista de la época.[7] En consecuencia, tendió a estimar las aportaciones de los autores preocupados por las relaciones de producción y el enfoque económico por sobre las de aquellos que, desde otras ópticas historiográficas, a veces denominadas positivistas, se interesaron más por la legislación o la política cuando se acercaron a la historia social. Por tanto, el trabajo fue especialmente útil para quienes en México cultivaron este último género.[8]

 

 

En 1976, Huerta se hizo cargo de la coordinación del seminario Formación de Grupos y Clases Sociales de la DEH, iniciado por Margarita Urías unos años atrás. En este grupo de trabajo también participaron Guillermo Beato, Shanti Oyarzábal, Rosa María Meyer y Francisco González Ayerdi, que investigaron en diversos archivos y fondos regionales o nacionales, sobre todo en el ramo Contribuciones Directas del Archivo General de la Nación, en el Archivo Judicial del Tribunal Superior de Justicia del Distrito y Territorios, y en el Archivo de Notarías de la Ciudad de México.[9] Con el respaldo de Ciro Cardoso, dicho seminario elaboró una de las obras pioneras de la historia empresarial mexicana: Formación y desarrollo de la burguesía en México,[10] basada principalmente en la novedosa explotación de los protocolos atesorados en los archivos notariales. Sugerente y multicitado texto, presenta ocho ensayos biográficos de relevantes hombres de empresa, entre los cuales destaca el que dedica Teresa Huerta a Isidoro de la Torre, un exitoso hombre de negocios oriundo de un puerto cercano a Cádiz.[11]

 

Como continuación del referido trabajo pionero y siempre fiel al estudio de los grupos sociales, durante la década siguiente Huerta Preciado continuó impartiendo ponencias en diversos foros académicos, escribiendo artículos o capítulos de libros y, claro está, profundizando en la historia de otros empresarios azucareros de Morelos y su impacto en el desarrollo comercial, ferroviario, minero y financiero regional. Muestra de este interés puede apreciarse en Empresarios del azúcar en el siglo XIX, obra que vio la luz en 1993.[12] Ese texto reúne siete ensayos, que dan cuenta de la formación de aquellos hacendados y comerciantes de los valles de Cuernavaca y Cuautla, fuertemente ligados a los consulados de Veracruz y la Ciudad de México, entre 1780 y 1870.[13]

 

No quisiera obviar que su gran conocimiento del pasado colonial y decimonónico permitía a la maestra Huerta participar ocasionalmente en algún trabajo un tanto más alejado de su línea central de investigación, que en los años ochenta sin duda era la historia empresarial. Tal fue el caso de su colaboración en el libro colectivo Historias para temblar, 19 de septiembre de 1985, publicado por el INAH en 1987, en donde Huerta elabora una cuidadosa cronología de los sismos ocurridos en México entre 1821 y 1870.

 

 

Pero volviendo a sus intereses mayores, su permanente curiosidad y su pasión por hurgar en los archivos llevaron a la rigurosa historiadora a profundizar o incursionar en algunas líneas de investigación, vinculadas con otros comerciantes novohispanos o con aquellos que arribaron de España o Francia durante el siglo XIX, cuyos resultados dio a conocer durante las siguientes décadas en revistas y en obras colectivas. Entre sus aportes destacan sus bien documentados estudios sobre el papel de las familias de empresarios de origen vasco residentes en diversas regiones de la geografía nacional, publicados entre 1996 y 1999 en cuatro entregas de la colección Los vascos en las regiones de México, coordinada por Amaya Garritz del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Las trayectorias empresariales de las familias Yermo, Irazabal, Retes o Aguirrevengoa, muy estimadas entre quienes estudian el importante papel económico y social de los migrantes del País Vasco en América, son también importantes para la historiografía económica mexicana, por las luces que ofrecen sobre el desarrollo económico regional de los siglos XVIII y XIX.

 

 

Particular valor le otorgó también al texto “Penetración comercial francesa en México en la primera mitad del siglo XIX”, que la maestra Huerta preparó para el coloquio “Los inmigrantes en el mundo de los negocios, siglos XIX y XX”, que tuve el privilegio de convocar junto con Rosa María Meyer en el año 2000. Su aportación pionera ofrece datos hasta ese momento desconocidos sobre el devenir de los primeros comerciantes galos que se asentaron en México al inicio de su vida independiente. Algunas de sus casas comerciales, ubicadas en el mercado del Parián, en la Plaza Central de la Ciudad de México, luego de haber sido saqueadas en el motín popular de 1828, dieron pretexto a los diplomáticos galos para promover al paso del tiempo la primera Intervención Francesa en 1838.[14] El texto de la maestra Huerta también revela las importantes redes comerciales que los franceses lograron tender desde Burdeos y El Havre con el puerto de Veracruz, la Ciudad de México y otras localidades del territorio mexicano.

 

El permanente interés de la historiadora por el devenir del norte de México le inspira al inicio del siglo XXI un nuevo ensayo, “Comerciantes en tierra adentro, 1690-1720”, en el cual vuelve sobre los estrechos vínculos entre los grandes mercaderes y el desarrollo de la minería.[15] Brígida von Mentz, al referirse a la contribución de Tere Huerta, señala:

 

Experta en estos temas, esta historiadora muestra el control monopólico de las economías locales que ejercieron los grandes mercaderes del centro en esas zonas mediante el crédito y el abasto comercial y las grandes redes de influencias políticas y sociales que se tejieron. También describe cómo se vincularon los conflictos locales sociales y militares con la expansión al norte y el abasto de presidios, y cómo mineros, hacendados, comerciantes locales, funcionarios y militares entraban a formar parte de estas impresionantes cadenas y redes económicas y sociales de los comerciantes del Consulado de México al terminar el siglo XVII e iniciarse el XVIII.[16]

 

La misma preocupación por las cadenas y redes económicas y sociales entretejidas por los comerciantes en el nivel interno y externo llevó a Huerta a realizar algunas sugerentes investigaciones vinculadas con la producción minera y el suministro de azogue. Tal fue el caso de su colaboración para el libro Redes sociales e instituciones comerciales en el Imperio español, siglos XVII a XIX.[17] Interesada por desentrañar el comportamiento de los grandes comerciantes de la plata de origen vizcaíno y montañés que despuntaron al mediar el siglo XVII, con la expulsión de los judíos portugueses de los reinos españoles, Huerta destaca la amplia red de negocios legales e ilegales conformada por aquellos mercaderes, que lo mismo cruzaba el tradicional océano Atlántico, que se extendía por el Pacífico con dirección a Filipinas o a Perú. Este ensayo revela también que la historia de México difícilmente podría entenderse sin comprender sus grandes vínculos con España y otras naciones, derivados de su intensa actividad mercantil.

 

Durante más de cinco décadas, fiel a la consulta de diversos archivos de contribuciones, justicia, tierras y sus emblemáticos protocolos notariales, la obra de María Teresa Huerta Preciado, así como su papel como formadora de estudiantes e investigadores, forjó un importante legado para quienes desde distintos ángulos investigan las rebeliones indígenas y el papel de los comerciantes-empresarios y sus diversificadas redes económicas en la historia nacional y en su permanente vínculo con el exterior.

 

 

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] Archivo Histórico-Administrativo de la Dirección de Estudios Históricos del INAH (en adelante AHA-DEH-INAH), expediente de María Teresa Huerta Preciado, vol. 2. Gran parte de los datos biográficos de la maestra Huerta los obtuve de la información que me proporcionaron y de los recuerdos que compartieron conmigo diversos compañeros y colegas suyos. Especial agradecimiento debo a su sobrina Mercedes por haberme facilitado muchas de las fotografías que presentamos.

[2] María Teresa Huerta, Rebeliones indígenas en el noreste de México en la época colonial, México, INAH, 1966. Actualmente el texto puede consultarse completo en la Mediateca del INAH.

[3] Leticia Reina ubica el valor de este trabajo pionero en el ámbito historiográfico de las rebeliones indígenas coloniales. Véase “Historia y antropología de las rebeliones indígenas y campesinas en la colonia y en el siglo XIX: un recuento”, Historias, núm. 17, México, abril-junio de 1987, pp. 40 y 52.

[4] María Teresa Huerta y Patricia Palacios (eds.), Rebeliones indígenas de la época colonial, México, SEP-INAH-Departamento de Investigaciones Históricas-Seminario de Historiografía Social, 1976.

[5] AHA-DEH-INAH, expediente de María Teresa Huerta Preciado, vol. 1.

[6] María Teresa Huerta, Concepción Lugo, Rosa María Meyer, Guadalupe Nava, Guillermo de la Peña y Arturo Warman, Balance y perspectivas de la historiografía social en México, 2 vol., México, SEP-INAH (Científica, 84), 1979.

[7] Cfr. la amplia opinión de Cecilia Noriega, en la reseña de la obra referida que publicó en la revista Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 10, México, 1986, pp. 297-298.

[8] Dorothy Tanck de Estrada también preparó una breve reseña de Balance y perspectivas de la historiografía social en México para la revista Hispanic American Historical Review, núm. 63, vol. 3, Durham, agosto de 1982, pp. 498-499.

[9] AHA-DEH-INAH, expediente de María Teresa Huerta Preciado, vol. 1.

[10] Ciro Cardoso (coord.), Formación y desarrollo de la burguesía en México, siglo XIX, 2a. ed., México, Siglo XXI, 1981. El libro fue motivo de diversas reseñas críticas, como la que escribió Jan Bazant para Historia Mexicana, vol. 28, núm. 4, México, abril-junio de 1979, pp. 620-622; Alfonso de María y Campos para Letras Libres, México, 30 de junio de 1979, pp. 39-41, o Barbara A. Tanenbaum para The Hispanic American Historical Review, vol. 61, núm. 2, Durham, mayo de 1981, pp. 321-322. Posteriormente el libro colectivo, así como otros ensayos de Huerta, fueron reseñados en Graziella Altamirano, María Eugenia Arias, María del Carmen Collado, César Navarro, María Esther Pérez Salas y Guadalupe Villa, Grupos de poder económico y élites políticas en México. Una bibliografía comentada 1770-1940, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1997, pp. 26, 36, 39-40, 48-49.

[11] “Isidoro de la Torre: el caso de un empresario azucarero, 1844-1881”, en Ciro Cardoso (coord.), Formación y desarrollo de la burguesía en México, siglo XIX, 2a. ed., México, Siglo XXI, 1981, pp. 164-187. Los otros colaboradores del libro son Margarita Urías, Guillermo Beato, Dolores Morales, Rosa María Meyer, Shanti Oyarzábal, Mario Cerutti y Roberto Hernández.

[12] María Teresa Huerta, Empresarios del azúcar en el siglo XIX, México, INAH (Divulgación), 1993.

[13] Los ensayos reunidos en Empresarios del azúcar en el siglo XIX también han sido valorados en distintos recuentos historiográficos, por ejemplo, el de Irving Reynoso Jaime, “La hacienda azucarera morelense: un balance historiográfico”, América Latina en la Historia Económica, núm. 27, México, enero-junio de 2007, pp. 53-75.

[14] “Penetración comercial francesa en México en la primera mitad del siglo XIX”, en Rosa María Meyer y Delia Salazar (coords.), Los inmigrantes en el mundo de los negocios, siglos XIX y XX, México, INAH / Plaza y Valdés, 2003, pp. 67-75. Este libro fue reseñado por Froylán Enciso para la revista Foro Internacional, vol. XLVI, 3 (185), México, julio-septiembre de 2006, pp. 580-585.

[15] Guillermina del Valle Pavón (coord.), Mercaderes, comercio y consulados de Nueva España en el siglo XVIII, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2003.

[16] Brígida von Mentz, reseña al libro de Guillermina del Valle Pavón (coord.), Mercaderes, comercio y consulados de Nueva España en el siglo XVIII, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2003, en América Latina en la Historia Económica, núm. 25, México, enero-junio de 2006, pp. 167-168, recuperado de:  https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=279122690007.

[17] “Redes mercantiles en torno a la plata en el norte minero novohispano. Segunda mitad del siglo XVII”, en Antonio Ibarra y Guillermina del Valle Pavón (coords.), Redes sociales e instituciones comerciales en el imperio español, siglos XVII a XIX, México, Facultad de Economía-UNAM / Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2007, pp. 85-116. Este ensayo despertó especial interés en algunos reseñistas del libro, tal fue el caso de Mariano Ardash, que publicó sus impresiones en Estudios de Historia Novohispana, núm. 39, México, julio-diciembre de 2008, pp. 197-200; y de Sonia Tell, publicado en América Latina en la Historia Económica, vol. 19, núm. 1, México, enero-abril de 2012, pp. 245-250.

 

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La apreciable maestra María Teresa Huerta Preciado nació en el emporio agrícola de Los Mochis, Sinaloa, el 23 de noviembre de 1933, y falleció en la Ciudad de México el 1 de mayo de 2020. Ingresó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en agosto de 1956 como practicante de Ciencias Histórico-Geográficas en la Oficina de Monumentos Históricos, donde trabajó en la elaboración de una guía de monumentos coloniales y en la catalogación de los documentos del archivo de Francisco I. Madero.

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