La insurrección guerrillera de los jóvenes en el México de 1967-1982
ENVIADO POR EL EDITOR EL Martes, 16/06/2026 - 19:25:00 PMArturo Luis Alonzo Padilla, La insurrección de los jóvenes en México (1967-1982). La expresión guerrillera, México, Altres Costa-Amic, 2022.

Héctor Miguel Rosales Martínez*
Durante la última década, la historiografía ha experimentado un notable auge en la investigación sobre la guerra de los jóvenes en México, desentrañando eventos que han dejado una marca indeleble en la historia del país. A lo largo de diversos procesos históricos, las rebeliones populares han buscado transformar el Estado, con impactos significativos en 1810, 1856, 1910, 1972 y 1994. Estos levantamientos no son simples episodios de disidencia, sino manifestaciones de una búsqueda constante por la justicia social y un cambio profundo en la estructura política y social. La tradición de resistencia en México surge de la insatisfacción arraigada en diversos sectores, producto de la opresión, la desigualdad y la falta de representación adecuada.
La década de 1970 vio nacer la llamada Guerra sucia, que se distingue por la violencia de las fuerzas gubernamentales contra quienes se oponían al régimen. Durante este periodo se gesta un fenómeno único en la historia contemporánea de México: la insurgencia de jóvenes que, inspirados por ideales revolucionarios y afectados por la represión que el Estado ejerce, se levantan para desafiar el statu quo. La investigación de Arturo Luis Alonzo Padilla se revela crucial en este contexto. A lo largo de sus cinco capítulos y el apéndice, desarrolla con enfoque científico un estudio histórico de amplio detalle sobre la guerrilla mexicana.
En primer lugar, el autor se propone encontrar los orígenes de la guerrilla juvenil en México durante los años setenta, centrándose en la Liga Comunista 23 de Septiembre y el Partido de los Pobres. Destaca las motivaciones, desafíos y logros de aquellos que desafiaron el sistema establecido, sin caer en la apología. Para este análisis, es imperativo estudiar las causas de la violencia y comprender la compleja naturaleza de la juventud involucrada, analizando cómo estas organizaciones se reprodujeron en sus espacios de desarrollo.
En el primer capítulo, “Los movimientos armados en México”, Arturo Alonzo se sumerge en la exploración de las causas de la violencia, utilizando como marco teórico el concepto de reconocimiento de Hegel y de Axel Honneth. Para comprender las razones subyacentes detrás de la insurgencia armada propone el agravio moral como catalizador para la participación en la guerrilla. ¿Cómo es que el sentimiento de ser ignorados o menospreciados impulsó a los jóvenes a buscar formas más radicales de expresión política? ¿Cómo influyó en la construcción de identidades y en la solidaridad dentro de las organizaciones emergentes?
La aplicación de la teoría del reconocimiento y la cuestión del agravio moral de Axel Honneth proporcionan un marco conceptual valioso para comprender las motivaciones tras la insurgencia juvenil en el México de los setenta. Este enfoque permite analizar no sólo las condiciones objetivas que llevaron a la violencia, sino también las dinámicas psicosociales que influyeron en la formación y consolidación de movimientos guerrilleros juveniles. Una tesis fundamental del libro es que estas organizaciones guerrilleras representan expresiones programáticas de las nuevas clases medias. Frente al desarrollo estabilizador basado en la acumulación de capital, respaldado en la sustitución de importaciones de bienes de consumo y bienes de capital, y ante la hipertrofia de un bloque burocrático, estos sectores sociales resultan afectados y su descontento detona la guerra de los jóvenes contra el régimen político. Por ejemplo, la Liga Comunista se conforma de jóvenes urbanos enclavados en la clase media emergente. Por otro lado, el Partido de los Pobres se forma en respuesta al proceso de proletarización y al inequitativo reparto agrario en el estado de Guerrero.
Creo necesario destacar otra tesis fundamental del autor: a lo largo del segundo capítulo, “Entorno y factores de surgimiento de la Liga Comunista 23 de Septiembre y el Partido de los Pobres”, él argumenta que el fenómeno guerrillero no puede ser tratado de manera uniforme, sino que requiere un análisis detenido de sus particularidades locales, a la manera como se ha investigado la Revolución mexicana. En efecto, la diversidad geográfica del objeto de estudio constituye uno de los aspectos centrales del libro. Se resalta que las condiciones varían significativamente entre regiones (Guadalajara, Nuevo León, Guerrero o el antiguo Distrito Federal) y que esas divergencias son fundamentales para comprender de manera integral dicho fenómeno. De igual manera, se examinan las arraigadas tradiciones nacionales de insurgencia en la larga duración, que se remontan a la Independencia y reaparecen con la Revolución. El autor reconoce las dificultades sustanciales al confrontar un gobierno virreinal y uno moderno, especialmente posrevolucionario. No obstante, la transformación del régimen político en el tiempo ha dejado una marca significativa en la dinámica de los movimientos guerrilleros, y comprender sus etapas es esencial para apreciar el fenómeno en su total complejidad. Ambas consideraciones proporcionan un marco analítico sólido que enriquece el tratamiento del tema de la guerrilla a lo largo de los capítulos siguientes.
El tercer capítulo, “La génesis e incubación del Partido de los Pobres y de la Liga Comunista 23 de Septiembre (1967-1972)”, inicia explorando las problemáticas de la zona de Guerrero a lo largo del siglo xx hasta desembocar en el movimiento liderado por Lucio Cabañas. A través de la Asociación Cívica Revolucionaria de Genaro Vázquez y el movimiento de padres y madres en la escuela Modesto G. Alarcón se explica el nacimiento de la Brigada de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres. En seguida, se recorren las regiones estudiantiles en conflicto a lo largo del país desde 1968 hasta el Halconazo, en 1971, años en que toma forma el fenómeno guerrillero. Finalmente, se exploran los programas políticos de las dos organizaciones a estudiar. Analizando ambos proyectos, inspirados en el “derrocamiento del modo de producción capitalista” del socialismo científico, se realiza un balance de las posibilidades del movimiento, tanto en lo programático como en lo táctico.
El capítulo siguiente, “La guerra de los jóvenes”, continúa esta tarea en niveles más teóricos. El autor sostiene que, pese a que Lucio Cabañas militó en las Juventudes Comunistas, su programa se asemeja más al zapatismo o al magonismo, ya que nunca propuso la socialización de los medios de producción y tuvo siempre objetivos más cercanos a los campesinos, por ejemplo, la colectivización de la tierra. Por otro lado, documentos de la Liga Comunista como “cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario” o las denominadas “tesis de la universidad fábrica” revelan, en su jerga y sus ideales de acción, gran afinidad con el llamado marxismo-leninismo. La interpretación de ambos programas políticos es, sin duda, un valioso aporte que el libro ofrece para nuevas investigaciones, no sólo sobre estas dos organizaciones, sino también sobre las organizaciones nacionales de corte político en general.
Se reseñan las discusiones políticas que suscitó la guerrilla, las zonas de influencia y la duración de la lucha armada. Contra lo más divulgado, la guerrilla mexicana no terminó a mediados de los setenta, sino que se extendió hasta 1982, cuando la Liga Comunista fue desmantelada.
Para terminar, el autor se plantea una pregunta trascendental: ¿cuáles fueron las repercusiones del movimiento armado de los jóvenes mexicanos? En el último capítulo, titulado “Lo que la guerrilla nos dejó en México”, se rastrea la honda huella de este fenómeno, desde el cambio de gobierno priista hasta el auge de una cultura de los derechos humanos o la apertura de los medios de comunicación en respuesta a los crímenes de Estado. Aquí, se declara que es necesario incorporar este fragmento de la historia de México a los programas de educación básica, siguiendo el ejemplo de cómo se abordó la guerra de los cristeros. Ello no sólo enriquecería el conocimiento histórico de las generaciones futuras, sino que también contribuiría a formar ciudadanos informados y comprometidos con la defensa de los derechos y la justicia social.
El apéndice, que presenta un aparato crítico riguroso basado en diversas fuentes, es una poderosa invitación a seguir investigando la historia, no sólo por el conocimiento mismo, sino para fomentar la conciencia ciudadana y promover la justicia social en la actualidad. Desde luego, el libro entero proporciona una base sólida para futuras investigaciones de historia mexicana contemporánea.
