La historia pueblerina y la conservación del patrimonio cultural y el paisaje de los pueblos
ENVIADO POR EL EDITOR EL Martes, 16/06/2026 - 19:30:00 PMJosé Abel Ramos Soriano (coord.), Un lugar azul: Santiago Tejupan, Oaxaca. Singularidad, conservación de su legado y entorno, México, Secretaría de Cultura / Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2023.

Margarita Loera Chávez y Peniche*
Me interesó leer Un lugar azul porque mi especialidad como historiadora ha sido, principalmente, la reconstrucción de la historia pueblerina. Prácticamente todos los casos que he estudiado han sido de origen campesino y ubicados en zonas cercanas a montañas. Como lo percibí al principio, ése es también el caso del libro de Abel Ramos, que da cuenta de un pueblo campirano de ancestrales raíces históricas, desde tiempos prehispánicos hasta la actualidad, y ubicado en un entorno bellísimo, en donde no falta la importante presencia de la montaña.
La primera pregunta que me surgió al hacer la lectura, y obviamente recordando a John Berger en su magnífica obra Puerca tierra, es que el reto mayor de un historiador profesional, al acercarse al patrimonio cultural o al reconstruir el pasado de un pueblo, es que todos los habitantes saben más que él y, por lo tanto, se vuelven sus maestros. Esto en virtud de que, al emprender la tarea, es menester considerar la memoria colectiva, que obviamente es algo diferente a la historia, pero que tiene que ver con la rememoración del pasado, y por lo mismo debe ser consignada. Así, nos encontramos con que la reproducción de la memoria colectiva, siempre con características hereditarias, es una acción cotidiana en la que nadie deja de trabajar nunca. Tiene lugar en la develación de la identidad local, en los recuerdos, en el encuentro vivo del patrimonio material e inmaterial. Todos los habitantes son retratistas y todos son retratados. Ésa es la realidad con la que yo inicié mi labor como historiadora pueblerina formada en las aulas externas: enfrentarme con la sabiduría interna. Me pregunté entonces, al emprender la lectura de este libro, ¿qué pasa cuando el autor, o en este caso coordinador y autor, es oriundo del poblado, y, por lo tanto, es poseedor de su memoria e intereses, pero a la vez es un historiador profesional formado en lo nacional e internacional y de amplia y rica trayectoria, como José Abel? Considero que la respuesta es el resultado, el gran logro, que está contenido en Un lugar azul: el rescate del patrimonio cultural de Tejupan, la impactante actividad realizada para ello y la memoria escrita de dicho proceso, que nos lleva al encuentro con su actualidad, su pasado y su entorno.
Otra cuestión destacable es que el libro sobrepasa, por mucho, la propuesta de sus objetivos. Ciertamente, al leerlo, gracias a sus ricos textos y excelentes fotografías, uno puede internarse en el legado y el medio locales, pero también ofrece otras posibilidades. Para mí, la más digna de señalarse es lo que los tejupenses, impulsados por su asociación civil Raíces y Cultura, de la que José Abel es miembro y gestor, lograron mover gracias al amor al terruño tan palpable en la obra. Participaron en un enorme trabajo de conservación, restauración, difusión y consignación histórica del lugar, a la que se sumaron instituciones locales, federales y estatales encargadas de esas materias, la Asociación Harp Helú Oaxaca, con sus donativos de dinero y su taller de restauración del patrimonio cultural, y el loable trabajo individual de alumnos y profesionistas que se unieron a este magnífico esfuerzo colectivo como prestadores de servicio social, tesistas y especialistas asociados. Es un excelente ejemplo que invita a ser continuado y que da cuenta de una verdadera “especialización multidisciplinaria”, pero también de acción social colectiva. A mí me emocionó mucho el hecho de que, al principio de los trabajos, los profesionales externos a la localidad tuvieron que ganarse la confianza de los lugareños, que guardaban su patrimonio con muy estricto celo. Se resistían incluso a dejar que otros lo vieran, y el asunto debió tratarse con delicadeza; sin embargo, ante el esfuerzo de los profesionistas, todo cambió. Tiempo después, cuando los resultados ya eran palpables, la arquitecta Yolanda Terán llegó al lugar para realizar un reconocimiento del molino de trigo y fue recibida por los lugareños con un enorme entusiasmo, según cuenta en su artículo. Esta apertura a la colaboración incluyó, naturalmente, una importante participación del pueblo en diferentes formas: donativos de todo tipo, prestar fotografías y documentos, conceder el acceso a los archivos históricos locales, relatar sus leyendas y secretos internos, etcétera, sin lo cual hubiera sido imposible el éxito que ha tenido el proyecto a lo largo de los muchos años que ha durado.
Otro punto fundamental del libro, visto desde mi especial interés, es el proceso de reconstrucción histórica general al que nos adentra el conjunto de los capítulos. En éstos se puede apreciar cómo las piezas de arquitectura, pintura y escultura se convierten en verdaderas fuentes históricas que relatan el devenir de Tejupan desde que fueron fabricadas hasta el presente. Aunque el eje de los artículos es el proceso de estudio, conservación y restauración del patrimonio mueble e inmueble, contienen una enorme cantidad de información útil para entender las tradiciones, el legado cultural, el paisaje del sitio y las fuentes escritas primarias y secundarias sobre el pueblo.
La introducción, “Tejupan ayer y hoy”, escrita por José Abel Ramos, habla de los orígenes étnicos y lingüísticos, desde los primeros asentamientos hasta el presente; da cuenta de las costumbres, las tradiciones la gastronomía, a través de los más variados testimonios. Vestigios óseos y arqueológicos, códices, documentos, relatos orales, canciones, costumbres, juegos y fotografías. Un agradable encuentro con la esencia del poblado expuesto con un agradable estilo literario. En el apartado de José Abel Ramos y Alfonso Neri del Río, “Restauración del patrimonio cultural. Antecedentes y realización de un proyecto”, se pueden conocer el proceso por el cual se consiguió el apoyo de todas las instituciones y organizaciones a que se recurrió para la magna tarea. También se habla allí de cómo se creó la asociación civil Raíces y Cultura y de su fundamental actividad.
Luis Huidobro Salas, en “Estado y procesos de restauración de las obras”, describe muy profesionalmente, y ayudándose de la fotografía, cómo un equipo multidisciplinario logró, en varios años de trabajo, el estudio y restauración de siete retablos, cuatro esculturas y treinta y ocho pinturas. También fue importante su trabajo en cuanto incorporó al poblado en esta tarea y lo concientizó sobre su propio patrimonio a través de cursos y talleres de valorización cultural, conservación preventiva y serigrafía que se impartieron a varias generaciones de tejupenses y hasta a los miembros del ayuntamiento. En todo hubo colaboración con los centros locales de educación. La importante labor trascendió hasta otras comunidades y dio pie al estudio profesional de la localidad en la Universidad Nacional Autónoma de México con la conclusión de una tesis de maestría.
De extraordinaria labor investigativa y narrativa es el artículo “Donantes del templo de Santiago Tejupan”, de Yunuén L. Maldonado Dorantes, adscrita a la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH. Su minuciosa consulta de los archivos locales, parroquial y municipal, del Judicial y General del Estado de Oaxaca, así como sus recorridos locales para hacer hablar a los antiguos muros, derivan en la presentación de la historia de Tejupan desde el siglo XVI hasta el presente. Si bien se enfoca en los donantes del templo, la abundancia de datos que ofrece ayuda a extender la mirada hacia una historia ampliada, por ejemplo, en vertientes económicas y sociales.
“El ex convento dominico. Restauración del pórtico de peregrinos y celda contigua”, de Ana Rodríguez García, del taller de restauración de la Fundación Alfredo Harp Helú de Oaxaca, además de la cronología del cometido citado en su título, que se logró entre 2015 y 2017, nos ofrece un excelente estudio arquitectónico. Llama la atención en ésta y en otras partes del libro, la gran cantidad de autores nacionales y extranjeros que han puesto sus ojos en Tejupan. Yolanda Terán Trujillo, en “Ante un viejo molino de trigo”, en forma adicional a la descripción arquitectónica, abre puertas importantes a la historia. Por último,” Desde el mirador natural del Yucuayú: dos paisajes al óleo”, de José Abel Ramos Cisneros, nos adentra desde el arte y los recuerdos, como descendiente de tejupense, en sus visitas al lugar y a las bellezas de su entorno. Y de una manera muy profesional, pero también con excelentes resultados estéticos, nos presenta dos obras pictóricas suyas.
Es verdaderamente un motivo de celebración el encuentro con una obra dedicada al patrimonio cultural y a la historia pueblerina, pues es deber recordar que la economía de México fue mayoritariamente campesina desde tiempos remotos hasta mediados de siglo XX; empero, la atención al patrimonio cultural y a la microhistoria que ello exige no siempre ha sido un asunto prioritario para los profesionistas formados en las aulas nacionales y extranjeras. Sin embargo, insisto, la historia pueblerina es fundamental para conocer el devenir mexicano. Microhistoria para el “multiMéxico”, nos dice Luis González y González, el microhistoriador por excelencia de nuestro país en su Invitación a la microhistoria.
El libro cumple con los elementos metodológicos que se requieren para este tipo de reencuentro con el devenir. Por principio hay que asentar que los poblados de este tipo, aunque tienen una vida propia, son parte activa y funcional de las instancias dominantes o hegemónicas. Para abordarlos, entonces, deben tomarse en cuenta dos perspectivas. Por un lado, atendiendo al proceso de sus estructuras propias, pero siempre considerando lo que a las mismas les imponen las estructuras externas con las que mantienen relaciones simbióticas pero asimétricas. La historia “micro” es a la vez de espacios cortos y de tiempos lentos, pero muy largos (la “larga duración” de Braudel). Todo esto se encuentra en Un lugar azul.
No quisiera finalizar sin hacer dos señalamientos. El primero es que ojalá este libro pase de la digitalización a la impresión en papel. Siendo tan amplio el auditorio al que va dirigido con un claro lenguaje, estoy convencida de que la presentación en el poblado hace muy posible que se agote una edición de amplio tiraje.[1] El segundo es que hay que desear que, en las condiciones actuales del país, con tanta violencia y limitación de recursos económicos, exista la posibilidad de lograr en otros poblados lo alcanzado en Tejupan con los apoyos institucionales federales, estatales y locales, así como de asociaciones civiles. Al fin de cuentas, la enseñanza del camino para lograrlo es otro de los méritos que tiene esta obra.
