Habitar la memoria: fotodocumentalismo de Jorge Acevedo Mendoza
ENVIADO POR EL EDITOR EL Martes, 16/06/2026 - 19:41:00 PMRebeca Monroy Nasr y Abraham Nahón (coords.), Habitar la memoria: entre el fotodocumentalismo y la lucha social. Jorge Acevedo Mendoza (1949-2019), México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2024.

Abraham Nahón*
Esta publicación ha tenido la intención de revelarnos el trabajo de Jorge Acevedo Mendoza, pensado como una memoria visual disidente, la cual ya forma parte fundamental de la historia de la fotografía mexicana. Frente a estos tiempos globales tan peligrosos y amenazantes, donde los imperios de la desmemoria pretenden reforzar su hegemonía, se propone resistir y habitar la memoria desde la investigación y el conocimiento de estos trabajos visuales que nos permiten profundizar en la historia de nuestro país, destacando esos momentos de luchas, batallas y múltiples actividades creativas y de resistencia reveladas a través de la perseverancia del fotógrafo.
El libro Habitar la memoria: entre el fotodocumentalismo y la lucha social. Jorge Acevedo Mendoza (1949-2019), editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fue coordinado por los investigadores sobre fotografía Rebeca Monroy (DEH-INAH) y Abraham Nahón (IIH-UABJO). Esta publicación impresa, que cuenta con más de 200 fotografías de Jorge Acevedo Mendoza, incluye textos y reflexiones de Luis Hernández Navarro, Rosa Estela Reyes y Teresa Márquez Martínez, Antonio Saborit, Rebeca Monroy Nasr y Abraham Nahón.[1]
Para su conformación, los coordinadores trabajaron durante 4 años en el archivo del autor —que cuenta con cerca de 52 000 negativos— seleccionando y contextualizando imágenes representativas, así como otras inéditas, que muestran diversas facetas y múltiples temas documentados por Acevedo a lo largo de tres décadas, principalmente. Los textos entreveran la investigación e interpretación de sus fotografías con sucesos vivenciales, enfatizando la tenacidad de su trabajo, su compromiso social y su militancia visual, al documentar en las décadas de los setenta y ochenta: movilizaciones políticas, magisteriales, campesinas, feministas y sindicales en la lucha social por la democratización del país. Se aborda también su participación sindical y laboral en el INAH, su formación en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y la difusión de algunas de sus fotografías en La Cultura en México, así como en publicaciones culturales, independientes y políticas, como es el caso de Cambio, Pueblo, La Revuelta, Nexos, La Jornada, etcétera.
Como se señala en la introducción, que escriben los coordinadores de la publicación:
La trayectoria fotográfica y sindical de Jorge Acevedo Mendoza (D. F. 1949 - Oaxaca 2019) dejó una profunda huella en la vida del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), desde que inició su actividad laboral en el año de 1972 como fotógrafo de bienes culturales de la Dirección de Monumentos Coloniales, en el ex Convento de Churubusco, al desarrollar su gran vocación con la cámara [...] Después del fatídico sismo de 1985, Jorge Acevedo decidió salir de la ciudad de México para establecerse en Oaxaca, desde dónde siguió captando imágenes ahora de la lucha establecida en esa ciudad por el magisterio, pero también de otras contiendas en apoyo a los poblados circunvecinos realzando con su cámara los trabajos de arte y cultura popular que son infinitamente creativos y están dotados de un sentido estético invaluable, los cuales Jorge Acevedo rescató en sus imágenes de luz y plata. Durante años trabajó disparando el obturador, pero para el año 2010, aproximadamente, dejó de hacer fotografía, descansó sus cámaras de la era fotoquímica, aunado a que se negó a trabajar de manera digital porque era un convencido del cuarto oscuro y sus bondades.[2]
Si bien hubo un trato cuidadoso con las fuentes, contextos y conceptualizaciones implicadas en el análisis académico, se asume también el conocimiento que ofrece la subjetividad y las emociones que se filtran en las historias narradas desde la cercanía, con el luminoso recuerdo de su amistad. Todas son historias comprometidas con la memoria. Una memoria política, visual y afectiva dirigida hacia la vida y obra de Jorge Acevedo, quien cultivó con elegancia e ironía, un personaje genuino y complejo.
Con este libro, se intentó dimensionar su trabajo, abrevando de manera general de investigaciones de la historia cultural y social, y reflexionando sobre la historia reciente, al implicar a la fotografía como un medio relevante para habitar y reactivar, con un sentido crítico, la intrincada (y muchas veces oculta o subterránea) memoria visual de nuestro país. Pero sobre todo se insistió en que este libro girara en torno al fotodocumentalismo, manteniendo los referentes en términos de la historia presente y reciente, sin dejar de considerar algunas investigaciones históricas realizadas en México, donde se reflexiona acerca de la fotografía documental y periodística en el momento sociopolítico que a Jorge Acevedo le tocó vivir. Con colegas, colectividades, amigos, amigas y compañeros de lucha, se fue gestando toda una gramática de la resistencia política y la visualidad que los textos reviven y reflexionan desde múltiples experiencias que desembocan en sus imágenes.
La historia oral, su trayecto vital y visual, así como la indagación de su archivo (con más de 50 000 negativos), dieron las claves para contextualizar algunas de sus imágenes. Se trató de profundizar en su compresión y aportación a la historia social, cultural y política.
Las fotografías, los documentos y las vivencias personales le confieren una enorme complejidad y valía a esta edición sustentada en las fotografías de Acevedo, al considerar tanto las ya conocidas como la inclusión de imágenes inéditas o hallazgos rescatados en su prolífico archivo. El acento testimonial, interdisciplinario y polifónico que adopta el libro, permite ahondar en aspectos de la vida cotidiana, laboral y política, así como en reflexiones acuciosas sobre el hacer de sus fotografías. Todo ello se logra gracias a los textos de Luis Hernández, Rosa Estela y Teresa Márquez, Antonio Saborit, Rebeca Monroy y Abraham Nahón, ya que se plantean algunas pistas, caminos o aproximaciones a sus inquietudes intelectuales y creativas, a sus métodos de trabajo, a su pensamiento político y compromiso visual.
De manera general puedo señalar algunos temas que se reflexionan con mayor detenimiento en la edición: la fotografía como un dispositivo para realizar su compromiso social y político, transformando las conciencias a través de una memoria visual distinta, disidente; su interés y compromiso por documentar las movilizaciones magisteriales, sindicalistas, estudiantiles, campesinas, feministas y de defensores de derechos humanos; su vinculación a Oaxaca, desde 1980, con el registro puntual de la lucha magisterial. De igual manera, su destacada participación sindical en el INAH; su admiración por su maestro Nacho López y los guiños creativos con Cartier Bresson, Tina Modotti, Manuel y Lola Álvarez Bravo, además de las visualidades cinematográficas que le permitieron construir una mirada propia; su trabajo con colectivos fotográficos independientes en la Ciudad de México, así como con toda una generación de fotógrafas y fotógrafos con quienes compartió vivencias, proyectos y exposiciones: Alicia Ahumada, Pedro Hiriart, Lourdes Almeida, Pedro Valtierra, Yolanda Andrade, Marco Antonio Cruz, Rogelio Cuéllar, Rebeca Monroy, entre muchos otros; la importancia de los proyectos editoriales y políticos que llevó a cabo con Luis Hernández, así como su formación en el CUEC y su participación en “La Cultura en México”, al lado de Antonio Saborit; su incursión en el Nuevo Fotoperiodismo de los setenta y ochenta, además de su participación en La Jornada y en medios independientes; su pasión fotográfica pero también literaria, musical y creativa.
En mi texto señalo diversos proyectos editoriales y fotográficos que desarrollamos en Oaxaca. Le encantaban los proyectos independientes y que implicaran una mirada política y cultural, así que colaboró en varios números de la revista Luna Zeta y en ediciones sobre la fotografía gestada desde Oaxaca, donde difundimos eventualmente su trabajo, del año 2000 al 2012, aproximadamente. Después, tuve la experiencia de hacer en 2014 un breve libro con él, denominado como una de sus más entrañables fotografías: Al país de la Ilusión, lo que contribuyó a afianzar la amistad, entrar de lleno a su archivo y dialogar sobre sus fotografías. Es justo en el Museo Nacional de Antropología, en un homenaje póstumo organizado por el INAH que se celebró en octubre de 2019, cuando caí en la cuenta de que esa modesta edición era el único libro dedicado a las fotografías de Jorge Acevedo en los 33 años en que radicó en Oaxaca. De esa dimensión es el abandono, así como la falta de investigación de la memoria visual en las regiones del país. Al irse a Oaxaca, Acevedo padeció del olvido y de la falta de apoyos federales, en ese largo periodo neoliberal en que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y muchas instituciones estaban terriblemente centralizados, sin apoyar a fotógrafas y fotógrafos radicados en regiones y entidades. Por ello la importancia de este libro editado por el INAH; merecía una publicación así, un libro como el que ya no tuvo en vida.
En Habitar la memoria analizo con mayor detenimiento el archivo de Acevedo y reviso las conversaciones que tuvimos sobre su trabajo fotográfico, sobre su participación en el grupo “Luz 96” con fotógrafas y fotógrafos en Oaxaca que, ante el llamado del artista Francisco Toledo, apoyaron la fundación de ese espacio relevante para la fotografía. Destaco también su serie sobre los presos de Ixcotel, ganadora del premio “Sotero Constantino” en la VI Bienal de fotografía organizada en 1993 en Oaxaca. Y las fotografías, tomadas a finales de los setenta, y en los noventa, en comunidades afromexicanas, así como su documentación en Tlacotalpan y en las Velas muxes en el istmo de Tehuantepec. También reflexiono sobre las inscripciones, lemas o demandas políticas que registra en sus fotos, lo cual nos ofrece una información valiosa sobre la protesta social y las exigencias pendientes o que vuelven en esta circularidad de la historia. (Una imagen de 1983, en una manifestación en la Ciudad de México hace poco más de 40 años, donde se exige a Estados Unidos un “Alto a la locura belicista”, puede darnos el pulso de lo irresuelto de nuestra historia y de la necesidad de habitar y activar esta memoria internacionalista de las luchas vigentes).
También fue determinante su participación en el proyecto de Museos Comunitarios en Oaxaca y, al analizar su archivo, pude establecer conexiones en sus trayectos y trabajos realizados con el INAH, y las rutas fotográficas y comunidades cercanas a estos museos.
La inflexión de su mirada fotográfica en Oaxaca, donde transita de los movimientos sociales, a las formas organizativas, políticas y festivas de las comunidades, es relevante para entender el humor, el escepticismo y el “contrajuego” que lo lleva a cultivar una mirada propia frente a las sobredosis de folclorización y exotismo que todavía padece Oaxaca. En la última década pasa de la fotografía a la escritura, recreando personajes y sucesos siempre implicados en la fotografía. Al final de su vida, hay tiempos fracturados, con enfermedades, dolor y apagamiento. Y sin embargo, aún en sus últimos días, siempre mantuvo su sarcasmo, su ironía y algún relato fotográfico.
Por todo ello, agradecemos a Jorge Acevedo su enorme legado fotográfico, condensado en las narrativas textuales y visuales de este libro. No dejemos que triunfe el olvido, habitemos con él esta memoria.
* Instituto de Investigaciones en Humanidades-UABJO.
[1] Un libro implica un amplio trabajo colectivo: agradecimientos al equipo editorial del INAH, a la reprografía profesional realizada por Oralia García, así como al apoyo e imágenes de Alicia Ahumada, Pedro Hiriart, Antonio Saborit, Judith Romero y Rebeca Monroy. Gracias a la investigadora Rebeca Monroy, por el trabajo de coordinación que compartimos, así como a las autoras y autores de los textos, amigos entrañables de Jorge Acevedo, quienes compartieron etapas claves de su vida laboral, siendo testigos cercanos de su pasión y obsesión fotográfica. Agradecimientos a la Dirección de Estudios Históricos y a los colegas de la revista Con-temporánea, por apoyar en distintas etapas la difusión del trabajo de Jorge, y especialmente a los hijos de Jorge Acevedo: Esteban y Adrián Acevedo Galante, quienes han apoyado en la consulta de su amplísimo archivo.
[2] Rebeca Monroy Nasr y Abraham Nahón (coords.), Habitar la memoria: entre el fotodocumentalismo y la lucha social. Jorge Acevedo Mendoza (1949-2019), México, INAH, 2024, p. 11.
