Cárdenas. Comunidad y memoria política en Cherán
ENVIADO POR EL EDITOR EL Miércoles, 04/11/2026 - 17:26:00 PMMario Camarena Ocampo*
En Cherán, Michoacán, la aparición del Frente Democrático Nacional (FDN) estuvo ligada al liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas, ante la pérdida de legitimidad que experimentaba el régimen priista hacia finales de los años ochenta. El cardenismo mantenía una fuerte presencia en la memoria colectiva de esta comunidad, convirtiéndose en uno de los referentes para cuestionar las formas representación política tradicional —los ayuntamientos priistas, el cacique local, los comisarios de bienes comunales cooptados por el partido y las organizaciones corporativas— y para ampliar la participación de distintos sectores de la población.
En 1987 comenzó el resurgimiento del cardenismo en Cherán, en un contexto de crisis nacional marcada por deuda externa, inflación y pérdida del poder adquisitivo durante el gobierno de Miguel de la Madrid. La propuesta de democratizar el Partido Revolucionario Institucional (PRI) encontró eco entre grupos locales inconformes con el mal funcionamiento de los ayuntamientos, la intermediación partidista, la escasez de agua y la escasa capacidad de los pueblos para incidir en las decisiones que afectaban su vida cotidiana. La ruptura de Cuauhtémoc Cárdenas con el partido oficial llevó a la creación del Frente Democrático Nacional, que ofreció un nuevo espacio para canalizar inconformidades que existían en la comunidad.
Los recuerdos sobre ese periodo no suelen centrarse en la campaña presidencial o en las cifras electorales. Los testimonios que recogimos hablan de reuniones en los barrios, de discusiones prolongadas después de las asambleas y de cómo la gente se involucró en la vida política del pueblo, ante la posibilidad de intervenir en asuntos que durante mucho tiempo habían quedado en manos de autoridades y operadores partidistas externos a la comunidad. No sólo estaba en disputa la presidencia de la República; también se debatía quién debía gobernar la comunidad, cómo debían nombrarse las autoridades y qué formas de representación resultaban legítimas, de acuerdo con sus tradiciones.
La candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas aglutinó agravios acumulados durante décadas. En la meseta Purépecha, las demandas de democratización se entrecruzaron con críticas al funcionamiento de los ayuntamientos, a la intermediación partidista, a los representantes de bienes comunales y a las limitadas posibilidades de decisión de los pueblos sobre asuntos que afectaban la vida comunitaria. Como ha señalado Calderón Mólgora, el cardenismo logró articular demandas democráticas de alcance nacional con necesidades cotidianas y prácticas organizativas comunitarias —familiares, barriales y asambleas parroquiales— profundamente arraigadas en la región.[1]
En 1988 se configuró un escenario que puso en crisis a la región purépecha. La defensa del voto conectó el rechazo al fraude electoral con una discusión más amplia sobre el ejercicio del poder y el cambio de autoridades locales. Tatiana Pérez Ramírez ha definido este proceso como una auténtica "insurrección cívica purépecha", porque las comunidades transformaron una disputa electoral en una movilización política de mayores dimensiones.[2]
Los testimonios permiten escuchar ese proceso desde otra perspectiva. Lo que sobresale en los recuerdos no es la lucha política entre partidos, sino la experiencia de participar en el nombramiento de sus representantes y autoridades municipales. Para muchos habitantes, 1988 es recordado como el momento en que descubrieron que podían intervenir en la vida política del pueblo. También aparecen las mujeres ocupando espacios cada vez más visibles en reuniones, movilizaciones y discusiones colectivas, subvirtiendo la tradición comunitaria.[3] Participan también grupos de profesionistas —profesores y licenciados— y religiosos vinculados con la defensa de sus tradiciones.
La relevancia de Cuauhtémoc Cárdenas radicó en su capacidad para aglutinar experiencias heterogéneas —heredadas, vividas y expectantes—, expresadas en demandas que no necesariamente compartían un mismo origen. Su figura articuló la exigencia de elecciones más democráticas con reclamos de participación familiar, barrial y comunitaria y con la exigencia de reconocimiento de los pueblos indígenas. Por esa razón, su liderazgo adquirió una dimensión que rebasó los límites de la competencia partidista y alcanzó una proyección comunitaria indígena.
El conflicto se intensificó después de las elecciones a causa del fraude electoral. Las tomas de presidencias municipales, los plantones y la conformación de gobiernos paralelos expresaban una discusión de fondo: la legitimidad del poder en el mundo indígena. En 1988 se crearon comités municipales del FDN encabezados por pequeños grupos de profesionistas. En Charapan, Nahuatzen y Paracho, después de las elecciones presidenciales, las presidencias municipales fueron ocupadas por los frentistas, quienes exigieron primero el reconocimiento del triunfo de Cárdenas y después la destitución de Luis Martínez Villicaña como gobernador. En los tres casos, los presidentes municipales fueron destituidos, con lo que se dio una salida momentánea al conflicto y se formaron gobiernos alternativos.
Un año después, en 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) organizó en Cherán un plebiscito para integrar la planilla que contendería en las elecciones municipales. Por primera vez en la historia del pueblo, cada uno de los cuatro barrios presentó una terna de candidatos y la votación se realizó en la plaza principal.[4] El momento más significativo ocurrió el 12 de enero de 1989, cuando en ese referéndum comunitario resultó electo Adalberto Muñoz Estrada, conocido como el Dr. Tito. Su elección es narrada no solo como una innovación política, sino como la recuperación de formas de organización comunitaria que, como señalaría el propio Muñoz Estrada años después sobre los que significo asumir la presidencia municipal, abría la posibilidad de “cambiar el sistema municipal a través de las elecciones dentro de los marcos legales”.[5]
La fuerza de este proceso también descansó en la identificación entre Cuauhtémoc Cárdenas hijo y la figura de Lázaro Cárdenas padre. Para numerosos habitantes de la sierra Purépecha, el expresidente seguía siendo una referencia de justicia social y de cercanía con las comunidades de Cherán. La candidatura de Cuauhtémoc fue interpretada a través de esa memoria. No se apoyaba únicamente a un candidato; se actualizaba un cúmulo histórico que tenía un significado asociado al cardenismo, con el que se mantenía un compromiso vigente.
Las interpretaciones sobre aquellos acontecimientos han cambiado con el tiempo. Los jóvenes integrantes del Concejo de Gobierno Comunal en 2022, no se limitan a recuperar estos hechos, sino que permiten comprender los significados que las personas atribuyen a ese momento histórico.[6] Los relatos sobre 1988 suelen formularse desde experiencias posteriores, marcadas por la defensa del bosque, los conflictos territoriales, la expulsión de los partidos políticos y la construcción del autogobierno. Sin embargo, lo que resaltan es la lucha por la defensa de las formas de gobierno comunitario.
Esta lectura aparece en el libro publicado por el Concejo de Jóvenes de Cherán, titulado Las luchas de Cherán desde la memoria de los jóvenes, en donde los acontecimientos de 1976, 1988 y 2011 —grandes momentos de conflicto por el bosque y por la injerencia en el nombramiento de las autoridades municipales— se presentan como parte de una misma trayectoria de organización comunitaria que defiende el derecho a ser comunidad indígena.[7] No se exponen como una secuencia inevitable, sino como episodios que la propia comunidad ha reconstruido para entender su historia reciente.
Los relatos incorporan una nueva mirada desde el presente. La apertura política amplió los espacios de participación y favoreció la aparición de nuevos liderazgos, pero varios problemas persistieron, entre ellos el de rehacer las memorias de los hechos pasados. Destacaron la situación del bosque, del territorio comunal y de las formas de nombrar a sus representantes. Desde esa perspectiva, 1988 aparece como una conquista política cuyos alcances fueron parciales.
Luisa Passerini ayuda a reflexionar sobre la dimensión subjetiva del movimiento indígena. La autora ha mostrado, entre otras cosas, que los relatos no solo narran hechos, sino que incluyen expectativas, emociones, sentimientos y desilusiones que rara vez aparecen en los documentos oficiales,[8] y que en muchas ocasiones son los móviles de los movimientos indígenas. Cuando algunos habitantes describen a Cuauhtémoc Cárdenas como el “padre de la democracia”, expresan menos un juicio historiográfico que el lugar simbólico que ocupa dentro de una memoria construida alrededor de la expectativa de cambio.
La importancia de Cuauhtémoc Cárdenas en Cherán no puede reducirse al terreno electoral. Su figura ofreció un punto de encuentro para debatir sobre representación política, participación comunitaria y autogobierno. La movilización de 1988 y el referéndum de 1989 fueron momentos decisivos porque visibilizaron esas discusiones y las trasladaron al espacio comunitario.
Los vínculos que actualmente se trazan entre 1988 y 2011 no responden únicamente a una secuencia de acontecimientos. Expresan la persistencia de una cultura política que otorga centralidad a la organización comunitaria como fuente de legitimidad. Como planteó Maurice Halbwachs, la memoria colectiva reconstruye continuamente el pasado desde las preocupaciones del presente.[9] En Cherán, esa reconstrucción ha convertido a 1988 en un referente indispensable para comprender las formas contemporáneas de participación política y autogobierno. Así, en la memoria de Cherán, Cuauhtémoc Cárdenas permanece como símbolo de una participación comunitaria capaz de enfrentar los agravios políticos para disputar la legitimidad del poder local.
* Profesor investigador de la Dirección de Estudios Históricos-INAH.
[1] Marco Antonio Calderón Mólgora, Gobiernos municipales y cambio político en Michoacán, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2004.
[2] Tatiana Pérez Ramírez, “Memoria histórica de la insurrección cívica purépecha en 1988”, Política y Cultura, núm. 31, 2009, pp.113-138.
[3] Tatiana Pérez Ramírez, “Memoria histórica...”, op.cit.; Marco Antonio Calderón Mólgora, Gobiernos municipales... op.cit.
[4] María del Carmen Ventura Patiño, Procesos políticos y poder local en la Meseta Purhépecha, México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2003; Tatiana Pérez Ramírez, op.cit.
[5] Mario Camarena, entrevista a Adalberto Muñoz Estrada, Cherán, agosto de 2024; Marco Antonio Calderón Mólgora, Gobiernos municipales ... op.cit., pp. 97-99.
[6] Alessandro Portelli, The Death of Luigi Trastulli and Other Stories: Form and Meaning in Oral History Albany, State University of New York Press, 1991.
[7] Concejo de Jóvenes de Cherán, Las luchas de Cherán desde la memoria de los jóvenes, Cherán, Escuela Nacional de Antropología e Historia / Imprenta Paricutín, 2021.
[8] Luisa Passerini, Autoritratto di grupo, Florencia, Giunti, 1988.
[9] Maurice Halbwachs, La memoria colectiva, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004.