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“¡Viva el Paro y lxs Resistencixs!” Fotografías de Alejandra del Ángel Romero

ENVIADO POR EL EDITOR EL Martes, 09/06/2026 - 10:30:00 AM

Maricel Isaza Camargo*

 

Presentación

En febrero del 2023 un grupo de estudiantes, profesoras y profesores[1] caminamos por la Cali que quedaba después de una serie de protestas iniciadas el 28 abril de 2021 y que se extendieron por aproximadamente dos meses en varias ciudades de Colombia, y que se han denominado el Paro Nacional del 28A.

 

Cali, la tercera ciudad más importante de Colombia, está ubicada en el suroccidente del país. Conocida como la Capital de la Salsa, después del Paro Nacional también se le ha llamado la Capital de la Resistencia debido a su papel protagónico durante las protestas de 2021. A lo largo de su historia ha sido una ciudad que se levanta contra el orden hegemónico; fue la primera en pedir autonomía frente al dominio español. Su himno la llama “precursora de la Independencia”. Cali ha inspirado famosas canciones de salsa como “Cali pachanguero”, “Cali ají” y “Oiga, mire, vea”, y libros como Calicalabozo, de Andrés Caicedo.

 

Cali es negra, indígena y mestiza. Forma parte del Pacífico colombiano y guarda una estrecha relación con su vecino departamento del Cauca, donde también habitan comunidades negras e indígenas. Esto resulta en una ciudad multicultural, hogar de personas de estos y otros territorios que llegaron por el desplazamiento forzado durante los diversos momentos de guerra y conflicto que ha tenido Colombia.

 

El 28 de abril de 2021 (de ahí 28A), en Colombia comenzó una serie de protestas masivas contra una propuesta de reforma tributaria impulsada por el gobierno del presidente Iván Duque. Esta reforma buscaba aumentar los impuestos sobre la renta y los bienes de consumo básicos, entre ellos la canasta familiar, lo que afectaría desproporcionadamente a las clases media y baja, en situación ya difícil debido a la pandemia de covid-19 y otras coyunturas políticas y económicas. Las manifestaciones, que rápidamente se extendieron por todo el territorio nacional, también expresaron un descontento más amplio con la desigualdad social, la corrupción, la brutalidad policial y la falta de oportunidades económicas, reflejando un profundo malestar con el estado general del país.

 

La convocatoria inicial del 28A, impulsada por sindicatos, organizaciones estudiantiles y movimientos sociales, llevó a miles de caleñes a salir a las calles. La movilización en Cali fue especialmente notable por su magnitud y por la diversidad de quienes participaron: trabajadoras y trabajadores, estudiantes, comunidades indígenas y afrodescendientes, y ciudadanes de a pie. Las manifestaciones comenzaron de manera pacífica con marchas y concentraciones en puntos de la ciudad que se habían consolidado como emblemáticos durante protestas y paros nacionales anteriores; sin embargo, pronto empezaron enfrentamientos con la policía, que utilizó gas lacrimógeno y otras medidas violentas de control y en muchas ocasiones llegó a cometer el asesinato de les manifestantes.

 

Cali se convirtió en un epicentro de resistencia antipolicial. En puntos de diferentes barrios que las personas nombraron conforme a la ocasión, como Paso del Aguante, la Luna, Loma de la Dignidad o Puerto Resistencia, entre otros, les manifestantes se organizaron para mantener la protesta y protegerse de la represión. Estos puntos también sirvieron como espacios de encuentro, solidaridad, comunidad y colectividad, donde se ofrecía comida, atención médica y actividades culturales. La situación atrajo la atención nacional e internacional, poniendo de relieve las demandas y las condiciones de vida de quienes habitaban Cali y las otras regiones afectadas por la desigualdad y la violencia estatal.

 

Dos años después de esos eventos, llegamos a una Cali posapocalíptica. En sus calles aún se podían ver los vestigios de lo ocurrido; algunos puntos de resistencia seguían activos con iniciativas culturales y ejercicios de participación política. Bajo el sol ardiente de “Cali calentura”[2] recorrimos más de diez kilómetros diariamente durante una semana, no sólo para conocer estos puntos de resistencia y sus barrios aledaños, sino también para conversar y caminar junto a las personas que habían participado en este levantamiento social.

 

Recorrimos el Paso del Aguante y dos de los barrios aledaños: Comfenalco y Floralia. También asistimos a un encuentro donde dialogamos con jóvenes que habían sido parte de la primera línea de este punto. Algunes de elles se encontraban en proceso judicial tras haber sido detenides y acusades de varios delitos que no cometieron, y ahora estaban en libertad por vencimiento de términos: casos que se conocen como “falsos positivos judiciales” o de presos políticos. Caminamos por el punto de Siloé y recorrimos el tour de la Estrella, una ruta guiada por jóvenes del sector. Elles han creado este circuito para probar a la gente de Cali y a sus visitantes que “Siloé no es como lo pintan”,[3] demostrando que es posible caminar por sus calles y conocer su historia.

 

También recorrimos el barrio La Paz, donde hablamos con uno de sus habitantes más antiguos, un luchador social que ha estado al frente de los principales conflictos. Visitamos y caminamos por Puerto Resistencia, donde conocimos a un rapero y a una muralista que nos hablaron de la importancia del arte durante el Paro Nacional y los esfuerzos que los habitantes han realizado a lo largo del tiempo. Por supuesto, conocimos el Puño de la Resistencia. Tampoco podía faltar el recorrido por la famosa Calle Quinta, que describen en las canciones y el libro mencionado al inicio de este texto.

 

También recorrimos el punto de resistencia de la Luna y su barrio aledaño, Junín. En esta maratónica aventura, llegamos hasta la Universidad del Valle, donde un grupo de estudiantes nos mostraron los procesos de huertas urbanas que cultivaban. Durante el paro, este proyecto se extendió a varios puntos de resistencia.

 

En estos recorridos por la ciudad, les habitantes de Cali nos hablaron a través de murales y grafitis en sus paredes, porque las ciudades son un gran discurso y Cali no es la excepción: “Las y los nadie”,[4] les marginalizades, les vulnerabilizades, les indignades, les ofendides y les soñadores encontraron en las paredes una forma de hablar del paro nacional, de las luchas pasadas y presentes, pero también de los anhelos y sueños de sus habitantes.

 

Las fotografías que encontrarán a continuación son una selección de eso que le dijo Cali a Alejandra del Ángel Romero (Ale), de ese sentimiento de lucha y resistencia de la “Cali aletosa”.[5] La manera en que Ale construye y presenta las fotografías refleja su forma de relacionarse, de estar en el mundo. Para que comprendan esto, les contaré un par de decisiones que dialogué con ella al respecto, las cuales resumen de una manera rápida su postura. Ale me invitó a ayudarla a hacer la selección final de las fotos a partir de una selección que ella había realizado antes. Durante esa experiencia, compartió conmigo sus pensamientos sobre cómo construyó lo que ahora les presenta.

 

Primero, fue muy cuidadosa en usar la palabra resistencias en plural en lugar de resistencia. Segundo, insistió en escribir la palabra como resistencixs. Ale concibe la vida en plural; pocas cosas en su vida las piensa, siente y construye en forma individual. Cree en lo colectivo como estrategia para relacionarnos, presentar y nombrar. Por eso, el título de este proyecto no podía ser Resistencia, sino en plural y con equis, para intentar incluir a cuantas personas hacen parte de estos procesos. Ale entendió que en Cali hay muchas Calis, son muchas las personas que habitan esta ciudad de mil maneras y son múltiples las formas en que resisten.

 

La segunda gran decisión fue mantener en los títulos de las fotografías las palabras tal como estaban escritas originalmente. Por eso, encontrarán algunas sin acentos o algunas con una equis en vez de usar una vocal, porque para Ale es importante respetar la forma como habla cada quien. Ale concibe la horizontalidad como una forma acertada de trabajar con la gente y las comunidades.

 

La tercera decisión fue escoger fotografías de murales que no están estéticamente desarrollados y de algunes muralistas no reconocides. Se eligieron fotografías de murales y grafitis más simples, pero con poderosos mensajes. Las técnicas utilizadas en ellos llevan a lo cotidiano, algunos tienen frases tachadas a modo de rectificación, lo que da cuenta de un diálogo, son gestos “simples” que intensifican su poder de transmitir un mensaje y una denuncia. Para Ale, es importante que su obra incluya a personas que no están en los reflectores.

 

Por último, Ale decidió mostrar la serie comenzando con ángulos abiertos para luego ir cerrando el encuadre. En la siguiente selección de fotografías encontrarán murales que hablan, en su mayoría, de las resistencias, procesos y espacios, de razones y pasiones, pero también de denuncias. Por ejemplo, la fotografía ¡Estado Asesino! 6402 F+ (Falsos positivos)... ¿Donde estan? nos recuerda una práctica común durante el conflicto interno que azotó Colombia entre 2002 y 2008, durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez: el asesinato de civiles, regularmente campesines, personas históricamente vulnerabilizadas para hacerlas pasar como guerrilleres que habían muerto en combate, lo que en el derecho internacional humanitario se denomina ejecuciones extrajudiciales.

 

También encontrarán exigencias como la libertad para les preses políticos y referencias a la primera línea, así como un poco de la Cali indígena, con un mural sobre la Minga. El trabajo de Ale nos acerca a Cali y a su gente luchadora, resistente, a les nadie. Espero puedan disfrutar de su obra, que muy generosamente nos comparte.

 

* Doctoranda en Historia y Etnohistoria, ENAH.
[1] Estudiantes y docentes de la línea de investigación sobre historia social del siglo XX, del posgrado de Historia y Etnohistoria de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México.
[2] Expresión con la que las personas de Cali la nombran debido a sus altas temperaturas y también a los índices de violencia que presenta.
[3] Esta frase se ha convertido en un símbolo del intento por liberar a Siloé del estigma de “barrio violento”.
[4] Expresión popularizada por la actual vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, durante su etapa como luchadora social.
[5] Expresión de les habitantes para nombrar a la Cali irreverente, luchadora y resistente.