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Palabras de agradecimiento por la Condecoración de la Orden del Sol Naciente, Rayos de Oro con Collar de Listón de Japón

ENVIADO POR EL EDITOR EL Viernes, 04/09/2026 - 16:45:00 PM

Sergio Hernández Galindo*

(Figura 1)

Excelentísimo Embajador del Japón, Kozo Honsei.
Antropólogo José Luis Perea, Secretario Técnico del INAH.
Miembros de la Comunidad Japonesa en México.
Amigos y Amigas todos:

 

Al recibir este importante reconocimiento no quiero dejar de mencionar, en primer lugar, el esfuerzo colectivo tanto institucional como de decenas de colegas, amigos y de mi familia, sin los cuales mi trabajo de investigación no hubiera dado frutos.

 

Además, he contado con el apoyo y confianza de decenas de inmigrantes japoneses y sus descendientes que a lo largo de todos estos años han tendido la confianza de compartirme sus historias de vida, lo que me ha permitido conocer de primera mano el proceso inmigratorio y su integración a México.

 

Quiero compartir con ustedes una de mis lecturas a la que recurro de vez en vez, pues me recuerda el sentido y alienta mi trabajo cotidiano como investigador. Se trata del libro escrito por el poeta Matsuo Bashō, OKU NO HOSOMICHI (奥の細道). Seguramente ustedes conocen esta obra que fue traducida por Eikichi Hayashiya y el poeta Octavio Paz como Sendas de Oku. El libro de Bashō no sólo es bello por los poemas haikú sino también porque describe con detalle su peregrinar por el norte de Japón, viaje que inició en Edo, actual Tokio, en el año de 1689.

 

Desde mi perspectiva personal, me parece más adecuada la traducción de Oku no hosomichi como El sendero estrecho hacia el norte profundo, pues nos da una idea más precisa del contenido del libro. El viaje que Bashō realizó a pie a lo largo de más de 2 mil kilómetros no fue solo corporal sino espiritual; significó una búsqueda, mediante la contemplación y la meditación, de la belleza y la sencillez de la naturaleza como un entorno indivisible al ser humano y a la vida misma.

 

El título del libro, que también pudiera traducirse como El sendero estrecho hacia el interior, las narraciones del viaje, así como los poemas de Bashō, significaron para los inicios de mi investigación sobre los inmigrantes japoneses, hace más de 25 años, como una epifanía, una apelación para lo que me proponía: un viaje al interior del mundo de los inmigrantes que desconocía y en el que deseaba adentrarme.

 

Al conocer sólo detalles de la historia de la inmigración japonesa en México, no vislumbraba aún la profundidad que había adquirido ese hecho en la historia del país, ni imaginaba lo sorprendente y maravilloso que sería escuchar de viva voz las narraciones de los inmigrantes. Me sentía inmerso en el haikú que les leo a continuación:

Este camino

Nadie ya lo recorre

Salvo el crepúsculo

 

Las primeras entrevistas que realicé a inmigrantes en ese entonces, fueron justamente esos pequeños destellos donde la oscuridad y la luz aún no se definen. Sin embargo, esas primeras entrevistas me mostraron indicios de una claridad que sería suficiente para ir alumbrando un camino de investigación, aunque aún incierto, mucho más vívido y luminoso, por lo que me dediqué entonces a sólo cultivar los retoños de un incipiente proyecto que se podría expresar, de acuerdo a Bashō, de la siguiente manera:    

Mirar, admirar

hojas verdes, hojas nacientes

entre la luz solar

 

Sin embargo, aún me encontraba indeciso, confundido pues no sabía cómo responder a las siguientes preguntas: ¿qué camino debía de tomar? ¿en qué dirección exacta me tenía que dirigir?

 

En una parte del viaje de Bashō, el poeta se enfrentó con el mismo dilema. Perdido en su trayecto, un sabio campesino con el que tuvo la fortuna de toparse le advirtió:

- “Es difícil encontrar el camino cuando los senderos se dividen”.

 

 Afortunadamente para Bashō, el campesino resolvió esta dificultad con gran seguridad al aconsejarle lo siguiente:

- “Tome este caballo que le prestaré y déjese conducir por él hasta donde se detenga”.

 

A lo largo de los siguientes años de estudio y de investigación fue lo que hice. Me dejé conducir por ese caballo que significaron los consejos, las discusiones y las recomendaciones de mis colegas en la Universidad Nacional; de mis profesores en El Colegio de México; de las instituciones, universidades y amigos japoneses que me han apoyado; de mis compañeros de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, institución que fomentó y permitió desarrollar mi trabajo.

 

Me dejé llevar también por otro caballo fuerte, sabio y generoso: Los inmigrantes y descendientes japoneses. Me aboqué así a caminar con calma y con paciencia por diversas ciudades y pueblos de Baja California, Sonora, Sinaloa, Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí, Chiapas, Veracruz, Coahuila y Nuevo León, donde logré dar respuesta a muchas de mis preguntas. Gracias a sus historias y relatos familiares y colectivos, logré documentar los procesos migratorios y su inserción en México.

 

Mediante estas dos guías he ido tejiendo los pequeños hilos que hay en cada historia, con diversos archivos y documentos para buscar su interdependencia con aspectos más amplios, que les den un sentido no sólo personal o familiar sino su estrecha relación con la historia de México y su conexión con el mundo.

 

En este viaje hubo, sin duda, momentos de desorientación y cansancio, cuando distinguía que el sendero era muy largo o sinuoso y la pendiente muy inclinada. El haikú de uno de los discípulos de Bashō me parece adecuado para ilustrar esta etapa:

Al Fuji subes

Despacio, pero subes

Caracolito

 

Con el correr de los años los senderos estrechos crecieron y se han agrandado. Falta aún mucho por hacer, pero ahora este camino es más amplio, pues las historias y el reconocimiento de las comunidades japonesas y extranjeras en general no nos resultan ajenas, son reconocidas y exhibidas, como parte de un país pluricultural en la Sala de Etnografía del Museo más importante de México: el Museo Nacional de Antropología, en una de las salas de este Museo que nos dio la posibilidad de albergar este reconocimiento.

 

“El placer de vivir me hizo olvidar el cansancio del viaje y casi me hizo llorar”, dijo Bashō al final de una de sus largas jornadas de caminante.

 

Gracias a todos ustedes por acompañarme en este sendero. Sin ustedes esta ceremonia no hubiera tenido lugar.

(Figura 2)          (Figura 3)

(Figura 4)

 

[1] La ceremonia de condecoración por los 25 años de historiar la migración japonesa en México, se realizó en el Museo Nacional de Antropología, el día 10 de abril de 2026. Las fotografías son cortesía de Sergio Hernández Galindo.
* Dirección de Estudios Históricos-INAH.