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Asia y América, sus lazos ancestrales y contemporáneos. Sergio Hernández y la nueva historia que ya nace

ENVIADO POR EL EDITOR EL Viernes, 04/09/2026 - 16:52:00 PM

Carlos San Juan Victoria*

           

Imaginemos que para el año 2050 ya existe una historia en los sistemas educativos básicos del mundo, que enseña que el descubrimiento de América lo hicieron expertos cazadores con saberes nómadas y artes chamánicas, y que, importante detalle, provenían de Asia. La mayoría de los llamados pueblos originarios de América surgieron de sucesivas oleadas asiáticas que se apropiaron de su inmenso territorio. Entre Asia y América hay lazos, ecos y cercanías ancestrales y contemporáneas que apenas empiezan a despuntar. Sergio Hernández nos ofrece, con su obra, poderosos materiales para lograrlo cuando levanta acta de la historia de la inmigración japonesa en México.

 

Cientos de años de colonización europea y su control de la historia crearon brechas imaginarias entre estos dos continentes. Las migraciones asiáticas en México ocurridas en el siglo XIX y XX, de japoneses, coreanos y chinos, se ven como incidentes exóticos, pasajeros y raros, comparados con las prestigiosas migraciones del Mediterráneo.

 

Sergio Hernández optó por seguir pistas donde aún no había un camino firme, eligió para sus estudios de posgrado el área de estudios sobre África y Asia impartida en el Colegio de México, casi única en el sistema de enseñanza superior en el país de esos años. Y también, por otro impulso instintivo, acudió a organizar y consultar los archivos secretos de la temida Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales a principio del siglo XXI, cuando fueron abiertos a la consulta pública. No lo sabía, pero seguía a su destino.

 

Ahí se encontró con los expedientes sobre la Concentración de inmigrantes chinos, eufemismo que encubría el desarraigo por la fuerza pública y por presión de Estados Unidos, de cientos de familias japonesas que desde fines del siglo XIX y a lo largo de las primeras décadas del XX se habían asentado en pueblos y regiones del país.

 

Con las muchas historias de vida que fue elaborando Sergio en su peregrinar, buscando pistas de los sobrevivientes de la Concentración, no sólo contribuyó a que personas y familias de la inmigración japonesa contaran su vida y afianzaran su historia e identidad, también a que  México descubriera y valorara la constante migración que desde el siglo XIX y a lo largo del siglo XX, realizaban las poblaciones trabajadoras japonesas, que lo mismo cultivaban productos para la exportación, trabajaban en minas de alto riesgo o  plantaban rieles para el paso de los ferrocarriles en el sur, centro y norte de la república.

 

Pero sobre todo, Sergio contribuyó a crear otra historia de los encuentros entre México y Japón. Es la historia a ras de tierra y de la gente común, contada por la voz propia de los que viven de su trabajo y que, a diferencia de los encuentros que colonizan, generaron lazos de convivencia con los muchos y pequeños pueblos mexicanos. Es memorable el rescate que hace Sergio Hernández de las cartas escritas desde algunos de esos pueblos al presidente de México, para que no los concentraran y se les arrancara de una convivencia ya creada. O el comportamiento tan singular de las familias japonesas que no se encierran en sus propias tradiciones, sino que se abren a las fiestas y costumbres de los pueblos.

 

Tal vez lo más prometedor y a la vez desafiante del trabajo de Sergio, es que ya establece un aporte consistente a esa historia por escribirse. Una donde el inmenso archipiélago que es Japón encuentre resonancias con los modos de vida y aspiraciones de este macizo territorial, delimitado por dos océanos, que es México, y nosotros hagamos lo mismo.

 

 Ambas naciones son antiguas, con milenios de creación civilizatoria detrás; ambas buscan las modernizaciones como otra capa que no fracture su larguísima trayectoria, no siempre, hay que decirlo para el caso mexicano, con buen tino. En ambas las montañas, el Fuji y la pareja del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, son el signo más majestuoso del inmenso valor que sus pueblos le dan a las fuerzas superiores que gobiernan al cosmos y a la naturaleza, con culturas que les veneran e intercambian con ellas. Ambas cultivaron grandes tradiciones de convivencia comunitaria, de valores y actitudes positivas para la vida y cultivan un sentido estético de la existencia. Ambas recibieron a Occidente, pero son más, mucho más, que Occidente.

 

Gracias inmensas Sergio Hernández, por tus aportes a esa historia nueva que ya se está escribiendo, y donde el INAH, con su cuidado por el patrimonio histórico y la labor constante de sus antropólogos e historiadores, tiene un papel decisivo.

Muchas gracias.

Museo Nacional de Antropología, 10 de abril de 2026.

 

[1] Texto leído en la ceremonia donde se reconoció a Sergio Hernández Galindo con la Condecoración de la Orden del Sol Naciente, Rayos de Oro con Collar de Listón de Japón, por los 25 años de historiar la migración japonesa en México, evento realizado en el Museo Nacional de Antropología, el día 10 de abril de 2026.
* Dirección de Estudios Históricos-INAH.